ARQUETIPOS: LA GRAN MADRE, LA MADRE TIERRA

La imagen de una Gran Madre remite en su génesis a la historia de las religiones.

DIOSAS1

La primera figura arquetípica grandiosa en la humanidad es la Madre Tierra, fuente de vida, útero creador, con capacidad de creación y de destrucción. La Tierra era percibida como Madre, y todos -animales, plantas y hombres- eran sus hijos y estaban sujetos a Sus Leyes.

Este arquetipo de lo femenino puede advertirse en todas las estructuras simbólicas de la mujer, principalmente en el mito, en el arte, en los sueños de todos los seres humanos  que alguna vez caminaron sobre la tierra. La Gran Madre aparece en todas partes, en todo momento. Es la Madre de Dios para los cristianos; Sofía para los gnósticos; es Deméter,  Kali  Pachamama y tantas otras diosas capaces de parir la ternura más explícita y el horror en su estado puro.

«A la tierra se le han dado miles de nombres femeninos -Asia, Africa, Europa- recibieron el nombre de manifestaciones de la Diosa. Diversos países llevaban el nombre de alguna antepasada o de otra manifestación de la Diosa: Libia, Rusia, Anatolia, Lacio, Holanda, China, Jonia, Akkad, Caldea, Escocia [Scotia], Irlanda [Eriu, Erin, Hera], fueron sólo unos pocos. Cada nación dio a su propio territorio el nombre de su propia Madre Tierra». -Barbara Walter –

En la mitología griega, el Arquetipo de la Gran Madre estuvo representado por Gaia (Tierra), personificando a la Madre Tierra. En su “Teogonía” Hesíodo relata cómo, después del Caos, surgió Gaia desafiante, y con ella la creación de los eternos dioses del Olimpo.

En Roma, la diosa Cibeles (extraída de la mitología griega), fue venerada como Magna Mater, la “Gran Madre”. FUENTE DE CIBELES (Madrid)

En la mitología nórdica, la Gran Madre estuvo representada por la misma madre de Thor, quien era conocida como Jord, Hlódyn o Fjörgyn. Mientras que en la mitología lituana Gaia – Žeme, también clara manifestación de este arquetipo, era hija del Sol y la Luna, y también esposa de Dangus.

Las culturas precolombinas, en especial la incaica, creían en la Pachamama como personificación de la Madre Tierra (Gran Madre). Ella, junto con su esposo Inti, el dios del sol, eran considerados deidades generosas. El culto a Inti se perdió con el paso del tiempo, pero la Pachamama aún sigue teniendo vigencia en los pueblos de esa zona y, en especial en el Noroeste argentino, lo que indica la fuerza energética que posee el arquetipo de la Gran Madre. El culto a la Pachamama no pudo ser erradicado ni siquiera con la evangelización de los aborígenes y actualmente cada 1º de agosto comienzan las ceremonias en su honor, y, además, se le hacen ofrendas cada vez que comienza la época de siembra y cosecha y cuando se marca la hacienda. En este culto participan también aquellos que profesan la fe católica.

La imagen de una Gran Madre remite en su génesis a la historia de las religiones. El Arquetipo de la Madre nos remite a la Gran Madre mitológica, a la Madre Tierra, fuente de vida, útero creador, con capacidad de creación y de destrucción. . Su manifestación simbólica se halla representada a través de una amplia variación «del tipo de una diosa madre».

Al igual que todo arquetipo, el de la madre «tiene una serie casi inabarcable de aspectos», siendo expresión típica  la madre y abuela personales; la madrastra y la suegra; cualquier mujer con la cual se está en relación, incluyendo también el aya o niñera; el remoto antepasado femenino y la mujer blanca; en sentido figurado, más elevado, la diosa, especialmente la Madre de Dios, la Virgen, como madre rejuvenecida, por ejemplo: Demeter y Ceres, Sophia como madre-amante, a veces también del tipo Cibeles-Atis, o como hija [ madre rejuvenecida-amante ); la meta del anhelo de salvación : el Paraíso, el reino de Dios, la Jerusalén celestial.

En sentido más amplio la iglesia, la universidad, la ciudad, el país, el cielo, la tierra, el bosque, el mar y el estanque; la materia, el inframundo y la luna; en sentido más estricto, como sitio de nacimiento o de engendramiento: el campo, el jardín, el peñasco, la cueva, el árbol, el manantial, la fuente profunda, la pila bautismal, la flor como vasija ,rosa y loto; como círculo mágico , mandala, padma, o cornucopia; y en el sentido más estricto la matriz, y toda forma hueca , por ejemplo, la tuerca; los yoni; el horno, la olla; como animal, la vaca, la liebre y todo animal útil en general.

El Arquetipo de la Gran Madre también aparece simbolizado por todo lo que sea profundo: abismos, valles, fuentes, grutas, mares y lagos. En otras ocasiones está representado como la casa o la ciudad que nos contiene. En general, todo aquello que se presente como de grandes dimensiones, espacioso y con la característica de abrazar, contener, ceñir, rodear, envolver, cubrir, preservar o nutrir a algo más pequeño, constituyen símbolos que se refieren a la Gran Madre.

kaliiTodos estos símbolos pueden ser ambivalentes y tener un sentido positivo, favorable o un sentido negativo y nefasto. Un aspecto ambivalente son las diosas del destino, las Parcas, las Moiras, las Nornas.
Un aspecto nefasto es la bruja, el dragón y todo animal que envuelve a sus víctimas en un abrazo, como un gran pez o la serpiente, la tumba, el sarcófago, la profundidad de las aguas, la muerte, el fantasma nocturno y el cuco, Lilith, etc.

Como acontece en todo arquetipo, existe implícita una expresión favorable o nefasta, dándose cabida a su vez a lo ambivalente.

. C. Cooper, en su enciclopedia de símbolos, nos proporciona una definición muy útil de la mujer y, por extensión, de la Gran Madre. Dice que la mujer es:

“La Gran Madre, la Gran Diosa, lo femenino simbolizado por la luna, la tierra y las aguas; los poderes instintivos en oposición al orden masculino racional. Es un simbolismo altamente complejo, puesto que la Gran Madre puede ser benéfica y amparadora o maléfica y destructiva; es tanto la guía espiritual como la sirena y seductora, la Virgen Reina del Cielo y la arpía y ramera, la sabiduría suprema y la locura abismal es la complejidad total de la naturaleza” (Cooper, Encyclopedia, 194)

Casi idéntica a la de la mujer, es la definición que nos da de la Gran Madre:

“La naturaleza, la Madre universal, señora de los elementos, criatura primordial del tiempo, soberana de todas las cosas espirituales, reina de los muertos, reina también de lo inmortal… las sanas brisas del mar, los silencios lamentables del mundo subterráneo. Ella es la feminidad arquetípica, el origen de toda la vida; ella simboliza todas las fases de la vida cósmica, reuniendo todos los elementos, tanto los celestiales como los infernales: Ella nutre; protege, da calor, contiene en sí y, al mismo tiempo, se contiene en las terribles fuerzas de disolución, devoradora y repartidora de la muerte; ella es la creadora y alimentadora de toda vida y es su tumba”. (Cooper, Encyclopedia, 108)

Desde un punto de vista psíquico, algunos investigadores y psicoterapeutas señalan el arquetipo de la Diosa madre es el inspirador de una percepción del universo como un todo orgánico, sagrado y vivo, siendo esta divinidad la integradora de toda forma de vida en la tierra. Así el mito antiguo despierta con un nuevo rostro, el de una visión de la vida como un todo sagrado que tiene su justificación en el terreno de la física subatómica de la mano de los físicos alemanes Werner Heisenberg (1901-1976) y Albert Einstein(1879-1955) que afirmaron que el universo sólo podía entenderse como un todo. Todo ello parece confluir en una nueva sensibilidad y transformación de la conciencia, de integración de los principios femeninos y masculinos de la psique cuya síntesis puede modificar, en opinión de numerosos pensadores, los valores de nuestra civilización.  En palabras de Teresa  Rodríguez

«Puede que resulten extrañamente arcaicas o paganas para nuestra mentalidad las referencias a dioses y Diosas, pero son ideales arquetípicos poderosos. Aunque estas representaciones simbólicas no sean objetos literales, son reales y potentes. Surgen como configuraciones energéticas de niveles muy profundos de nuestro inconsciente y tienen la capacidad de desencadenar reacciones que no son posibles mediante el mero pensamiento abstracto. Actualmente, el Mito de la Diosa se encarna en todas aquellas personas o movimientos que consideran que todos formamos parte de esa gran Red de Vida, que no solamente tienen en cuenta el Dios de los cielos trascendente, sino también al Dios o Diosa inmanente en la naturaleza y en nosotros mismos. Encarnar un Mito implica actuar de acuerdo con sus principios, por lo tanto, todos los movimientos que trabajan en  el cuidado del planeta, la sostenibilidad y la defensa de los animales son devotos de la Diosa Madre aunque no lo sepan. También todos los que bucean en el mundo inconsciente, en el caos y la creatividad etc. El movimiento de la New Age, en ocasiones, se queda en la superficie al no incorporar la muerte y el dolor como parte de la vida. El desafió que tenemos en el presente es el integrar el arquetipo de la Diosa (femenino), sin relegar al Dios (masculino), de lo contrario iríamos de un polo al otro. Habría cambio pero  no evolución.»

gaia5

INVOCACION AL ABRAZO DE LA GRAN MADRE 

Los brazos de la Gran Madre siempre me rodean
Los brazos de la Gran Madre siempre me rodean
Invoco la protección del abrazo de la Divina Madre
Invoco la protección de la Gracia de la Divina Madre


FUENTES:

  • Wikipedia
  • “La conciencia matriarcal y la luna” en “Arquetipos y símbolos colectivos. Erich Neumann y otros. Círculo Eranos I” Ed. Anthropos. Barcelona, 1994
  • El arquetipo de la madre”, C. G. Jung.
  • Maureen Murdock. – “El viaje heroico de la mujer. Etapas y claves del proceso femenino”
  • EL MITO DE LA DIOSA EN LAS ERAS INDOEUROPEA Y CRISTIANA por Marija Gimbutas
  • Marija Gimbutas “Diosas y dioses: de la vieja Europa (7000-3500 a. C.” (Ed. Istmo. Madrid 1991)
  • Manual de Psicología Junguiana”   de Antonio Las Heras de Editorial Trama (Buenos Aires).

Anuncios

Un comentario en “ARQUETIPOS: LA GRAN MADRE, LA MADRE TIERRA

  1. Me gusta mucho este enfoque porque auna mística y concretitud, lo espiritual y lo material. Madre, Mater, Materia, Madera, son palabras del mismo étimo latino, Mater. Si quisiera creer en algo, o enseñar a creer en algo a una nieta que tengo, creo que empezaría por hacerla comprender y ver los dos polos de la naturaleza cuán necesarios como el Yin y el Yang, ninguno sin el otro. Pero, debido al pseudoplatonismo que ha abusado de lo abstracto-ideal, el polo concreto-material natural ahora tira de su lado para bajar a esta tierra, la que tenemos y somos de momento. Amar a la tierra, es amar a Madre Dios.

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s