Los guerreros iberos y la Falcata Ibéra

46La costumbre entre los pueblos de iberia era practicar la guerra de guerrillas, que era perfectamente lícita y honorable entre las tribus. El mundo Ibérico era  un mundo de peleas y conflictos, en el que una comunidad se aliaba con otra para hacer la guerra buscando así afianzarse políticamente. Ésta era una de las formas de proceder de la aristocracia. Los guerreros se agrupaban en castas que a su vez eran mandadas por un líder carismático al que se le rendía un juramento de fidelidad (devotio). Digamos que el pueblo Íbero siempre ha sido y es cuna de durísimos soldados, pero muy mal jerarquizado. El guerrero ibero era básicamente un guerrero de leva, campesinos, ganaderos, comerciantes, que solo se dedicaban a la guerra en caso de necesidad. La guerra no era su actividad principal. Principalmente, estos hombres de la aristocracia, debían poder costearse un caballo y sus armas.

El famoso relieve de Osuna (Sevilla) muestra la imagen más conocida del guerrero con su falcata

Los iberos o íberos fue como llamaron los antiguos escritores griegos a las gentes del levante y sur de la Península Ibérica para distinguirlos de los pueblos del interior, cuya cultura y costumbres eran diferentes. De estos pueblos escribieron Hecateo de Mileto, Herodoto, Estrabón o Rufo Festo Avieno, citándolos con estos nombres, al menos desde el siglo VI a. C.: elisices, sordones, ceretanos, airenosinos, andosinos, bergistanos, ausetanos, indigetes, castelani, lacetanos, layetanos, cossetanos, ilergetas, iacetanos, suessetanos, sedetanos, ilercavones, edetanos, contestanos, oretanos, bastetanos y turdetanos.

Los pueblos de las fachadas oriental y meridional de la península debieron padecer, en especial a lo largo del I milenio a. C. continuas batidas que tenían como finalidad la captura de mano de obra para las explotaciones y para formar parte de los auxilia o mercenarios que batallaron a lo largo de estos siglos en el Mediterráneo.

Ya en el 480 a. C. aparecen los primeros testimonios de mercenarios ibéricos en el ejército púnico. A partir del siglo III a.C. será cuando los Íberos servirán como guerreros y jinetes de caballería para los ejércitos de Cartago y Roma. Los iberos destacan por su carácter belicoso y su fama de grandes guerreros mercenarios, de manera que fueron utilizados por los cartagineses como fuerza de choque en su lucha contra los griegos, por el control de la zona siciliana. Una fama que les llevo a combatir en la propia Grecia a finales del siglo V en el ejército del estratego Aristarco en las Guerras del Peloponeso o incluso apoyando a los espartanos en su lucha contra los tebanos.  El carácter del guerrero ibero fue descrito por los griegos, quienes se fascinaron por unos soldados que se lanzaban al combate sin miedo alguno y que resistían peleando sin retirarse aún con la batalla perdida. Su aura de gente aguerrida llega hasta la literatura, el propio Sófocles llego a escribir una obra llamada “Iberos”.

Según Estrabon, los iberos eran incapaces de formar grandes coaliciones de tribus, estaban siempre ocupados en interminables guerras entre tribus. Que podían mantener la cohesión del ejército cuando vencían, pero en caso de derrota, los iberos se dispersaban rápidamente, causando entre los romanos la sensación de que combatían con un enemigo intangible.

“Ágil, belicoso, inquieto. Hispania es distinta de Itálica, más dispuesta para la guerra a causa de lo áspero del terreno y del genio de los hombres.” Tito Livio (59 a. C. a 17 d.C.)
“Los hispanos tienen preparado el cuerpo para la abstinencia y la fatiga, y el ánimo para la muerte: dura y austera sobriedad en todo (dura omnibus et adstricta parsimonia)”. Pompeyo Trogo

Los autores antiguos describen a los guerreros iberos vestidos con túnicas cortas blancas con ribetes de púrpura y sus falcatas íberas en la mano. Probablemente las túnicas no fueran “blancas”, sino del color natural de la lana, al igual que ocurre con las togas romanas, y probablemente la púrpura de los ribetes no fuera tal, sino una franja de color escarlata…En realidad, es evidente que todos los guerreros españoles no vestían de igual manera, ni mucho menos, pero esta indumentaria sí que era la más corriente y por la que los romanos identificaron a los españoles del ejército de Aníbal. Una estética que es la más repetida en el arte ibero.

Era común para los guerreros iberos llevar un pequeño recipiente conteniendo venenos de acción rápida extraídos de la planta ranunculus sardonica, para suicidarse en caso de ser cogidos prisioneros. Este veneno tenia la particularidad que, al ser ingerido, contraía los músculos de la cara, provocando una mueca que imitaba la risa. Esto aterrorizaba a los soldados romanos, que pensaban que el guerrero muerto les seguía desafiando con su risa sardónica desde el mas allá.

Uno de los guerreros más famosos y más temidos de la época eran los honderos baleares, que con sus proyectiles eran capaces de romper cascos y corazas del enemigo.
Comenzaban su entrenamiento desde muy jóvenes, su primer juguete era una honda. Se les ponía un trozo de carne encima de una estaca, y hasta que no la derribaban con la honda., no podían comer.   Cada hondero disponía de tres hondas, de diferentes tamaños y longitud, para lanzar proyectiles a corta, media o larga distancia.la honda estaba fabricada con tendones de animales. Completaban su armamento con una falcata y un pequeño escudo.


La Falcata  el arma más conocida de los iberos.

Las espadas utilizadas por los hispanos eran de dos tipos: curvadas o falcatas, y rectas ogladius .Los pueblos celtiberos utilizaban el gladius, y los pueblos iberos usaban la falcata.

El origen de la falcata, hay que buscarlo en el Mediterráneo oriental. La llegada de mercenarios iberos a Grecia en la guerra entre espartanos y beocios pudo dar lugar a la adquisición de este modelo de arma.  Era un tipo de arma blanca, una espada de acero originaria de Iberia, y por tanto relacionada con las poblaciones nativas ibéricas anteriores a la conquista romana. Fue muy usada entre los pueblos íberos, o los celtíberos limítrofes con los primeros, siendo la espada de “antenas” más común en la zona más céltica de la Península. La calidad del hierro que servía para la construcción de las armas hispánicas fue alabada por los cronistas romanos, que quedaron sorprendidos por su capacidad de corte y su flexibilidad, una de las características más estimadas y buscadas en su manufactura.

La hoja de la falcata mide aproximadamente unos 45 cm. de longitud, es decir, la longitud del brazo. En realidad no había dos falcatas iguales, ya que estas valiosas espadas se fabricaban de encargo, por lo que cada una tenía unas medidas según el brazo de su dueño.

La empuñadura iba decorada con cachas de hueso o marfil, y solía unir la cabeza del animal de la guarda con una cadenilla. Tambén la decoración en damasquinado o ataujía, rellenando las incisiones realizadas en la hoja previamente con hilos de plata, figurando motivos vegetales, geométricos, zoomorfos e incluso representaciones de cabezas humanas e inscripciones en lengua ibérica. la decoración de las falcatas y de otras armas ibéricas responde no sólo a razones estéticas sino también simbólicas. Y es que a lo largo de la Historia los guerreros de todos los pueblos y culturas han valorado la posesión y exhibición de armas ornamentadas, como expresión de riqueza y de estatus. Sin duda, la decoración de las armas rodeaba a su poseedor de un aura de poder y de prestigio. Con todo, los motivos decorativos del armamento no sólo han servido como indicadores de estatus social, sino también como elementos de identificación personal o de grupo y, especialmente, como amuletos protectores.

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Las falcatas, como otras piezas muy especiales, se decoraban con damasquinado o ataujía. Un bello ejemplo de esta técnica puede constatarse en la falcata ibéra de Almedinilla (Córdoba).

Pero las armas que utilizaban eran su bien mas preciado, cuando morían eran enterrados junto a ellas. En las tumbas, las armas ibéras se encuentran cuidadosamente dobladas, inutilizadas, ya que, como hemos visto en la falcata, eran armas personales, fabricadas para cada guerrero en concreto y no debían ser utilizadas por ningún otro. Por eso se enterraban inutilizadas con su dueño. El vínculo que unía al guerrero con sus armas era más importante que su propia vida, por ello preferían morir antes que rendirse y entregar sus armas. Y en muchas ocasiones las negociaciones con los romanos se rompían debido a que los romanos querían confiscarles las armas.

Como nota curiosa que refleja la efectividad de estas armas queda el hecho de que, tras las primeras batallas en la Península Ibérica, se dio la orden a las tropas romanas de reforzar con hierro los bordes de sus escudos, posiblemente para contrarrestar la potencia de corte de las falcatas, muy superior al de las espadas rectas y los sable.

La formación tactica con la espada corta era en línea, netamente ofensiva, ya que la falcata es una poderosa arma que de poco sirve a la defensiva. De ahí la tremenda mortandad causada por los iberos de Aníbal en Cannas y posteriormente a las legiones romanas que invadieron Hispania.

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Falcata ibéra del siglo IV a. C., en el M.A.N. (Madrid).

La falcata tras la llegada de Roma a España pasó a formar parte del equipo militar romano, precursora estilizada del gladius hispaniensis o espada romana, el arma que hizo de la Legión Romana un perfecto instrumento de lucha. Aunque nunca pudieron superar la calidad del hierro hispano. En conjunto, la táctica ibera de lucha fue literalmente copiada por los romanos tras la I Guerra Púnica. Puesto que el escudo romano, el típico escudo rígido samnita, era mejor que el celta y proporcionaba mayor protección, las legiones romanas se convirtieron en auténticas “máquinas de picar carne”, aunque frente a las tropas iberas, con generaciones enteras de entrenamiento a sus espaldas, sufrieron grandes desastres uno tras otro. Iberia fue el primer pueblo en ser invadido y el último en ser derrotado.

FUENTES:

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