Tonantzin (I) La Llorona y la diosa Cihuacóatl.

En el México colonial y aún en la actualidad, la Llorona es una mujer que se aparece en la noche, a veces en las encrucijadas de los caminos, con cabello largo y vestida de blanco, llamando con fuertes llantos y aterradores lamentos a sus hijos.

Yólotl González Torres, Diccionario de mitología y religión de Mesoamérica

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La Diosa Cihuacóatl, el Origén de la Llorona

Cihuacóatl (también Chihucóatl o Ciucóatl) era una divinidad mexica, mitad serpiente mitad mujer. Era a la vez diosa de la tierra, diosa de la fertilidad y los partos (Quilaztli), era una diosa guerrera (Yaocíhuatl) y madre (Tonantzin) tanto de los aztecas como de sus mismos dioses.
Tonantzin en náhuatl significa nuestra madre venerada. (to, nuestra; nan, madre; tzin, venerar’) .

Tonantzin en la cultura y mitología mexica es el término que se le designaba a distintas deidades femeninas, principalmente para Coatlicue y Cihuacóatl. Yaocíhuatl significa diosa o mujer guerrera. Son títulos añadidos al nombre de varias diosas.

Cihuacóatl, es descrita como una mujer madura con la cara pintada mitad en rojo y mitad en negro, en la cabeza lleva una corona de plumas de águila, vestida con una blusa roja y una falda blanca con caracolillos. En la mano derecha lleva un instrumento para tejer y en la mano izquierda un escudo que hace juego con su corona.

Cihuacóatl, “la señora de la serpiente”, era la patrona de las mujeres que mueren al dar a luz, porque fue la primera mujer en dar a luz, considerada por ello protectora de los partos y, en especial, de las mujeres muertas al dar a luz. Asi pues, diosa del nacimiento, patrona de los médicos, de los sangradores, de las parteras, de los cirujanos y de los que daban remedios para abortar, guía recolectora de las almas.
Como esposa de Quetzalcóatl y parte de su dualidad le ayudó a a construir la presente era de la humanidad moliendo huesos de las eras previas y mezclándolos con sangre. Es madre de Mixcóatl, al que abandonó en una encrucijada de caminos. La tradición dice que regresa frecuentemente para llorar por su hijo perdido, pero en el lugar sólo halla un cuchillo de sacrificios.

Cihuacóatl regía sobre el Cihuateteo, que eran las almas de las mujeres nobles que habían muerto en el parto. Se decía que se las podía encontrar en los cruces de caminos llorando por sus hijos y a veces se las considera enviadas desde Mictlán, el inframundo. Bajan a la tierra en ciertos días dedicados a ellas en el calendario con el fin de espantar en las encrucijadas de los caminos y son fatales para los niños. Su origen es totonaca. Estas figuras fantasmales se asemejan a la leyenda celta gaelica de la “Banshees”. Son espíritus femeninos que, según la leyenda, se aparecen a una persona para anunciar con sus gemidos la muerte de un pariente cercano.

Cuando llegaron los españoles, tomaron la creencia de Cihuacóatl y la modificaron, dando lugar a la leyenda de la Llorona.

Y por esto les hacían fiesta y en esta fiesta ofrecían en su templo, o en las encrucijadas de caminos, pan hecho de diversas figuras. Unos, como mariposas, otros de figura del rayo que cae del cielo, que llaman xonecuilli, y también unos tamalejos que se llaman xucuichtlamatzoalli, y maíz tostado que llaman ízquitl. La imagen de estas diosas es la cara blanquecina, como si estuviese teñida con un color muy blanco, lo mismo los brazos y piernas, tenían unas orejeras de oro, los cabellos tocados como señoras con cuernos, el huipil pintado de unas olas de negro, las naguas tenían labrados diversos colores.

Fray Bernardino de Sahagún, Capítulo X
Que trata de unas diosas que llamaban Cihuapipiltin

En “Visión de los vencidos”(1), la obra de Garibay y León-Portilla, se recogen los presagios que los mexicas, el imperio del México prehispánico, recibieron de sus dioses antes de la llegada de los españoles. La diosa Cihuacóatl, 10 años antes de la llegada de los españoles, había previsto la desgracia que caería sobre los mexicanos, por esas fechas empezó a hacer sus apariciones en el antiguo lago de Texcoco. La deidad lloraba y gritaba de manera angustiosa por la desgracia que iba a caer a los de su raza.

Desde la época prehispánica, el monte Tepeyac había sido un centro de devoción religiosa para los habitantes del valle de México. En esta eminencia geográfica localizada en lo que fuera la ribera occidental del lago de Texcoco se encontraba el santuario más importante de la divinidad nahua de la tierra y la fertilidad.

Los sacerdotes diestros en la astrología determinaban sobre los próximos sucesos que habrían de acontecerle a los mexicanos, desde la muerte, guerra, esclavitud, etcétera, Moctezuma un gobernante supersticioso temía lo peor. Los sacerdotes decían que Cihuacóatl, la diosa habia salido de las aguas y bajado de la montaña para prevenir de la suerte que correrían los mexicas.

Subían siempre a lo alto del templo y pudieron ver hacia el oriente una figura blanca, con el pelo peinado de tal modo que parecía llevar en la frente dos pequeños cornezuelos, arrastrando o flotando una cauda de tela tan vaporosa que se ondulaba con el viento y con su desgarrador grito:

…A dónde iréis…. a dónde os podré llevar para que escapéis a tan funesto destino…. hijos míos, estáis a punto de perderos…

La Leyenda de la Llorona – Versión Prehispánica

Curiosamente, con la conquista de los españoles, el eco de la Cihuacóatl se dispersó y en cada región se fusionó con la imagen de varias deidades femeninas: Auicanime “la necesitada, la sedienta”, diosa del hambre de los tarascos de Michoacán; Xtabai, diosa del suicidio según los mayas de la Península de Yucatán; Xonaxi Queculla,”la señora de la red de carne”, deidad de la muerte, del inframundo y de la lujuria entre los zapotecos, en Oaxaca.

Otras versiones de La Llorona

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Obra de RadiusZero de su galeria de Deviantart

Durante la Colonia, la leyenda sufrió transformaciones. No podría hablarse de la advocación de una diosa o diosas prehispánicas, pues ello sería blasfemia y herejía, así que la Llorona se fue transformando hasta parecerse un poco más a los conquistadores y la historia fue cambiando de acuerdo con los diversos gustos, sin embargo su esencia indígena no pudo romperse del todo.

En México, otra versión indica que La Llorona es el alma de La Malinche (1502-1529), quien tradujo la lengua de los mexicas al conquistador Hernán Cortés y aún pena por supuestamente traicionar a los suyos durante la Conquista de México.

Este otro origen de La Llorona cuenta que una mujer indígena se enamora de un español con el que tiene tres hijos, pero debido a su situación él nunca le propone matrimonio, algo común en la época, y la abandona para casarse con una española. La pobre mujer al enterarse de la traición, presa del dolor ahoga a sus hijos en el río. Luego al darse cuenta de lo que había hecho, se suicida. Desde entonces, su fantasma vaga por las riveras de los ríos diciendo “Ay, mis hijos!”.

Poco a poco y al paso de los años, la leyenda de La Llorona, rebautizada con otros nombres, según la región en donde se aseguraba que era vista, fue tomando otras nacionalidades y su presencia se detectó en otras partes de Latinoamérica. En Argentina, Uruguay, Honduras, Costa Rica, Ecuador, Guatemala, hay una versión de la llorona. En todas se trata de lo mismo: una mujer abandonada mata a sus hijos y su alma pena por ellos. en donde se asegura que todavía aparece fantasmal, enfundada en su traje vaporoso, lanzando al aire su terrífico alarido, vadeando ríos, cruzando arroyos, subiendo colinas y vagando por cimas y montañas.

Las letras de la famosa canción tradicional mexicana ”La Llorona” están inspiradas por esta historia llena de resonancias. Sin embargo, por siniestra que sea la historia, La Llorona es una canción de amor. “El que no sabe de amores, Llorona, no sabe lo que es martirio”, dice la canción “La Llorona” (2), tantas veces interpretada y versionada por artistas de la talla de Chavela Vargas. Una canción como esta puede tener un efecto curativo en el alma: tal vez si uno sufre lo suficiente, el sufrimiento puede agotarse por completo.

La Llorona – Grupo Mez Me
Versión en Náhuatl

En España existe el mito gallego de “La Lavandeira”:
Las Lavandeiras son espíritus que aparecen en las noches de luna llena en las veras de los ríos, donde lavan sábanas manchadas de sangre que nunca desaparece. Se dice de ellas que son mujeres que murieron en el parto, o que dejaron morir a sus hijos sin bautizarlos. Piden ayuda a los vivos para escurrir sus sábanas, mas éstas deben retorcerse al contrario que la Lavandeira. Si no, este encuentro podría traer mala suerte, mismo la muerte.

NOTAS

(1) Visión de los vencidos. Relaciones indígenas de la conquista. Hasta 1959, cuando apareció por primera vez este libro, ya tantas veces reeditado, el único testimonio difundido sobre la Conquista era la crónica victoriosa de los propios españoles. Miguel León-Portilla tuvo el incomparable acierto de organizar textos traducidos del náhuatl por Ángel María Garibay para darnos la Visión de los vencidos: los presagios que anunciaron el desastre, la imagen que los indios de Tenochtitlan,Tlatelolco,Tezcoco, Chalco y Tlaxcala se formaron acerca de la lucha contra los conquistadores de Cortés y la ruina final del mundo azteca.


FUENTES: 

  • Wikipedia
  • González Torres, Yolotl (1995). Diccionario de mitología y religión de Mesoamérica. México: Editorial Larousse. ISBN 970-607-802-9.
  • Sahagún, Fray Bernardino de, Historia general de las cosas de Nueva España, México, Porrúa, 1969.
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