Las Sorginas, sacerdotisas de Mari

"Sorginetxe" ("casa de la bruja") es un monumento funerario mgalítico construido aproximadamente en el 2.500 a.C. (neolítico), se encuentra en Arritzala (Álava).
“Sorginetxe” (“casa de la bruja”) es un monumento funerario mgalítico construido aproximadamente en el 2.500 a.C. (neolítico), se encuentra en Arritzala (Álava).

Las sacerdotisas, asistentes de de la diosa Mari son las sorginas.

Antiguamente para los vascos sorgin significaba “hacedora de creaciones, hacedora de nacimientos” de las palabras sortu (“crear, nacer”) y el sufijo –gin (“hacedor/a”). Eran las encargadas de los santuarios de la diosa ( como “Sorginetxe”), las encargadas de sanar a través del conocimiento de las hierbas y de traer al mundo a los niños, ejercían, por tanto, de matronas. También se puede interpretar como la comadrona actual, siendo además la curandera y heredera de la cultura indígena, objetivo principal de la “caza de brujas”. Las sorginas irradiaban el “Adur” (adúr), la energía que mueve el cosmos, a los niños que traían al mundo dándoles la vida. Uniéndolos a través de la irradiación del “Adur” a la diosa Mari, a la madre tierra, de la que provienen todos los seres o, como se decía en la antigua religión: “izena daukan guztia” ( “todo lo que tiene nombre, vive”).

La palabra sorgin tomó el significado de “bruja” cuando las autoridades eclesiásticas quisieron acabar con la religión vasca asociándola con la brujería y el satanismo.

Hacia 1500 se abren varios procesos contra los brujos y brujas de la sierra de Amboto (en el Señorío de Vizcaya) en la que se dice que vive una especie de divinidad llamada la “Dama de Amboto”. En esta ocasión ya se habla de rituales de adoración al diablo en figura, entre otras, de macho cabrío (un testimonio de la época dice: “se dice y confiesa por muchas personas haber visto al diablo y hablándole, veces en figura de cabrón y otras veces en figura de un mulo grande y hermoso… y dicen éstas que se reconciliaron y confesaron su error…“). Siete años después aparece otro foco de brujería en un lugar no precisado que hace que intervenga el tribunal de la Inquisición española de Logroño, produciéndose la quema de unas treinta supuestas brujas

En 1517 se publica un tratado sobre supersticiones (Tractatus de Superstitionibus) de Martin de Arles, canónigo de Pamplona, que parece que se escribió en el siglo anterior, y en el que se refiere a las brujas del reino de Navarra. En el libro recoge la idea tradicional de la Iglesia, que arranca de Agustín de Hipona, que considera que lo que hacen las brujas es una ilusión provocada por el diablo. “El mismo Satán, a cada una de estas mujeres las capta, y, subyugadas por su misma infidelidad y dormidas, las hace ver, por medio de la fantasía, que se transforman en distintas formas y semejanzas de criaturas… de suerte que habiendo tenido el ensueño la mujer infiel cree que lo ha experimentado no en el ánimo, sino que le ha ocurrido corporalmente

Fueron constantes los procesos por brujería durante más de un siglo. Uno de los más importantes fue el de Zugarramurdi (Navarra, a pocos kilómetros de la frontera con Francia,) en el año 1610, en el que más de 300 sorginas y creyentes de la religión vasca fueron torturados, procesados y ajusticiados.

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Conmemoración de un aquelarre en la cueva de Zugarramurdi en 2009.

Es probable que los tan mentados encuentros de brujas no fueran más que bailes nocturnos al son de txistus y atabales o a lo sumo prácticas de drogadicción con alucinógenos como la belladona y el beleño. El lugar pasó a la historia, sin embargo, como “la catedral del diablo” y capital de la brujería española. “Aquelarre” (de Aker, macho cabrío, y larre, prado o campo) se convirtió en la palabra éuskara más mundialmente conocida.

En realidad, al igual que en otras partes de Europa, en el País Vasco perduraron distintas ceremonias y reuniones, unas más sagradas que otras, a las que acudían desde un numero reducido de participantes (sorginak) hasta otras en las que tomaba parte toda la comarca. Estos encuentros relacionados con las cosmovisiones animistas propias de todo pueblo indígena, eran la antitesis de los cultos tristes, grises y culpabilizantes que quería imponer la Santa Iglesia. La alegría y el goce, características intrínsecas a la vida con mayúsculas, formaban parte de muchas de estas celebraciones y esto fue algo que las mentes inquisidoras del catolicismo pusieron mucho empeño en destruir.

A veces  las sorginas  se confunden con las lamias (similar a las ninfas ). Tampoco hay que confundir el termino de Sorgin con el de adivino/a, que recibe el nombre de azti.   Por otra parte existe el término “sorginazti”, que se emplea tanto para hombres como para mujeres. Aunque sorgin puede ser tanto un hombre como una mujer, han sido estas últimas las que tradicionalmente han desempeñado este rol espiritual en las comunidades. Existe la variante ‘jorgin-jorgina’, en los Pirineos de Aragón y Cataluña. Curioso, porque “Jorg” es la Madre Tierra de los nordicos .

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Representación de Mari, la Madre Tierra, la “Dama” o la “Señora” de las Sorgines,

Mari (mári), Maia (mái-a) o Ama-Lur (áma lur; madre tierra) era la diosa suprema de la antigua religión vasca,

“Y en aquella religión natural vasca, una de cuyas imágenes centrales era la Dama o Señora (Mari), eran fundamentales los ritos de regeneración y fecundación, pudiendo ser el Akelarre, en algún tiempo, uno de esos ritos. Eso puede explicar la importancia del macho cabrío (Aker) y del sapo, símbolos de la fertilidad y de la fecundidad respectivamente. Todo lo cual ponía en entredicho el modelo de familia androcrática heredado por la Iglesia de los romanos. Y eso no se podía tolerar.”

Josu Naberan, “La vuelta de Sugaar”

Según Julio Caro Baroja la brujería vasca tiene poco que ver con el culto al demonio ya que en el folklore vasco la bruja o Sorgine  se vincula con númenes. Así, en parte de Vizcaya y en Guipúzcoa, se cree que la señora  de las brujas es Mari, una especie de numen de las montañas, y a la que se llama la “Dama” y la “Señora”. Esta Mari provoca tempestades y es representada como una mujer de belleza extraordinaria, que cruza los aires rodeada de fuego. Sus moradas dentro de las cavernas están llenas de oro y piedras preciosas. Pero los donativos que hace a la luz del día se convierten en carbón.

La antigua religión de los Pirineos poseía unas normas de actuar en la vida muy similares a las cristianas, por lo que fue muy fácil dar el paso de la religión primitiva al cristianismo. Sólo se tuvo que adaptar la trinidad, dioses y espíritus de la naturaleza  a la trinidad y santos cristianos. Hoy es el día que a la Virgen María en euskara se le llama Andra Mari (ándra mári; Señora Mari) que era el nombre con el que era llamada la diosa Mari. Gracias al parecido entre los nombres, el culto a la diosa Mari pasó a ser también, un culto a la Virgen María. Todas las vírgenes que existen en el País Vasco, así como sus iglesias, eran antiguas zonas de culto a esa divinidad. Lo mismo ocurrió con los santos cristianos, por ejemplo, el culto a Argia (arguía; la luz) pasó a ser un culto a Santa Clara, llamada en euskara Deun Argia (deun arguía; Santa Luz). A medida que avanzaban las lenguas y culturas latinas, iba desapareciendo la religión de Mari e iba extendiéndose el cristianismo.

Esta religión se perdió definitivamente en el siglo XVII, cuando las sorginas , similares a las meigas y a los druidas celtas, eran las encargadas de las zonas de culto, de hacer las ceremonias, de sanar a la gente a través de hierbas y de traer al mundo a los niños, fueron acusadas de brujería por la Inquisición. A partir de entonces la palabra sorgina que significaba en euskara antiguo matrona, pasó a significar bruja.

La existencia de la antigua religión, se ha conservado hasta nuestros días, a través de la transmisión oral, de generación en generación, de parábolas y cuentos imbuidos en las antiguas creencias que los abuelos contaban a sus hijos y sus nietos. En la actualidad, hay numerosos topónimos en el País Vasco y Navarra que hacen referencia a las sorginak, como Sorginaren Txabola (Chabola de la Hechicera) en Elvillar (Álava), Dolmen de Sorginetxe (casa de la bruja) en Arrizala Agurain (Álava) o en Elbete Baztan (Navarra), Sorginzubi (Puente de la bruja) en Abaurrea Alta (Navarra), etc.

Brujas, meigas, sorginas…. pese a la Iglesia…  haberlas ailas!!!


FUENTE: Wikipedia

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