Los Cantos Santos de Maria Sabina

sabinaMaria Sabina “la hechicera de Huautla” era una “Chjon chjine ski, chjon chjine ska, chjon chjine én, chjon chjine cjoa” (mujer sabia en medicina, mujer sabia en yerbas, mujer sabia en palabras, mujer sabia en problemas”) que usaba la palabra como poder curativo y medio de comunicación con lo sobrenatural.

El trabajo de María Sabina era inseparable de sus cantos, los cuales fueron grabados y traducidos por su colega mazateco Álvaro Estrada. Maria nunca aprendió castellano, no sabia leer ni escribir. Sólo habló su lengua materna, el mazateco. Ella no escribía sus poemas, los profería a plena voz y en otros momentos recitaba lo que con el tiempo estaba escrito en su mente a un compás sencillo y elegante, hipnótico y mágico. Era la sabia mazateca de pensamiento poético, de sensible oración y de canticos religiosos “Yo soy la mujer rastrera” entonaba en sus cantos chamánicos la mujer curandera. Y solia añadir que “DIOS me dio en el lenguaje, la curación de los males”.

Cuando Robert Gordon Wasson conoció a María Sabina, ella estaba en el apogeo de su poder. Era una señora grave y digna. Según decía ella misma, una vez que recibió el Libro de la Sabiduría pasó a formar parte de los Seres Principales, con quienes muchas veces se sentó a beber cerveza y aguardiente. Se hizo conocida en el cielo y la gente importante supo que había nacido.

Soy mujer que sola nací, dice
Soy mujer que sola caí, dice
Porque está tu Libro
Tu Libro de Sabiduría, dice
Tu lenguaje sagrado, dice
tu hostia que se me da, dice
tu hostia que comparte, dice

Solo con los hongos, sin el canto no se produce la práctica mágica, ni la terapéutica es eficaz. El canto tiene por fin comunicarse con los espíritus aliados y no siempre es descriptivo. Los cantos chamánicos, normalmente evocan hermosas metáforas que aluden tiempos primigenios o tiempos fuertes, tiempos de los orígenes, tiempos de creación .

“Yo soy quien habla con Dios y con Benito Juárez, soy sabia desde el mismo vientre de mi madre, que soy mujer de los vientos, del agua, de los caminos, porque soy conocida en el cielo…

Soy hija de Dios y elegida para ser sabia. En el altar que tengo en mi casa, están las imágenes… (que) me ayudan a curar y a hablar.

En las veladas, palmeo y chiflo, en ese tiempo me transformo en Dios…

Así es como se ve cuando voy al cielo.
Dicen que allí es como la suavidad.
Dicen que es como la tierra.
Dicen que es como el día.
Dicen que es como el rocío.

El cineasta mexicano Nicolás Echevarría construye en este documental por medio del cine directo, un retrato de la celebre curandera María Sabina, la sacerdotisa del hongo alucinógeno y la más conocida de las chamanas oaxaqueñas.

Los rituales de Maria Sabina se asemejan más a sesiones de psicoanálisis o psicodrama donde se ayuda a verbalizar el dolor, a reconocerlo y a expulsarlo. La chamana acompañaba sus curaciones con cultos cuyo origen ella misma desconocía. Doña María afirmó que Jesucristo o algún otro «ser espiritual superior» operaba a través de los hongos, para revelar el origen de la dolencia y el remedio correspondiente. María Sabina concebía la enfermedad como un desequilibrio entre el cuerpo y el alma. Hay un balance entre lo físico y lo espiritual. Sabina decía:
“Los niños santos curan las llagas, las heridas del espíritu. Los niños se toman de noche; para esto se celebra la velada frente a imágenes de santos de la iglesia. Soy sabia, curo con lenguaje”.

La imaginería de la liturgia ceremonial de doña María era claramente católica, pero con un fondo de odas y salmos provenientes de los sumos sacerdotes de Moctezuma, soberano azteca derrocado por los invasores españoles en 1521. Aunque la Inquisición española había declarado las veladas ilegales, éstas se habían seguido practicando en secreto durante más de cuatro siglos.

Maria asistía a misa y contribuyó a la fundación de una asociación femenina llamada Hermandad del Sagrado Corazón de Jesús. En su choza se veía, en el pequeño altar, la imagen de la Virgen de Nuestra Señora Guadalupe, también la imagen de san Marcos, san Martín Caballero y Santa Magdalena. Decía:

“Ellos me ayudan a curar y a hablar en el tiempo en que me transformo en sabia. Sé que Dios está formado por todos los santos, así como nosotros, que todos juntos formamos la humanidad. Igual Dios está formado por todos los santos. He pertenecido a las hermandades desde hace mucho tiempo.”

Una hermandad está compuesta por diez mujeres. A cada una también se la llama “madre”. Cada dos, cuatro o seis años, se turnan las socias para que cada una sea, alguna vez, “madre principal”. Nunca se deja de ser madre. Yo desde un principio tomé parte en las hermandades con gran entusiasmo, porque siempre he guardado respeto a todo lo que sea asunto de Dios.”
El párroco del pueblo salió en su defensa cuando las autoridades federales intentaron prohibir sus veladas con hongos.

“Con el cura Alfonso Aragón, el que estuvo muchos años en Huautla, éramos amigos. Este cura tenía un disco (“Mushroom Ceremony” de Folkways Records Album N. FR.8975, Records Service Corp. 165w St. NYC, USA, con palabras y cantos de María Sabina grabados por G. Wasson); en este disco está grabado mi lenguaje, lo supe un día que me invitó a escucharlo el cura Alfonso Aragón. Me dijo que ese disco valía mucho, que su precio era inalcanzable. Yo le agradecí sus palabras.”

Las palabras chamánicas son palabras específicas, tienen la capacidad de tener vida, de actuar por sí mismas de acuerdo con la fuerza de su pronunciación y además, por el hecho de saberlas aplicar en el preciso lugar dónde corresponden ser aplicadas. Así, puede manejarse el poder del sonido a voluntad de un buen chamán. Por otro lado, las palabras chamánicas son siempre entonadas, conforman un canto, es decir, la palabra es moldeada y con la entonación son conducidas hasta el sitio exacto en el cual se requiere de su presencia. Los cantos de María hacen las veces del tambor chamánico, lo cual no excluye que María recurra ocasionalmente al empleo de elementos percutivos, especialmente las palmas. Las letanías desencadenadas por María Sabina son sin duda palabras de poder.

La serie de libros Poetas por el Milenio publicada por la Universidad de California le ha hecho justicia. El primer libro está dedicado a André Breton, el segundo a María Sabina. En este libro el énfasis no está en la fuente de su inspiración —los hongos psicoactivos— sino en su lenguaje como poeta oral. Maria Sabina no era una poeta moderna en el sentido estricto, sino que ella pertenecía a lo que Alfredo López Austin ha llamado “la tradición religiosa mesoamericana”. Sus palabras eran poesía primitiva y arcaica que permitia a la mujer-sacerdote ser capaz de transmutarse con la naturaleza que hablaba a través de ella.

Soy una mujer que ve en la tiniebla
Soy una mujer que palpa la gota de rocío posada sobre la yerba
Soy una mujer hecha de polvo y vino aguado
Soy una mujer que sueña mientras la atropella el hombre
Soy una mujer que siempre vuelve a ser atropellada
Soy una mujer que no tiene fuerza para levantar una aguja
Soy una mujer condenada a muerte
Soy una mujer de inclinaciones sencillas
Soy una mujer que cría víboras y gorriones en el escote
Soy una mujer que cría salamandras y helechos en el sobaco
Soy una mujer que cría musgo en el pecho y en el vientre
Soy una mujer a la que nadie besó jamás con entusiasmo
Soy una mujer que esconde pistolas y rifles en las arrugas de la nuca.

Soy mujer que mira hacia adentro
Soy mujer luz del día
Soy mujer luna
Soy mujer estrella de la mañana
Soy mujer estrella dios
Soy la mujer constelación guarache
Soy la mujer constelación bastón
Porque podemos subir al cielo
Porque soy la mujer pura
Soy la mujer del bien
porque puedo entrar y salir del reino de la muerte.

Soy mujer que hace tronar
Soy mujer que hace soñar
Soy mujer araría, mujer chuparrosa
Soy mujer águila, mujer águila dueña
Soy mujer que gira porque soy mujer remolino
Soy mujer de un lugar encantado, sagrado
Porque soy mujer aerolito.

Soy un ciervo: de siete púas,
soy una creciente: a través de un llano,
soy un viento: en un lago profundo,
soy una lágrima: que el Sol deja caer,
soy un gavilán: sobre el acantilado,
soy una espina: bajo la uña,
soy un prodigio: entre las flores,
soy un mago: ¿quién sino yo
inflama la cabeza fría con humo?
Soy una lanza: que anhela la sangre,
soy un salmón: en un estanque,
soy un señuelo: del paraíso,
soy una colina: por donde andan los poetas,
soy un jabalí: despiadado y rojo,
soy un quebrantador: que amenaza la ruina,
soy una marea: que arrastra la muerte,
soy un infante: ¿quién sino yo
atisba desde el arco no labrado del (dolmen)?
Soy la matriz: de todos los bosques,
soy la fogata: de todas las colinas,
soy la reina: de todas las colmenas,
soy el escudo: de todas las cabezas,

Bautizada por el poeta Octavio Paz como “La Sabia de los Hongos” María Sabina es y seguirá siendo leyenda, cultura, recuerdo y sabiduría propia. Sus cantos chamánicos han sido comparados favorablemente con los del Rig Veda, un antiguo texto sagrado de la India escrito en sanscrito. La elaborada traducción duro casi una década sin que los eruditos comprendieran del todo la profundidad de sus entonaciones mágicas y sanadoras de la mujer que escasamente media 1.65 de estatura corporal.

Poco antes de finalizar este articulo he accedido a varios fragmentos de una obra teatral de Camilo José Cela, María Sabina, inspirada en la celebrada mujer de conocimiento mazateca. Esta obra fue escrita en 1965 y publicada en 1967, durante la década del renacimiento del interés por los vegetales enteogénicos.

– Coro
Pegad a vuestros hijos para que su llanto no permita oír las palabras de
Maria Sabina
Convocad la tempestad para que su quejido no permita oír las palabras de
Maria Sabina
Disparad cohetes para que su estruendo no permita oír las palabras de María
Sabina
¡Desatad al verdugo! ¡Dad al verdugo un vaso de aguardiente! ¡Guardad un
respetuoso silencio cuando el verdugo cierre los ojos! ¡Viva el verdugo!
– Alguacil
Ahí la tenéis verdugo
Matadla ya
Nadie os ha de pedir cuentas de vuestra acción
-Verdugo
Perdonadme María Sabina
Es sólo un momento
Una, dos, tres
– Coro
María Sabina … María Sabina … María Sabina…


FUENTES:



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