La Luna, las Abejas y la Miel.

abejas

Las abejas son animales positivos. Quizá por el alimento que producen, la miel, que siempre ha sido muy estimada. La miel en esoterismo es considerada como un símbolo de la resurrección y también el pensamiento de dar protección contra los malos espíritus.

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Cueva de la Araña (Bicorp) en Valencia

El hombre prehistórico comenzó a pintar sus experiencias con las abejas cosechando miel hacia el año 10.000 a. c. Uno de los primeros vestigios de la actividad de la apicultura, data aproximadamente de 7.000 años atrás. Pinturas rupestres en La Cueva de la Araña en Bicop (Valencia), representan la recolección de la miel por parte de figuras humanas. Hay otras representaciones de esta actividad en abrigos rocosos en el arco mediterráneo y otras diseminadas por España.

En este sentido, los investigadores Jordán Montés y González Celdrán, analizando ciertas escenas de recolección de miel en la pintura rupestre levantina (La Vieja de Alpera, La Araña de Bicorp o Los Trepadores de Alacón), sugieren que en dichas escenas se está narrando un mito en el cual intervienen diversos seres o elementos sagrados: las abejas como mensajeros de las divinidades o alegorías de los difuntos; la miel como alimento primordial y sustancia psicotrópica; y los chamanes recolectores.

Las abejas, hijas aladas del sol y la luna, anunciadoras benditas de los primeros días serenos, maestras en la construcción de celdas geométricas, vigilantes de las influencias magnéticas, de las radiaciones telúricas, en definitiva un insecto bendito al que san Paulino de Nola llamaba «la misteriosísima abeja».

En la antigüedad se creía que la miel era alimento divino donado por los dioses a la persona, derivados de una vasija de barro con propiedades mágicas que vagaban en el aire, y que se recogió directamente de las flores en la que cayó. Virgilio lo llamó “el don del rocío.” Para esto se utiliza en los ritos de propiciación y la magia, especialmente los relacionados con la prosperidad, la fertilidad y el amor, y los ritos de purificación, que se utiliza a menudo con leche. Se ofreció a los dioses a modo de agradecimiento, para consagrar sacerdotes y sacerdotisas, para bendecir los templos y ahuyentar los malos espíritus.

La miel, para la tradición occidental, representa la elocuencia, la inmortalidad y el placer. De Platón y algunos poetas antiguos, se dice que fueron alimentados con miel que depositaban las abejas directamente en su boca, lo que explicaba la dulzura de sus palabras.

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La miel estaba presente en los ritos más importantes de paso de la vida: el nacimiento, el matrimonio y la muerte. A un bebé recién nacido se le ofrecia miel para darle la bienvenida, le conceda una buena salud y así evitar a los demonios. En las bodas de miel fue ofrecido como un regalo, como la alimentación y se la untó en las puertas de la nueva pareja.  Herencia de esta costumbre romana es la famosa frase “luna de miel“, donde la madre de la novia depositaba en la alcoba nupcial una vasija con miel, además de otros alimentos durante una luna, o sea 21 días. La duración del ciclo lunar marca el nacimiento de los seres vivos, las abejas nacen a los 21 días y numerosos animales gestan siempre en múltiplos de 7 días, incluidos los humanos.

Como símbolo del alma de los hombres, es plasmada en las tumbas como imagen de supervivencia del alma después de la muerte. Pero al mismo tiempo sirven como emblemática de las dinastías faraónicas del Alto y el Bajo Egipto, representadas por una abeja y una brizna de junco.
Uno de los himnos funerarios dirigido al faraón Usertosen II dice así: «Casó al junco con la abeja», afirmación que se interpreta como que reinó en los dos Egiptos. También se han hallado abejas funerarias en la tumba de la faraona de Egipto, Ahotpu I.

El Dios Ra lloró y sus lágrimas cayeron en la tierra y se volvieron abejas. Las abejas comenzaron a construir y fueron activas con todas las flores del reino vegetal. De esta manera llegó a existir la cera, así la miel fue creada de las lágrimas del Dios Ra”. La miel de oro fue tan importante que el faraón Menes, quien fue el responsable de la unificación de Egipto, la abeja elegido como su símbolo.

Los antiguos habían descubierto la manera de curar con miel. La miel, además, representa la verdad porque no precisa manipulación para ser consumida, es pura e inalterable y, hasta el descubrimiento del azúcar hace pocos siglos, proveía de dulzura a los alimentos.

En el antiguo Egipto se utilizaba como por faraones como por la gente más humilde. También fue utilizado con fines terapéuticos y en cosméticos.
Los sumerios tenían la idea de combinar la miel con arcilla para preparar ungüentos para la piel y el cabello o para sanar las heridas. Los antiguos romanos llamaban miel como “medicina Himmel”: Ellos lo usaron para calmar afecciones de la piel y suavizar las asperezas.

Los griegos consideraban a las abejas espíritus independientes y las relacionaban con la fecundidad.  En Grecia la ciudad de Efeso estaba ligada a las abejas, se decía que musas en forma de abejas eran las que habían encabezado a los atenienses que colonizaron la zona. Asimismo, las sacerdotisas que celebraban los antiguos misterios de la diosa Artemisa (la diosa lunar) eran llamadas Melissai, “Las abejas”, y la misma diosa era representada con figuras de nuestro insecto en su cinturón y en su falda. Este culto a la abeja se extendió de Creta a las islas del Egeo y a la Grecia continental.
En la mitología de Creta, el dios supremo nacido de la Tierra Madre (Deméter Ceres) fue alimentado en una gruta por una princesa cretense con la leche de Amaltea y la miel de la reina abeja Melisa.

Según cuenta Estrabón, en Eleusis y en Éfeso las sacerdotisas que celebraban antaño los antiguos misterios se llamaban Melissai, «las Abejas», y algunos iniciados que habían alcanzado un grado de pureza indiscutible recibían también este nombre.

Hay una conexión muy sutil entre la Luna, el rocío, la miel y la ambrosía, sería algo así: presencia de agua mágica que cae de las ramas más bajas del Arbol del Mundo, es blanca (el color de los rayos de luna); se transforma en la miel de las abejas, y tiene el poder de dar la resurrección. Nada en el texto menciona la Luna, pero sí en éste, en que las Nornas se hacen presentes en el nacimiento de un niño que está destinado a ser rey, y devanan las hebras con que tejerán su destino bajo la Luna:

Entonces fue Helgi, el del gran corazón
Nacido de Borghild en Bralund.

La noche había caído cuando las Nornas llegaron,
Aquellas que designan los días del príncipe:
Su destino, ellas predijeron, fue famoso entre los hombres,
Para ser considerado el mejor de los reyes valientes.

Allí en las amplias mansiones de Bralund
Ellas devanaron las hebras de su especial destino:
Extendieron cuerdas de oro,
Ajustándolas bajo el salón de la Luna.

Y en el mundo de la superstición gallega, en muchas de sus leyendas, se dice que en noches de luna llena se  puede ver el cuerpo de los muertos formando enjambres de abejas. Estrabón dice: «Algunos dicen que los gallegos son ateos pero que los celtíveros y sus vecinos del N. veneran un cierto dios las noches de luna y toda la familia canta y baila durante la noche delante de sus casas». Itaco acusaba a los priscilianistas de tener reuniones las noches a la luz de la luna que serían la continuidad de los bailes que los cántabros celebraban en honor de un dios desconocido y de los cantos de victoria que entonaban en las encrucijadas.

Los gallegos hablan de anas, xanas, xigantes, todos nombres femeninos derivados en gran parte de la raíz celta anaon que designa a los antepasados. Los bosques, las rocas, el mar, las fuentes y los ríos estaban poblados para los celtas como aún lo están hoy para los campesinos. Los seres que producen y controlan la lluvia, y otros, habitan en el aire. Desde los ríos, las ánimas suben por una de las cepas del arco iris a la luna, desde donde vienen, luego, en forma de abeja.

En Loureses la noche del uno al dos de noviembre las mujeres de casa encendían al pie de un romero que crece en un rincón de la huerta que rodea la casa, tantas velas como niños murieron sin bautismo en casa porque están enterrados aquí, en el mismo lugar en donde se entierran los animales domésticos muertos y se queman las cosas viejas. El romero es una planta funeraria porque en él liban constantemente las abejas que son almiñas que vienen de la luna por eso «quien mata unha abeja tiene cien años de pena».

Las ánimas, que vienen de la luna en forma de abeja, son, para los gallegos, los antepasados integrados en la vida cotidiana; andan de noche por el centro de los caminos vestidas con camisas blancas, como albas de cura, que les llegan hasta los pies, y siempre van descalzas; «nadie vio jamás un ánima calzada». A veces se aparece alguna sola pero, por lo general, se aparecen muchas juntas, como en procesión. Delante de ellas va un vivo con la cruz que sigue el itinerario que ellas le han marcado. A los que encuentran en la encrucijada los invitan a comer.

En las doctrinas maniqueas y gnósticas, la luna es considerada como bomba de almas: durante el período creciente las almas de los muertos se elevan hasta ella, que las aspira; luego, cuando mengua, son enviadas otra vez.

Citando brevemente a otras religiones, señalaré que la Jesusalén celestial de la tradición judaica está llena de fuentes de miel. El Corán también promete ríos de miel en su paraíso y en él podemos leer que Alá le da a An-Nahl, la abeja, la orden de poblar el mundo y fabricar colmenas para favorecer a la humanidad.

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La luna desde la tierra parece un gran panal inquebrantable.

Las abejas son muy sensibles a las influencias lunares y su ritmo está marcado de forma natural según los ciclos de la luna. Como en la actividad de la planta, se encontró que los aumentos de actividad de las abejas en la luna creciente alcanza su máximo en el momento de la luna llena, también es el momento óptimo y de más importancia del enjambre.

Pero si las abejas van al son de los ritmos lunares, en realidad son las constelaciones la principal influencia en la vida de las abejas y la miel de la cosecha. Con más precisión podemos decir que la influencia de la Luna asociada a las constelaciones es la que impacta en la vida de las abejas en general.

Del mismo modo que después de la labranza el suelo se reorganiza siguiendo las influencias cósmicas del momento, la colmena cuando se abre absorbe las energías cósmicas del momento y las abejas deben reorganizarse a continuación siguiendo estas influencias. Así, según los diferentes tipos de constelaciones del momento (Fuego, Tierra, Aire, Agua), la colmena incorporará una energia beneficiosa o perjudicial para el equilibrio de las abejas.

Por tanto, es esencial para cualquier trabajo en una colmena elegir cuidadosamente el momento en el que realizar las labores, con el fin de mantener el equilibrio orquestado por las abejas en su colmena.

Cada uno de los tipos de Constelaciones impactan de manera diferente en las abejas, por ejemplo: para estimular la producción de miel se optará por la Constelaciones fuego, pero vamos a elegir la Constelaciones Aire para promover el desarrollo de las crías; para que la miel no fermente evitaremos las Constelaciones Agua; y las Constelaciones Tierra son propicias para el instinto constructor pero la miel cosechada en este momento se enfriará más rápido.

Las abejas siempre han acompañado los sueños de trascendencia de los seres humanos y es justo ahora que la sociedad por fin reconoce que la balanza ha estado demasiado decantada hacia lo patriarcal cuando uno de los símbolos de la Gran Mater puede desaparecer…

¿Casualidad, o señal para que acabemos de despertar?

En el claro de la luna

(Silvio Rodríguez)

En el claro de la luna
donde quiero ir a jugar,
duerme la Reina Fortuna
que tendrá que madrugar.

Mi guardiana de la suerte,
sueña cercada de flor
que me salvas de la muerte
con fortuna en el amor.

Sueña, talismán querido,
sueña mi abeja y su edad;
sueña y si, lo he merecido,
sueña mi felicidad.

Sueña caballos cerreros,
suéñame el viento del sur,
sueña un tiempo de aguaceros
en el valle de la luz.

Sueña lo que hago y no digo,
sueña en plena libertad,
sueña que hay días en que vivo,
sueña lo que hay que callar.

Entre las luces más bellas
duerme intranquilo mi amor
porque en su sueño de estrellas
mi paso en tierra es dolor.

Mas si yo pudiera serle
miel de abeja en vez de sal
¿a qué tentarle la suerte
que valiera su soñar?

Suéñeme, pues, cataclismo,
sueñe golpe largo y sed,
sueñe todos los abismos,
que de otra vida no sé.

Sueñe lo que hago y no digo,
sueñe en plena libertad,
sueñe que hay días en que vivo,
sueñe lo que hay que callar.

Sueñe la talla del día,
—del día del que fui y del que soy—
que el de mañana, alma mía,
lo tengo soñado hoy.

(1974)


FUENTES: 

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4 comentarios en “La Luna, las Abejas y la Miel.

  1. ¡Un post instructivo y muy poético! Sabes, hace años tuve colmenas… solo como una actividad adicional de mi jardín. Me has traído recuerdos tristes y también llenos de amor con este post y la canción de Sivlio. Besotes, querida amiga ❤

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