Las Damas Iberas

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Museo Arqueológico Nacional. Las esculturas íberas de damas oferentes tienen elementos comunes, pero también pueden ser muy diferentes, como estos tres ejemplos en la imagen.

Diosas, sacerdotisa o mujeres de alta alcurnia

El misterio envuelve a estas mujeres tan bellamente representadas y depositadas en las necrópolis o importantes tumbas encontradas en nuestra península.

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“La hija de Jefté” de James Tissot, inspirada en la Dama de Elche

Las mujeres íberas fueron transmisoras de status y de prestigio.

La mujer íbera estaba bajo la autoridad paterna, primero bajo la del padre y luego bajo la del marido, sin embargo la mujer era transmisora de status y daba, por ella misma, prestigio al hombre, constatamos este hecho en los matrimonios de Asdrúbal y de Anibal que se casaron con princesas ibéricas. A pesar de la dependencia del padre y del marido, la mujer íbera podía conservar, administrar y trasmitir su dote.

La mujer en el mundo ibérico contribuyó a crear y fortalecer vínculos diplomáticos, el más conocido es el de la princesa íbera Himilce que se casó con Anibal para sellar una alianza entre ambos pueblos, el íbero y el cartaginés, contra Roma. La sociedad ibérica fue por lo tanto, exógama al aceptar, incluso fomentar el matrimonio entre etnias diferentes y monógama

No es demasiado lo que se conoce sobre la mujer ibera. Sólo lo que se deduce del testimonio de la escultura y la cerámica o de los textos del historiador griego Estrabón.

Estrabón dice de las iberos:

“… Las mujeres trabajan la tierra y paren en el mismo campo, bajo un árbol y luego siguen trabajando…”; “… El esposo es el que dota a la mujer y son la hijas quienes heredan y eligen las esposas para sus hermanos…” Y añade: “… tales costumbres apuntan a una ginecocracia que no puede llamarse civilizada…”

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Gran Dama Oferente

La mayoría de las mujeres íberas trabajaban junto con el hombre en el cuidado del campo y del ganado, como dice Estrabón “pare en el campo y sigue trabajando” y en muchas ocasiones se hace cargo por completo del campo, de los animales y de los hijos pues la sociedad íbera era muy belicosa y eran frecuentes los enfrentamientos entre distintos pueblos íberos por esta razón tenía un papel bastante reconocido aunque su estatus era inferior al del hombre). Quizá, las frecuentes guerras favorecen la importancia social de la mujer, que vela por la familia y el poblado mientras el hombre está combatiendo

El historiador romano Salustio nos dice que escogían a su esposo entre los guerreros más destacados. Las mujeres eran empresarias, decidían en la casa, llevaban el negocio, traspasaban su linaje a sus descendientes y ocupaban todos los cargos del Gobierno en los llamados “consejos de mujeres”.

La mujer está íntimamente relacionada con el mundo sobrenatural, de lo mágico, de lo misterioso, de lo No racional. La situación de la mujer ibera depende de su clase social. Si pertenece a la aristocracia del poder y del dinero, goza de amplias prerrogativas, como se deduce de los ajuares de sus tumbas, que compiten en riqueza con los de los hombres. La mujer ibera aparece en las ceremonias religiosas en plano de igualdad respecto al hombre (como se manifiesta en las pinturas de los vasos de Liria), o incluso en un nivel superior, cuando representa a la diosa (la Dama de Elche o la de Baza). Incluso es posible que el sacerdocio, esté integrado principalmente por mujeres (como sugieren las damas oferentes del Cerro de los Santos).

Entre los ibéros prevalecía el culto de las divinidades femeninas, de carácter telúrico, aunque también rendían culto al sol y la luna. Los iberos tenían una religión matriarcal, con una diosa única. La Madre, la Dama  (Ama), símbolo de la creación y de la fertilidad, omnipresente, que lo tiene todo y a la que acuden constantemente en demanda, que imprime en el alma humana un maravilloso código moral, que castiga las infracciones, en vida, con remordimientos interiores y, tras la muerte, con un juicio (“paso estrecho y dificultoso”) que, si se logra salvar, conduce al “refugio de paz y bienestar” (bake on tei) junto a La Madre y para siempre.

Entre los ibéros tenían gran importancia la casta sacerdotal, en la que las mujeres, como se observa en los túmulos funerarios, eran el vínculo de la vida y la muerte. Las sacerdotisas gozaban de gran prestigio, ya que eran las que estaban en continuo contacto con el mundo de los dioses, aunque también había hombres que desarrollaban una tarea mística, prueba de ello son los sacerdotes lusitanos, que leían el futuro en los intestinos de los guerreros enemigos.
A pesar de la valoración positiva de la mujer en el mundo íbero, ésta tiene una función sedentaria, protectora de la familia y es el hombre el que se desplaza, el que encarna la individualización y el poder tanto político como militar.

Las esculturas de damas iberas

“Damas” es el nombre que reciben las esculturas funerarias aparecidas en diferentes necrópolis ibéricas. Las esculturas iberas nos presentan prácticamente la única fuente para aproximarnos al aspecto físico de sus gentes; ya que incineraban a sus muertos y no tenemos cadáveres para su estudio antropológico.

Las figuras escultóricas que conocemos con el nombre de damas (nombre que se viene dando a partir de la primera hallada en excavaciones, que fue la Dama de Elche) pertenecen al arte íbero. Junto a las dos grandes damas (Elche y Baza) de claro significado funerario, existe dentro de la producción escultórica ibérica una gran cantidad de damas oferentes.   Todas las encontradas hasta el momento tienen una cavidad que se supone para depositar las cenizas fúnebres o bien para confiar algún tipo de ofrenda u objeto litúrgico.

Junto a las dos grandes damas (Elche y Baza) de claro significado funerario, existe dentro de la producción escultórica ibérica una gran cantidad de damas oferentes.
Ya sedentes o en pie, se caracterizan por portar un vaso o recipiente entre sus manos, lo que ha hecho pensar a los arqueólogos en sacerdotisas, aunque otros autores piensan en simples exvotos a los dioses (de ser esta última hipótesis serían semejantes a las kores del arcaismo griego).

Y es que precisamente en estas damas oferentes (mucho más numerosas que las funerarias) en donde podemos constatar cómo el mundo íbero es mucho más múltiple de lo que solemos pensar, una amalgama de tradiciones muy distintas (desde el mundo tartésico y fenicio en el sur, el púnico y el griego en la costa mediterránea, otras endógenas y locales, a veces influidas por la cultura celta en las zonas centrales…)

Las esculturas de damas iberas están realizadas en piedra caliza y en ellas se aprecian restos de policromía. Su estilo se caracteriza por presentar similitudes con las esculturas griegas de comienzos del siglo V a. de C. aún con ciertos rasgos de arcaísmo (acusada frontalidad y rigidez). Portan lujosas vestiduras, tocados complicados y joyas recargadas y ostentosas en las que la influencia fenicia aparece claramente. Ninguna de ellas se puede tomar como un ejemplo aislado. Son un buen ejemplo del arte íbero con influencias del Mediterráneo oriental y del mundo griego.

La gran dama oferente del Cerro de los Santos, aparece enjoyada con tres collares diferentes, el tercero con anforillas como las que lleva la Dama de Baza y la de Torres, la misma dovela que la Dama de Elche y todas con las tres túnicas. Ya sedentes o en pie, se caracterizan por portar un vaso o recipiente entre sus manos, lo que ha hecho pensar a los arqueólogos en sacerdotisas, aunque otros autores piensan en simples exvotos a los dioses (de ser esta última hipótesis serían semejantes a las kores del arcaismo griego).

Los tejidos utilizados en la confección de la indumentaria ibera eran la lana y el lino, habiéndose distinguido en La Albufereta diversos tipos de tejidos, entre los que destacan unos tejidos gruesos de contextura como de lanilla actual y lienzos finos similares al hilo posiblemente para fabricar la ropa interior.

Para los colores, si tenemos que hacer caso de la pintura de las estatuas, se utilizaba el rojo púrpura para los mantos masculinos y el azul cobalto y la combinación de varios colores en las mujeres. Es probable que el ajedrezado que aparece en algunos mantos como el de la Dama de Baza se deba a que están realizados con fibras previamente teñidas.

El velo, el manto y la túnica forman son los tres elementos del traje femenino ibero.

  • El velo a veces se confunde con el manto, aunque el triangular que cubre la parte posterior de la cabeza y llega hasta los hombros es inconfundible. Hay, además, un velo propio de las “sacerdotisas” que va sobre la mitra o la peineta y llega hasta los muslos.
  • El manto es la última pieza de la vestimenta. Consiste en una pesada prenda que cubre los hombros, la espalda y los brazos de la figura. Es la prenda que envuelve toda la figura llegando hasta los pies, que aparece sobre todo en las estatuas de piedra. Se clasifican los mantos en rectangulares, semicirculares y con mangas.
    • Los rectangulares se separan según su tamaño y su forma de sujeción.
    • Los semicirculares se distinguen en abiertos y cerrados.
  • La tunica. Se distinguen también hasta cuatro tipos de túnica, traje de mangas cortas que cubre toda la figura hasta los tobillos, atendiendo a la forma de terminar la prenda. Aunque tienen parecidos con prendas similares de la cuenca del Mediterráneo, su origen parece local.
 Las sacerdotisas eran quizás las que más adornos tenían. De ellas vienen la mantilla y la peineta, con la que se solían cubrir la cabeza y el cuerpo, un ejemplo de ello es la Dama de Elche, y los moños que hoy se pueden ver en Castellón y Valencia.  El tocado de la cabeza de las damas iberas es muy complicado, como puede verse por la de Elche o la menos compleja de Baza.   Las iberas usaban peinetas, diademas y mitras, altas o bajas, que, aun pudiendo ser un producto autóctono, estarían inspiradas en modelos greco-orientales.
Los amuletos y los símbolos de protección están muy presentes en el mundo íbero como pueden ser collares o campanillas, para auyentar el “mal de ojo”, en nuestra sociedad, en sociedades rurales, se sigue poniendo a los niños algunos objetos como “la higa” o lazos que cumplirían esta función.
Hay, además, toda una serie de adornos que servían para realzar la belleza de las mujeres iberas, destacando entre ellos los variados collares de las grandes Damas (Elche, Baza y El Cerro de los Santos) y los también abundantes de los bronces y terracotas. También son frecuentes los cinturones, pendientes, brazaletes y pulseras.”Artemidoro de Éfeso”, hombre de Estado que viajó por las costas de Iberia alrededor del año  100 a. C., describe a la mujer íbera en un texto que ha llegado hasta nuestros días, y en el que puede reconocerse muy bien la descripción de la Dama de Elche, tal es el parecido:

Algunas mujeres ibéricas llevaban collares de hierro y grandes armazones en la cabeza, sobre la que se ponían el velo a manera de sombrilla, que les cubría el semblante. Pero otras mujeres se colocaban un pequeño tympanon alrededor del cuello que cerraban fuertemente en la nuca y la cabeza hasta las orejas y se doblaba hacia arriba, al lado y detrás.

 “(…) en algunos lugares llevan collares de hierro con unos ganchos doblados sobre la cabeza que avanza mucho por delante de la frente. Cuando quieren, cuelgan el velo de esos ganchos para que les dé sombra en el rostro. En otros lugares se colocan alrededor un disco redondeado hacia la nuca, que ciñe la cabeza hasta las orejas y que se despliega hacia arriba y hacia los lados. Otras se rapan la parte delantera del cráneo para que brillen más la frente, otras se colocan sobre la cabeza una columnilla de un pie de alto, trenzan alrededor del cabello y luego lo cubren con un velo negro.

Las damas se maquillaban, como se puede deducir de los restos de policromía de algunas de las Damas, de los restos de espejos y de los ungüentarios para perfumes y cremas. Posiblemente se maquillaban el rosto de blanco, se coloren las mejillas y se marquen el contorno de los ojos  con negro de antimonio, como ya utilizaban otros pueblos de la antigüedad. Las mujeres gustaban por los perfumes, que  se elaboraban con aceites y esencias y se guardaban en cerámicas de tipo askos, omo evidencian los hallazgos en las necrópolis.

La Dama de Elche quizá sea la más emblemática, de visible inspiración griega, cabeza a su vez de las consideradas tres grandes damas ibéricas junto a la Gran Dama Oferente (Montealegre del Castillo) y la Dama de Baza.

La Dama Oferente es una escultura ibérica del siglo III o II a.C encontrada en un yacimiento arqueológico íbero situado en el municipio de Montealegre del Castillo, provincia de Albacete (España). Se exhibe en el Museo Arqueológico Nacional de España, en Madrid (España). Evidencia el papel de la mujer aristócrata en los ritos religiosos de los iberos. La figura muestra la gran importancia de la mujer en aspectos religiosos de la cultura ibérica . La riqueza del traje indica una dama de la alta sociedad, que puede estar ofreciendo un presente a la divinidad, o podría participar en un rito de iniciación. La cercanía del yacimiento a varias fuentes de aguas minerales refuerza el significado salutífero y de dedicación religiosa de la escultura.

La Dama de Elche, en el Museo Arqueológico Nacional de España (Madrid).

La Dama de Elche hallada en La Alcudia, es una de las obras escultóricas más célebres del mundo. Se descubrió el día 4 de agosto de 1897. Su identidad es un misterio, pero se le atribuye un carácter tanto humano como divino. La expresión del rostro de la hermosa mujer es de una gran paz, donde se percibe que se encuentra en un momento de profundo pensamiento y reflexión. Actualmente se interpreta como el retrato de una dama de la aristocracia ibera, cuyos descendientes la habrían divinizado.

Es una escultura íbera en piedra caliza, que se data entre los siglos V y IV a. C. Mide 56 cm de altura y pesa 65,08 kg. Esta escultura estuvo originalmente policromada y con los ojos rellenos de pasta vítrea. Representa a una mujer de rasgos perfectos, posiblemente idealizados y espléndidamente ataviada con ropajes y joyas. Posee en su parte posterior una cavidad casi esférica de 18 cm de diámetro y 16 cm de profundidad, que posiblemente servía para introducir reliquias, objetos sagrados o cenizas como ofrendas a los difuntos. Otras muchas figuras ibéricas de carácter religioso, halladas en otros lugares, tienen también en su espalda un hueco y, como la Dama de Elche, sus hombros se muestran ligeramente curvados hacia adelante.

El lugar donde se descubrió el busto de la Dama de Elche es hoy un yacimiento arqueológico donde se han ido descubriendo a lo largo de los años numerosas piezas de mucho valor, íberas y romanas, testimonios de aquellas civilizaciones. Se ha descubierto un poblado íbero-púnico, alcantarillado romano, mosaicos, murallas y casas romanas.

La Dama de Baza. Crédito: Luis García / Wikipedia.
La Dama de Baza. Crédito: Luis García / Wikipedia.

La Dama de Baza, es del siglo IV a. C., labrada en piedra caliza policromada por los bastetanos. Se interpreta como la representación de una mujer de la aristocracia de la ciudad de Basti, (Baza, Granada) heroizada mediante un destacado ritual funerario. Descubierta en 1971, consiste en una fosa de 1,80 m. de profundidad, con las esquinas redondeadas y probablemente recubierta de madera. En ella se introdujo, apoyada en la pared norte, la escultura sedante que representa a una mujer íbera con ricos vestidos y joyas. En un orificio excavado en el trono se introdujeron los huesos quemados de la difunta, y en el suelo alrededor de la estatua se dispusieron lujosas cerámicas y objetos metálicos, especialmente armas.

Las teorías que se barajan actualmente son que podría haberse tratado de una guerrera divinizada (en relación a las falcatas y otras armas encontradas en el yacimiento) o de una reina-sacerdotisa. Si bien el carácter sacro de la persona allí enterrada es más que evidente, no lo es tanto su carácter guerrero. Es posible que dichas falcatas sean simples ofrendas o demarcadores del prestigio social del que gozaba la persona allí enterrada (debido a lo costosa que era la elaboración de una de estas “espadas”), por lo que se tiende a pensar que se tratara con más probabilidad de una figura femenina de gran importancia social, como una reina o hechicera.

Por la Dama de Baza podemos deducir que el calzado de estas grandes damas consistía en unos escarpines que parecen de cuero, pintados en su totalidad de color rojo. Tanto en el caso de las mujeres como en el de los hombres debía usarse también calzado de esparto, tan típico de la zona.

Los iberos son muy aficionados a la danza y a la música. En las escenas de música, siempre presente en los rituales ibéricos, la mujer toca el aulos (oboe doble) y panderos y arpas. Abundan también las escenas pintadas en la cerámica en la que se muestra danzando junto al hombre, todos cogidos de las manos. No faltan en el ritual funerario las plañideras, formando parte del cortejo fúnebre.

Estos hallazgos demuestran la importancia del papel desempeñado por la mujer en las sociedades ibéricas como transmisora de los linajes aristocráticos. La mujer ibera tuvo un papel fundamental en la sociedad, pues participaban en actividades religiosas, sociales o políticas en igualdad a los hombres (como se manifiesta en las pinturas de los vasos de Liria), o incluso en un nivel superior, cuando representa a la diosa (la Dama de Elche o la de Baza).

Las mujeres iberas, ensalzadas por Estrabón por su dureza en el trabajo, fueron también amas de casa, campesinas e incluso empuñaron las armas.

“Que hayamos destrozado sus estatuas,
que las hayamos arrojado de sus templos,
no quiere decir que las diosas esten muertas”

Constantino Kavafis


MAS INFORMACIÓN: Con el nombre de iberos conocemos a diversos pueblos asentados en la zona mediterránea de nuestro país, desde Andalucía hasta el sur de Francia. No se puede hablar de un único pueblo ibero sino de una civilización, porque no formaron nunca una unidad política, sí compartieron numerosos elementos culturales, como las creencias religiosas, la lengua y muchas de sus costumbres.  Al sustrato cultural indígena se superpusieron influencias de los pueblos colonizadores mediterráneos (fenicios, cartagineses y griegos), que produjeron una síntesis cultural de gran originalidad.

La cultura ibérica se desarrolló en torno a los ss. VI-V a. de C. y perduró hasta la Romanización (siglo I a. de C).  Eclipsado por otras civilizaciones, el pueblo íbero, que dio su nombre a nuestra Península, tuvo una cultura avanzada para su época.

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Mapa de la península ibérica en el año 300 a. C. con los diversos pueblos que la habitaban.

FUENTES:


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