El Gato Negro y otros gatos

El gato negro es considerado desde el inicio de los tiempos como un animal mágico.
El gato negro es considerado desde el inicio de los tiempos como un animal mágico.

Se cree que el gato negro trae buena suerte en los juegos de azar. Dice la tradición que si un gato negro toca un juego antes de que comience se cree que trae buena suerte. Los gatos negros han tenido la virtud (o la desgracia) de ser amuletos de suerte, tanto buena como mala, a lo largo de la historia.  Los gatos negros son gatos como cualquier otro, no dan suerte, ni mala ni buena. Son animales elegantes, preciosos y cariñosos, como todos los gatitos. No merecen ser víctimas de prejuicios ridículos

 Las supersticiones hacia el gato negro son variadas tanto para bien como para mal y se  remontan a tiempos muy antiguos. Los gatos negros han sido adorados y temidos, en distintos momentos de la historia.

Según cuenta la leyenda, en el Arca de Noé, los ratones se reproducían de una manera alarmante, haciendo peligrar las provisiones por lo que Noé preocupado solicitó ayuda del Señor, quien le indicó que debía acariciar tres veces la cabeza del león. Noé hizo lo que Dios le dijo y el león estornudó surgiendo de sus fosas nasales una pareja de gatos que restablecieron de inmediato el equilibrio en la embarcación.


EL GATO EN LA ANTIGÜEDAD

La religión del antiguo Egipto incluyó el gato entre sus símbolos sagrados.

Los gatos en el Antiguo Egipto eran considerados proveedores de buena suerte. El más especial el gato negro.
Los gatos en el Antiguo Egipto eran considerados proveedores de buena suerte. El más especial el gato negro.
Los gatos eran animales salvajes que comenzaron su proceso de domesticación hacia el año 3000 a. C., debido a la abundancia de ratones que pululaban en los silos de grano que existían en las primeras ciudades agrícolas.

 Los gatos en la antigüedad han sido animales mágicos, atribuyéndole ciertos poderes de buena energía y muy influyentes en diversas culturas como el Egipto de los Faraones, siendo el gato negro el mayor protector contra las fuerzas oscuras y creyendo en la buena suerte del que poseyera un gato negro. Estaba considerado como la reencarnación de los dioses en el trance de comunicarse con los hombres y manifestarles su voluntad.

El nombre egipcio de “gato” era “Miw” (que significa “ver”). De hecho Los egipcios colocaban estatuas de gatos fuera de sus casas para impedir la entrada de espíritus malignos, pues creían en su poder mágico y protector, ya que consideraban que el gato “todo lo ve”. El gato negro  simbolizaba la alegría, la armonía y la felicidad.  El hecho de que pudiesen caer de pie desde alturas considerables los convertía en seres sobrenaturales a ojos de los egipcios que les atribuyeron sus siete vidas, dada su agilidad y la facilidad para salir airosos de situaciones complicadas.

En Egipto se los consideraba animales sagrados ya que estaban relacionados con el culto a la diosa Bastet, que era representada con cabeza de gato,  símbolo de belleza y fecundidad, mientras que la diosa Sekhmet que también tenía forma de gato, representaba las fuerzas destructivas de lo divino, la negatividad representada en la guerra, la peste y la venganza

 Estaba prohibido matar a un gato, y la pena por hacerlo era de muerte, era tanto el respeto que existía por este noble animal que cuando el gato moría los egipcios se afeitaban las cejas en señal de duelo. Tras su muerte, su cuerpo se embalsamaba y momificaba en locales sagrados, y en el lugar de su enterramiento se colocaba junto a ellos ratones embalsamados. En 1890 fueron halladas en la ciudad de Bubastis amplias necrópolis con más de 300.000 momias de gatos. La utilidad del gato era exaltada al máximo por los egipcios que estaban convencidos de que los gatos poseían alma.

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Los griegos, conocedores del valor del gato como cazador de ratones, intentaron comprar una pareja para hacerlos criar en Grecia; dada la naturaleza sagrada del gato los egipcios se negaron a esta transacción. Pero los griegos, a pesar de este argumento o quizá debido a él, robaron una pareja que llevada a Grecia extendió la raza al resto de Europa.

Para los antiguos griegos, el origen del gato se remontaba a Artemisa, diosa de la caza, que había dado vida al gato para poner en ridículo a su hermano Apolo, que previamente había creado al león para asustarla.

Gracias al comercio griego  y que éstos llevaban siempre gatos en las embarcaciones para erradicar plagas, los gatos negros llegaron a extenderse por toda Europa.

Más tarde, el valor de los gatos fue ampliamente reconocido por los romanos que apreciaban mucho el espíritu de independencia del felino, hasta el punto que la diosa Libertas era representada junto a un gato, símbolo de absoluta libertad. Incluso se dictaron en Roma severas leyes para su protección en el siglo I d. C.

En la península Ibérica fueron los celtas los primeros que asociaron los gatos de este color a las brujas, pues afirmaban que estás quedaron cautivadas por su brillante y excelente para la noche pelaje negro así como por lo mucho que destacaban sus ojos sobre las demás cosas. Los celtas estaban seguros de que los ojos de los gatos abrían las puertas al reino de las Hadas.  

También hubo disposiciones jurídicas que reconocían la importancia de los gatos en las Islas Británicas, donde, en el siglo X, el príncipe Howel publicó unas normas que fijaban el valor de los gatos y establecían, entre otras cosas, que quien matase a un gato debía indemnizar al propietario del animal con una cantidad de trigo equivalente en altura a la longitud del felino, desde el hocico hasta la punta de la cola. De este modo, se pretendía compensar al propietario del gato por las pérdidas de trigo que, faltando el felino, le ocasionaban los topos.

En las tierras bretonas, que cuenta incluso la leyenda del enorme Chat Palug. incluyó a estos gatos en sus leyendas, creando la fábula de “Cat Sith”, un gato negro con una mancha blanca en el pecho. En un principio se recreó como un hada encarnada en un gato, pero poco a poco fue degenerándose esa imagen para acabar convertido en la personificación de una bruja. Podría decirse que fue ahí cuando empezó a extenderse su “mala sombra”.

¿Vemos un dato muy curioso y asociado a estas fechas? Cuenta la leyenda que para apaciguar las malas obras del Cat Sith, era costumbre dejar durante el Samhain (el origen celta de Halloween) un plato de leche en la puerta de las casas. Se creía que así el Cat Sith bendeciría esa casa, obrando de manera contraria en todas aquellas que no cumplieran con su “tributo”.

Pero desgraciadamente todo ese concepto cambió en le Edad Media. 

Los gatos llevaron una existencia más que placentera hasta que la Iglesia, hacia mediados del siglo XIII, comenzó una terrible persecución contra ellos, considerándolos como símbolo del diablo y cuerpo metamórfico de las brujas. El gato se convirtió en cabeza de turco de las “purificaciones” de la Iglesia.


EL GATO EN LA EDAD MEDIA

La caza de brujas en la Edad Media el peor periodo para los gatos

En la Edad Media el gato negro era un animal de mala suerte, malos augurios. Relacionado con el mundo de la brujería y del satanismo fue objeto de matanzas en masa durante siglos.
En la Edad Media el gato negro era un animal de mala suerte, malos augurios. Relacionado con el mundo de la brujería y del satanismo fue objeto de matanzas en masa durante siglos.

El gato aparecía ligado al paganismo wikingo de la Edad Media a través del culto de la diosa Freya, diosa del amor y de la curación según la mitología nórdica. Esta diosa guardaba en su jardín las manzanas con las que se alimentaban los dioses del walhalla y en su iconografía aparecen dos gatos tirando del carro de la diosa y, como dice Julio Caro Baroja, una tergiversación de origen mítico es la de “confundir al animal que acompaña a un numen o divinidad con la divinidad misma”. Por ello, el gato se convirtió en la base de las “purificaciones” de la Iglesia.

Durante la edad media europea comienza una persecución masiva hacia los gatos, se empiezan a asociar los ritos paganos y la figura del demonio con ellos, hasta el punto de que ser poseedor de un felino era motivo suficiente para ser juzgado por practicar brujería, “todas las personas que acojan un gato negro bajo su techo corren el riesgo de ser condenadas a la hoguera”, según reza la bula “Rex in rama”, siglo XIII.

 En el siglo XIV, el Papa Clemente decidió acabar con la Orden de los Caballeros Templarios, acusándoles de homosexualidad y de adorar al demonio en forma de gato.

Los gatos negros fueron acusados por siglos de ser los espíritus familiares de brujas o de traer mala suerte. Se decía que las brujas, cuando morían se transformaban en un gato negro, silencioso por la noche y con una mirada impactante. Se empezó a asociar a los gatos negros con las maldiciones y con el diablo.

En el año 1400, la especie estuvo a punto de extinguirse en Europa. El aniquilamiento de los gatos fue de tal magnitud que cuando la peste negra azotó Europa en el siglo XIV, causando más de veinticinco millones de muertos, apenas sí quedaban ejemplares para luchar contra las ratas. Lo que se demostró fue un error pues los gatos conseguían disminuir la población de las ratas, verdaderas culpables de la transmisión de esta enfermedad terminal. Y sin ninguna duda, la plaga fue tan devastadora debido al desenfrenado exterminio de los gatos.

La persecución duró varios siglos. La iglesia fomentó de tal forma la persecución, que la quema de gatos pasó a ser un espectáculo habitual en algunas festividades como La noche de San Juan y la costumbre de festejar el Día de Todos los Santos quemando vivos a los gatos en las plazas públicas. En  Flandes , en una ceremonia llamada Kattenstoet, gatos negros eran lanzados desde el campanario de la Lonja de los Paños de Ypres para protegerse de la brujería.

Por esta razón y desgraciadamente, ver a una mujer acompañada de un gato negro en aquella época era sinónimo directo de castigo tanto para la mujer como para el gato. Incluso se llegó a extender la creencia de que las brujas tenían la capacidad de transformarse en gatos negros para vagar y buscar sus víctimas por las calles con completa libertad. De ahí que ver un gato negro supusiera casi como ver una bruja.

La historia de la brujería en el País Vasco relata un sin número de anécdotas sobre la transformación de las brujas y brujos en animales. Todas son de índole similar. En una de estas historias la protagonista, cansada de que un gato se bebiese la leche recién ordeñada todas las noches, esperó al animal y consiguió en su persecución herirle en una pata. Al sentirse herido el animal gritó como un ser humano. Al día siguiente una pobre vieja, considerada como bruja, amaneció herida en una pierna lo que acrecentó más aún esta creencia.

En el siglo XVII, el gato comenzó a ser asociado a la brujería en otras áreas del mundo.  Los juicios de las brujas eran comunes en Europa y América durante este período. Durante los notorios juicios de Salem en Nueva Inglaterra en 1692-1693, uno de los procesados fue acusado de ser capaz de convertirse en una “cosa negro con una gorra azul,” y otros de tener familiares en la forma de un perro negro, una gato negro y un pájaro negro. Diecinueve mujeres y hombres fueron ahorcados como brujas.

En algunas regiones del sur de Estados Unidos todavía se piensa que, si se permite a un gato acercarse a un cadáver humano, una horrible desgracia caerá sobre la familia del difunto.

La dualidad del gato como símbolo de la divinidad y de la representación demoníaca, dio lugar a que en las supersticiones relacionadas con él se le considere representante de la mala o la buena suerte, según la circunstancia o lugar en que naciesen, por ejemplo, durante el siglo XVII se creía que enterrar un cadáver de felino durante la edificación de los edificios, lograría una protección contra los malos espíritus y la mala suerte.

A partir del siglo XVIII el gato vuelve a conquistar parte de su antiguo prestigio, y no sólo se utiliza como cazador de roedores e insectos, sino que su belleza lo hace protagonista de cuadros, muy especialmente de los de la escuela inglesa, y de motivos escultóricos.

 ¡Pobre el gato negro que vivía en la Edad Media y durante la Inquisición!
¡Pobre el gato negro que vivía en la Edad Media y durante la Inquisición!

EL GATO Y OTRAS SUPERSTICIONES

Como en casi todas las creencias populares, el reverso también es válido. O sea, el gato negro no es un vaticinio nefasto en todo lugar, y en algunas culturas es considerado un elemento de buena suerte. Parece que estas creencias dependen del lugar y la circunstancia de su encuentro.

Existen pueblos en que el encuentro de un gato negro camino de la iglesia el día de la boda solo puede traer buena suerte, mientras que en otros, el mismo episodio es símbolo de desgracias conyugales.

En lugares donde no se practicó caza de brujas, los gatos negros conservaron su imagen de buena suerte; todavía se consideran así en Gran Bretaña e Irlanda. En la Inglaterra victoriana se consideraba que si unos novios recién casados se encontraban con un gato negro, esto simbolizaba prosperidad en el matrimonio. Y los marineros creían que tener un gato a bordo les traería buena suerte. Más aún sus mujeres solían tener uno en casa, ya que esto parecía “asegurar” que sus maridos volverían sanos y salvos a sus casas después de la travesía.

En Escocia, un gato negro en el porche de tu casa simboliza la prosperidad y la buena suerte para las personas que habiten en el lugar por donde pasa. En Japón, por ejemplo, los gatos negros son considerados símbolos indiscutibles de buena suerte.

Como remedio contra las enfermedades existían diversas pócimas en las que intervenía algún elemento del gato. Por ejemplo, para curar la tos ferina se hacía un brebaje con nueve pelos de la cola de un gato negro desmenuzado y remojado en agua que se daba a beber al paciente.

Se decía que pasar la cola de un gato negro por los párpados curaba los orzuelos.

En España se dice que una persona afortunada tiene siete vidas como los gatos. Según la superstición popular, el gato tiene siete vidas. Al agotar la última, en la séptima, se cree que se convierte en humano. Según la creencia popular el matar un gato o sus crías trae mala suerte, de aquí que algunos prefieran pagar a otros para que los maten en caso de ser muy necesaria su desaparición.

Todo ello es superchería, el gato negro es una mascota más, posiblemente de las especies de gato más dinámicas y activas, que hace las delicias de todo el que tiene uno en casa. Sin embargo incluso entre los amantes de los felinos los gatos de este color son impopulares. En una camada de gatitos, los negros siempre son rechazados. Los gatitos negros siempre se quedan de finalistas en los refugios, sus adopciones están limitadas a las escasas personas que muestran preferencia por los gatos de ese color o a personas sensibles que conocen el estigma que los acompaña y los adoptan por solidaridad.

Tener el pelo negro es una maldición para los gatos. Lo llevan sufriendo desde hace siglos y en muchas ocasiones son motivo de discriminación y repulsa. Por eso, suelen acabar en las calles abandonados y sin posibilidad de ser adoptados por alguna familia.

En Italia celebran el Día del Gato Negro, una forma de eliminar esa absurda superstición de que el gato negro trae mala suerte. Pon un gato negro, blanco o verde en tu vida y puede que no te toque la lotería pero sí te hará más feliz.  El gato es uno de los animales como terapia recomendado especialmente para personas que están o se sienten muy solas y no pueden dedicar mucho tiempo al cuidado de su mascota. Así que si tienes la oportunidad y deseas acoger un gato callejero, estarás mandando un mensaje de esperanza si su color es el negro.

¿Por qué no cambias tú mismo la suerte de uno de estos felinos adoptándolo?

 Hay estudios suficientes para afirmar que tener un gato es beneficioso para la salud. El amigable contacto con el felino reduce el estrés en sus dueños, se distienden y se tranquilizan. Se ha verificado también que personas con problemas psicológicos mejoraban al tener la compañía de un gato. Según numerosos estudios científicos está comprobado el poder curativo y sanador de los gatos. Acariciar a un gato elimina el stress, la negatividad y mejora el nivel cardíaco, aportando calma y quietud, contribuyendo a la salud física y psíquica del ser humano.

Los gatos son considerados grandes “psíquicos” por naturaleza. Son capaces de desarrollar un fuerte lazo mental con sus propietarios y así pueden predecir cuando sus amos están a punto de llegar a la vivienda o por el contrario adelantarse a acontecimientos funestos relacionados con sus amos.


El gato es un ser especialmente dotado en el plano esotérico y ocultista.

Esotéricamente hablando, se cree que los gatos se nutren de energías negativas. Por ello se sientan y descansan en determinados lugares del hogar donde captan estas impregnaciones, transformándolas y eliminándolas finalmente de la casa.
También se cree que el ser humano puede descargarse de éstas malas vibraciones acariciando simplemente el lomo del felino; al igual que puede ser muy útil también para descargar la negatividad de las cartas de Tarot.

Es muy útil para percibir presencias, entes y espíritus. Tiene un especial talento para captar diferencias en los campos magnéticos así como son mágnificos para indicar alteraciones eléctricas. Debido a su alta sensibilidad, a su fino olfato y agudo oído, son capaces de percibir imperceptibles ruidos o sensaciones casi inaudibles o inapreciables para los sentidos del ser humano. Nuestros ojos y oídos humanos se volverían locos si pudieramos llegar a procesar todo lo que este animal es capaz de captar. Su agudizado sexto sentido hace de este animal un ser casi único en este sentido.

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4 comentarios en “El Gato Negro y otros gatos

  1. Gran aporte, gracias por compartir.
    Aunque le sugeriría citar la información y dejar las referencias al final del texto, de tal forma que cualquier persona interesada en profundizar en el tema pueda hacerlo.

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  2. Hace dos años atrás, en la casa en la que vivía una tarde entre todos los gatos que había en el jardín apareció un gato negro. Lo saludé porque me llamó mucho la atención y es el día de hoy que vive conmigo. Me eligió a mí entre todos los miembros de la familia ¡y es mi amigo-hermano!

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