El macho cabrio, Akerbeltz, el señor de los aquelarres del norte.

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GOYA – El aquelarre (Museo Lázaro Galdiano, Madrid, 1797-98)

La mitología del pueblo vasco se desarrolla en un entorno animista y mágico.  Gran parte de los seres que componen el mundo están animados por espíritus o genios que trascienden la naturaleza humana. El macho cabrio, Akerbeltz, el señor de los aquelarres del norte, mitad hombre mitad bestia, señor de las bestias y protector de la vida salvaje es la representación del viejo dios Cornudo del neolítico europeo.

El macho cabrío es un mamífero rumiante ovino, macho de la cabra. Se caracteriza por sus cuernos en forma más o menos de lira (en algunos los cuernos se curvan hacia atrás), por su duro pelaje y por tener una barba estrecha en la mandíbula inferior. Según los distintos lugares, se le conoce también como chivo, buco, cabro, bode, etc.

El macho cabrío (en griego τράγος -“tragedia“- o, según el momento y lugar- “quimera“, χιμαιρια) tuvo culto en la comunidad rural griega de Arcadia como símbolo de la fertilidad, ya que sus habitantes eran demasiado pobres para poseer toros. Con el tiempo, derivó en el dios “Pan”, y en la cultura cristiana se asoció a Satanás, Para el cristianismo tenía, sobre todo, un significado expiatorio, pues sobre él se echaban todos los pecados del género humano, se le denominaba chivo expiatorio .

Dios cornudo o astado es un término sincrético, el cual unifica a numerosos dioses de la naturaleza de una amplia y dispersa serie de mitologías como el Céltico Cernunnos, el Inglés Herne el cazador, el Egipcio Osiris, el Hindú Pashupati, el Griego Pan o el Romano Fauno. Todas estas deidades masculinas siempre son representadas con cuernos y en asociación con la naturaleza. Los pueblos de la antigüedad clásica lo relacionaban con el dios Dionisos, con la diosa del amor Afrodita y con Pan, dios perseguidor de ninfas y de efebos. Todas las deidades enumeradas lo utilizaban como cabalgadura.

Margaret Murray seleccionó y editó copiosamente textos donde exponía el argumento de que las brujas que se encontraban en los bosques eran las herederas de un culto a la fertilidad paneuropeo venerando a un Dios Astado. Según ella, el Dios Astado estaba asociado a los bosques, los animales salvajes, la caza y la virilidad masculina”

Este antropomorfo dios nace en el punto de máxima inflexión del solsticio de invierno y de acuerdo a las normas del ciclo vital, muere en el punto álgido del solsticio de verano. Muere y renace constantemente en el perpetuo ciclo de la Tierra.

Pierre de Lancre, un inquisidor que fue en busca de supuestas brujas en el Labort y la Baja Navarra, escribió un libro llamado “Tableu de l’Inostance”, allí escribió un testimonio de una supuesta bruja en la que ella aseguraba que: “Akerbeltz tiene el rostro de un hombre, grande y aterrador”. Otra bruja también dijo que la deidad tenía dos caras: “una en el frente y la otra en la espalda“.

En palabras de otros inquisidores, Akerbeltz era similar a un enorme perro o un buey grande que es malévolo y mentiroso. Este último caso podría estar relacionado con el mito del Aatxe (otra criatura de la mitología vasca). Según los inquisidores, la misa negra la cual estaba presidida por Aker, era una parodia de la misa católica durante la cual los devotos le ofrecían huevos, pan y dinero a la deidad.

Durante la misa antes citada, Aker daba un sermón en el que incitaba a las brujas y brujos a la maldad y después se organizaba una bacanal en la que se servía carne humana. Se continuaba la celebración, Aker y sus seguidores bailaban al sonido de un txistu (instrumento vasco parecido a la flauta). Y finalmente, las brujas realizaban sus hechizos.

Los folcloristas dicen que Akerbeltz era similar a algunas deidades antiguas como Dionisio, en términos de excesos, y Pan, en términos sexuales.

Se dice que la palabra “akelarre” viene del prado que está al lado de una de las pequeñas cuevas de Zugarramurdi, que era donde pretendidamente se celebraban las reuniones de las brujas. La palabra akelarre significa “prado del cabrón”, y así le llamaban los asistentes a las reuniones de las cuevas a este prado, ya que en él pastaba un gran cabrón negro (macho cabrío negro o Akerbeltz, en euskera), el cual decían que se transformaba en persona cuando se reunían las brujas. O sea, que según la leyenda, este macho cabrío era el mismísimo diablo. De ahí que Zugarramurdi reciba el sobrenombre de la Catedral del Diablo.

La palabra aquelarre procede del euskera o lengua vasca aker=macho cabrío, y larre=campo y era utilizada para referirse a la reunión de las Sorginas  (sacerdotisas curanderas de Mari) en los siglos XVI-XVII. donde veneraba a un macho cabrío.

José Miguel Barandiaran, que investigó y recopiló la cultura vasca, dijo que Akerbeltz era similar a Mari (otro espíritu de la mitología vasca) porque tenían algunas características en común.

La diosa Mari al igual que otras divinidades femeninas cantábricas las anjanas, las xanas y las mouras y sus descendientes griegas (moiras) y romanas (parcas) es, entre sus múltiples funciones, una hilandera del destino, que cose dentro de su cueva frecuentemente ayudada por Akerbeltz, en cuyos cuernos enrolla el hilo.  Este conocido genio toma forma de macho cabrio negro, como indica su nombre. A veces nos muestra su lado benévolo, pero otras nos enseña su cara oscura. Cuando nos muestra su lado bueno adquiere características parecidas a Mari, convirtiéndose en jefe de otros genios. Su carácter maléfico ha sido recogido en la obra de los artistas plásticos de todos los tiempos; y, así, se le representa en grabados y pinturas que simbolizan escenas cargadas de misterio, en las que el macho cabrío ocupa el centro del conciliábulo.

Cuando Akerbeltz o Aker dirige las reuniones de las brujas y brujos, el akelarre, nos muestra su lado negativo. Durante la fiesta se bailaba y se ofrecía al númen pan, huevos y dinero. Se le tenía, además, por un animal lujurioso y obsceno, pues sobre su lomo transportaba duendes y brujas.

Más de quince lugares de este culto se señalan en tierras de Vasconia: su nombre más comúnmente conocido es Akelarre. El de Zugarramurdi es una planicie situada delante de la entrada de una caverna. Según la tradición y documentos del siglo XVII, en aquel paraje y en aquella caverna se reunían los brujos.

La brujería vasca de los siglos XVI y XVII adoraba al Akerbeltz como diablo, pero fue tan solo un capítulo pasajero. La información disponible de los autos de la inquisición apuntan a que se trataba de un movimiento clandestino contra el cristianismo y el estado social vigente.

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Aker-Beltz, macho cabrio negro, es el animal favorito de Mari

El culto a este genio en Vasconia parece ser que proviene de tiempos remotos. Así lo constatan inscripciones romanas del siglo III encontradas en Aquitania con la palabra Aherbelste, que según lingüistas de renombre lo relacionan con ‘akerbeltz’.

Había algunas otras creencias que dicen que él era el protector de los animales y de las casas, y él tenía poder para curar a los animales y era la representación de la fertilidad. Era habitual que la gente del campo en el País Vasco tuvieran una cabra negra o macho cabrío negro en su establo para proteger al resto de los animales. Su figura aún persiste como símbolo de salud, y es costumbre tener un chivo (es imprescindible que sea negro) en el establo del caserío, junto al resto del ganado para que proteja a los animales domésticos que se crían en el lugar.

Algunas creencias sobre esta criatura mitológica han durado hasta nuestros días.

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El chivo expiatorio : El macho cabrio, Akerbeltz en la cueva de Zugarramurdi (Sorginen Leizea)

NOTA: Un chivo expiatorio es la denominación que se le da a una persona o grupo de ellas a quienes se quiere hacer culpables de algo de lo que no son, sirviendo así de excusa a los fines del inculpador. De manera más específica, este apelativo se emplea para calificar a aquellos sobre quienes se aplica injustamente una acusación o condena para impedir que los auténticos responsables sean juzgados o para satisfacer la necesidad de condena ante la falta de culpables


FUENTES:

  • Wikipedia
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2 comentarios en “El macho cabrio, Akerbeltz, el señor de los aquelarres del norte.

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