Globalización, una manada libre o un rebaño domesticado

El hombre primitivo descubrió que, al formar parte de un grupo, podía defenderse mejor de los depredadores y cazar grandes piezas que un sólo cazador difícilmente hubiera podido obtener. Desde entonces, el hombre ha vivido en sociedad, nunca solo. 
Los humanos, como los lobos, somos seres sociales por conveniencia. No somos exclusivamente gregarios como las ovejas, ni solitarios como los osos, sino que el ser humano es más complejo y tiende a ser semigregario, es decir que algunos de sus impulsos y necesidades son sociales y otras son solitarias. Somos seres independientes por naturaleza, pero sociales por voluntad.

El individuo busca tener un rol específico dentro de su comunidad y, que al llevar acabo acciones, no sólo saque provecho uno mismo, sino que también beneficie a otros, especialmente al grupo con el que mantiene lazos de sangre o emocionales. La compensación es la propia autoestima, el apoyo mutuo y el éxito reproductivo. Si se consiguen estos resultados, es capaz de sacrificar las ansias de libertad con tal de recibir y  trasmitir recursos que produzcan bienestar al colectivo. El individuo acepta sumiso la cultura y las leyes de la manada, asume que se necesita una autoridad que imponga las normas para que el grupo funcione. El hombre cede su libertad, su poder de decisión individual, a los poderes formales.
Los poderes formales actuales derivan de la autocracia  y la democracia. La autocracia es un sistema de gobierno absoluto, en el cual la voluntad de una sola persona es la suprema ley de un Estado. La democracia es una forma de organización social que atribuye la titularidad del poder al conjunto de la sociedad. Los miembros son libres e iguales y las relaciones sociales se establecen de acuerdo a mecanismos contractuales. Una sociedad más democrática regula y resiste mejor la intervención de intereses privados y la existencia de privilegios en la esfera pública. La diferencia de calidad entre una democracia y otra es el grado en que los poderes fácticos intervienen inlegítimamente. 
El peligro de los poderes fácticos, en muchos países, proviene de su desvinculación al bienestar colectivo y su desdén hacia la democracia. El poder “de facto” (de hecho) radica en el control de ciertos recursos claves de la política: dinero, fuerza, comunicación, fe, etc. La defensa de sus intereses es su razón de ser (lo que no resulta ilegítimo), sin embargo, para ello se valen muchas veces de acciones poco democráticas o abiertamente antidemocráticas, siendo la más común el apoyo a gobiernos fuertes o dictatoriales.
En las democracias, en vez de controlar el gobierno de turno, controlan o influencian su legislación de manera legal o casi-legal. Se auto-otorgan derechos especiales, inmunidad derivada de la posición económica, social o política. Actúan de manera corporativa para llegar a ser capaces de presionar y chantajear a los poderes formales, de engañar y manipular a las masas para defender y promover sus propios intereses personales. 
Utilizan  para ello a la meritocracia. Los políticos, las grandes empresas, los religiosos y también muchos científicos se colocan entre la verdad y el individuo. Son los intermediarios que tratan de mantener fuera del ruedo público el conocimiento que libera nuestras mentes a nuestro real e infinito potencial.

Establecen la idea de que las masas son sólo ordinarias y solamente los pocos que son extraordinarios consiguen subir el escalón de la pirámide. Somos corrientes así que debemos saber cuál es nuestro lugar. Se establecen dogmas inviolables. ¿Qué soy? Oh, soy un cristiano, un musulmán, un monárquico, un republicano, un ateo,… Tenemos que ser algo en lugar de ser alguien: nosotros mismos.
La mente es alimentada con basura y desinformación diseñada para disminuir el sentido de la propia identidad y corromper la conciencia hasta que se vuelva una pálida sombra de lo que puede ser. Luego una generación programada ayuda a programar a la próxima porque no se respeta el derecho de nadie de ser sí mismo.
El individuo domesticado asfixia, limita y restringe la libertad individual para pensar y actuar a quien se decide a ser él mismo y no un clon programado. “Está loco” es el acto reflejo, el grito de alarma normal del rebaño. No estamos asustados por lo que las altas jerarquías piensen sobre nosotros. Es la reacción de nuestra familia, amigos y compañeros de trabajo lo que nos preocupa y nos obliga a la sumisión. ¡La reacción de los otros borregos!

Y, precisamente, esto es lo que nos ocurre ahora con la globalización, al moderno rebaño consumidor, al rebaño cada vez más civilizado domesticado, a la voraz y depredadora manada que habitamos en las sociedades desarrolladas y opulentas. El modelo Orweliano de 1984 está a punto de hacerse realidad. La Rebelión en la Granja pasó de largo y ahora somos cerdos tiranos de nosotros mismos que sacrificamos al jabato interior para revolcarnos en estados orgiásticos de consumo. Consumimos sexo, consumimos drogas, consumimos compulsivamente, consumimos por consumir, consumimos placeres fugaces que liberan falsamente los sentidos y generan dependencias y más esclavitud en el trabajador. Millones de personas se mueren de hambre en medio del consumo obsceno de unos pocos.

Las prácticas corruptas que se cuelan cotidianamente en nuestras vidas a través de sobornos, comisiones ilícitas, elusión fiscal, tráfico de influencias son más que conocidas. En España han distorsionado la economía, desmoralizado al público y deshecho el entramad social. La capacidad de corrupción de los poderes fácticos día tras día superan nuestra capacidad de asombro.


Hemos sido domesticados, la libertad individual ya no existe. Los grupos que aún la respetan, pueblos indígenas, grupos tribales y pobladores aislados son exterminados por los poderes fácticos de las grandes multinacionales cuando en sus tierras se encuentran los recursos materiales que permiten elaborar los productos derivados que compramos. Usan perros de la guerra para eliminar estos rebaños “salvajes”, planeando sobre la vida pública la mera amenaza de su actuación como, por ejemplo, en la expresión: “salvajes”, “terroristas”, “ruido de sables”, “guerra santa”, ,…

La mayoría hemos oído a hablar de los diamantes sangrientos de África obtenidos en una zona de guerra, mediante el uso de esclavos o personas en régimen de semiesclavitud. Conocemos las guerras por el coltan en el Congo, el contrabando de madera en Camboya, la sobreexplotación ganadera del Amazonas, la tala indiscriminada en Argentina… Los bosques primarios o también llamados tropicales han perdido en la actualidad más del 80% de su superficie. El resto sobrevive a duras penas, amenazado por las explotaciones forestales ilegales.

Noticias que pasan ante nuestros ojos virtuales, sabemos que ocurre, tenemos la información con la inmediatez que ofrecen las redes tecnológicas, consumimos información, pero no procesamos su efecto global sobre nuestro futuro y el de nuestros hijos. Mucho menos pasamos a la acción directa y defensiva de nuestros derechos. No queremos renunciar al privilegio de adquirir productos de lujo innecesarios, no combatimos la pereza de reciclar nuestra basura. Rechazamos lo viejo y adquirimos el mismo útil una y otra vez, sólo porque es el último diseño de moda. Aceptamos la “obsolescencia programada” que imponen los fabricantes. Menospreciamos los productos de segunda mano o de segunda calidad porque somos ciudadanos consumidores del primer mundo.
De hecho “de facto” como residentes en un país desarrollado ocupamos un escalafón de la pirámide de poder. Lo que ocurra debajo parece nos importarnos mientras no mermen nuestros privilegios. 
Las ovejas tienen un carácter gregario extremo que las obliga a seguir al líder de la manada hasta la muerte. Si el líder cae por un barranco, el resto del rebaño ira detrás. Las ovejas mantienen esta actitud por condicionamiento genético, en los humanos es una elección. Mientras seamos un rebaño domesticado seguiremos a quien nos lleva al sacrificio como los borregos. Previamente nos habrán esquilado la lana. Otros demuestran que aún conservan el espíritu de las  manadas libres y los hombres salvajes cuando se trata de defender derechos adquiridos.
Quema de contenedores 
BATALLA CAMPAL” EN VIGO POR LA HUELGA DEL METAL

  NOTAS:                                                  

DE IURE / DE FACTO
“De iure” es una locución latina que significa literalmente “de derecho”, y que se utiliza para designar lo que está reconocido por una ley vigente (escrita o no, depende del contexto, pues podemos referirnos a ley moral, costumbres, reglamentos o normativas particulares, etc.). Se opone a “de facto”, “de hecho”, que se refiere a la situación real o actual, y que a veces no coincide con lo que “debería” darse según la ley. Por ejemplo, si hablamos de los derechos humanos, que deberían respetarse “de iure” pero no sucede así “de facto”.. 

    Fuentes de inspiración:                          

http://ciencia.elcorreo.com/bichos-humanos/2011-11-02/primeros-asentamientos-humanos-acabaron-especies-20111102.html
http://conceptosdeccss.blogspot.com.es/
http://www.pixfans.com/los-objetos-que-compramos-dejaran-de-ser-nuestros/
http://flujobidireccional.blogspot.com.es/2013/03/drenaje-de-la-piramide-social.html
http://www.abc.es/historico-opinion/index.asp?ff=20070614&idn=1633689053960

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Un comentario en “Globalización, una manada libre o un rebaño domesticado

  1. Mi familia me mira con recelo ,mis conocidos me temen, no tengo jefe me tuvo que echar, desafio a la autoridad en cuanto puedo, estafo o robo la gente de dinero a la primera ocasión,he estado preso, mi vida social es irrelevante, mis hijos me quieren , compro solo lo que necesito: Soy un paria , pero soy más libre que cualquiera en esta miserable sociedad de borregos listos para degollar, ya que mi soledad me fortalece en la idea que tengo el privilegio de ser como me gusta.

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