Cantos fúnebres II: Las Endechas, las Seguiriyas Playeras y las Peteneras.

Las Plañideras (Pedromayor)

Las plañideras no sólo lloraban, las llamadas endecheras entonaban cantos fúnebres (endechas) o elegías que, curiosamente, están en el origen de algunos palos del flamenco como la petenera. Esta palabra endecha, o endechas, es castellana y muy antigua. A la palabra “endecha” se le conocen dos significados: canto de lamentación y estrofa de cuatro versos, generalmente, hexasílabos o heptasílabos asonantados. Estas dos definiciones no se excluyen. La endecha ha estado presente desde la antigüedad en la tradición folklórica como forma poética y canto asociado a la muerte. Canciones tristes y lamentables, que se lloran sobre los muertos, cuerpo presente o sobre su sepultura o cenotafio. De tono sentencioso y doliente, también expresaba hechos y situaciones tristes, como la pérdida de un ser querido, ausencias, amores no correspondidos, etc., muy acorde con la temática de las “seguiriyas gitanas” o “seguiriyas playeras” (esta última definición como clara deformación del término “plañidera”), uno de los palos flamencos más antiguos de los que se tiene noticia.

      Las Endechas y las Seguiriyas Playeras.                         

Las Endechas a Guillén Peraza están consideradas como las primeras manifestaciones poéticas de Canarias en español. Compuestas tras la muerte del joven comandante Guillén Peraza en la isla de La Palma a causa de una pedrada en el campo de batalla donde se disputaba la conquista en 1477.

Llorad las damas, si Dios os vala,
Guillén Peraza quedó en la Palma,
la flor marchita de la su cara.

No eres Palma, eres retama,
eres ciprés de triste rama;
eres desdicha, desdicha mala.

Tus campos rompan tristes volcanes,
no vean placeres, sino pesares; 
cubran tus flores los arenales.

Guillén Peraza, Guillén Peraza,
¿dó está tu escudo?, ¿dó está tu lanza?
Todo lo acaba la malandanza.

Cervantes, en su obra El ingenioso Caballero Don Quijote de la Mancha de 1615, relata:

... la señora Belerma, la cual con sus doncellas cuatro días a la semana hacían aquella procesión y cantaban, o por mejor decir, lloraban endechas sobre el cuerpo y sobre el lastimado corazón de su primo

Y también escribe una seguiriyas en el El Quijote, II parte, cáp. XXIV :


A la guerra me lleva
mi necesidad.
Si tuviera dineros,
no fuera, en verdad.
El modelo arcaico de la seguiriya sencillo y sin ornamentaciones, lo conocemos a partir de la llamada seguiriya de “El Planeta”, la más antigua hasta el momento:

“A la luna le pío,
 la del alto cielo, 
 como le pío que me saque a mi pare 
de onde está metío”.

Según García Matos proviene de la seguidilla castellana, encontrando un antecedentes en una opera de 1820. La mascara afortunada, donde el numero titulado “Las Playeras “aparecen estrofas con una métrica idéntica a la que se usa para cantar la seguiría flamenca. De la similitud de esta copla con la endecha, y sabiendo que esta era cantada por las plañideras durante los duelos, García Matos deduce que las primeras seguiriyas plañideras y no playeras, con el tema de la muerte como fuente de inspiración, como cante de duelo. En el hecho de que muchas de las endecheras fueran gitanas esta el origen de las llamadas seguirillas gitanas.

Manuel de Falla consideraba la seguiriya, una variante, como el más antiguo de todos los cantes flamencos, enraizándola con el cante litúrgico bizantino.

En to stavro pares tosa (Anónimo) – “Canto Bizantino”


   Las Peteneras.                                                                      

Las peteneras son un palo flamenco que se basa en una estrofa de cuatro versos octosílabos que se convierten en seis o más por repetición de algunos de los versos y el añadido de otro a modo de ripio que suele ser «Madre de mi corazón». Cante difícil, de entonación pausada, solemne, emotiva y a veces sentenciosa, este palo flamenco tiene letras tristes y melancólicas, y se interpreta de forma lenta y sentimental, aunque existen versiones antiguas con ritmos más rápidos y temas menos sombríos. Como baile es propio de mujer. Sus pasos son parecidos a la seguiriya y la bailaora se cubre la cabeza con un manton. Como acompañamiento lleva castañuelas, pitos y palmas sordas.

   Petenera – Manuela Vargas   
Se dice que el nombre proviene de una cantaora natural de Paterna de Rivera( Cádiz) de nombre Dolores y apodada “La Petenera”, que vivió a finales del siglo XVIII, a la que Hugo Pratt atribuye origen judío “-Era una judía hermosísima, tenía unos profundos ojos verdes y un corazón cargado de pasión…”   
La leyenda de La Petenera ha quedado reflejada en las coplas de este estilo, donde se asegura que fue una mujer cruel con los hombres. 
Etiqueta de un vino de Jerez
con la imagen de La Petenera

Quien te puso Petenera 

no supo ponerte nombre 
que te debían de haber puesto 
la perdición de los hombres
Quien a juzgar por las coplas populares, debía ser de armas tomar:
La Petenera malhaya 
y quién la trajo a esta tierra, 
que La Petenera es causa 
de que los hombres se pierdan.
Su popularidad la acompañó hasta los últimos momentos de su vida: 
La Petenera se ha muerto 
y la llevan a enterrar. 
No cabía por la calle 
la gente que iba detrás.

Quizás por ello, especialmente entre los artistas de la etnia gitana, se le confiere a este cante un sin fin de supersticiosas connotaciones de mala suerte, leyenda y fatalismo hasta el punto que la mayoría de ellos lo excluyen de su repertorio.
Las peteneras están documentadas anteriormente a las seguiriyas, pues existían como forma musical previamente a su adaptación al flamenco. De origen incierto, tildado como el cante de las leyendas y del mal fario, la petenera es uno de los estilos más bellos y dramáticos del amplio arco flamenco. Existen numerosas teorías sobre su origen.. Algunos autores su origén con algunos géneros centroamericanos y caribeños. Antonio Machado Demófilo, apunta en 1881 un total de 23 letras de peteneras, y una de ellas dice:
En La Habana nací yo 
debajo de una palmera 
allí me echaron el agua 
cantando la petenera.
Varios autores han rastreado el origen de la petenera a través de una línea evolutiva en la música culta, desde las cantigas de Alfonso X y las folías, con la influencia del fandango, la zarabanda y la jácara. Según el musicólogo flamenco Hipólito Rossy (Sevilla, 1897; Barcelona, 1975), los judíos sefarditas residentes en los Balcanes cantan la petenera entre su repertonio de “viellas” canciones de España, incluso con la popular copla que se refiere al nombre de la Petenera, la que le atribuye ser “la perdición de los hombres”. Lógicamente, si los judíos de los Balcanes conocían el cante de la petenera era porque también lo conocían sus antepasados expulsados de España.
Ay Petenera : Chants séfarades et mémoire gitane  
Puncha Puncha

Se dice que la petenera la cantan solo mujeres, pero también ha habido cantaores que la han interpretado. Recientemente Manuel Gerena que musicó la poesía de Miguel Hernández “El niño yuntero” y algunos de cuyos versos los cantó con coplas de este género. En cuanto a la manera de cantarla los entendidos dicen que en la forma que actualmente la conocemos es la que popularizó “la Niña de los Peines”.

   Petenera de La Niña de los Peines
Quisiera yo renegar
de este mundo por entero,
volver de nuevo a habitar
¡madre de mi corazón!
volver de nuevo a habitar,
por ver si en un mundo nuevo
por ver si en un mundo nuevo
encontraba más verdad.  

Federico García Lorca le dedicó a este cante su poema «Gráfico de la petenera», que forma parte de la obra Poema del cante jondo (1931), e incluso las interpretó al piano acompañando a La Argentinita en una histórica grabación.

  Fedrico García Lorca: Gráfico de La Petenera   
¡Ay, petenera gitana!
¡Yayay petenera!
Tu entierro no tuvo niñas
buenas.
Niñas que le dan a Cristo muerto
sus guedejas,
y llevan blancas mantillas
en las ferias.
Tu entierro fue de gente
siniestra.
Gente con el corazón
en la cabeza,
que te siguió llorando
por las callejas.
¡Ay, petenera gitana!
¡Yayay petenera!

   La Petenera Americana                                          

Salirse por peteneras: Significa hacer o decir algo inoportuno, alejado del objeto de la conversación o simplemente de lo esperado.  Y es que el lugar de origen de la petenera ha sido motivo de discusiones.

Para algunos autores la petenera procede de la región de Guatemala y México llamada El Petén y que luego fue introducido en España por el puerto de Cádiz, aflamencándose en nuestro país al contactar con los cantaores andaluces. Derivaría de un cantar triste y melancólico que los indios solían entonar. Se llama también petenera a un tipo de música y baile jarocho de la región de Veracruz, en México). Arturo Warman asegura haber encontrado la petenera en los programas del Teatro Coliseo de México ya en 1803.  

   Petenera antigua. Grupo Segrel  
La petenera es un cante de ida y vuelta. viaja a las Indias con los conquistadores y vuelve a su lugar de origén renovada hasta de nombre. Al regresar a España se aflamenca gradualmente en la época del café cantante y se incorpora a los cantes flamencos como un palo más.
Desde los lamentos de la baguala en el altiplano argentino hasta los clamores de Chavela Vargas en México, la plañidera aún sacude el temple del corazón del continente americano. La exhibición de la pena y el llanto tienen profundas raíces en este suelo.

Allá en la montaña vive una chamana que cura cantando; todo aquel que escucha su canto divino la termina amando. De todas partes y de México y ella es. La Chamana

Chavela Vargas, La Chamana, durante muchos años cantó en las calles hasta que a los treinta se hizo cantante profesional, de algún modo, apadrinada por el compositor y cantante José Alfredo Jiménez, de quien era compañera de parrandas. Cuentan que cuando Jiménez falleció, Chavela acudió a su velatorio y se desplomó cantando y llorando borracha. Cuando varias personas intentaron apartarla, la viuda de Jiménez las detuvo: «Déjenla, que está sufriendo tanto como yo».

Pienso que sí me eternizaré. Pasará el tiempo y hablarán de mí una tarde en Buenos Aires. Cuando un día empiece a llover, les saldrá una lágrima, será una chavelacita muy chiquita.

Chavela Vargas, en 2004, en ocasión de despedirse del público argentino

Chavela Vargas ha sido considerada por muchos la voz de la melancolía y el tierno desamparo más genuino. Una intermediaria entre nuestro no-saber-sentir y el no-poder-decir, un espíritu libre entre tanto ser homogeneizado por el exceso de información y “el que dirán” que persiste en la (hiper) modernidad de la sociedad espectáculo.

Chavela apareció en la película de Julie Taymor, sobre la pintora mexicana FridaChavela entona un canto en una cantina para Frida: en  una escena es memorable. La Chamana interpreta el papel de “La Pelona” (Santa Muerte) y  canta una versión del popular son istmeño “La llorona”  en la mesa junto a  actriz protagonista  Salma Hayeck.  Es interesante recordar que Chavela conoció a Frida Kahlo y hasta dormía en su casa de Coyoacán. La intensa relación de amistad de la intérprete y la pintora fue siempre catalogada como supuesto romance y en una carta, Frida confiesa sentir algo mas por Vargas.

   LA LLORONA – Chavela Vargas – Frida, 2002   
La interpretación es emotiva y demuestra el esplendor de la voz de Chavela.

Imagen de Frida creada por Día de Muertos
en el Museo Frida Kahlo
Todos me dicen el negro, Llorona,
negro pero cariñoso.
Todos me dicen el negro, Llorona,
negro pero cariñoso.
Yo soy como el chile verde, Llorona,
picante pero sabroso.
Yo soy como el chile verde, Llorona
picante pero sabroso.

Ay de mí, Llorona, Llorona,
Llorona, llévame al río.
Tápame con tu rebozo, Llorona,
porque me muero de frío

Si porque te quiero quieres, Llorona,
quieres que te quieres más.
Si ya te he dado la vida, Llorona,
¿qué más quieres? ¿Quieres más?
La canción de “La Llorona” es un famoso son istmeño mexicano, característico del istmo de Tehuantepec (Oaxaca), conocido particularmente por su estrofa “Tápame con tu rebozo, Llorona, Porque me muero de frío”. No está claro el número de versos que existen y sería muy difícil encontrarlos todos, ya que al ser una canción popular cada interprete esta en la libertad de agregar lo que mejor le parezca.  No tiene un autor específico, pero muchos cantantes han creado o copiado versos que convierten a esta canción en una historia de amor y dolor muy representativa de la época Revolucionaria Mexicana, aunque se cree que sus orígenes vienen desde la Época Prehispánica.

La Llorona, el personaje que da título a este canto, se asocia  con una leyenda mexicana muy antigua, que tiene sus antecedentes tanto en la mitología prehispánica, como en la europea. La leyenda –que tiene infinidad de versiones tanto en México como en otros países latinoamericanos- narra la historia de una mujer que vaga en las noches lluviosas, llorando eternamente por sus hijos.  Pero de ello hablare en otro post.

Bienvenido/a
 Fuentes de inspiración y/o documentación:                          
  •  Carlos Adolfo  Gutiérrez Vidal, Fondo Editorial de Baja California, Mexicalli, 2007  ENDECHAS
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