ARQUETIPOS: LA MADRE PERSONAL

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Todos los seres humanos han tenido madres.  Hemos evolucionados en un ambiente que ha incluido una madre o un sustituto de ella.  Venimos a este mundo listos para desear una madre, la buscamos, la reconocemos y lidiamos con ella. Nunca hubiéramos sobrevivido sin la conexión con una persona cuidadora en nuestros tiempos de infantes indefensos.

El niño considera a su madre “numinosa” (envuelta en una sensación de divinidad). Su acto más nimio alcanza una importancia abrumadora y el bebé no tarda en dividirla en la “buena madre”, la dadora y protectora, y la “mala madre” con la que amenaza y castiga. A medida que el niño crece, paulatinamente la madre se convierte en un todo y por consiguiente en un ser ambivalente e individual que combina cualidades benéficas y perjudiciales. Este proceso infantil se refleja en los relatos míticos de los orígenes del mundo, que suelen representarse como la conciencia que emerge del caos.

… “Cada hija contiene su madre en sí misma y cada hija a su madre, y cada mujer se extiende hacia atrás en su madre y hacia delante en su hija.”   CG Jung

osaLa Madre como arquetipo, funciona como modelo interno de una experiencia arcaica e universal compartida con todos los seres vivos.

Tratándose de un abordaje psicológico, se hace necesario plantear la fuente de la que deriva todo simbolismo: el arquetipo.

En su ensayo fundamental sobre el particular, “El arquetipo de la madre”, C. G. Jung. Los arquetipos y lo inconsciente colectivo (página 79) asentó que este arquetipo tiene las siguientes características:

“La autoridad mágica de lo femenino, la sabiduría y la altura espiritual que está más allá del entendimiento; lo bondadoso, protector, sustentador, dispensador de crecimiento, fertilidad y alimento; los sitios de la transformación mágica, del renacimiento; el impulso o instinto benéficos; lo secreto, lo oculto, lo sombrío, el abismo, el mundo de los muertos, lo que devora, seduce y envenena, lo que así provoca miedo y no permite evasión”.

La portadora del arquetipo es en primer término la madre personal, porque en un comienzo el niño vive en participación exclusiva, en identificación inconsciente con ella. La madre no es sólo precondición física, sino también psíquica del niño. Con el despertar de la consciencia del yo la participación se va disolviendo poco a poco y la consciencia comienza a ponerse en oposición con lo inconsciente, esto es con su propia precondición.

De allí resulta la diferenciación entre el yo y la madre, cuya peculiaridad personal poco a poco se vuelve más clara. De ese modo se desprenden de su imagen todas las características misteriosas y fabulosas y se desplazan hacia la posibilidad más cercana: la abuela. Como madre de la madre, ella es “más grande” que ésta. No es raro que tome los caracteres de la sabiduría al igual que los propios de la brujería. Pues cuanto más se aleja el arquetipo de la consciencia tanto más clara se vuelve ésta y tanto más nítida figura mitológica toma el arquetipo.

El paso de la madre a la abuela representa un ´ascenso de rango´ para el arquetipo.” Y luego agrega que: “Al volverse mayor la distancia entre lo consciente y lo inconsciente, la abuela materna se transforma, por ascenso de rango, en la “Gran Madre”, con lo cual ocurre frecuentemente que las oposiciones interiores de esta imagen se separan de ella. Surge por un lado un hada buena y por el otro una mala, o bien una diosa benévola y luminosa y otra peligrosa y sombría.

En el Occidente antiguo y en especial en las culturas orientales, las oposiciones permanecen a menudo unificadas en una figura, sin que la consciencia experimente esta paradoja como algo perturbador. Así como las leyendas de los dioses muchas veces están llenas de contradicciones, lo mismo ocurre con el carácter moral de sus figuras.” Y de esa manera es que surge esta ambigüedad en las diosas míticas, fieles representantes del Arquetipo de la Gran Madre.

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El arquetipo de la Madre, contiene en sí todas las posibles reacciones frente a ese fenómeno psíquico llamado Madre.

Cada uno de nosotros somos madres sin importar el sexo, somos madres de nuestros logros, y cuando estamos en plena ejecución de ellos, estamos rebosando de esperanza y repartiendo buenas vibraciones. Todos llevamos dentro, gracias a los arquetipos, una madre, un padre, un hijo, un héroe, una heroína, etc., es decir, toda una mitología en nuestra alma.

El Arquetipo de la Gran Madre tiene todos los rasgos duales que usualmente han sido atribuidos a las madres en todos los tiempos. Encontramos, entonces, dos tipos fundamentales: la Madre Luminosa, Virgen y Nutricia y la Madre Oscura, Terrible y Devoradora.

Para quienes conocen, practican o meditan con las láminas de Tarot, el arquetipo de la EMPERATRIZ, simboliza la Madre Luminosa y Nutricia, la tierra, la germinación sea de la creación de la vida, del romance, del arte o de negocios,… la emperatriz es o bien el útero o en la guardería donde crecen nuestro proyecto hasta que llega a un cierto nivel de madurez.

Y la SACERDOTISA, representa lo que esta por debajo de la tierra, ella es la encargada de hacer germinar la semilla después de su putrefacción, en ella esta lo secreto, lo sombrío, lo oculto, el abismo, lo que seduce y envenena, lo que provoca miedo y paraliza. Simboliza a “la Madre Oscura y Terrible”.

Si de nuestra madre terrenal tenemos una imagen positiva, que proporcionó amor, contención, salud, bienestar, entonces las señales arquetípicas de “La Madre” aparecerán favorablemente en nuestra vida, reforzando lo que aprendimos y aprehendimos en nuestra primera infancia: la protección, la donación, la gratuidad para con nuestra persona y entonces, nos sentimos seguros y confiados en nuestro mundo.

Si por otra parte nuestra madre terrenal ha sido indiferente, fría, despótica, controladora, manipuladora, chantajista, castradora, crítica de nuestra persona y/o deseos, escéptica en nuestros esfuerzos, distante en nuestras necesidades afectivas, entonces, aparecerán a nuestro alrededor las señales negativas arquetípicas correspondientes, y nos sentiremos abandonados, vulnerables, a la deriva, defraudados, injustamente tratados por la vida, egoístas, desconfiados, literalmente, con un agujero en el corazón.

De acuerdo con Jung, alguien a quien su madre no ha satisfecho las demandas del arquetipo, se convertiría perfectamente en una persona que la busca a través de la iglesia o identificándose con la “Madre Tierra”, o en la meditación sobre la figura de María o en una vida dedicada a la mar. El arquetipo de la Gran Madre actúa como complejo psíquico. Tanto en el hombre como en la mujer, implica la búsqueda del retorno a la protección materna, a ese paraíso imaginario de plenitud y armonía, y en este sentido está íntimamente ligado a las manifestaciones del Arquetipo del Paraíso Perdido.

Sanar el Arquetipo de la Madre, es una manera esencial de reconciliarnos con nuestra experiencia vital. Con lo que ha sido y con lo que es, con lo que será y con lo que ya no fue.

Al desarrollar una madre interna nutriente, nos permite soltar a nuestra madre biológica de sus limitaciones en su función madre. Nos permite poder verla como persona . Mientras permanecemos fijados en mecanismos proyectivos en nuestra madre a quién le reprochamos sus limitaciones humanas ,y sus carencias en la función materna ,no permitimos el desarrollo adecuado de nuestra madre interior.

Al trabajar nuestra Madre Interior nos permite sanar heridas infantiles en caso que las hubiera y recurrir de manera autónoma a los propios recursos interiores para superar la adversidad. La función de la madre interior en definitiva es ser consciente de lo que se necesita para mantener el equilibrio y la armonía en nuestra vida

Si somos capaces de comprender que para el arquetipo de la madre, la razón de su existencia son sus hijos, vislumbraremos también que para el hombre común la razón de su existencia son sus sueños, ideas, proyectos y metas. Así como la madre en la ausencia de sus hijos cae en un vacio enorme que no puede ser llenado con nada. Así también nos sucede cuando quedamos vacios de ideas, poco a poco nos vamos poniendo sombríos y tristes, se nos apaga la luz, surgen las enfermedades que en muchos casos llevan a la depresión y posteriormente a la muerte física.

La figura de la madre cambia y contiene una extraordinaria importancia al pasar de la psicología de los pueblos a la experiencia individual. El arquetipo de la Madre, contiene en sí todas las posibles reacciones frente a ese fenómeno psíquico llamado Madre. Cada uno de nosotros somos madres sin importar el sexo, somos madres de nuestros logros, y cuando estamos en plena ejecución de ellos, estamos rebosando de esperanza y repartiendo buenas vibraciones.

No existen varios arquetipos femeninos, sino solo uno: la Gran Madre, capaz de diversificarse en infinitas formas, algunas de las cuales parecen contradecir su naturaleza maternal. Cada rasgo de lo femenino, cada figura e imagen de la mujer; no importa si su manifestación contraviene lo que actualmente creemos que es o debe ser una madre, son símbolos diversos de la Gran Madre.

MAS INFORMACIÓN:

El Arquetipo de la Gran Madre


Refranes en español   de la relación Madre-hija que transmiten ideas del arquetipo inconsciente colectivo.

  • Madrastra, madre áspera.
  • Madre acuciosa, hija vagarosa.
  • Madre ardida hace la hija tollida.
  • Madre boba tuviste si al mes no reíste.
  • Variante: Madre boba tuviste si al mes no te reíste.
  • Madre, casadme, aunque sea con un fraile.
  • Madre dispuesta, hija vaga.
  • Madre e hija caben en una camisa; suegra y nuera, ni en una talega.
  • Madre es la que cría, no la que pare.
  • Madre holgazana cría hija cortesana.
  • Madre muerta, casa deshecha.
  • Madre no hay más que una.
  • Madre no viste, padre no tuviste: diablo te hiciste.
  • Madre para parir y no para criar, no es madre de verdad.
  • Madre pía, daña la cría.
  • Madre piadosa cría hija miedosa.
  • Madre que no cría, no es madre, sino tía.
  • Madre quiero ser, e hijos tener.
  • Madre, si usted no me casa, con el culo tiro mi casa.
  • Madre vieja y camisa rota no es deshonra.
  • Madre y teja, no pierde por vieja.

FUENTES:

  • El arquetipo de la madre”, C. G. Jung.
  • Maureen Murdock. – “El viaje heroico de la mujer. Etapas y claves del proceso femenino”
  • “Manual de Psicología Junguiana”  de Antonio Las Heras de Editorial Trama (Buenos Aires).
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Un comentario en “ARQUETIPOS: LA MADRE PERSONAL

  1. Estoy muy conmovida al leer su valioso, sabio y maravilloso artículo por descubrir lo que haré ahora que soy abuela, y antes averiguar qué hice como madre y sanar lo que pueda con mis hijos y posiblemente después con mi esposo 😊. Muchas gracias al universo y a usted por coincidir en este lugar, eternamente agradecida ❤️

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