La Luna y la Serpiente

A la serpiente podemos acercarnos desde varios planos y hoy hemos elegido el que se acompaña con la luna.

Todos sabemos que es el animal que más veces aparece en la mitología y el esoterismo. Sus asociaciones son tan variadas que difícilmente otro animal pudiera asemejarse a ella.

Vive entre mundos, el terrestre, cuando se hace manifiesta y serpenteante, y el subterráneo cuando se retira a una cueva, una grieta para permanecer inmóvil, casi atemporal. El hombre siempre sintió fascinación por ella, ya sea negativa por rechazo, ya sea positiva por atracción, sorprendido siempre por su cambio de piel, como un ser que renace de sí mismo.

Tanto la serpiente como la Luna, una abandonando su piel vieja y la otra, mutando su luz y su sombra, son concebidas como seres que renacen continuamente a partir de sí mismos. Lo cual les da cierto señorío sobre la vida y la muerte. Ambas comparten los poderes de la renovación de la vida. La Luna desaparece durante su etapa Oscura, y la serpiente lo hace bajo la tierra para hibernar dejando su piel. Son vistas como epifanías de las fuerzas auto-generadoras y a la vez auto-devoradoras, como algo misterioso que está más allá de los poderes del tiempo. Veremos el tiempo y la luna, pero el primero como el devorador de la vida.

Tanto una como la otra se asocian a lo acuático, la Luna por el rocío, la humedad, la lluvia, las mareas… la serpiente porque siempre está cerca de fuentes de agua o enroscada o colgando del Arbol de la Vida, custodiándolo. La serpiente simboliza al mismo tiempo el poder de las aguas. Por su relación con lo que nace y lo que muere, se asocian ambas como mediadoras entre los vivos y los muertos.

La luna gobierna las mareas y el rocío que cae durante la noche para refrescar el césped que alimenta al ganado. Pero la serpiente, aunque habita en la tierra, también es señor de las aguas, se desliza con el movimiento de una ola, o asciende por las ramas de los árboles colgando de ellos como fruto mortal. Podría observarse que existe una clara referencia fálica, aunque como devoradora, también sugiere lo femenino. De esta forma, podría decirse que la serpiente implica una imagen dual, que opera implícitamente sobre el plano de los sentimientos.

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Diosa serpiente del palacio de Cnosós

Del santuario del palacio de Cnosós proceden multitud de ofrendas; de entre ellas sobresalen las llamadas diosas de las serpientes y ésta es la mejor conservada. Con el característico vestido minoico de faralaes y un delantal superpuesto, la estrecha cintura y el escote abierto, la diosa agarra dos serpientes con las manos, mientras sobre su birrete o polos, un expectante felino está sentado. Tanit es la diosa de la Luna y de la Serpiente.

En Egipto la serpiente tuvo un papel importante, como benigna y como maligna. Esta doble polaridad de la serpiente es algo que nos encontramos en muchas otras culturas, debido al beneficio de las serpientes como depredadoras en los campos de cultivo, ligándose así a la fertilidad, y como animal peligroso y mortal.
Podía concebirse como una protectora o como un demonio del inframundo.
El dios serpiente Apep (o Apofis en griego) fue considerado como el caos, las fuerzas maléficas que habitaban en el Duat (el inframundo), contrario a Maat (el orden cósmico). Apep era representado como una serpiente gigantesca e indestructible que trataba de romper el recorrido nocturno de la basrca solar de Ra para evitar que surgiera un nuevo día. Para los antiguos egipcios era necesario que existiera el mal para que el bien fuera posible.
Durante el reinado de Ramsés II hay constancia escrita de un ritual mágico ligado a Apep. Durante las fiestas lunares y procesiones religiosas se sometía a Apep a diversas torturas, representando así el triunfo de Maat sobre el caos, pero nunca matándolo, pues era necesario para tener el equilibrio.
Sin embargo, la cobra tenía un papel completamente diferente: el Uraeus, personificación de la diosa Uadyet (Señora del Cielo) simbolizaba el calor del sol, la llama de fuego y era un símbolo de resurrección, la fuerza del crecimiento, la fertilidad de la tierra y de las aguas. Los faraones eran los únicos que podían portar el uraeus como símbolo protector y distintivo de su realeza.

La serpiente es vista tanto en forma femenina como masculina en los mitos, al igual que la Luna. Tanto la una como la otra es considerada el “Señor de las Mujeres”, reverenciadas como las grandes fertilizadoras. La serpiente se asocia al conocimiento dado que surge desde las entrañas de la tierra y está unida a la sabiduría de la Tierra Madre y de la Luna como diosa. Comparte el poder de la transformación con esta última. Durante la Edad del Bronce y del Hierro, la Diosa Madre tuvo muchos nombres y siempre estuvo asociada a serpientes.

En sus orígenes la Serpiente estaba estrechamente ligada a los ciclos de la naturaleza. El hecho de que hiciera un agujero para poner huevos dentro de la tierra se asoció con la idea primigenia del huevo cósmico y la vagina de la mujer, relacionándose con los cultos ctónicos y ligada a la idea de fertilidad femenina.

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Documenti d Amori, obra poético-alquímica de Francesco Barberino

La serpiente se asemeja a un espiral cuando está en movimiento, un círculo que se abre en otro círculo y combina un retorno a un punto de origen con movimientos en otro nivel, al igual que la Luna. Ambas representan la naturaleza cíclica de las cosas, el origen y el final que se unen y difuminan el uno en el otro,

La serpiente ha sido vista en la mitología como una hierofanía, una manifestación de la diosa, de la regeneración, de la vida que surge después de la muerte, como el epítome del Conocimiento, como la dadora también del Conocimiento del Bien y del Mal. No olvidemos que también representa nuestro psiquismo más arcaico, oscuro y misterioso. Surge de la oscuridad de su cueva; generadora de temores y muchas veces de muerte, puede representar también la vida. Es imprevisible y secreta. Tan enigmática que muchos dioses han tomado su forma para representar las primeras etapas de la creación.

Es la serpiente cósmica, ligada a las aguas y a la noche. Es Ofión que fecunda a Eurínome. Representa la vida latente, la renovación, la sabiduría. Todo un complejo simbólico. Dice René Guenón que los caldeos tienen una sola palabra para vida y serpiente, su simbolismo está ligado a la idea misma de la vida. En árabe, serpiente se dice el-Hayyah y vida el-hayat. Pero también añade que El-Hay, es uno de los principales nombres de Allah, no “el viviente” como suele decirse, sino “el vivificante”, el que da la vida o el que es el principio mismo de la vida.

En la Enéada de Heliópolis es la serpiente Atum, dios creador más antiguo del mundo mediterráneo, que escupe la creación entera luego de haber salido ella misma de las aguas primordiales. Hay mucho más, pero como simbolismo con esto nos alcanza para entender la asociación que puede tener con la luna y la muerte.

Ella encarna la fuerza de la naturaleza en toda su variación y esplendor. Posiblemente haya sido un dios de los comienzos antes de que las religiones la destituyeran del lugar que detentaba por derecho. Es lo que anima y lo que mantiene. India nos habla de Ananta, la serpiente cósmica que está enroscada en la base del eje cósmico. Significa “sin fin” y simboliza el desarrollo y la reabsorción cíclica del universo. Se encuentra en la base del mundo, en el nadir, y por lo tanto es su sostén. Forma parte además, de los “animales de poder” y puede expresar, según la cultura, la manifestación del dios de las tinieblas. Está presente también en el imaginario del chamanismo del que hablaremos en otro articulo.

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Si bien el ouroboros, la serpiente que se muerde la cola, simboliza la autoalimentación y autofecundación, dando idea de unidad-totalidad, de círculo cerrado y por lo tanto hermético, también alude a la reabsorción cíclica y la ciclicidad de los procesos psíquicos. Indica la transmutación de la vida en muerte y muerte en vida, basta mirar su boca mordiendo la cola, inyectando veneno en su propio cuerpo. Por otro lado, alude al tiempo y al movimiento, es símbolo de un antiguo dios natural y aparece en culturas caribeñas, indias, africanas y otras. Es principio y fin, generadora de vida y muerte.

Para los dogon africanos, es ancestro mítico, es Nommo, dios del agua y héroe civilizador, les enseña a los hombres la herrería y los cereales. En Benín (Dahomey), tenemos a Dan, gran divinidad de Benín y de la Costa de los Esclavos, es la serpiente fetiche arco iris. De ahí que los esclavos llevados a Haití, la hayan convertido en Damballah-Weddo, divinidad que preside las fuentes y los ríos, representa el relámpago, al dios de la fuerza y de la fecundidad. Dan es hoy el ouroboros del disco de Benín.

 Tanto las tribus más simples que viven en Africa y Nueva Guinea, como nuestros antepasados que vivían en las cavernas la dibujan y dibujaron con una línea, ya recta, ya ondulada. Salvo el punto, tal vez no haya algo más abstracto que la línea. Y sabemos que cuánto más abstracto es algo, más potencialidades de manifestación esconde. Despierta diversas sensaciones cuando se la ve moverse y cuando permanece quieta, enroscada sobre sí misma, en una posición en la que no se puede diferenciar el principio y el fin.

hermes-caduceo-e1335958907525Hermes (Mercurio), con su vara de serpientes entrelazadas lleva a las almas a través de la frontera entre la vida y la muerte, a la manera de aquél que fue alguna vez un dios lunar, él mismo. Ni Hypnos ni Thanatos pueden proveer de un ritual para entrar en ese ámbito. Fíjense que Hermes nace en una cueva el cuarto día del mes, el primer día de luna creciente después de los tres días oscuros, y lleva un cordero sobre sus hombros como aquél encargado de incrementar el ganado, la fecundidad de los rebaños. En Arcadia se lo honra junto a los manantiales y hay pilas de piedras que señalan el camino hacia el próximo manantial o arroyo. Sus epítetos lo vinculan a la noche: “nuxios”: “el de la noche”, “opopeter”: “aquél que ve en la noche”, o también “compañero de la noche negra” como lo llamaba Apolo. También se lo llama el “Matador de Argos” o “Argeiphontes”. Argos bien puede ser un antiquísimo remanente de un dios de la Luna menguante. Argos custodiaba a Io, que fue convertida en Luna-Vaca por Zeus a pedido de Hera. Pero a pedido de Zeus, Hermes pone a Argos a dormir con la música de su flauta y así lo mata liberando a Io. Si Argos fuera un remanente de un dios de la luna menguante, es posible que, haciendo otra lectura, Hermes en tanto dios de la Imaginación, liberara la intuición lunar que estaría representada por Io.

En la iconografía cristiana, además de la imagen de la serpiente del árbol del Paraíso, es frecuente la imagen la Virgen con una serpiente bajo sus pies, simbolizando el pasaje del Génesis en el que Dios le dice a la serpiente unas palabras, interpretadas posteriormente por el cristianismo como que sería María la única mujer capaz de pisarle la cabeza a la serpiente, venciendo así todo aquello maligno que ésta representaba.
Génesis 3:15 Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.
La creciente luna aparenta ser el sostén de la Virgen en los cielos ,  que le permite pisar con fuerza a la venenosa serpiente.
Apocalipsis Capítulo I2 -“Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas.

Detalle de la Inmaculada Concepción de Rubens, 1628


FUENTES:

  • Wikipedia
  • Campbell, Joseph. Las mascaras de Dios Mitología Occidental

 

 

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