EL TAMBOR DE LLUVIA

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La naturaleza es un dar y recibir constante, esto ocurre de diversos modos en los distintos reinos y realidades. La vida tiene un ritmo, está en constante movimiento. El agua, fuente de la vida,  también.

El caballo , animal ctónico, símboliza los cuatro elementos, tierra, fuego, aire y agua, especialmente agua. Como animal mítico, tiene el don con sus cascos de abrir paso al agua y, con el movimiento de sus crines, la lluvia.  También se le relaciona con saltos de agua, los rápidos de los ríos que suenan como relinchos de una manada salvaje. Se le asocia con las grandes olas del mar que llegan a la orilla, rodeadas de espuma, aguas refrescantes con el don de la curación.

El tambor es el caballo volador para el chaman, su medio de comunicación y viaje con el mundo espiritual y con otros planos de existencia.. La percusión chamanica del tambor que suena  como un galope de caballo sobre la tierra, forma parte de rituales para atraer la lluvia en muchas culturas. La proyección es simple y repetitiva, pero puede durar horas, hasta que la Madre Tierra cede su energía para el milagro.

Soy mujer que canta sobra la piedra,
soy tierra en la tierra,
agua que danza,
fuego que quema.
El tambor es la voz de mi corazón,
mi voz está hecha de viento…
Soy la mujer que vive dentro de mi
y sale a la luz.

La percusión demuestra el Espíritu del Caballo, reflejo de los elementos: Agua, Aire, Fuego y Tierra. Las palmas y los dedos acompañan la invocación con el golpeteo del tambor que representa el cosmos y su sonido, el latido de la tierra..

images (6)El elemento fuego esta representado por la hoguera dentro del barreño de estaño  que marca  el circulo sagrado. Brezo, helecho y retama queman en ella. Alrededor se proyecta el deseo con el baile, que sigue el ritmo del tambor chamánico tratando de obtener emociones como el valor, la compasión, la esperanza de ser escuchados por el cielo y que el agua deseada riegue la tierra..

Los dedos cabalgando  sobre el tambor, cajón, pandero, mesa o madera, emiten vibraciones de fuego , crepitaciones de sequedad que producen todos  los seres vivos terrestres, plantas, animales y humanos  cuando invocan a los cielos, por la necesidad de agua.

Crepitar. El fuego debe liberar al agua. El fuego, debe pujar hacia lo alto. En equilibrio, el fuego se halla arriba, y el agua, cuyo movimiento es descendente, se halla abajo, sus efectos divergen y quedan sin mutua relación. Ambos se separan cuando están en armonía.

La música, el baile en sus orígenes, tenia un objetivo mágico. La monótona cadencia, el sonido monocorde… Chap, chap, chap  …,  en un mantra infinito. 3 y 4 golpes por segundo; a veces sin ritmo fijo . Chap,… chap… chap…., El palmoteo. Plash… plash… plash… El caballo de agua  resuena al ritmo de mi corazón.  Siento como fluyen los líquidos de mi cuerpo. El ritmo se acelera, me balanceo…  el trance se hace presente.

Agua..agua…agua… agua… vibra la única palabra  de mi invocación  , sigue el tono de las gotas de lluvia:  chap, chap, chap…  Agua…, agua…, agua… chap, chap , chap… Aspiro, inspiro…. aaanahhhh  ANAAAAAAA

El nombre de la señora de las aguas es pronunciado, la abuela, la energía primigenia:  Anah , agua, ana , agua, Anagua…. chap, chap, chap.. ana, ana, ana….

Visualizo las antiguas procesiones , sacando  por los secos campos  de Iberia, a la Virgen Negra, la Virgen  de la Cueva , la Virgen  de las Aguas. Los tambores, las panderetas, las castañuelas, (chap, chap, chap…) el sonido de los cascos del caballo, el paso marcado, los cantos rituales….

Hoy, los niños y las niñas al coro ya no cantan las antigua canciones. ¿Que voz inocente le canta a la Madre para que libere el agua?

Que llueva, que llueva
la Virgen de la Cueva,
los pajaritos cantan
la luna se levanta.
¡Que si, que no,
que caiga un chaparrón!
¡que si, que no!
le canta el labrador.

El cielo se ensombrece rápidamente, cabalgan las nubes en mi dirección, el viento delata su llegada. Y cae, al fin, la lluvia. Gracias Madre

lluvia-movimiento

“Tambor de lluvia” de Carlos Marzal)
Bate la lluvia contra la uralita,
deletrea su código primario,
su mensaje esencial:
yo soy la lluvia,
estoy lloviendo aquí, sobre vosotros,
estoy lavando el mundo en estas lágrimas.
Con su monomanía dicta mucho.
Dice más de la cuenta en cada gota.
En la piel de tambor de los tejados,
hecha con la membrana de la vida,
percute funeral su marcha grave.
Es un tambor de guerra, aquel tambor
de caravanas hoscas en el fango,
a las que ladran perros.
Un tambor de los éxodos del hombre.
Un tambor niño que toca su atambor,
y sus manos le sangran.
El atabal sombrío de la historia.
Esta música fue el compás primero:
aquel que trazó el arco del futuro.
La escucho en su doblar, campana líquida,
y aunque sé por quién dobla la tormenta,
le presto mi atención de oídos sordos.
A mi entender sólo percute en sí,
en sí bemol se tañe,
en sí de asentimiento hacia la vida.
Después el agua irá a sus sumideros.
Y cesará la música en el aire.

[De El Corazón perplejo. Poesía

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