Agosto, el mes de la Gran Madre: Pachamama, Chaxiriaxi y Amalur

Agosto es el mes de la Gran Madre.

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Nuestra Señora de la Candelaria conocida popularmente como La Morenita, es la Patrona de Canarias. Se la identificó con Chaxiraxi, la madre de los dioses que adoraban los aborígenes.

Es tiempo de romerías a ermitas campestres dedicadas a las vírgenes recolocadas en los ancestrales santuarios paganos. Mes de celebraciones por las cosechas y agradecimientos a la Madre Tierra. El númen neolítico que no ha sido no olvidado, que no necesita ser adorado.

Se la venera y se la respeta por lo que significa: la Tierra que nos nutre y nos sustenta como una madre. Dueña de las cosechas y del ganado, rectora de las estaciones y proveedora de vida, el hombre no puede menos que reverenciarla una vez al año. Según los teólogos católicos, la Virgen María no debería ser considerada de naturaleza divina sino meramente humana. La veneración a la Virgen María es descrita en el sincretismo cristiano-pagano como reverencia a la Madre nutridora,, Madre del Hijo de Dios, en la que se la ve como patrona de la maternidad y la última encarnación de la Gran Madre.

En la antigüedad, en las religiones matriarcales “campesinas” (pagus = campo, paganus = campesino), la mujer, encargada de cultivar y cuidar los huertos con sus plantas y flores, ejercía de sacerdotisa del culto a la Madre Tierra, a la cual, en forma de Diosa Madre y Diosa de las Cosechas le dedicaban fiestas sagradas para que cuidara de todos los fenómenos de los que dependía la cosecha y la protegiera de la furia de la naturaleza. Para el campesino tradicional, todo lo que tiene un significado y se refiere a una realidad, mantiene un valor sagrado bajo formas de pensamiento y comprensión de la realidad, modelos de interpretación, de relaciones sociales y de una inteligencia práctica e instrumental que tiene además funciones ecológicas y garantiza la fecundidad.

La arqueóloga Marija Gimbutas, famosa por sus investigaciones acerca de la cultura prehistórica europea, en “El lenguaje de la diosa”, diría al respecto que:

La Diosa, en el conjunto de sus manifestaciones, era un símbolo de la unidad vital en la Naturaleza; su poder estaba en las aguas y en las piedras, en las tumbas y en las cuevas, en los animales terrestres y en las aves, en las serpientes y en los peces, en las colinas, en los árboles y en las flores; de ahí la percepción holística y mitopoética de la sacralidad y misticismo de todo cuanto existe sobre la Tierra

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Pachamama

Pachamama – Chaxiraxi es todo lo que existe, el espacio cósmico, al igual que lo fueron Gaia, para los antiguos griegos; Tonantzin para los mexicanos; Anat en la Mesopotamia y Al-Lat en los actuales países árabes, entre otras divinidades femeninas con atributos similares y lo sigue siendo Amalur – Mari en el norte de España.

Las comunidades indígenas del noroeste argentino, Chile, Bolivia y Perú le riden culto a la Pachamama durante este mes. La Pachamama, la Gran Madre pre-incaica entre los pueblos indígenas de los Andes Centrales de América del Sur. Pacha que quiere decir universo, mundo tiempo; mientras que Mama es madre. El primero de agosto es el gran día de la Pachamama. La celebración incluye cavar un hoyo donde se mete una olla de barro con comida, pan y dulces, espigas de choclo, una botella de chicha o aguardiente, tabaco y hojas de coca, para “carar” (alimentar) a la Pachamama, el que luego se cubre con piedras, hasta formar un montículo llamado “apacheta”. Todo marcado por el inicio del año nuevo agrícola dentro del calendario Inca.

Durante este mes los pueblos andinos creen que deben estar en muy buenos términos con la naturaleza con el fin de mantener a sí mismos, a sus cultivos y al ganado sanos y protegidos. Con el fin de hacer esto, las familias realizan rituales de purificación por la quema de plantas de madera y otros artículos con el fin de asustar a los malos espíritus que se cree que son más abundantes en este momento. Las personas también toman un cierto tipo de té llamado compañero que se piensa para dar buena suerte.

El culto a la Pachamama no pudo ser erradicado ni siquiera con la evangelización de los indígenas. Hoy, persiste una veneración afectada por el sincretismo moderno de la fe (mezcla de paganismo y creencias cristianas). En algunas ceremonias, se adora a la Pachamama a través de la Virgen María. En Perú, la Pachamama es identificada con la Virgen de la Candelaria que representa la Purificación de la Virgen María. Este tipo de sincretismo es palpable en otros lugares del mundo, tal es el caso de la Virgen de Guadalupe y la diosa azteca Tonantzin en México.

La diosa, en el conjunto de sus manifestaciones, es un símbolo de la unidad

La Tierra, como madre, suponía el Axis Mundi de toda la existencia, dando a luz a todo lo demás que existía, incluidos al Sol y la Luna. En todas las religiones en las que se venera a una diosa Tierra, siempre aparece indisolublemente asociado con ello un culto solar. Tanto entre los egipcios, como los incas, los griegos o los celtas, no hay diosa-Tierra sin dios-Sol, su complemento indispensable. Los guanches de Tenerife consideraban al dios Solar Magec como un ser superior por excelencia junto a su madre, la diosa Chaxiriaxi, la Tierra que sostiene el Cielo y eran, por tanto, ambas deidades objeto de adoración.
El mito de la larga oscuridad, el secuestro de los hijos de la Pachamama y el encierro del dios Magec, el hijo solar de la Madre Tierra Chaxiraxi tienen muchas connotaciones en común. ¿Reminiscencias de una violenta erupción que ensombreció la luz solar durante días?

El Dios del Cielo, Pachacamac, esposo de la Tierra, Pachamama, engendro de dos hijos gemelos; varón y mujer, llamados Wilcas. El Dios Pachacamac murió ahogado en el mar y se encantó en una isla y sobrevino la oscuridad. La Diosa Pachamama fue devorada por Warón, el genio maligno que secuestro a los niños, pero los mellizos le engañaron y el malvado muere despeñado. Los mellizos treparon al cielo por una soga, allí los esperaba el Gran Dios Pachacamac. El Wilca Varón se transformó en Sol y la mujer en Luna, sin que termine la vida de peregrinación que llevaron en la tierra. La diosa Pachamama quedó encantada en un cerro. Pachacamac la premió por su fidelidad con el Don de la Fecundidad Generadora. Desde entonces desde la cumbre, ella envía sus favores. A través de ella, el Dios del Cielo envía las lluvias, fertiliza las tierras y hace que broten las plantas. Y por ello los animales nacen y crecen.

Según una leyenda mitológica guanche, Magec, dios de la luz y el sol, fue secuestrado por Guayota (el demonio) y encerrado en el interior del Teide en Tenerife, sumiendo a la Tierra en la oscuridad. Los guanches pidieron clemencia a Achamán, su dios supremo. El dios padre Achamán liberó a su hijo, encerrando en su lugar a Guayota en el Teide. No es la única coincidencia entre ambas culturas, momias y construcciones piramidales también forman parte de la antigua cultura guanche.

En las islas Canarias, sobre todo en Tenerife se celebraba en agosto la fiesta del Beñesmer, que significa “los grandes calores”. Era una importante festividad del calendario agrícola de los antiguos de los aborígenes canarios. Se podía considerar unas vacaciones religiosas de verano, tras el arduo trabajo de la cosecha. La culminación el 15 de agosto en las festividades del Beñesmer con la peregrinación a los santuarios nativos para rendir culto a la fertilidad eran precedidas de otras festividades también de carácter sagrado.
La primera luna nueva después del solsticio de verano el 21 de Junio, el día mas largo, el Achun Magek, empezaban las festividades después de la recogida de las cosechas. Era la fiesta de la cosecha y el día central del año del dios sol Magec. La celebración de fiestas de redistribución de los recursos comunales se celebraban por la luna de agosto, alrededor del panteón de la diosa Madre Chaxiraxi, donde los guanches hacían competencias de habilidad y fuerza y donde los menceyes, los jefes de las tribus de la Isla acordaban una tregua en sus disputas para compartir la carne del ganado sagrado.

Las fiestas religiosas terminaban el dia 15 de Agosto con el orto heliaco de la estrella Spica en la constelación de Virgo. En la actualidad la fiesta a la diosa Madre Chaxiraxi coincide con la peregrinación a la basílica de la Virgen de Candelaria, situada en la antigua cueva santuario de la diosa. Evidentemente los procesos evangelizadores llevados a cabo por los frailes franciscanos no solo consistieron en la implantación de imágenes como la de la Virgen de Candelaria en Tenerife, haciendo uso del conocimiento de las divinidades femeninas, de su mundo mágico-religioso y de los cultos nativos, sino que también se intento solapar sus festividades a la Virgen María, incluso llegando a tratar de caracterizar las representaciones de las deidades femeninas nativas al nuevo culto mariano. A la Virgen de Candelaria se la llama cariñosamente en Canarias “La Morenita”. En España existen otras vírgenes negras conocidas con el nombre de “morenita” o “moreneta” (esta última palabra en catalán) como la Virgen de Montserrat, (Barcelona, Cataluña) o la Virgen de Lluc, (Mallorca, Baleares).

En relación a este culto mariano, hace mas de mil años que los católicos celebran el 8 de septiembre como el nacimiento de María y el 15 de agosto, la asunción a los cielos. Tiene su origen en el ocaso y el orto heliaco de la estrella Spica (Alfa Virginis) en aquella época y por tanto su explicación debe ser buscada en los acontecimientos astronómicos ya existentes en época anterior al cristianismo y a la manifiesta costumbre católica de adoptar las antiguas festividades paganas, incorporándolas a su calendario religioso.

En la España cristiana desde el medioevo hasta nuestros días se puede detectar la supervivencia de las distintas facetas de la adoración de la Gran Diosa, asimilado al culto a María. A partir del siglo XII, las estatuas de Maria fueron incorporadas como imágenes de devoción en lugares de la campiña que tenían una significación simbólica para la comunidad agrícola o pastoril, como por ejemplo las fuentes, las cimas de las montañas, los altos de los caminos y las grutas y las cuevas.
Es muy habitual que en los pueblos se celebren en agosto las Fiestas Patronales en honor de Vírgenes halladas, con sus romerías, sus templos en las zonas altas, etc… y claro, con toros. Romerías, vino, fin de la cosecha, vírgenes, bailes, cantos, toros y comer entre todo el pueblo la res lidiada y sacrificada.

En la segunda quincena de agosto la capital de Vizcaya, celebra la Aste Nagusia, la semana grande de Bilbao, que comienza con la romería que sube a la Basílica de Begoña. Santa María de Begoña es un santuario donde se venera a la Virgen de este nombre, situado sobre un cerro que domina la Villa de Bilbao. La tradición oral relata que la imagen de la Virgen apareció en una encina del bosque de Artagan. Se abrió entonces un debate entre los lugareños sobre dónde levantarle un templo de adoración. Al parecer, unos querían hacerlo en el mismo lugar y otros optaban por un lugar algo más alejado. Según dice la leyenda que recoge el libro, la propia Virgen expresó sus gustos con la famosa frase Bego oina! «Quieto al pie». Esta es la definición etimológica de Begoña en su significado original, también conocida como la “Amatxu”, la “Mamaita, voz compuesta de ama `madre’ y -txu, morfema diminutivo”.

El nombre vasco Mari-jaia viene a significar en castellano “Señora de las Fiestas”. Este personaje singular, de las fiestas de la semana grande de Bilbao, es una mujer de aspecto tradicional vasco, con ropajes rurales y pañuelo en la cabeza. Su rostro es cómico, de rasgos prominentes y sonrosado. En señal de optimismo y baile, lleva los brazos en alto. Las fiestas culminando con la quema del símbolo festivo, Mari-jaia.

“Mari” como nombre propio, responde a un título, similar al de “Señora” con el que el folclore ha decidido renombrar a la diosa primigenia de la cultura proto-vasca, y vasca: Ama-lur. Ama-lur es el nombre de la Gran Diosa en los Pirineos. Ama-lur en euskera significa “Madre Tierra” o “Tierra Madre”. También conocida como Mari, Amari o Maya, sabemos que no corresponde a un nombre riguroso con respecto a esta entidad. En el Alto Aragón a Mari se le conoce con el nombre de Mariuena.

La fe en Ama-lur es muy antigua en el pueblo vasco, anterior a la invasión de los pueblos indoeuropeos. Ya que estas culturas que llegaron del este a Europa, fueron las que introdujeron la creencia en las divinidades celestes. El posible hallazgo más arcaico del culto a esta entidad podría registrarse en Karrantza (Bizkaia) y data de la cultura Magdaleniense (una de las últimas culturas del Paleolítico Superior, que se percibió al norte de España, entre otros países de Europa -Francia, Suiza y Alemania-), es decir, una cultura que va de entre el 15.000 y el 8.000 antes de la era común. Ama-lur igual que la Pachamama es la Tierra que se nos muestra como habitáculo de todos los seres vivos, poseedora de fuerza vital propia que ha creado nuestro entorno natural. Es la madre de las deidades femeninas, Ilargi, la diosa luna y Enki, la diosa sol. Amalur es la que hace posible la existencia de animales y plantas, y la que nos da a los seres humanos el alimento y el lugar necesario para vivir. En el Pais Vasco y Pirineos es una costumbre muy arraigada dejar ofrendas a Amalur en las cuevas y simas, ya que estas son las puertas al interior de la Tierra.

La Tierra es un enorme recipiente, un receptáculo ilimitado, donde viven las almas de los difuntos y la mayoría de los personajes mitológicos. La Tierra era por tanto el eje de toda la existencia, todo lo que hay por encima de ella es “vivo”, y todo lo que hay debajo es “muerto y/o sobrenatural” lo que produce, a menudo, mitos de divinidades que viven bajo tierra, se desplazan por galerías subterráneas, y acceden al mundo por aberturas naturales, convirtiendo el panteón vasco en un panteón principalmente ctónico.

La mitología vasca está relacionada con la mitología nativa americana, en el sentido de que está basada en la Tierra con fuerzas ctónicas y teluricas de tiempo circular. Al contrario que la mitología griega-hebraica, que es celestial y que dio inicio al tiempo lineal.
La mitología vasca pudo ser introducida en América durante la conquista y colonización; por el accionar de los misioneros y con el aporte de la inmigración de la diáspora vasca. El folclore americano se ha nutrido de este sistema de creencias, generando figuras y relatos sincréticos que se encuentran ampliamente extendidos y arraigados en el mundo andino. De allí la importancia de considerar a la mitología vasca en el contexto de los estudios antropológicos en torno a las montañas sagradas de Latinoamérica. La influéncia vasca sobre los guanches canarios, también fue notable.

Al final, en un mundo cada vez mas laico, solo permanecerá el amor y la veneración a la Madre Tierra, que ofrece cobijo y alimento a sus hijos. La Tierra que nos enseña solidaridad, sociedad de equidad, generadora de libertad y felicidad, que no necesita ser adorada, ni temida, solo ser respetada para que no nos muestre a los humanos, su lado mas oscuro. Que no es mas diosa que nosotros mismos.

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