Lamparillas, la magia transformadora de la luz

14292407_332752240409004_5887531645785145131_nEl cielo es mi lámpara de aceite, y yo la pongo en mi ventana para alumbrar el camino al viajero a través de la oscuridad.

Khalil Gibran

La lamparilla es tu reflejo

La Magia Transformadora de las proyecciones necesita luz

Todos somos conscientes de la importancia práctica de la iluminación, pero ¿te has puesto a pensar en su potencial creativo? Una buena iluminación puede hacer la diferencia entre una habitación aburrida a una que brilla con emoción. La luz adecuada puede tranquilizarnos o relajarnos, crear atmósfera, generar interés, resaltar la decoración… En pocas palabras: ¡la luz tiene el poder de transformar y crear!

Las lámparas de aceite (candiles) fueron utilizados no sólo para la iluminación de las casas y lugares de trabajo, sino también para fines funerarios y votivos en templos e iluminación de los edificios públicos.

Gracias al aceite era posible iluminar la noche. Primero en el Tabernáculo, y luego en el Templo, las lámparas del candelabro debían arder con aceite puro de oliva. (Levítico 24:2).

Según algunos estudios arqueológico, en ocasiones el diseño de las lámparas representa el sistema reproductivo femenino. Así, por ejemplo, algunos candiles indios de bronce representan a los genitales masculinos junto con un útero simbolizando la luz ‘origen de la vida’.

Estas lámparas de aceite se fabricaron en arcilla, oro, bronce, plata, piedra, cobre y hojalata. El tamaño habitual de un candil de terracota es de 7-10 cm de largo y 3 cm de profundidad, con las paredes de un grosor de alrededor de 0,5 cm. Las lámparas con más de una boquilla suelen ser más grandes en tamaño.

El principal combustible empleado en los candiles de las naciones occidentales fue el aceite de oliva, aunque también se han empleado extractos de pescado, aceite de pescado, nueces (frutos secos), así como también plantas y las exudaciones de petróleo crudo. En algunos casos se ha llegado a emplear el aceite de ricinoque se sabe fue utilizado por los antiguos egipcios. En la India se empleaban como combustible el aceite de sésamo, decacahuete (maní) y de mostaza.

También había candiles de carburo de calcio y agua. Se ponía el carburo en un depósito inferior, en el depósito superior se ponía agua. Tenían un regulador para la cantidad de agua que caía sobre el carburo, de forma que controlaba la cantidad de gas y, por lo tanto, la intensidad de la llama.

El término “candileja” proviene de candil y denomina al pequeño recipiente o vaso que hay en el interior de este primitivo tipo de lámpara. Las sombras en movimiento que producen son de un encanto casi místico. Siempre han tenido un halo especial por su simbología y tradición.

En los teatros de la antigüedad, tanto griegos como romanos, ya se utilizaban recursos similares en las representaciones nocturnas, quizá con un doble uso, mágico y alumbrador. Mágico en el sentido de transformación.

Las antorchas se convirtieron en velas, y estas en lámparas de aceite; más tarde llegaron los mecheros de gas y las bombillas eléctricas. La luz de las candilejas se identificó de tal forma con el teatro y la magia, que el término llegó a ser sinónimo de espacio teatral o espacio transformador.

Candilejas (Limelight) es una película de cine de 1952 con guion, producción, dirección y actuación de Charles Chaplin.

La trama se sitúa en Londres durante la Primera Guerra Mundial. Un veterano cómico llamado Calvero (Charles Chaplin), en plena decadencia y alcohólico, acoge en su casa a una joven atormentada a la que salva cuando esta se va a suicidar, intoxicada con gas. Tras el accidente, la muchacha sufre un trastorno psicológico que la hace creer que está paralítica. El cómico intentará que la joven Thereza (Claire Bloom) vuelva a caminar y recupere su afición por la danza.

Cambiar una creencia sobre una materia no es  fácil, pues ha de ser reprogramada en los niveles profundos de la psique, en el inconsciente, y eso no se hace de la noche a la mañana. No se trata tan sólo de cambiar una idea y esperar a que algo ocurra como muchos piensan, sino modificar también las emociones asociadas a esas creencias, las actitudes y acciones resultantes, que son las que harán de esa nueva creación una realidad.

Lo que cada persona materializa en su entorno es una proyección, un reflejo de sus patrones internos y creencias, sean propias o aprendidas por influencia familiar o social. Si aprendemos a interpretar esos mensajes que los acontecimientos de la vida real nos brindan, podemos llegar a diagnosticar la creencia inconsciente que la crea desde nuestro interior y trabajarla hasta modificarla.

Sabemos que todo el mundo puede hacer magia transformadora y renovadora: es el arte de cambiar la conciencia a voluntad.


Una lamparilla es transformadora en muchos sentidos.

El poder mental, la fuerza de la intención, el intercambio de energias mentales con la misteriosa energia sagrada del fuego.

La lámpara de aceite ha acompañado a nuestra cultura mediterránea desde sus mismos orígenes. Las lámparas de aceite son ideales para crear ambientes mágicos, atmósferas amorosas y de relajación por su luz suave y cálida. Tambien esta indicada para la realización de rituales de purificación y buenos deseos. La estabilidad de su llama las hace ideales para meditaciones de contemplación de llama. Inicia una infinita y sorprendente vivencia interior en busca de tu iluminación, resurgiendo así tu propio ser o genio poderoso.

Las lamparillas sido utilizadas desde tiempos inmemoriales por la magia. Siendo herramientas invaluables para el hechicero espiritual, quien primero se transforma, y después con su ejemplo inspira a los demás.

Las lamparillas pueden usarse en rituales con propósitos específicos o quemarlas como ofrenda o agradecimiento. Pueden encenderse el tiempo necesario  para un ritual o dejarlas velando un deseo o un proyecto en curso. Su lugar mas apropiado es el altar o santuario exterior cerca de una entrada a la vivienda.

Cuando es una ofrenda a la divinidad o a los ancestros, para dar más belleza a tu lámpara de aceite, decora con ingredientes naturales que tengan buen aspecto y aroma. Algunos ejemplos son una rama de canela, unas estrellas de anís, una piña (de pino) seca y pequeña, algunas hojas o ramas de hierbas, también flores pequeñas, granos de café, bayas, frutas cítricas (pequeñas y cortadas en rebanadas), especias y hasta aceites esenciales que ayuden a aromatizar.

Una lamparilla es increiblemente eficiente, en cuanto al aceite consumido, ya que nos puede proveer de luz e incluso una sorprendente cantidad de calor si estamos en espacios pequeños. Definir eficiente quiere decir que con un litro de aceite podemos mantenerla encendida 150 horas. Esto es, mantenerla encendida las 24 horas, los siete días de una semana ininterrumpidamente, te puede costar menos de un euro (no te hablo de aceite de oliva virgen extra), mucho más barato que usar velas, y te puede costar nada si le pones aceite usado de la cocina, o si, como sería lo ideal, te elaboras tus propios aceites aromáticos y lo único que pones es tu trabajo, porque es una forma  de reciclar aceite usado. Recuerda, uno de nuestros lemas es: “todo lo que te puedas hacer tú, no lo tienes que pagar”.

“No nos aclaramos imaginándonos que somos seres de luz, sino haciéndonos conscientes de nuestra propia oscuridad” Carl Jung.

Bendiciones

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Las mariposas son la mecha de las lamparillas. Podéis comprarlas o hacerlas con arandelas de corcho, papel de aluminio y hilo de algodón, del que se usa en la cocina.
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