Beatriz de Bobadilla y Ossorio, la Cazadora en la Conquista de Canarias.

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La conquista de las Islas Canarias por parte de la Corona de Castilla se llevó a cabo entre 1402 y 1496. Se pueden distinguir dos periodos en este proceso: la Conquista señorial, llevada a cabo por la nobleza a cambio de un pacto de vasallaje, y la Conquista realenga, llevada a cabo directamente por la Corona, durante el reinado de los Reyes Católicos.

Beatriz
Beatriz de Bobadilla y Ossorio

La isla de La Gomera, no fue conquistada militarmente sino incorporada mediante un acuerdo señorial de Hernán Peraza “el Viejo” con algunos de los bandos aborígenes insulares que aceptaron la autoridad del castellano a través de un acto ceremonial guanche de Colactación o Hermanamiento (bebiendo leche en el mismo ganigo) que selló Hernán Peraza “el viejo” con los bandos de Ipalán y Mulagua, por lo que las propias estructuras territoriales y de poder prehispánicas siguieron vigentes.La Gomera en tiempos de la conquista se dividió en cuatro cantones o bandos que eran : Mulagua (Hermigua y Agulo), Ipalán (San Sebastián), Agana (Vallehermoso) y Orone (Arure y Valle Gran Rey). Los gomeros que permanecieron hostiles a la aculturación castellana, se aliaron con los portugueses que ocuparon los cantones de Agana y Orone, mientras que los cantones de Ipalán y Mulagua se aliaron con los castellanos. En 1450, el noble castellano llega a un acuerdo económico con los portugueses, los cuales abandonan la isla , siendo luego ocupada en su totalidad por los castellanos.

Hernán Peraza “el joven”, ratificará el pacto de Colactación de su abuelo en 1477, pero mientras Peraza quiso entender el pacto con los guanches como un acto de vasallaje hacia él, los gomeros lo seguían entendiendo como un acto de hermanamiento y de ayuda entre ellos con una serie de leyes de obligado cumplimiento. Sin embargo, esto no iba a impedir que el castellano y posteriormente su viuda, Beatriz de Bobadilla y Ossorio, abusasen de la población canaria, haciendo del esclavismo su negocio.

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Reyes Católicos

En 1482, Hernán de Peraza, como señor de Gomera y Fierro, fue llamado a la corte de los Reyes Católicos, para explicar la muerte de Juan Rejón, comandante de una flota que había sido enviada desde Castilla para invadir y conquistar la Palma y Tenerife. Rejón había sido asesinado por uno de los vasallos de Peraza por instigación de éste tras desembarcar en la Gomera.

Muchos, incluyendo el poderoso duque de Medina Sidonia, intercedieron por Peraza. La reina fue benevolente y le perdonó con condiciones: una de ellas era que ayudara a la conquista de Gran Canaria aportando tropas de la isla de La Gomera en la que él era señor feudal y que terminara la conquista de Tamarant (Gran Canaria) que Rejón nunca consiguió. La otra condición, que se casara con la hermosa Beatriz de Bobadilla y Ossorio y se la llevara al más lejano lugar del reino, para no regresarla jamás.El matrimonio con la Ossorio sólo puede entenderse como “el castigo” de una reina celosa, si tenemos en cuenta que la intima relación de Beatriz con el rey Fernando eran motivo de rumores en la corte. La primera fuente en recoger este posible romance es una de las Crónicas de la conquista de Gran Canaria, el manuscrito llamado ovetense, cuya redacción puede fijarse en 1526. En él podemos encontrar el siguiente texto:

“La reina … en aquella ocasión tenía muchos celos de una su dama llamada doña Biatris de Bobadilla, muy hermosa y discreta, a quien el rey le parecía que miraba y estimaba más que a las otras…”

¿Quien era esta hermosa dama que las lenguas señalaban como una cazadora cazafortunas?

Beatriz de Bobadilla y Ossorio, nacio en Medina del Campo (Castilla) en 1462. Apodada la cazadora, por la profesión de su padre, era hija de Juan de Bobadilla, cazador mayor de los Reyes Católicos, y de doña Leonor Álvarez de Vadillo. Era sobrina de su homónima Beatriz de Bobadilla, marquesa de Moya, partidaria y amiga de Isabel la Católica. Viera y Clavijo habla de ella como una “mujer rara, que, teniendo todas las gracias y flaquezas de su sexo, tuvo la crueldad y constancia de un hombre sañudo”La joven Beatriz llego a la corte castellano-aragonesa a los 17 años para ser dama de honor de la reina. Estaba enamorada de don Rodrigo Téllez Girón, (sólo seis años mayor que ella), Maestre de la Orden de Calatrava. Fue un romance tan encendido que pasó a las coplas de la época. Sólo fue hasta 1482 que todo cambió con la trágica muerte de don Rodrigo en una refriega con los moros de Granada, cuando una saeta le atravesó la garganta. La desconsolada Beatriz se sumió en su duelo y fue entonces cuando el rey Fernando trató de “consolarla” y la reina decidio enviarla a los confines del mundo conocido, que eran entonces las Canarias, antes del primer viaje de Colón

Inmediatamente después de celebrarse la boda, Hernán y Beatriz partieron para las islas. Ochenta gomeros de los bandos de Orone y Agana son reclutados por Hernán Peraza para ir a la conquista de Tamaránt (Gran Canaria,) que se incorpora a la corona de España, el 29 de abril de 1484, fecha en la que vuelve a La Gomera con su flamante y “católica” esposa

En la Isla, Hernán continúa haciendo victimas de sus atrocidades al sufrido pueblo gomero. Se siguen expropiando nuevas tierras, se les somete al pago de impuestos abusivos y sus mujeres son perseguidas acosadas y violadas. Los que se rebelan son vendidos como esclavos.

El anciano jefe Pablo Upalupa en unión de su hijo, y el jefe guerrero del bando de Mulagua, Pedro Hautacuperche y varios de los suyos se trasladan a la Baja del Secreto (Valle Gran Rey) para, con enorme sigilo y cautela organizar la ejecución del depravado feudal castellano e iniciar la rebelión de La Gomera contra la dominación del yugo colonial. Los guanches gomeros, no podían soportar más su gobierno tiránico y su extraordinaria crueldad.

Hernán de Peraza fue condenado y ajusticiado por quebrar el Pacto de Colatación al pretender seducir y violentar a la hija del patriarca y jefe Upalupa, la sacerdotisa Yballa, su hermana por medio del pacto. Estas relaciones estaban prohibidas en virtud del pacto suscrito, ya que las relaciones entre miembros del mismo bando no estaban permitidas para evitar la consanguinidad (uniones entre personas con lazos de parentesco). Fue la gota que derramo el vaso. La noticia de la muerte del tirano es comunicado a cada rincón de la isla por medio del lenguaje silbado haciendo saber que el gánigo estaba roto (el pacto de sangre entre Upalupa y Hernán Peraza).
Beatriz de Bobadilla quedaba sola y viuda con solo 26 años. De su unión con Peraza habian nacido dos hijos: Guillén Peraza de Ayala, primer conde de La Gomera, e Inés de Herrera. Tras enterrar a Hernán Peraza el Joven, sacando fuerzas de flaqueza y demostrando una dureza de carácter poco común, ella, su familia y los mercenarios que constituían su guardia se refugiaron en la denominada Torre del Conde. Los gomeros intentan asaltar la Torre del Conde, pero poco después Hautacuperche muere en uno de los intentos, lo que desanima a los rebelados.

El sitio duró días. Sin embargo, un barco español pudo escapar y puso rumbo a Gran Canaria. Avisado el esclavista Pedro de Vera, gobernador de Gran Canaria, llego a La Gomera con un gran número de tropas. Este consigue prender a la mayor parte de la población, pues prometió a los gomeros el perdón si asistían a un acto religioso por el alma de Hernán Peraza, a petición de la viuda. Muchos creyeron en las palabras de Pedro de Vera, pero éste los fue metiendo, de uno en uno, en la iglesia para que se confesaran. A medida que iban entrando, fueron apresados y ajusticiados de una manera terrible que aún se recuerda con espanto en la tradición oral de la isla.

Beatriz de Bobadilla convertida en gobernadora de la isla de La Gomera en nombre de su hijo Guillén, forzo la represión y la venganza por la muerte de Hernán Peraza el Joven de manera extremadamente cruel. Beatriz condenó a todo los gomeros mayores de quince años del Bando de Orone y Mulagua a la muerte por “traidores”. Ordenó que fuesen arrastrados por los suelos, ahorcados, cortaron pies, y manos. No se perdonó la vida a ninguno de quince años para arriba, ejecutándose diversos géneros de castigo; empalados, guanteados, exponiendo sus cuerpos en caminos y otros sitios; llevados a la mar con piedras en los pies, manos y pescuezo, echados vivos al mar, ahogados…

Igualmente Beatriz dio orden a Alonso de Cota que embarcase a un gran número de niños gomeros y mujeres para venderlos como esclavos en Lanzarote. Cuando los niños llegaron a la isla de Titeterogaka (Lanzarote) Inés Peraza (suegra de Beatriz) ordenó que fuesen echados al mar y a los que quedaron repartió como esclavos de sus soldados.

De regreso a Gran Canaria Pedro de Vera, temiendo que los gomeros residentes en aquella isla que habían sido obligados a participar en la conquista, se rebelasen, una noche hizo aprender a unos 200 entre hombres, mujeres y jóvenes; la isla de La Gomera quedo más despoblada que pacífica.

Libre ya del vínculo matrimonial, la dama, con la ayuda inicial de Pedro de Vera, se dedicó a masacrar y esclavizar a una gran parte de la población canaria, repartiéndose ambos las ganancias de las ventas. Durante esta etapa de libertinaje absoluto, es cuando incrementa su fama de cazadora de hombres, pues no contenta con todas las vejaciones a que los sometía, fuera cual fuese su condición social, terminaba por ejecutarlos o envenenarlos, en evitación de que estos hicieran alarde de sus aventuras.

Beatriz de Bobadilla y Ossorio es una de las mujeres más singulares y controvertidas de su época, fue un fiel reflejo de la sociedad colonizadora europea en Canarias durante los siglos XV y posteriores. “Mujer despiadada, cruel, sanguinaria, ambiciosa, ladrona y ninfómana” calificativos a los que habría que añadir los de envenenadora, comerciante en seres humanos y Señora de horca y cuchillo. Su política de represión le consiguió a Beatriz el sobrenombre de “la dama sangrienta”. Era tal su poder que solía decirse: “Después de la reina de Castilla, la Bobadilla”.

2

Los sucesos del 20 y el 23 de noviembre de 1488 están profusamente recogido en la bibliografía canaria e hispaníca. Son decenas los documentos existentes en el Registro del Sello, relativos a los gomeros esclavizados por Pedro de Vera y Beatriz de Bobadilla y las correspondientes quejas. Pero a 6 de junio de 1492, quedó cerrado el tema de los gomeros. Admitido por los miembros del corrupto Consejo del Reino que los gomeros mataron a Hernán Peraza, para “perseverar” en sus errores de fe, es decir, para continuar manteniendo sus ancestrales ritos, extremos que indudablemente quedaron recogidos en el dicho pacto de colación, se acordó que nunca fueron cristianos, a pesar de que todos ellos figuraban en las escrituras de venta con nombres cristianos, siendo sobreseidas las cartas, dictadas contra Beatriz de Bobadilla, por ser lícito el tráfico de infieles.

Beatriz durante el tiempo que pasa en Castilla pleiteando con sus suegros por la propiedad de la Isla de la Gomera, conoció allí a Cristóbal Colón e intercede ante él dada su renovada amistad con los Reyes Católicos. Ya a la sazón gobernadora oficial de la isla en nombre de su hijo menor Guillén, abasteció a la flota de Cristobal Colón, que paró en La Gomera en sus viajes a América de 1492, 1493 y 1498. La rumorología apunta a un romance entre la bella y el descubridor, aunque los historiadores discrepan profundamente sobre ello.

En el verano de 1498, Beatriz de Bobadilla se casó en segundas nupcias con el Adelantado de Canarias Alonso Fernández de Lugo, de triste memoria como mercenario, esclavista y conquistador de las islas de La Palma y Tenerife. Y se convirtió de hecho en la señora de las islas. La pareja emplearon mano de hierro en mantener el orden y en terminar de exterminar a los aborígenes de las islas. Este año, en el tercer viaje a America, Colon solo permanece en la Gomera por tres días, justo para avituallar.

La bula “Pastor aeternis” de Sixto IV, fue reclamada por los reyes de Castilla y Aragón para contribuir a la invasión y conquista de Tamaránt (Gran Canaria), donde participó activamente cortando tantas cabezas de guanches como los mercenarios civiles el obispo de Rubicón, Fr. Juan de Frías. Fue un primer ensayo para combinar evangelización y conquista armada, aunque el resultado dejó mucho que desear porque los conquistadores actuaron de manera brutal, y muchos naturales considerados cautivos de “buena guerra” eran esclavizados, tanto por parte de los mercenarios castellanos como por el clero católico.

A los Reyes Católicos les urgía el acelerar la invasión y conquista de las islas denominadas por ellos de realengo con vistas a tener una plataforma en pleno dominio para las previstas invasiones de saqueo de África y las Indias, les convenía evitar enfrentamientos abiertos con el clero y los autoproclamados señores de las islas ya invadidas, quienes además venían mostrando ciertas inclinaciones hacía las ofertas de Portugal. Por ello, dictaron una serie de cartas aparentemente dirigidas a la protección de los guanches esclavizados pero que después en la práctica no pasaban de ser papel mojado en manos de los corruptos funcionarios.

Doña Beatriz, se había ganado multitud de enemigos, entre los que se encontrada la propia reina Isabel, que todavía recordaba el motivo de su precipitada boda. En 1501, Beatriz de Bobadilla apareció asesinada en sus aposentos, en la ciudad de Medina del Campo. Recogen algunos historiadores que la reina Isabel al ver en la Corte a su desterrada y odiada rival en los afectos del rey Fernando y deseando de una vez por todas acabar con la insolencia de Beatriz de Bobadilla, ordenó envenenarla, dándose la paradoja de que la Bobadilla muriese por instrumento de una de sus armas preferidas, el veneno. El historiador canario Tomás Marín de Cubas lo recoge de esta forma:

Siendo muchas las extorsiones y agravios que esta Señora hacía á sus vasallos, pasaron á España estas quejas y la viuda de Muñoz, mándasele parecer á la Señora Beatriz á que alegase de su justicia, y ella confiada en los favores del Rey D. Fernando y su Señora la Reina , pasó a España aunque se lo estorbaba bastante su marido Alonso de Lugo, de que enviase persona por sí ó que esperase otra coyuntura, más ella se fue deprisa, llegó a Medina del Campo donde estaba la Reina , fue de todos bien recibida y de verla muy alegres, dio su descargo y salíanles nuevas acusaciones y demandas, y un día, sin poderse saber la causa amaneció de repente muerta Doña Beatriz de Bobadilla; hizo por ella mucho sentimiento su Señora Doña Isabel; dejó a su hijo Guillén Peraza de Las Casas en la tutela de Alonso de Lugo, y pasando el tiempo de la edad de catorce años, pedía la posesión de sus dos Islas, Gomera y Hierro, y haciéndole de muy mal el devolvérselas Alonso de Lugo, graves excusas diciendo que era muy niño.”

(Tomás Marín de Cubas. [1694]1993:199-201]

En una cueva los gomeros apresarían al despótico señor castellano Hernán Peraza para juzgarlo y posteriormente ejecutarlo en la Baja del Secreto.  La tamusni, (historia de trasmisión oral) es el medio de trasmisión de la memoria popular mediante la cual se trasmite de generación en generación la historia viva del pueblo canario, lleva a que cada 25 de noviembre el pueblo gomero tenga por costumbre de engalanar con hojas de palma la entrada de la Cueva de Guahedum, Guaheme, Guadejume o de Yballa, para conmemorar los hechos que tuvieron lugar en 1488. Distorsionados por las referencias de los Cronistas, que los relacionan a partir de su particular visión cultural, y recreados por la tradición popular (Coplas de Hupalupo), la realidad es mucho más compleja, que una simple historia de amor y honores mancillados. Cada una de las islas Canarias conquistadas fue un laboratorio de lo que iba a ser la la conquista española en America.

Las Coplas De Hupalupo

Décimas de Manuel Roldán Dorta (Valle Gran Rey, 1878-1968)
PRIMERA PARTE. “LA BAJA DEL SECRETO”.
I
La reina doña Isabel
La Católica tenía
una dama que decían
era su bello vergel.
Cuentan que en el tiempo aquel
era la dama más bella
y la más radiante estrella
que en toda España se hallaba,
espejo en que se miraba
la reina y el dueño de ella.
II
Muy poco duró el edén
de nuestra reina su espejo,
porque el rey de amor perplejo
quiso verse en él también.
Aquí se principia el vaivén
de Isabel y Beatriz,
no había nadie feliz
por causa de la manzana,
¡dejémonos de jaranas
aquí hubo algún desliz!

III
La reina como una fiera
de celos brava rugía
cual ruge la mar bravia
contra la playa serena.
«¡Cómo vengaré mis penas
contra mi vil traicionera?
Hay que andar a la carrera,
por fin la voy a casar
y la voy a desterrar
a la isla de Gomera!».

IV
Aún el espejo empañado
a Hernán Peraza llamó
y a Beatriz le ofreció
y la aceptó con agrado
le dijo, «estás aprobado
ser Conde de La Gomera,
gobernarás como quieras.
Mañana te embarcarás,
pero jamás volverás
con tu esposa a esta ribera».

V
Nuestro Conde soberano
en San Sebastián vivió,
allí su casa fundó
siendo su ideal tirano.
A todo buen ciudadano
de consumo lo gravó
y su honor no respetó
ni tampoco a sus mujeres,
y se entregó a los placeres
causa por que al fin murió.

VI
Los valles de La Gomera
con sus vasallos paseaba,
la mujer que le gustaba
sola para su placer era
y el padre que se opusiera
al punto era aprisionado,
con rigores castigado
en un continuo sufrir,
pues más quisieran morir
que vivir en tal estado.

VII
Próximo a Gerián vivía
un sabio que se llamó
Hupalupu. Lo dotó
Dios, con su sabiduría,
de una hija que tenía,
tan bella y tan seductora,
que ni la luciente aurora
ni las rosas encamadas
no le igualaban en nada
por ser tan encantadora.

VIII
El conde a esta joven vio,
de ella quedó prendado
locamente enamorado,
tanto que la apeteció.
Su deseo no logró
fue el Conde tan rechazado
por un precepto sagrado
que a Dios tenía ofrecido,
mientras no sea cumplido
su honor no sea tocado.

IX
Iballa hacía libaciones
sobre la Montaña Santa,
de la leche. Con fe tanta
rezaba sus oraciones,
sin fiestas ni diversiones
Iballa dedía estar
ni se podía casar
por más que estaba ofrecida
con Pedro, pero cumplida
no le podía faltar.

X
Volvamos a Hernán Peraza
que está loco enamorado,
todo su empeño apurado
por si puede darle caza.
Siempre urdiendo mala traza
un banquete organizó
y a Hupalupo invitó
al palacio Casa Seda
allí la cosa se enreda
como más tarde se vio.

XI
Hubo muchos convidados
los que obsequian con cabrito,
con manjares exquisitos
y vino asamostizado,
siguen todos animados
y el Conde con gran franqueza
es quien servía la mesa,
a Hupalupo ofreció
un vino que lo dejó
bien dormido sin defensa.

XII
El Conde cuando esto vio
quedó alegre y placentero,
montó a caballo ligero
y a casa de Iballa marchó.
Ella a la puerta asomó
para conocer al hombre
cuando reconoció al Conde
que a su puerta llamó,
ella no le contestó
ni abre ni le responde.

XIII
El vil Conde enfurecido
como una fiera bramaba
pues su intento no lograba,
era cual un toro herido,
de rabia está sin sentido
y de amor desesperado
viendo que su objeto amado
no ha podido conseguir,
lo que le quitó el dormir
y lo tiene trastocado.

XIV
Hupalupo al despertar
de su profundo letargo
exclamó, «ay Dios, qué amargo,
algo a mi hija pasar
que esto puede llegar
a lastimar corazones.
Ay, qué terribles dolores
en mi alma yo tendría,
¡venganza Virgen María
contra ese infame traidor!

XV
Vino la noche y con ella
la luna serena y clara,
no hubo nube que turbara
los reflejos de aquélla,
fue una noche muy bella,
trágica, quieta y serena,
tres hombres van por la arena
hacia la orilla del mar,
los tres se echan a nadar
sin una pizca de pena.

XVI
Con silencioso respeto
a los tres se ve nadar
y al poco rato trepar
a la Baja del Secreto.
Dijo Hupalupo, «completo,
tendremos nuestra asamblea
aquí, no hay madre que vea,
gracias a Dios puedo hablar,
libremente respirar
y triunfar nuestras ideas».

XVII
«Como ya sabéis, el Conde
nuestra ley no nos respeta,
nuestra desdicha completa
eso no se nos esconde.
¿A dónde iremos, a dónde
que no seamos asolados?
Por eso que sois llamados
para dar muerte a la fiera,
a librar nuestra Gomera
de ser sus hijos esclavos».

XVIII
«Esto sólo Dios oirá
por hallamos desviados
de la tierra muy fundados
y que nadie lo sabrá,
la muerte se le dará
y nuestro Dios nos ampare,
esto no hay quien lo escuchare
al hablar sobre una peña
donde hablé un secreto en ella
pues la tierra es hembra y pare».

XIX
«Yo mataré a ese bandido
y el alma le arrancaré,
de su sangre beberé»,
dijo Pedro enfurecido,
«este perro ha pretendido
deshonrar a mi adorada,
a esa flor pura y sagrada
a quien venera mi pecho,
yo vengaré ese mal hecho
o de mí no queda nada».

XX
«Y luego con ligereza
debemos sin vacilar
a San Sebastián llegar
y dar muerte a la Condesa,
yo arrancaré con firmeza
ese vil y mal sarmiento
para que no hagan el cuento
abarcando de raíz,
¡muera también Beatriz
para ejemplo y escarmiento!»

XXI
Dijo Hupalupo «nos vamos,
ya se buscará la clave».
Dice el hijo, «¿y si se sabe?».
«Cobarde, ¿en qué quedamos,
no sabes en donde estamos?
Tú nos vas a descubrir,
antes de eso has de morir,
idiota sin condición».
Un puñal al corazón
le hincó y lo sintió morir.

XXII
Dijo Pedro, «lo mató»,
«no, yo no lo he matado,
porque fue el deber sagrado
el que mi mano impulsó».
Ni una lágrima vertió
aunque fue su hijo amado,
todo en silencio ha quedado
y se echaron a nadar,
el cadáver caía al mar
donde quedó sepultado.

XXIII
Todo estaba tramado.
Salió Iballa a pasear
con su dama y, al llegar
al agua de un señalado,
vio al Conde que a su lado
se acercaba con calor,
diciéndole «bella flor,
si no me quieres amar
yo te mandaré a matar
sin piedad ni dolor».

XXIV
Pedro que a la cecha estaba
como una fiera saltó
y el Conde cuando lo vio
su espada desenvainaba
y cuando él le tiraba
se sujetó con valor
le dijo «soy tu Señor,
me debes de respetar».
«Calla, infame, has de pagar
lo que le has hecho a mi amor»,

XXV
Pedro con gran ligereza
al suelo al Conde tiró,
el corazón le partió
y le arrancó la cabeza.
Enseguida con presteza
la noticia se extendió,
en la isla se silbó,
desde montaña a montaña,
dando cuenta de la hazaña
que un hombre al Conde mató.

XXVI
La noticia circuló
por el silbo con presteza,
diciendo que a la Condesa
de matarla se acordó,
la Condesa se enteró
por medio de una criada
gomera y muy estimada
que el silbo pronto entendió
de modo que la enteró
sin que ella supiera nada.

XXVII
A Gran Canaria mandó
aprisa una carabela
y que fuera a toda vela
por auxilio que pidió.
Ella al punto se encerró
en la Torre bien trancada,
al momento fue sitiada
por cantidad de gomeros.
Los bravos jóvenes fueron
por ver si la derribaban.

XXVIII
Qué noche de sufrimiento,
de amargura y de tristeza
se pasó nuestra Condesa
llorando su descontento.
Ve aproximarse el momento
de su muerte tan cercana,
se asomaba a la ventana
por ver si el barco venía
y con fervor le ofrecía
oraciones a Santa Ana.

XXIX
Quiso la Virgen sagrada
Desde lo alto del cielo
dar un poco de consuelo
a aquella desconsolada.
Y con ansiosa mirada
divisó la carabela,
que con viento a toda vela
como una bala venía,
entrando a la bahía
andaba como un ibuelo.

XXX
Hupalupo diligente
su ejército preparó
y con hondas los armó
y le obedecen fielmente.
«Debéis de tener presente
que nos vienen a engañar
nos debemos desplegar
a orillas de las montañas
y aunque venga toda España
no nos podrán derrotar».

XXXI
Saltan soldados armados
y antes de la retirada
lanzan algunas pedradas
sobre los recién llegados.
Hubieron descalabrados,
algunos de ellos huyeron
y en la orilla se pusieron
donde nadie se acercaba,
pues al que subir osaba
muy pronto muerte le dieron.

XXXII
Por fin ofrece perdón
a los guanches la Condesa
y fue tanta su simpleza
que acatan la decisión.
Dijo Hupalupo, «traición,
señores, tienen urdida.
Yo y mi familia querida
eso no hemos de aceptar,
pues todo al que han de agarrar
será quemado en vivo».

XXXIII
A la iglesia de la Villa
bajan a ser perdonados,
donde fueron quemados
como una mala semilla.
Cayeron en la trampilla
como el sabio había anunciado,
su desaliento han pagado
como inocentes corderos
aquellos pobres gomeros
vilmente sacrificados.

XXXIV
Nuestro sabio en su agonía
inclinó la vista al cielo,
pidiéndole a Dios consuelo
cambio de toda energía.
«Ayúdame, Virgen mía,
que sobre foles soplados
puedan mis hijos amados
a aquella tierra pasar
y que se puedan librar
de ser hoy sacrificados».

XXXV
«Tengan mis hijos valor
que no nos vale llorar,
de ésta os vais a salvar
si lo permite el Señor-
de ambos es gran dolor
al separamos la vida,
ésa es la mayor herida
que tengo en mi corazón,
adiós y tengáis valor».
Y les dio la despedida.

XXXVI
«Quiera la Virgen querida
que en estos foles unidos
lleguen mis hijos queridos
a aquella tierra vecina.
Si la suerte es peregrina
con ese viento que va
muy pronto os llevará
a esa tierra hospitalaria,
la Virgen de Candelaria
es madre y os guiará».

XXXVII
Fue la Virgen guiadora
que a una playa los llevó
y un pastor los recogió
el cual llegó a buena hora.
Por su padre Iballa llora
y todos van consolados
pues buen auxilio le han dado.
Y largos años vivieron,
y muchos hijos tuvieron
de un proceder muy honrado.

XXXVIII
Cuando el gran sabio perdió
de vista a su fiel pareja,
sin pronunciar una queja
por un risco se tiró.
Allí su vida acabó,
pero no acabó en la Historia,
pues su vida fue notoria,
sabio de naturaleza
y en pago de su nobleza
Dios le recogió en la gloria.

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Hautacuperche en Valle Gran Rey, La Gomera.
FUENTES:
  • Wikipedia.
He ido a diferentes referencias de la Wikipedia, sin embargo la pagina de Beatriz de Bobadilla y Ossorio es inexplicablemente escueta teniendo en cuenta la relevancia de esta mujer en la Conquista de Canarias. Diria que también es errónea la imagén, que corresponde a su tia Beatriz de Bobadilla, marquesa de Moya. Quizás porque Beatriz se encontro con la horma de su zapato y aún hoy, la reina catolica para ocultar sus propias verguenzas, la sigue condenando al ostracismo de la historia.

OTRAS FUENTES:

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