El Culto a los Arboles

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No basta con plantar árboles por todas partes. Debemos aprender a amar los árboles.

La adoración a los árboles es la tendencia a crear mitos de los árboles por parte de muchas culturas. En la actualidad, muchas tradiciones tienen su origen en este culto.

¿Quien puede decir con firmeza que los árboles no tienen alma?

La naturaleza representaba para el hombre primitivo un poder superior al invisible. El árbol que hundía sus raíces en la tierra y se elevaba hacia el cielo era el mejor puente entre la existencia física y la espiritual, y es uno de los símbolos de culto más antiguos.

Los seres humanos, observando el crecimiento y muerte de los árboles, la elasticidad de sus ramas, la sensitividad y el anual decaimiento y revitalización de su follaje, los ven como poderosos símbolos de crecimiento, decaimiento y resurrección. La representación simbólica inter-cultural más antigua de la construcción del universo es el árbol del mundo.  Los antiguos celtas creían que el árbol representaba un poder, y que ese poder protegía y ayudaba al árbol. Los bosques sagrados servían como templo a los antiguos paganos..

En diversas culturas el árbol se ha considerado sagrado.

Es el eje entre los mundos inferior, terrestre y celeste, representada muchas veces como árbol de la vida. El Árbol sagrado es aquel que tiene un significado especial, de carácter religioso, para una comunidad, tanto como especie y/o como individuo. Algunos pueblos consideran sagrada una especie determinada; de ese modo, los africanos adoran el Baobab, como los celtas adoraban el roble. En cambio, algunas comunidades eligen un ejemplar determinado, como el Ahuehuete de Oaxaca, en México, o el espino de Glastonbury, en Inglaterra.

Según una leyenda iroquesa, las hojas del arce deben su hermosa tonalidad violeta a la constelación de la Osa Mayor, cuya sangre cae del cielo todos los años en otoño, en la época de caza.  Y en China, los monjes taoístas veneran el pino por sus piñas, que consideran poseedoras de la vida eterna.

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El roble era venerado como un árbol sagrado tanto por los antiguos griegos como por los pueblos celtas, y se decía que era resistente a los rayos.

La higuera era conocida por egipcios y griegos como el árbol más inteligente. las hojas de las higueras conversaban con un lenguaje que los hombres primitivos comprendían perfectamente y nosotros hemos olvidado.

En la mitología grecorromana, distintos tipos de árboles y otras plantas han sido consagrados a diferentes divinidades. El haya y la encina estaban consagradas a Júpiter. El pino estaba consagrado a Cibeles. El olivo se consagraba a Minerva.  El mirto y el loto, a Venus. El laurel, a Apolo, la pitonisa en Delfos ingería grandes cantidades de laurel para que Apolo se manifestara por su boca.

Los celtibéricos concedían a los árboles sagrados un estatus de símbolo político al servir como centro de reunión de la tribu o incluso como frontera entre unas tribus y otras y hasta no hace demasiado tiempo y especialmente en el norte de España aún se celebraban las reuniones del concejo en torno al árbol principal de la localidad. También podían representar el lugar en el que se celebraban las grandes festividades religiosas de la comunidad, el “nemeton”. Por todo esto, el árbol sagrado de la tribu se convertía en todo un símbolo que podía ser agraviado por los enemigos con el objetivo de crear daño moral.

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Las dríades , los espíritus de los arboles. En el libro de Enoch, se dice que todo lo que hay en el Universo, desde la hierba del campo hasta las estrellas del cielo, pasando por todos los seres vivos, tiene un espíritu o ángel individual. También Hermes Trismegisto afirmó que las plantas tienen vida, mente y alma como los animales, los hombres y los seres superiores.


Fuentes de Inmortalidad

El árbol de la vida está presente en el arte de los pueblos orientales; el Hom tiene un sentido cósmico y está situado en el centro del Universo y se mueve con la idea del dios creador.

Los budistas, hinduistas y jaimistas consideran sagrada la Higuera bajo la cual se sentó Buda siete semanas. En Ceilán, a donde fue a parar una rama de la original, todavía es venerada en templos budistas.

Yggdrasil es el árbol mítico de los nórdicos, que consideraban el “árbol de la vida”, o “fresno del universo”. Los sajones tenían también un árbol sagrado, Irminsul.

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Los árboles sagrados mitológicos, como el roble de Thor o el ciprés de Kashmar, e incluso otras especies consideradas han sido reconocidas como fuentes de inmortalidad, como el Melocotón en China o el Manzano en la antigua Grecia.

El Ahuehuete: es una especie de ciprés de río que vive miles de años en México, donde se considera árbol nacional. Hay varios famosos, aunque el más importante es el que se conoce como Árbol del Tule, en Oaxaca, de unos dos mil años de edad y casi 10 metros de diámetro en en su tronco.

La Ceiba: es el árbol sagrado de los mayas, que unía el mundo subterráneo de Xibalba con el mundo de los vivos y situaba una en cada uno de los cuatro puntos cardinales.

En la santería, su orisha es Iroko. También es sagrada para los abakuás, una cofradía cubana formada por descendientes de esclavos de Nigeria, de la tradición yoruba.


Los Arboles Sanadores

Cuando caminamos entre los árboles en un parque o un bosque, podemos llegar a sentir la energía que desprenden. Los celtas creían que cada árbol poseía un espíritu sabio y que sus rostros podían verse en la corteza de sus troncos y sus voces escucharse en el sonido de las hojas moviéndose con el viento.

Los árboles nos ayudan a establecer contacto con el poder de la naturaleza, nos dan herramientas para sanarnos, relajarnos, fortalecernos, cargarnos de energía vital y son portadores de los mensajes de la Madre Tierra.

Existen cada vez más personas que han comprobado los beneficios de abrazar los árboles. Al revés que con las personas que al abrazarlas podemos notar pérdidas de energía debido a factores emocionales, con un árbol siempre notaremos que nos carga, nunca que nos descarga.

No olvidemos que todo ser vivo es energía, y al igual que nosotros, los árboles tienen la suya propia, muchas veces entramos en sintonía y sentimos como fluye expresando nuestra sensación de bienestar, tranquilidad, serenidad, etc. Desde aquí queremos compartir la energía que te aporta cada árbol en concreto, porque cada uno tiene una característica, determinada por su especie, velocidad de crecimiento, entorno.

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Los Egipcios representaban a la diosa de la tierra emergiendo de un árbol del que forma parte, ofreciendo su pecho como fuente de energia.

Por consiguiente no hay diferencia entre hombre o plantas o animales o piedras, cada uno en su nivel ama, goza sufre tiene hambre y sed,  envejecen, enferman  y muere, porque todo es energía. Fuera de estos planteamientos, solo hay que mirar como ciertos plantas evolucionan incluso en malas condiciones climáticas solo por el cuidado y la atención que reciben de su cuidador, y otras en un ambiente perfecto mueren.

Hoy en día  la naturaleza nos esta dando lecciones especificas de que si no  nos ocupamos de respetarla, nos destruirá a nosotros mismos, privándonos de oxigeno limpio del aire, de  nutrientes en la tierra y provocando las plagas que  nos dejaría sin alimentos. Y lo estamos viendo; nuestro malos habitos estan dando lugar a desastres alimentarios, sin mencionar los otros

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La Llamada de los Arboles

Tú que pasas y levantas contra mi tu brazo, que inconsciente me zarandeas, antes de hacerme daño, mírame bien.
Yo soy el armazón de tu cama, la madera de tu barca, la tabla de tu mesa, la puerta de tu casa, la viga que sostiene tu techo, la cama en que descansas.

Yo soy el mango de tu herramienta, el bastón de tu vejez, el mástil de tus ilusiones y esperanzas.

Yo soy el fruto que te nutre y calma tu sed, la sombra bienhechora que te cobija contra los ardores del sol, el refugio bondadoso de los pájaros que alegram con su canto tus horas y que limpian tus campos de insectos.

Yo soy la hermosura del paisaje, el encanto de tu huerta, la señal de la montaña, el lindero del camino.

Yo soy el calor de tu hogar en las noches largas y frías del invierno, el perfume que embalsama a todas horas el viaje que respiras, el oxígeno que vivifica tu sangre, la salud de tu cuerpo y la alegría de tu alma; y hasta al fin, yo soy el ataúd que te acompaña al seno de la tierra.

Por todo eso, tú que me miras, tú que me plantaste por tu mano, tú que me diste el ser y puedes llamarme hijo… óyeme bien, mírame bien… ¡y no me hagas daño

Tagore

Los árboles y la humanidad han mantenido desde siempre una relación simbiótica entre sí. A lo largo de los siglos, los árboles nos han ofrecido refugio del frío y el calor. Nos han proporcionado infinidad de frutos, hojas, flores y raíces con propiedades tanto alimenticias como medicinales. Nos han ofrecido madera con la que fabricar herramientas, armas y juguetes, además de casas, vallas, barcos y puentes. Pero quizá lo más significativo de todo es que los árboles nos han proporcionado el combustible necesario para el fuego, que una vez domesticado hace cientos de miles de años, se convirtió en el motor de la civilización. Los árboles son, sin duda, nuestros más firmes aliados.

Los arboles no sólo pueden transmutar un elemento por procesos biológicos sino que tienen una fuerza energética que no puede explicarse en términos químicos o biológicos. Lawrence, un científico americano, lanzó la sugerencia de que las plantas podrían servir incluso para recoger las señales emitidas por formas de vida extraterrestre: “un sistema biológico de comunicación podría ser más efectivo para captar vida en el Universo que un sistema basado en ondas de radio”.

Algunas ciudades tienen un arbolado abundante. Su presencia, a pesar de dar vida y color a nuestras calles, pasa más bien desapercibida para la mayoría de la ciudadanía y mucho menos que se valore su función y la importancia que tienen para la vida del planeta en general. Gigantes que se alzan en nuestras ciudades y cuya longevidad supera la de la mayoría de las personas. Los árboles más que ningún otro ser vivo aporta grandes beneficios ambientales para nuestras ciudades y mejorar la calidad de vida de la ciudadanía.

Los árboles enriquecen el paisaje urbano, limpian su atmósfera cargada de contaminantes y absorben el ruido del tráfico. Los árboles ayudan a suavizar el calor veraniego y actúan como si las calles tuvieran aire climatizado gracias a la sombra que proyectan.

Los árboles nos permiten captar el tránsito estacional gracias a la caída de sus hojas, a la floración, a los colores cambiantes de sus copas. En las copas de los árboles algunas especies de pájaros hacen nido y otras encuentran los frutos e insectos de que alimentarse. Los árboles urbanos pueden ser los conectores biológicos con los espacios naturales circundantes a las ciudades y ayudar a preservar la biodiversidad.

Puede parecer fuera de lugar, pero hablar con los árboles es interrogarse sobre los propios propósitos personales en la vida de cada persona y a la vez acceder al conocimiento de los espíritus elementales de la Tierra que no son más que una expresión de la Creación. En la explosión de color, olor, y oxígeno de cada árbol tenemos muchas respuestas. Colaborar en el bienestar de los árboles es hacerlo a favor de nosotros mismos y las futuras generaciones.

Con independencia de nuestras creencias personales sobre los espíritus de la naturaleza y de la pregunta de si Dios existe dentro de la creación o fuera de ella (o en ningún lado), una cosa es cierta: la capacidad de sentir compasión por otras formas de vida, de sentir gratitud y dar las gracias por compartir el milagro de la vida, de respetar, cuando no amar, a todos los seres vivos de este planeta, nos convierte en mejores seres humanos y nos ayuda a vencer la ignorancia y la codicia.

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ARBOLES (Libro de Poemas, 1921)
1919

¡Árboles!
¿Habéis sido flechas
caídas del azul?
¿Qué terribles guerreros os lanzaron?
¿Han sido las estrellas?

Vuestras músicas vienen del alma de los pájaros,
de los ojos de Dios,
de la pasión perfecta.
¡Arboles!
¿Conocerán vuestras raíces toscas
mi corazón en tierra?

FEDERICO GARCÍA LORCA

FUENTES:  

  • The Living Wisdom of Trees Autor: Fred Hageneder Editorial: Blume-Naturart  Barcelona, 2006
  • La Magia de los Árboles – Ignacio Abella Mina.  ISBN:  978-84-7901-190-1 Editorial:  RBA

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El árbol es adorado como el símbolo visible de poder y bendición de la Madre Naturaleza – Vincent van Gogh (1853-1890)-
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4 comentarios en “El Culto a los Arboles

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