La Luna en la tradición judía

Las dos grandes luminarias, el sol y la luna, no sólo “arrojan luz” sobre el mundo que nos rodea sino que representan dos sistemas de captación de la realidad.

El calendario hebreo es un calendario lunisolar, es decir, que se basa tanto en el ciclo de la Tierra alrededor del Sol (año), como en el de la Luna al rodear a la Tierra (mes).

Rosh Jodesh significa “cabeza de la nueva luna”, y de hecho es un día, o dos, de celebración que marcan el comienzo del nuevo mes lunar.
Desde nuestro planeta el ojo humano puede percibir cuatro diferentes estados principales de la Luna, a saber: luna nueva, cuarto creciente, luna llena o plenilunio y cuarto menguante. Tal ciclo dura aproximadamente 29 días y medio.

La luna simboliza la renovación permanente.

En la tradición judía la luna simboliza al pueblo de los hebreos.

Así como la luna cambia de aspecto, el hebreo nómada modifica continuamente sus itinerarios. Adán es el primer hombre en comenzar una vida errante, Caín es un vagabundo. Abraham recibe una orden de Dios diciéndole que abandone su país y la casa de su Padre; su temeridad sufre la misma suerte: la diáspora, el judío errante, etc. Los cabalistas comparan la luna que se oculta y se manifiesta a la hija del rey. La luna aparece y se retira; alterna las fases visibles con las invisibles.

Todo acto, o suma de actos en apariencia insignificante responde a una determinada concepción de la vida, a un modo de enfrentarse a la realidad. Incluso la falta de un sistema organizado, y la improvisación también responden a una forma de vivir, a una idea, a una cosmovisión carente de un sentido ultimo.

La luna es experta en el arte de renacer. Permanentemente esta viniendo del “no ser”, del “no estar”, de la nada.

Mientras que el sol es el símbolo de la invariable naturaleza, saliendo por el este y poniéndose por el oeste día tras día, cada día del año, la luna cambia y parece estar diciéndonos algo: puedes ser pequeño y puedes disminuir hasta casi desaparecer, pero entonces, cuando las cosas se ven sumamente oscuras, brota la eterna esperanza. Puedes comenzar a mirar hacia arriba nuevamente. Puedes cambiar una situación y a ti mismo para mejor, sin importar cuán malo parezca. Nada es estático o inamovible. Los seres humanos tienen libre albedrío y en ello está su poder de renovación – una siempre presente lucha contra la constante, cíclica, repetitiva y predecible marcha del tiempo y la naturaleza.

Al fin del mes hebreo, la Luna está completamente a oscuras y no es visible desde la Tierra. Al despuntar el cuarto creciente, apenas se alcanza a ver a la Luna como una finísima guadaña y ella desaparece en el horizonte minutos después del ocaso: ello marca el inicio del mes hebreo. Con el correr de los días, al ser contemplada desde la Tierra, la parte iluminada de la Luna crece paulatinamente hasta llegar al plenilunio, que marca exactamente la mitad del mes. A partir de ahí, con el discurrir de los días, vuelve la Luna a menguar, hasta desaparecer por completo, culminando también del mismo modo el mes del calendario hebreo.

Los antiguos babilonios encontraron la forma de seguir al Sol y la Luna. Sus sacerdotes fueron excelentes astrónomos, ayudados, sin duda, por los cielos claros de un país situado en el borde del desierto.

Existe una música extraña en los nombres de los meses judíos–Adar, Nissan, Iyar, Sivan, Tamuz, Av, Elul, Tishrey, Cheshvan, Kislev, Tevet, Shvat, las palabras tienen un sonido antiguo, claramente no hebreo. Y de hecho no son hebreas sino babilonias, de la tierra natal de Abraham. (Asimismo, las que llamamos “letras hebreas” son también babilonias, tomadas durante el exilio babilonio; los judíos, en los tiempos del Primer Templo, usaban un alfabeto completamente diferente.)

El sabio talmúdico judío Mar Shmuel, que vivió en Babilonia en el siglo III, fue también un experto astrónomo. Solía decir ” Estoy tan familiarizado con las sendas de los cielos como lo estoy con las sendas de [mi ciudad natal] Nehard’a, menos con la estrella-cometa, que no se lo que es.”

El sistema solar determina el año – en hebreo “shaná“, que viene de la misma raíz que “repetir, repasar”. La luna, por otro lado, es la que indica los meses – “jodesh“, que viene de la raíz hebrea “jadash“, que significa nuevo, cambio, diferente.

Un año hebreo incluye un ciclo completo de las cuatro estaciones del año y, a su vez, debe contar con un número exacto de meses lunares. De esta manera, el año hebreo puede tener tanto 12 meses (año simple), como 13 (año bisiesto, o en hebreo שנה מעוברת, “año preñado”).

En el Génesis, Tamar embarazada está a punto de dar a luz: «tenia dos gemelos en su seno. En el instante de parir, uno de ellos sacó una mano; la partera se la tomó y le ató un hilo escarlata, diciendo: Éste salió primero. Pero como él retirase la mano, fue su hermano el que salió. Dijo ella: ¡Vaya brecha que te has abierto!, y le llamó Peres. Salió después su hermano, el que tenia en la mano el hilo escarlata y le llamó Zéraj.» Ahora bien, el nombre de la palmera es tamar, en la cual se encuentra a la vez lo masculino y lo femenino. Por esta razón, según el Bahir, los niños de Tamar se comparan al sol y la luna que sale y vuelve a entrar para dejar pasar al sol primero.

Los hebreos relacionan el mes lunar con las manos del Adam Kadmón u hombre universal. La mano derecha es la que bendice y está en relación con la luna creciente, en tanto que la izquierda es la que puede lanzar maleficios y se asocia a los 14 días de luna menguante.

De acuerdo con Moses Maimonides, el culto lunar era la religión de Adán; y la Biblia contiene muchos trazos de reverencia pre-yahveísticas a la luna. Los reyes del Antiguo Testamento vestían “ornamentos como la luna y también lo hacían los animales que montaban” (Jueces 8:21). Los Profetas denunciaban a las mujeres hebreas por llevar amuletos lunares (Isaías 3:18). Agla, uno de los “nombres secretos de Dios” más usados en la magia hebrea, es usualmente traducido como “luz” pero significa específicamente “luz de luna”; es uno de los antiguos nombres de la diosa Luna.

Una tradición talmúdicas decía que el mismo Yahvé tuvo que hacerle una ofrenda a la luna por haberla ofendido. La diosa de la Luna no parecía demostrar mucho respeto por Yahvé ni por los suyos; según el Apocalipsis de Baruch: Cuando Adán y Eva cayeron en el pecado, todo lo demás se hundió con ellos “el cielo, el sol y las estrellas, incluso los más cercanos al trono de Dios; los ángeles y los poderes fueron movidos por la trasgresión de Adán,” todo excepto la Luna, que se reía.


El culto a la Luna no era adoración para los israelitas.

Arte judío. Marianos y Janina, Mosaico bizantino de la Sinagoga Beit Alfa, siglo VI. La composición incorpora los doce motivos zodíacos por ser coincidentes con los doce meses del calendario hebreo.1 La presencia del motivo central del sol tiene aquí una justificación de orden astronómico (y no religioso).2 Las cuatro figuras de las esquinas representan los cuatro hitos del año,3 solsticios y equinoccios, nombrados en hebreo según el mes en que cada uno de ellos ocurre: Tishrei, [Tevet], Ni[san] y Tamuz. Kibutz Beit Alfa, Israel.
Arte judío. Marianos y Janina, Mosaico bizantino de la Sinagoga Beit Alfa, siglo VI. La composición incorpora los doce motivos zodíacos por ser coincidentes con los doce meses del calendario hebreo. La presencia del motivo central del sol tiene aquí una justificación de orden astronómico (y no religioso). Las cuatro figuras de las esquinas representan los cuatro hitos del año, solsticios y equinoccios, nombrados en hebreo según el mes en que cada uno de ellos ocurre: Tishrei, [Tevet], Ni[san] y Tamuz. Kibutz Beit Alfa, Israel.

Aunque los israelitas se guiaban por la Luna como un indicador del tiempo para determinar sus meses y sus épocas de fiestas, tenían que abstenerse de adorar la Luna, práctica muy común en las naciones que los rodeaban. En Egipto, donde residieron Abrahán y algún tiempo después el pueblo de Israel, era notorio el culto al dios-luna Thot, el dios de las medidas. En días de luna llena los egipcios le sacrificaban un cerdo. Llegó a ser adorado en Grecia con el título de Hermes Trimegisto (Hermes Tres Veces Máximo).

Los adoradores de la Luna creían que influía en la fertilidad, por lo que acudían a ella para que hiciese crecer sus cosechas y animales. En la tierra de Canaán, donde los israelitas por fin se asentaron, el culto lunar que practicaban los cananeos iba acompañado de ritos y ceremonias de fertilidadad consideradas inmorales por los hebreos.  Otros pueblos vecinos adoraban  a la luna bajo el símbolo de la diosa Astoret- Astarté, deidad que los fenicios decian que era consorte del dios Baal.

En el siglo IV E.C. se empezó a utilizar un calendario normalizado, en el que los meses judíos tenían un número fijo de días, con la excepción de Hesván, Kislev y Adar, que seguían oscilando entre 29 y 30 días, dependiendo de ciertos cálculos.


Rosh Jodesh, la observancia de la luna nueva

"Rosh Chodesh," ("principio del mes"), el primer día del mes siempre cae en la Luna Nueva, el momento en que la posición de la Luna en el cielo transcurre por la del Sol. Después de esto podemos ver una Luna creciente, justo después del ocaso.
“Rosh Chodesh,” (“principio del mes”), el primer día del mes siempre cae en la Luna Nueva, el momento en que la posición de la Luna en el cielo transcurre por la del Sol. Podemos ver una Luna creciente, justo después del ocaso.

El primer mandamiento que les fue entregado a los judíos como pueblo fue la mitzvá de Rosh Jodesh, el “Nuevo Mes”:

“Y Dios le dijo a Moshé… en la tierra de Egipto… Este mes es para ti, la cabeza de los meses. Primero es para ti de entre los meses del año” (Éxodo 12:1-2).

Mientras aún estaban en Egipto, le fue dicho al pueblo judío que el mes de Nisán, el mes en que ellos dejarían Egipto, sería el primero de los meses y que desde entonces tendrían una responsabilidad nacional de contar los meses y de crear un calendario judío que estuviese basado en el año lunar.

Rosh Jodesh significa “cabeza de la nueva luna”, y de hecho es un día, o dos, de celebración que marcan el comienzo del nuevo mes lunar. Rosh Jodesh es un día especial para las mujeres, y muchas de ellas eligen tomarse el día libre y no realizar tareas del hogar, como lavar la ropa o coser.

En el calendario judío, los meses vinculados al ciclo lunar tienen entre 29 y 30 días. Al finalizar un mes de 30 días, el último día de dicho mes y el primer día del nuevo mes son considerados Rosh Jodesh. Al finalizar un mes de 29 días, solo será Rosh Jodesh el primer día del nuevo mes. Al igual que todos los días, en el calendario judío, Rosh Jodesh comienza al anochecer del día precedente.

En tiempos pretéritos, el beit din, el tribunal judío, era el que determinaba cuándo acontecía Rosh Jodesh, solo luego de que dos testigos fiables dijeran haber visto la nueva luna. Desde el siglo cuarto, sin embargo, esto se ha determinado conforme al calendario que tenemos en la actualidad.

En los tiempos en que existía el Templo, se solía traer animales para sacrificar en honor a ese día. Esas ofrendas recibían el nombre de musaf (adicional). En los servicios, se incluía el toque especial de las trompetas.

Desde la Antigüedad, los antiguos hebreos sabían ya calcular la duración exacta de tal ciclo, estimando de acuerdo con sus conocimientos astronómicos que el periplo del satélite en torno al planeta Tierra tenía una duración de ’29 días, 12 horas y otras 793/1080 de hora’ (es decir, otros 44 minutos y 3,33 segundos), siendo por consiguiente su error de cálculo sólo de medio segundo. Debido a que la cantidad de días en un mes debía ser exacta, el calendario hebreo emplea meses de 29 y de 30 días, intercalándolos.

El 14 de Nisán, cuando la Luna alcanzaba su plenitud, se celebraba la Pascua. En esta misma fecha Jesús instituyó la cena de Conmemoración o la Cena del Señor en memoria de su muerte.

Una costumbre muy extendida en el judaísmo, que no marca una obligación, pero sí se tiene muy en cuenta, es escoger  la fecha de una boda que se celebre en el templo. La fecha oficial para un casamiento judio, suele ser dentro de la primera mitad del ciclo lunar, desde la luna nueva hasta el cuarto creciente. Así, los primeros días del matrimonio crecerán en felicidad y en suerte, junto con la luna.

Hoy los judíos celebran la luna nueva con ceremonias muy minuciosas y conceden a esta fiesta mucha importancia. En Rosh Jodesh se acostumbra desearle a las personas jodesh tov, que significa “buen mes”.

Que así sea. Amen.


FUENTES:

  • Wikipedia
  • Luna (Jean Chevalier – Alain Gheerbrant, diccionario de símbolos)
  • Walter G., Barbara. “Moon”, The Woman’s Dictionary of Symbols and Sacred Objects. San Francisco: Harper San Francisco, 344-5.
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