El Lauburu, la Cruz Vasca

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El Lauburu

El Lauburu (de LAU=cuatro; BURU=cabeza), es una cruz con brazos curvos, que en estos últimos años se ha puesto muy de moda como símbolo de ornamentación. Se tallan lauburus en kutxas, armarios, dinteles de puertas, tumbas, estelas o cenotafios, se hacen en oro o plata como colgantes, etc..

El Lauburu es un simbolo de protección solar en la oscuridad lunar, muy propio de las primigenias culturas europeas y matriarcales., como el pueblo vasco que lo ha preservado en su cosmologia.

No es extraño ver, con frecuencia, lauburus grabados en piedra, sobre las puertas de muchas casas y caseríos vascos. Su significado, en principio, parece responder a la creencia de que el Sol ahuyenta el influjo del mal.

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svástica

El Lauburu es en realidad una variación de la esvástica o de la cruz griega.  El Lauburu comparte las características de otras svásticas que han sido empleadas durante miles de años como señales religiosas y emblemas decorativos. Hay svásticas con los brazos que apuntan en el sentido de las agujas del reloj o en sentido contrario a las agujas del reloj, y con más de cuatro brazos.

La esvástica es una especie de cruz gamada presente en templos del culto budista, sobre vasos beocios, monumentos persas, monedas indias y aún en la figura de la cruz representada en su más simple expresión. Por su parte, en la cultura hindú representa a Ghanesa, divinidad del conocimiento. Esta palabra se deriva del sánscrito, idioma madre en la India, y hay quien pretende que la svástica es un diagrama místico de buen agüero, a pesar de que los arqueólogos la reputan monograma del sol, algunos, cifra del amor, otros, símbolo del fuego, de la llama, del rayo, del trueno, del movimiento o del aire.

cruz griega Cruz que tiene cuatro brazos iguales.
Cruz griega. Cruz que tiene cuatro brazos iguales.

En las antiguas figuras femeninas griegas se pueden observar pequeñas esvásticas dibujadas.  En China, además de ser el número diez mil, es una forma gráfica del Fang, la tierra y los cuatro puntos cardinales.

El Lauburu , es un símbolo mitológico antiquísimo y común a muchas culturas, desde el extremo oriente, a islas del Pacífico y gran parte de Europa, según algunas teorías lo importaron los legionarios vascones del ejército romano tras sus campañas en países célticos, sin embargo, resulta más probable que sea un símbolo originado en un rito solar, común en casi toda Europa y que se transmitió por “contagio” de unos pueblos a otros. También la usaron los celtas, los etruscos, los romanos, los nazis así como los cristianos.


El Lauburu Vasco , simbolo del Sol

Los vascos desde antaño han considerado el lauburu como el principal símbolo del sol.

EGUZKILORE
Carlina angélica o, simplemente carlina. En vasco Eguzkilore (significa “flor del sol”)

Como símbolo solar el Lauburu, se usa normalmente en dirección del recorrido solar es decir, de este a oeste. Según algunas teorías, en ese sentido es un signo de buen augurio y en el contrario de mal augurio.

Símbolos solares son también la flor del cardo silvestre -eguzkilore-, que al igual que el sol o el Lauburu, ahuyenta los malos espíritus, a los genios de la noche y a los rayos. Por eso se coloca, igualmente, en las puertas de las casas. Si, además, se pone en los postes de los establos el día de San Juan, preserva a los animales de toda clase de enfermedades. Otros símbolos solares, hoy convertidos en mero motivo de decora ción, son casi todas las estelas discoidales.

El Lauburu era a menudo el amuleto prehistórico usado para hacer el fuego, y de esta manera representa el fuego sagrado, la energía productiva, la llama siempre viva que actúa como símbolo de protección. Principalmente era de utilización pastoril, como símbolo del fuego protector contra lobos. No es extraño ver, con frecuencia, lauburus grabados en piedra, sobre las puertas de muchas casas y caseríos vascos.  Los arqueólogos lo reputan monograma del sol, algunos, cifra del amor, otros, símbolo del fuego, de la llama, del rayo, del trueno, del movimiento o del aire.

Una leyenda vasca habla de cómo Otso llevaba un medallón con el símbolo del Lauburu y tenía la virtud de poseer en sí la fuerza de la diosa Mari. Esta divinidad de origen indoeuropeo, es la diosa de todos los dioses que provienen de la mitología euskera. Representa a la Naturaleza, vive en el interior de la Tierra y se aparece en las cuevas.

Mari,  era la diosa suprema de la antigua religión vasca, su símbolo cósmico era el sol, y su representación gráfica es el disco solar llamado Lauburu (laubúru, tetracéfalo…) Como símbolo solar, su uso normal es en dirección del recorrido del sol es decir, de este a oeste.

Curiosamente, se ha descubierto que, con anterioridad a la adopción del Lauburu por los vascos, existió un emblema parecido, que fue la roseta -o rosetón- romana. Pero, mientras que aquella simbolizaba un sol estático, el lauburu representaba a un sol en movimiento.

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El cementerio de Bidarray (Baja Navarra) 1690

El Lauburu significa cuatro cabezas. Las cabezas de la vertical representan a la expresión femenina (emocional y perceptiva) o los elementos del fuego y del agua. Por su parte, las cabezas horizontales simbolizan la energía masculina (mental y física) o los elementos aire y Tierra.

Es un símbolo místico que también representa los cuatro elementos; tierra, agua, aire y fuego. Con las curvas orientadas en sentido contrario a las agujas del reloj, el símbolo tiene un significado de los ciclos vitales de la vida y el nacimiento.

Según el célebre antropólogo vasco Don José Miguel de Barandiaran algunas señales apuntan a una influencia indoeuropea en el culto del sol. Las cabezas verticales, a veces llamadas OCASO,  o los elementos de fuego y agua. Las cabezas horizontales, a veces llamadas AMANECER, o los elementos de aire y tierra

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Cruz de Fanlo (Huesca).

Este también un símbolo vasco que representa estos dos mundos, el vivo y el muerto, la noche y el día.

Para los vascos, la vida se dividía en dos mundos, el del día, es decir el de los vivos (egunekoak) y el de los muertos, la noche (gauekoak). Para los vascos la muerte no era tan lúgubre como para el mundo occidental actual, simplemente se pasaba a un estado existencial diferente.

Se dice que cuando las “cabezas” con las curvas orientadas en sentido contrario a las agujas del reloj, el Lauburu tiene un significado de los ciclos vitales de la vida y el nacimiento. En cambio, si están orientadas en sentido de las agujas del reloj, el símbolo representa el ciclo de la muerte y así se representa en cementerios, lapidas…


Mari y Sugaar, la dualidad cósmica.

Sugaar (que también recibe otros nombres como sugoi, maju o suarra) es una serpiente macho o dragón que según la tradición mitológica vasca es amante de la diosa Mari. Representa las fuerzas masculinas celestes simbolizadas arquetípicamente como una serpiente-rayo. La representación de Sugar adopta esta forma gráfica de “Lauburu (de LAU=cuatro; BURU=cabeza).

Esta simbología se fundamenta en el hecho de que para nuestros antepasados, la unión sexual entre el Padre Cielo y la Madre Tierra se producía durante las tormentas, ya que de dicho encuentro surgía la lluvia seminal que fecundaba las cosechas. Y en este apareamiento cósmico, el rayo representaba el poder fertilizador del principio masculino celeste que penetraba por las simas y cavidades uterinas. Este fenómeno atmosférico fue interpretado por nuestros ancestros como una serpiente-rayo o dragón (relacionado con los elementos masculinos fuego y aire).

Rueda Medicina Básica
Rueda Medicina Básica

Mari puede ser caracterizada también como “hechicera de los cuatro elementos” y el Lauburu es su representación de la rueda de la medicina. Ella reside en el seno del elemento tierra; regula las lluvias y la fertilidad asociada con el elemento agua. Anima a los elementos aire y fuego al dominar la actividad eléctrica de la atmósfera surcando los cielos envuelta en llamas o convocando tempestades desde su carro de nubes tirado por caballos.

Con el Lauburu, podemos entender un poco más el simbolismo arquetípico que contiene la “relación” entre Mari y Sugaar, apoyándonos en el trabajo previo del escritor Jakue Pascual. Pues bien, en euskera la palabra relación se dice harreman, compuesta en su etimología básica por ar (masculino) eme (femenino), pero que también podemos interpretar desde la manifestación dinámica de estas dos energías, así tenemos: Har (tu) del verbo “coger, tomar” y eman, del verbo “dar, ofrecer”.

Encontramos pues, en la etimología de esta palabra, una hermosa síntesis lingüística y filosófica de las dos polaridades energéticas de la naturaleza, cuya complementariedad (harreman) conforman la unidad primordial de todas los seres y procesos naturales. En palabras de Jakue Pascual: de la infinita representación de la implosividad y expansividad (involucion y evolución)  de la forma primigenia que simboliza el Lauburu

En el occidente asturiano se encuentran lauburus que, de acuerdo a relatos, era un símbolo muy utilizado en todo tipo de ornamentaciones en aquella zona.

El Lauburu se presenta en el País Vasco en formas rectilíneas y curvilíneas. Algunas halladas en Irisarry (Baja Navarra), se parecen al lábaro rectilíneo aún usado en el Extremo Oriente. Se halla acoplada a la rueda solar, al sol enrayado en forma de hélice, antiguos emblemas del disco en movimiento.

La svástica curvilínea de brazos redondeados la hallamos perfectamente determinada en Biriatu, Zugarramurdi y en piedras tum-bales laburdinas y bajonavarras. Mientras las variedades anteriores no son exclusivas del País Vasco, resalta aquí esta forma de svástica curvilínea de brazos redondeados, que asemejan a algo como un trébol de cuatro hojas; por lo que podríamos considerarla como el verdadero símbolo pastoril éuskaro de la alta antigüedad, emblema, tal vez, de un grupo religiosa anterior al Cristianismo y que rechazaba la idolatría.

La svástica curvilínea en forma de hélice, de brazos redondeados, que se halla en el País Vasco sola o acompañada de disco solar, de adornos ornamentales y de inscripciones lapidarias fue un símbolo o emblema de los pastores, de quienes lo hemos heredado a través de la evolución agrícola e industrial; insignia ingenua y distintivo vasco que equivale a un estandarte, a un escudo, y que se considera, al igual que las divinidades solares y lunares, como representación de las fuerzas de la naturaleza o de los cuatro elementos.

Según el celebre antropólogo e investigador vasco Don José Miguel de Barandiaran hay algunas señales que apuntan a una influencia indoeuropea en el culto del sol. Las cabezas verticales, a veces llamadas OCASO, representan la expresión femenina (emocional y perceptual) o los elementos de fuego y agua. Las cabezas horizontales, a veces llamadas AMANECER, representan la energía masculina (mental y físico) o los elementos de aire y tierra. A menudo este símbolo era el instrumento usado para hacer fuego prehistóricamente y así representa fuego sagrado, llama viviente, y poder productivo.

Desde luego que los usuarios de los lauburus, los usaban  como unos instrumentos sagrados, que servían a los hombres para regirse, por el tiempo de las lluvias y por las épocas de sequía y por los fenómenos, no sólo atmosféricos, sino del  pasado y del  futuro. Su origen en la Historia es insondable, pero el lauburu  sirve de asociación del pensamiento humano entre cristianos y paganos, pues ambas mentalidades han pensado y piensan en el pasado y en futuro.

Es sabido que pese a las diversas formas el Lauburu no es de procedencia vasca, el mismo nombre lo usaron los romanos (Lau buru: cuatro cabezas). Los más antiguos que se conocen en el País Vasco están en la Provincia de Vizcaya. Se lo encuentra frecuentemente en viejos féretros y en piedras funerarias, y en las Iglesias, a modo de cruz cristiana.

El Lauburu también fue utilizado por otros pueblos, como los pueblos cántabro y astur  donde es llamado “Labaro”, el pueblo gallego lo denomina  “Tetrasqueles” y el pueblo aragonés que le conoce como  “Cuatrefuellas”. Los aragoneses al Lauburu, lo conocen algunos con el nombre de “relligada”, que quiere decir “atada”, como si se hubieran ligado ente sí, como forzadas, las cuatro hojas circulares o extremos, de una cruz gamada o Lauburu.

También el Lauburu. ha quedado representado también en pinturas de gran calado en el panorama artístico español. ¿Conocéis La Marquesa de Santa Cruz de Goya? Esta obra de arte reside en el Museo del Prado. La Marquesa de Santa Cruz, una aristócrata cultivada famosa en la época por su extraordinaria belleza, llegó a ser aya de la reina Isabel II. En la web de El Prado describen su figura como una musa de la música y la literatura, pero nada nos aclaran sobre la aparición del símbolo vasco en la lira donde se apoya la joven.

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 Hoy día, el Lauburu. prevalece en todas las ramas del arte decorativo, incluso en joyería.

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