EL ÁRBOL DE NAVIDAD: ÁRBOL DEL AMOR Y LA PAZ.

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Hoy 8 de diciembre es el armado  del árbol de navidad.

¿En qué casa no hay hoy un árbol de Navidad? El árbol de Navidad ha llegado a superar al Belén como elemento de identificación de la Navidad.

Uno de los momentos más añorados por todos es cuando llega la hora de armar el árbol de Navidad y darle un clima festivo al hogar con luces de colores y adornos en cada rincón.

¿Cuándo se monta el árbol? Tradicionalmente se monta el día 8 de diciembre en la fiesta de la Inmaculada Concepción y se deja en casa hasta el 6 de enero, el día de reyes.


TRADICIÓN Y LEYENDAS

¿De dónde viene esta tradición de decorar el árbol de Navidad? Cabe mencionar que los egipcios ya adornaban sus hogares en invierno con palmas, mientras que anteriormente, los romanos hacían lo mismo pero utilizando coníferas.

No hay duda, sin embargo, que estas leyendas y tradiciones muestran la convergencia de muchas costumbres, algunas de ellas nacidas fuera de la cultura cristiana y otras de origen estrictamente cristiano. Vamos a considerar aquí algunas que podrían ser precursoras del árbol de Navidad.

Muchas de las leyendas y antiguas tradiciones que hacen referencia al árbol de Navidad se remontan a tiempos muy antiguos, pero la documentación histórica acerca del árbol tal y como lo conocemos y decoramos hoy en día, sólo apareció en los últimos siglos.

La leyenda cuenta que Martín Lutero, uno de los padres de la reforma en el cristianismo, fue quien habría impuesto árboles de pino para Navidad hacia el 1.500 y que quiso reproducir cuando un día que caminaba por el bosque, vio cómo el brillo de las estrellas iluminaba a los árboles. Fue así que cortó una rama y la llevó al interior de su casa. Sin embargo la tradición es mucho mas antigua y sincretica.

En Alemania, a mediados del siglo XVI, se originó el primer mercado dedicado a la venta de regalos para Navidad. Algunos de los objetos, hechos en plata, se utilizaban para decorar los árboles de Navidad.

Desde tiempos muy antiguos, los pueblos primitivos introducían en sus chozas las plantas de hojas perennes y flores, viendo en ellas un significado mágico o religioso.

Los griegos solían alabar con un pino a Dionisio, Dios del vino y la fertilidad. La celebración incluía piñas que hoy se usan en las mesas navideñas y que para los romanos simbolizaba “virginidad”. Los griegos y los romanos decoraban sus casas con hiedra. Los celtas y los escandinavos preferían el muérdago y muchas otras plantas de hoja perenne (como el acebo, el rusco, el laurel y las ramas de pino o de abeto) pues pensaban que tenían poderes mágicos o medicinales para las enfermedades.

Durante la antigüedad el culto a los árboles jugó un papel importante, Europa estaba llena de inmensas selvas. Se cree que entre los germanos, los más viejos santuarios fueron los bosques naturales. Para los celtas el árbol más sagrado era el roble y era común el pensar que los árboles eran espíritus. Se atribuían cualidades benéficas a estos, de este hecho deriva la costumbre de salir a los bosques y traer un unas ramas a la casa, similar al del árbol mayo.

VER: EL CULTO A LOS ARBOLES

Según el calendario juliano se computó el solsticio de invierno el 25 de diciembre, considerado como el renacer del sol, por razón de comenzar los días a alargarse. Al igual que en el solsticio de verano era costumbre realizar festivales ígnicos de purificación y de buena suerte. Como ejemplo más significativo está el del leño trashoguero pascual. Este leño era encendido en el hogar de las casas y se mantenía ligeramente carbonizado entre la Navidad y la Epifanía. En la actualidad se sigue haciendo en Inglaterra, Westfalia, Francia e incluso en nuestro país en algunos pueblecitos del Pirineo y Cataluña. Allí también encontramos una especie de espíritu arbóreo que trae juguetes y regalos a los niños a través de un tronco hueco por estas fechas: el “Caga Tio”.

En la cultura de los celtas, el árbol era considerado un elemento sagrado. Se sabe de árboles adornados y venerados por los druidas de centro-Europa, cuyas creencias giraban en torno a la sacralización de diversos elementos y fuerzas de la naturaleza.

Cuando los primeros cristianos llegaron al norte de Europa, descubrieron que sus habitantes celebraban el nacimiento de Frey, dios del Sol y la fertilidad, adornando un árbol perenne, en la fecha próxima a la Navidad cristiana. Los antiguos germanos creían que el mundo y todos los astros estaban sostenidos pendiendo de las ramas de un árbol gigantesco llamado el “divino Idrasil” o el “dios Odín”. En cada solsticio de invierno, cuando suponían que se renovaba la vida, le rendían un culto especial.
La celebración de ese día consistía en adornar un árbol de encino con antorchas que representaban a las estrellas, la luna y el sol. En torno a este árbol, bailaban y cantaban adorando a su dios.
Este árbol simbolizaba al árbol del Universo, llamado Yggdrasil, en cuya copa se hallaba Asgard (la morada de los dioses) y el Valhalla (el palacio de Odín); y en las raíces más profundas estaba Helheim (el reino de los muertos).

Posteriormente con la evangelización de esos pueblos, los conversos tomaron la idea del árbol, para celebrar el nacimiento de Cristo, pero cambiándole totalmente el significado.

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San Bonifacio cortando el roble de Odín

Se dice que San Bonifacio (680-754), evangelizador de Alemania, tomó un hacha y cortó un árbol que representaba al Yggdrasil (aunque también pudo ser un árbol consagrado a Thor), y en su lugar plantó un pino, que por ser perenne, simbolizó el amor de Dios, adornándolo con manzanas y velas. Las manzanas simbolizaban el pecado original y las tentaciones, mientras que las velas representaban la luz de Jesucristo como luz del mundo. Conforme pasó el tiempo, las manzanas y las velas, se transformaron en esferas, luces y otros adornos.

Por otro lado, los árboles de Navidad se hicieron populares en Gran Bretaña después de que el marido alemán y consorte de la reina Victoria, el príncipe Alberto, los introdujo en 1841. Y lo que la familia real hacía, la sociedad seguía la moda. Pronto los árboles de Navidad se convirtieron en una parte esencial de la Navidad británica.


DECORACIÓN Y ADORNOS, SIMBOLISMO

La costumbre de adornar un árbol en los hogares españoles fue traída en el año 1870 por una mujer de origen rusollamada Sofía Troubetskoy, que después de enviudar del duque de Morny, hermanastro de Napoleón III, contrajo segundas nupcias con el aristócrata español José Osorio y Silva, marqués de Alcañices, uno de los mayores promotores de la Restauración borbónica que permitió a Alfonso XII reinar. Por ello, parece ser que la primera vez que se colocó un árbol navideño en España fue en Madrid, durante las navidades del año 1870, en el desaparecido palacio de dichos nobles, el palacio de Alcañices, ubicado en el paseo del Prado, esquina con la calle de Alcalá.

Para su decoración se emplea en la actualidad una gran diversidad de objetos y elementos, siendo los más tradicionales:

  • Estrella: colocada generalmente en la punta del árbol, representa la fe que debe guiar la vida del cristiano, recordando a la estrella de Belén.
  • Esfera: al parecer en un principio San Bonifacio adornó el árbol con manzanas, representando con ellas las tentaciones. Hoy día, se acostumbra a colocar bolas o esferas (en algunas regiones también llamadas bambalinas o chirimbolos), que simbolizan los dones de Dios a los hombres.
  • Lazos: Siempre se ha pensado que los lazos representan la unión de las familias y personas queridas alrededor de dones que se desean dar y recibir.
  • Luces: en un principio velas, representan la luz de Cristo.

El árbol de Navidad recuerda al árbol del Paraíso de cuyos frutos comieron Adán yEva, y de donde vino el pecado original; y por lo tanto recuerda que Jesucristo ha venido a ser Mesías prometido para la reconciliación. Pero también representa alárbol de la Vida o la vida eterna, por ser de tipo perenne.

La forma triangular del árbol (por ser generalmente una conífera, con particular incidencia del abeto) representa a la Santísima Trinidad. Las oraciones que se realizan durante el Adviento se diferencian por un color determinado, y cada uno simboliza un tipo:

  • El azul las oraciones de reconciliación.
  • El plata las oraciones de agradecimiento.
  • El oro las de alabanza.
  • El verde de abundancia, fortaleza y de naturaleza.

Una de las muchas historias sobre la Navidad habla de un generoso sacerdote que vivió hace 400 años en Alsalcia y cada noche de Navidad, repartía entre los habitantes menos favorecidos de su pueblo alimentos, ropa y dinero que recolectaba durante el año.

Un día, mientras preparaba los paquetes para sus fieles más pobres, el sacerdote admiró la hermosa noche y se le ocurrió colgar los regalos en las ramas de un abeto próximo a la iglesia. Los pobres podrían así disfrutar además del cielo estrellado de aquella noche clara mientras se cantaban bajo el árbol cánticos sagrados. Tan agradable resultó la reunión que desde entonces el árbol fue el centro de la fiesta navideña

Lo más importante: más allá del tamaño del arbolito o de los adornos que tengas, es celebrar en familia, el amor, la fe y la esperanza.

“En las próximas semanas el árbol de Navidad será motivo de alegría […] Su forma en punta, su color verde y las luces de sus ramas son símbolos de vida. Además, nos remiten al misterio de la Nochebuena. Cristo, el Hijo de Dios, trae al mundo oscuro, frío y no redimido, al que viene a nacer, una nueva esperanza y un nuevo esplendor. Si el hombre se deja tocar e iluminar por el esplendor de la verdad viva que es Cristo, experimentará una paz interior en su corazón y será constructor de paz en una sociedad que tiene mucha nostalgia de reconciliación y redención” (Benedicto XVI, Audiencia, 12 de diciembre de 2008).


En la actualidad asistimos a la sustitución de todos esos antiguos valores y el árbol se convierte en algo muy comercial, un símbolo de lo efímero del espíritu navideño, de esos tantos buenos propósitos que se lleva el viento en el tiempo que tarda en morir
agonizando un árbol cortado. ¡Que pena!

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El árbol de navidad más grande del mundo se coloca en la Plaza del Vaticano, sede de la Iglesia Católica. Este es un regalo que hacen todos los años diversas comunidades católicas del centro de Europa al Papa.

 ¡Feliz Navidad!

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