EL ÁGUILA Los Sueños de Gaia (Relatos)

mapucheaficheVolcan Llaima, IX Región de La Araucanía, provincia de Neuquen, Chile.

“Luego venían las inundaciones, que se llevaban las poblaciones donde vivía la gente más pobre, junto al río. También la tierra se sacudía, temblorosa. Otras veces, en la cordillera asomaba un penacho de luz terrible: el volcán Llaima despertaba”. Pablo Neruda. Confieso que he vivido.

Los jefes y guerreros acompañaban a Renü, la más poderosa y sabia curandera de las tribus mapuche, la maestra de las verdaderas machis y antigua señora de las entrañas del Llaima.
La sacerdotisa ascendía con dificultad la cuesta de la montaña cada vez más empinada y difícil por el peso añadido del cultrun que llevaba colgado a su espalda. Entre ella y sus seguidores sólo había rocas y silencio. Nadie osaba ayudar a la mujer para no ofenderla. Hacía sólo una década, ella había sido la reina indiscutible del Llaima.
Estas tierras, hasta hace pocos años salvajes, era donde Renü se había movido libremente desde su infancia cuando el gran guerrero y maestro espiritual mapuche, Don Aucanaw, la adoptó como hija para transmitirle su sabiduría y sus poderes.
La niña aprendió a comunicase con los espíritus de los animales y poder ver a través de sus ojos todas las tierras mapuche. Conocía cada rincón, cada piedra, cada hierba, cada árbol, cada alma viviente que en ella habitaba y todos los seres vivos le rendían pleitesía como sacerdotisa de la divinidad,

Los hombres que la acompañaban habían dejado sus hijos, padres, familiares, vecinos y amigos enfermos. Muchos ya habrían muerto cuando regresasen. La ira del dios dual se había desatado sobre toda la tierra en forma de pestilencia que atacaba sin diferenciar tanto a los indios como a los winkas, los no mapuche.

Durante días, Renü había realizado la ceremonia de Machitún en cada ruca familiar donde había enfermos con la ayuda de las machis. Invocaron a los antepasados que habían dejado el mundo terrenal para que las ayudasen a encontrar un remedio para curar la epidemia que asolaba la tierra.

Las curanderas habían encendido hojas de canelo, el árbol sagrado y realizado el ritual con la ayuda de sus iniciadas. Con los sonidos de los cultrún, los tambores sagrados, buscaron comunicar con los espíritus de sus antepasados, esperando que ellos les aclarasen cual era la clase de mal espiritu, de wekufe o suriv, al que se enfrentaban. ¿Que clase de espíritu dañino se trataba? Pero ningún antepasado sabía nada de ese nuevo mal, su origen, decían, estaba oculto en la niebla que desprendía el aliento pestilente del cerdo.

Renü creía que el mal podía estar provocado por un suriv porque hasta que sobrepasaron el bosque de araucarias, les ha seguido un chonchon. La presencia del pequeño búho ha sido delatada por su fatídico y temido grito de “tué, tué”, el presagio de que habrá una muerte cercana. El chonchon, como todo mapuche sabe, es el animal totémico del Calcu, un temible brujo negro que controla los malos espíritus.

Los guerreros han creído ahuyentar el mal agüero con rezos. La mujer chaman ha pronunciando las extrañas doce palabras redobladas que mantiene de momento en la distancia al brujo e impide la conexión mágica con su animal espiritual.

El Llaima, el cerro volcánico de más de 3125 metros por encima del nivel del mar era desde el principio de los tiempos el hogar del espíritu maligno Ngen Winkul y su corte de servidores. Pero no había temor por estos entes en los corazones de los indios. Sabían que la anciana era capaz de protegerles del Ngen tan sólo con su bastón. El Ngen Winkul no había osado atacarles cuando recogieron en una de sus quebradas las semillas de latue, la planta resucitadora de los moribundos que debe usarse sólo antes de que se le aleje el espíritu al enfermo. Los porteadores mapuche ya estaban de vuelta a la aldea con tan preciada carga para que las machis dieran las semillas cocidas en vino a los moribundos.

Pero a quienes realmente los indios temían era a los winka, los nuevos dueños de la montaña…

El volcán Llaima ha sido el ultimo refugio sagrado de los mapuche hasta que los winkas, los extranjeros, descubrieron la pureza de sus aguas termales y sus nieves eternas. Los no mapuches negaban el poder místico de la sacerdotisa Renü, relegándola a un elemento folclórico, menospreciando sus ritos de tránsito y sanadores. Los hacendados blancos que habían usurpado las tierras veían a la sagrada anciana como una loca, una india alcohólica que incordiaba con su sola presencia a los turistas europeos y les convencía de la necesidad de proteger la montaña de la expoliación de las empresas madereras.

Tres años atrás, tras muchas otras humillaciones, la nieta de la anciana fue violada y poco después desapareció tras denunciar al culpable, el hijo de un rico hacendado. De la niña nunca más se supo. La anciana se vio obligada a abandonar el Llaima, bajo amenaza de muerte.

Desde entonces los mapuches no podían acceder a los recursos y remedios naturales que antes abundaban en el Llaima pues sólo la intercesión de la gran machi podía calmar al Ngeng que mostraba constantemente signos de su ira ante la desvergüenza de los extranjeros que horadaban sus entrañas, talaban los arboles y contaminaban las aguas.
Desde el 2007, dos veces el Llaima había despertado. Generaba ríos de lava y su columna de cenizas lo cubría todo. Una tercera erupción del Llaima significaría el peor de los malos augurios.

Los jefes habían pedido a Renü que volviese a su hogar para calmar al Ngeng y recoger las mágicas plantas que tanto bien harían a los enfermos, pues la mayoría de mapuches no podían acceder a la medicina occidental por falta de recursos. Por ello los ancianos jefes y la sacerdotisa se habían vestido con sus mejores galas.

Renü llevaba una túnica recta hasta los tobillos denominada kepán de color azul y blanco con símbolos gráficos tejidos. Una faja de cortos flecos ciñe su cintura como representación de Piwichén, la serpiente emplumada. La mujer se envuelve con un chamal negro para protegerse del frío. Calza los tradicionales quelle, que son sandalias de cuero en forma de plantilla, atadas al pie por correas. En su pecho cuelga un prendedor, formado por dos placas de plata unidas entre sí por tres cadenas; la placa superior representa a dos aves enfrentadas, y de la inferior cuelgan figuras de cruces, humanas o florales que son símbolos de poder de las machis. El pelo suavemente plateado lo lleva trenzado con cintas de colores, adornado con garras y plumas de águila, su espíritu de poder.

Dos ñancus, dos águilas con sus alas desplegadas, blancas muy blancas, volaban plácidamente en el cielo azul describiendo círculos, vigilando la columna de indios que invadían su territorio. Las aves sabían que lo que buscaban se encontraba precisamente en su nido. Allí donde tienen a su polluelo crece el ñanculahuen, la hierba del aguilucho blanco, un arbusto medicinal que sirve para aliviar problemas pulmonares y bronquiales, así como molestias del aparato digestivo. La anciana necesitaba la planta para complementar el remedió universal que le habían recomendado los espíritus de sus ancestros en la ceremonia del Machitún.

El pequeño grupo habían dejado atrás el bosque de araucarias, y la vegetación siguiendo el Valle de la Luna cuando entraron en el terreno abrupto de escoria volcánica que era donde estaban las abruptas quebradas donde anidaba el águila blanca.

Renü debía pedir a los pájaros sagrados autorización para poder entrar en sus dominios. Debía serenar la agresividad de las águilas cuando detectaran a los dos guerreros que iban a escalar la recta pared donde había sido construido el nido aprovechando una oquedad de la roca, a 200 metros de altura. Al lado del nido crecía el ñanculahuen, la preciada planta curativa defendida por el aguilucho que aún no era capaz de volar.

Hasta al atardecer no encendieron un fuego con ramas de canelo para no llamar la atención. Faltaban dos horas para que oscureciera y saliera la luna llena. Deberían haber terminado antes del amanecer, así el grupo dispondría de tiempo para llegar al bosque de araucarias.

El temor era que algún carabinero con sus prismáticos detectara el ascenso por la roca. Esta era visible desde diferentes puntos de observación del parque forestal pero una vez anochecido pocos eran los que se atrevían a deambular por los riscos del volcán, pues los temblores y desprendimientos eran habituales.
La anciana y los dirigentes de la comunidad mapuche se sentaron alrededor del fuego. Era una posición privilegiada desde donde podían observar la pavorosa pared vertical y el nido al borde del precipicio. Renü empezó a tocar el cultrúm para conectar con el espíritu de las águilas, mientras los ancianos entonaban las suplicas al gran dios pidiendo la protección de los guerreros Cona y Lolén.

Escalar las abruptas paredes del Llamia era una de las actividades turísticas más solicitadas en la zona. El joven Cona era el fundador de una pequeña empresa dedicada a los deportes de riesgo donde ofrecía a los turistas todo tipo de actividades de deporte y aventura alrededor del Llaima. Cona era uno de los más experimentados escaladores de Chile. Se había ganado un cierto renombre en el mundillo como maestro de escalada, pues había coronado varios seis mil de la cordillera andina; contratado por expediciones internacionales.

ÑANCULAHÜEN: Hierba remedio del aguilucho
Cuando Cona supo de la necesidad de obtener el ñanculahuen se ofreció voluntario para escalar hasta el nido, aunque sabía que estaban accediendo a un terreno privatizado por una compañía internacional de hoteles y balnearios. Si los vigilantes del complejo hotelero o los carabineri les descubrían, debería dar muchas explicaciones y podría perder su permiso de escalada profesional, por no decir que podía acabar en la cárcel. Contaba con el apoyo de su amigo Lolén, el hijo adoptivo de la abuela Renü. Era un joven pequeño y de apariencia frágil pero engañosa. Se decía que era hombre y mujer a la vez y que seria un digno sucesor a Renü, pues había dado muestras de que la diosa le protegía.

Desde abajo impresionaba verlos subir. Escalaban uno detrás de otro, zarandeados a veces por el viento. A mitad de la pared los guerreros tuvieron un pequeño percance. Se desprendió un grupo de piedras, se golpearon un poco, pero pudieron seguir escalando sin demasiadas consecuencias. Poco a poco iban ganando altitud entre rocas y grietas. Las águilas permanecían a la expectativa sosegadas por el ritual de la música del cultrúm.
Cuando Lolén y Cona estaban alcanzando el nido, el águila hembra emitió un chillido terrorífico. Se dirigió directa hacia la mujer chaman mostrando sus garras dispuesta al ataque. Inmediatamente sonó un disparo que cubrió de rojo el blanco pecho del animal sagrado. Renü sólo tuvo tiempo de ladear la cabeza cuando recibió un terrible golpe de culata. La otra águila también cayo al suelo malherida, cuando los carabineros dispararon al nido queriendo intimidar a los escaladores.
Lolén estaba agarrado a la roca del nido y pudo poner su pequeño cuerpo a salvo en la amplia oquedad de la pared, sin embargo Cona recibió el impacto de las piedras desprendidas por los disparos, perdió el equilibrio cayendo por el precipicio.

Renü estaba consciente en el suelo con la cabeza sangrando, pero la debilidad de su cuerpo la consumía. Le zumbaban los oídos. La maestra de las machis estaba a punto de liberar su alma, cuando lo comprendió todo. Supo que las gentes y las tierras mapuche estaban perdidas.

Avatara… avatara… avatara…

Entonces vio el aura dorada y escuchó el susurro de la divina presencia, que le hablaba a través del espíritu del gran cóndor. El último pensamiento de Renü fue agradecer las palabras escuchadas, pues mantuvo la esperanza de un nuevo renacer hasta el final de su vida corporal.

CAUDRO MUJER MAPUCHE  VIRGINIA Fernanda Rojas Paez copiar

“Mujer Mapuche, Virginia”, óleo sobre tela, Fernanda Rojas Páez
Este cuadro representa a una mujer mapuche, una joven machi, con su atuendo típico y el kultrun en sus manos. Detrás de ella se vislumbran símbolos mapuches que son parte de su mundo: – los ojos para ver el alma, -el aguilucho, -el copihue, -la cruz andina, el pillán, -la flor amancay, -el folilmamell que representa un árbol y sus raíces…

Fuente: http://arte-pinturasfernandarojaspaez.blogspot.com.es/2012/10/simbologia-mapuche-pintura-mujer.html

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