15 de Agosto, Festividad de la Divina Virgen

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Agosto estaba dedicado a festejar a la virgen Artemisa, igual que a la Tierra virgen y salvaje, representada por la  Diosa Blanca en el paganismo. Actualmente la fecha coincide con la Festividad de la Asunción de María y de la Virgen del Alba. La fiesta de la Virgen Blanca y Nuestra Señora de las Nieves fue el pasado día 5 de este mes. Todas estas celebraciones están relacionadas.

Hoy, la Iglesia católica celebra el 15 de agosto, la Festividad de la Asunción de María, la creencia de la tradición católica de que el cuerpo y el alma de la Virgen María ascendieron al cielo tras su muerte. Es tradicionalmente fiesta de ámbito nacional en toda Hispanoamérica y España. El origen de esta festividad es pagano, como casi todas las fechas memorables del calendario católico.

Esta fecha no es casual, sino que es un día mágico en casi todas las latitudes por la coincidencia de factores astronómicos, naturales e históricos.

La Estrella Espica. Agricultores  primitivos observaron que la Estrella Spica,  la principal de la constelación de Virgo desaparecía en el horizonte el 15 de agosto, fecha que coincidía con la recogida de la cosecha de trigo seco y maduro, Spica volvía aparecer el 8 de septiembre coincidiendo con el momento de la siembra, así es como se asocio el ciclo agrícola a la  Estrella Spica.

En la Europa Romana, era el día que terminaba simbólicamente los esfuerzos de la cosecha. Era el día que el que los labriegos se preparaban para un nuevo año de siembra, fértil y propicio, disfrutando de unas merecidas vacaciones, era el Ferragosto romano (vacaciones de Augusto) . Se suspendían todas las actividades y era costumbre el ambiente festivo, la alegría, y el intercambio de regalos. Por todas partes se celebraban rituales de fertilidad, muerte y regeneración. En estos festejos, en todo el imperio se organizaban carreras de caballos, asnos y mulas, que se decoraban con flores para la ocasión. Hoy en dia, aún se celebra de forma laica

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El “Ferragosto Romano” en la actualidad.

La Iglesia Romana quiso eliminar estas fiestas paganas, pero como estaban tan arraigada en el pueblo, las adaptó para la cristiandad. Con el paso del tiempo  los cristianos adoptan las fechas de los cultos paganos pero a través de su simbolismo, así  la festividad de la Asunción de la Virgen se celebra el 15 de agosto y su nacimiento  el 8 de septiembre. El día 8 de septiembre se celebra la fiesta de las Vírgenes halladas.

Esta es la razón de que en torno a este día haya fiestas en honor a la Virgen María a lo largo de toda nuestra península. Así es la fiesta de la Virgen del Sagrario en Toledo, de la Virgen de la Paloma en Madrid, de la Virgen de los Reyes en Sevilla, de la Virgen del Prado en Ciudad Real, de la Virgen de Begoña en Bilbao, el célebre Misteri de Elche, de la Virgen de la Candelaria en Tenerife  y celebremos también el santo de Palomas, Marías, Asunciones….


El color Albar o Blanco de la Virgen

El color Albar o Blanco de la Virgen es la fusión pura de todos los arquetipos de la Gran Madre, identificada con la luz blanca,  aunque teológicamente, el blanco indica la pureza de la Virgen, que puede asociarse al concepto de virginidad.

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El 13 de agosto, la “Nit de l’Albà” da inicio a la “Festa de Elche”, denominación con la que se conoce a estas celebraciones por la Asunción de la Virgen.

El 15 de agosto es también la festividad de la Virgen del Alba. El significado de alba es “La mujer del amanecer” o ” La mujer vestida de blanco”, significado que deriva de la palabra en latín “Albus” que se entiende como “Blanco o amanecer”.

Hoy, también es la festividad de Nuestra Señora de la Paloma. Uno de los sobrenombres de la Virgen es la Blanca Paloma que  era atributo de la diosa fenicia Astarté y también  era el símbolo de  Afrodita,  la diosa del amor. Afrodita tiene numerosas equivalentes: Inanna en la mitología sumeria, Astarté en la fenicia, Turan en la etrusca y Venus en la romana. Tiene paralelismos con diosas indoeuropeas relacionadas con el crepúsculo del alba tales como Ushás o Aurora.


La Diosa Blanca

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La diosa Mari Amalur, Madre Tierra  de los Pirineos , blanca de luz por supuesto. Su actual avatar,  la Virgen de Begoña.

El arquetipo de la virgen blanca se remonta a la diosa sumeria Mari, el mismo nombre de la  ancestral diosa madre de los Pirineos: Mari Amalur  que fue sincretizada con la Virgen de Begoña,  cuya festividad también se celebra el 15 de Agosto.

La diosa Blanca, o la Diosa de las tres caras, la imagen de la Madre primordial era un culto muy difundido en la antigüedad, e inclusive anterior a las religiones patriarcales. Muy asociada al régimen lunar, acuático y de la tierra fértil, se revestía de las características de estos reinos: generatriz, renovadora, misteriosa. Una de las imágenes de este arquetipo es el de Cibeles, la diosa Frigia, Madre de todos los dioses. Su poder se extendía a toda la naturaleza y se la considera la encarnación de Rea, la madre del dios Zeus.

Muchos héroes, dioses, semidioses y profetas han sido engendrados sin que interviniera el varón: la virgen Maia engendró a Buda, y, además, Hermes, Baco-Dionisos, Adonis, Agni, Mitra, Krishna y el mismo Jesús, fueron dados a luz por madres vírgenes. Los germanos veneraban a la virgen Hertha con un niño en los brazos. Los escandinavos la llaman Disa y también la presentaban con el niño en brazos. Los etruscos la llamaban Nutria; en India, la Indrani, que también era representada con un niño en los brazos, y también, entre los druidas, adoraban a la Virgo Paritura como a la Madre de Dios.

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Isis lactans (amamantando a Harpócrates). Museos Vaticanos. Museo Pío-Clementino.

Entre todas estas vírgenes blancas destaca Isis, la madre de Horus. El culto a Isis empezó en el bajo Egipto cerca de Nubia, y por tanto, cerca ya de la África negra, por lo que en ese contexto su piel oscura  en sus representaciones era normal, pero sus vestidos eran generalmente de blanco, algo que se repite también con la diosa Artemisa

El culto a Isis fuera de Egipto en la época a la que nos referimos ya no estaba ligado a la figura de Osiris, se le adoraba como diosa madre y reina del cielo. Además, se recurría a la deidad por su capacidad para obrar milagros, curar enfermos y devolver la vista a los ciegos. En el 471 María es nombrada Madre de Dios y el culto a Isis prohibido. Tras el Concilio de Éfeso, el culto a Isis permaneció en la clandestinidad hasta el año 650 d.C.  Paulatinamente se habia ido sustituyendo el culto a Isis por el culto a María, ambas “Madre de Dios” y “Reina de los Cielos”.

Existen semejanzas tan grandes que no hay lugar a dudas. Según se describe a Isis parece que estamos hablando de María:

“Una cabellera ondulante flotaba sobre su divino cuello…un globo que lanzaba una luz parecida a la de la luna. Una túnica de fino lino, con rayas de color amarillo azafrán y escarlata, cubre su divinidad; y encima un manto negro bordado con flores y lazos y salpicado de estrellas, desciende plisado hasta sus pies. Una luna radiante adorna su seno” (Apuleyo).

Como Roma había sido por mucho tiempo el centro del culto a la diosa del paganismo, no debemos extrañarnos de que éste fuera uno de los primeros sitios donde el culto a María se estableció dentro de la Iglesia. El sábado 5 de agosto Roma celebra la dedicación de la Basílica de Santa María la Mayor, como primera Iglesia de Occidente ofrecida a la Virgen María.. En esta Basílica  también conocida como “Nuestra Señora de las Nieves”, los católicos locales este día lanzan pétalos de rosa blanca desde la bóveda durante la misa festiva; una tradición de la antigua diosa blanca que aún hoy se mantiene viva. Cabe mencionar el hecho de que Isis era adorada en un templo “que estaba situado en las colinas vaticanas, donde hoy está localizada la Basílica de san Pedro, el centro de la Iglesia

Blanca es  la media luna que apoya sus pies la Virgen María en la mayoría de imágenes marianas. Esa media luna es un atributo de la Diosa Madre, esa antiquísima divinidad que da vida a través de su fecundación.  La “Gran Madre”, en tanto manifestación arquetípica, lo femenino aparece como principio creador independiente del hombre personificado y por esa razón es que se la considera “virgen” y su poder y riqueza va más allá del “principio masculino”. Esta figura arquetípica la vemos representada en los mitos y leyendas de todas las civilizaciones de todos los tiempos. Así, tenemos el ejemplo de la Virgen María, de las Grandes Madres egipcias y mediterráneas, todas ellas “madres vírgenes” portadoras de un gran poder de creación y fecundidad y a quienes, por sobre todo, se las venera, aún hoy en día, con el objeto de que haya prosperidad, alimento, buenos cultivos, salud, etc.

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Astarté de La Galera.

Como en cualquier parte del mundo, en la Península Ibérica se vivieron cambios políticos que impusieron a su vez cambios religiosos forzados. Eso explica que la población asociase en muchos casos la representación impuesta de María con las diosas anteriores a las que sí profesaban devoción sincera. El paso del tiempo hace que ambas entidades espirituales se unan sin ser ya fácil diferenciar a una de otra.

El nombre María encuentra su origen en el hebreo Miriam, cuyo significado es aguas amargas, precursor del latino Stella Maris. Stella Maris (Estrella del Mar) es un antiguo título de María (madre de Jesús).,  como Astarté, Esther, Istar, Itziar, Stela, son todos nombres asociados al mismo significado en castellano: Estrella.

Así, Astarté, diosa fundadora del barrio de Triana, tiene hoy su representación mariana en la Virgen de la Estrella, Virgen de la Esperanza cuya basílica se encuentra en el corazón de este barrio, y que para el tiempo estival se la viste de Blanco. Y en este contexto, es interesante notar que actualmente las mujeres de Pafos (Chipre), hacen ofrendas a la virgen María, como reina del cielo, en las ruinas del antiguo templo de Astarté y  lugar de culto a la diosa Afrodita/Venus, que emergió de las aguas vestida de blanca espuma, justo en este lugar, la Stella Maris original

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Tal vez la imagen más conocida de este nacimiento de la diosa sea el cuadro de Botticelli: El nacimiento de Venus ya que con ese nombre se la conoce en la mitología romana.

Bajo el título de Stella Maris, la Virgen María se considera que intercede como guía y protectora de los que viajan o buscar su sustento en la mar. Un mensaje similar se refleja en otro título de María, que aparece en la lista oficial de Letanías de Nuestra Señora: Estrella de la Mañana, la estrella del Alba relacionada también con la diosa Venus,  y su planeta regente. Ambos títulos estelares se refieren a María como un símbolo de esperanza .

En el siglo XII, San Bernardo de Claraval escribió:

Si surgen los vientos de la tentación, si te arrojan contra las rocas de la tribulación, mira a la estrella, llama a María; si te golpean las olas del orgullo, de la ambición, de la envidia, de la rivalidad, mira a la estrella, llama a María. En caso de que la ira, o la avaricia, o el deseo carnal asalten con violencia la frágil embarcación de tu alma, mira la estrella, llama a María.

A semejanza de las divinidades femeninas  que la precedieron María asumirá el rol de diosa venerada, de diosa vestida de blanco,  la Madre Virgen que da a luz un hijo divino y representa así lo sagrado femenino, esa energía de amor compasivo venerada por los pueblos precristianos y que se encuentra en las vírgenes negras, siempre con un niño en brazos. La adopción  católica de un culto antiquísimo vinculado con la tierra como dadora de vida y la posesión forzosa de los antiguos santuarios de la Gran Madre , como presencia de la Iglesia, contribuyeron a la evangelización.

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¡Grande es Diana de los efesios!” Hechos 19:34. Recreación del templo de la diosa Artemisa/Diana en Efeso, Turquía, actualmente está en ruinas.

El ejemplo mas notable fue la conjunción de la diosa Artemisa de los Efesios con Maria.

El Concilio de Éfeso y sus antecedentes

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Artemise Éfesina. Museo Arquológico Nacional de Nápoles

Como virgen, la diosa Artemisa /Diana personificaba la luna creciente que renacía . Como virgen del Alba , la “Portadora de la Luz” en la mitología griega, fue una de las más antiguas deidades ampliamente venerada en el Mediterraneo , incluida las costas de Ibéria.  Diosa de la caza, la castidad y de la luna. Se la conoce también como Diana. Se decía que ella representaba los poderes generadores de la naturaleza, por lo cual se la representaba con muchos senos. Su figura y culto debieron ser muy importantes en la Península Ibérica , tanto que era la primera divinidad femenina del Panteón Hispano- romano.

La tradición narra que habiendo engendrado Leto dos gemelos, Artemisa/Diana nació primero y después ayudó a su madre a dar a luz a Apolo. Testigo de los dolores maternales, concibió tal aversión al matrimonio, que obtuvo de Júpiter la gracia de guardar una virginidad eterna, como su hermana Minerva. Por esta razón, el oráculo de Apolo dio a estas dos hermanas el nombre de “ Vírgenes Blancas”.

La adoración a Artemisa /Diana se menciona en la Biblia . En los Hechos de los Apóstoles , los hombres de Éfeso que se sentían amenazados por la predicación de San Pablo del cristianismo, se amotinaron en su defensa, gritando “¡Grande es Diana de los efesios!” (Hechos 19:28, Nueva Biblia Inglés ). Después de que el secretario de la ciudad calmó a la multitud, dijo: “Los hombres de Éfeso, ¿qué persona es aquel que no sepa que la ciudad de los efesios es la guardiana (tutora) del templo de la gran Diana y de su imagen que cayó del cielo?” (Hechos 19:36).

Curiosamente en Éfeso, el gran centro religioso de Artemisa /Diana, (el templo dedicado a ella en esa ciudad era una de las Siete Maravillas del Viejo Mundo), fue donde la Iglesia Católica oficializó el culto a María en el año 431 en el Concilio de Efeso. El culto a María coincide cronológicamente con la implantación del Cristianismo en el año 312, el cual intenta erradicar de una vez por todas los ritos paganos. Y también coincide plenamente con la época en la que se destruyó el Serapeo de Alejandría , tras el decreto de Teodosio, que marcó el declive final del paganismo en todo el Imperio.

La importancia que María tiene en los primeros Evangelios es más bien escasa. Se destaca su virginidad pero poco más se vuelve a hablar de ella.  A Maria se le comenzó a llamar virgen porque así se le llamaba a Artemisa/Diana de los Efesios. Con la fusión entre cristianismo y paganismo, en tiempos de Teodocio, emperador romano, que obligó a todo el Imperio a ser cristiano, los devotos de la diosa se hicieron cristianos por temor ante la amenaza de ser asesinados; aunque continuaron venerando a la virgen dentro del cristianismo. Teófilo de Alejandría, quien acabó violentamente destruyendo el Serapeo de Alejandría y la biblioteca donde estaba incluido, fue famoso por su lucha contra los ritos paganos y la cristianización de  templos.

El culto popular de la virgen fue uno de los factores clave de la suave transición del paganismo al cristianismo. La renuncia al cuerpo como el martirio (la carne enemiga del alma) y a las riquezas , que da oportunidad al arrepentimiento y la redención (y confía su gestión a la Madre Iglesia) solía ser el aspecto más destacable . Pero había algo no negociable para los paganos , incluso para los gnósticos, cristianos primitivos que bebían de todas las fuentes del conocimiento.

Las celebraciones religiosas más importantes que se desarrollaban en  este mes en el Imperio Romano Pagano  eran dedicadas a la diosa Artemisa/ Diana, ligada a la vida en los bosques, a las fases lunares y a la maternidad, fiestas donde podía participar todo el mundo, amos y sirvientes, sin distinción de clase social. En tal ocasión, los trabajadores saludaban a sus jefes, recibiendo a cambio propinas. La costumbre se mantuvo durante el paso de los años y en el Renacimiento, era obligatorio según el decreto papal, y tuvo su porque.

Cuando se tienen creencias durante siglos, por lo general no es fácil abandonarlas y mas si se trata de fiestas y vacaciones  para visitar a la madre. Habían muchos paganos que se sentían atraídos al cristianismo, pero era tan fuerte en sus mentes la adoración a la diosa madre, que no la querían abandonar .

Y  la Iglesia lo permitió, solamente con un poco diferencia y con otro nombre: María. Los líderes de la Iglesia Patriarcal buscaron una similitud en la cristiandad con el culto de los paganos para poder atraerlos en gran número y así añadirlos a ella.  Los imponentes santuarios de la diosa blanca cambiaron de manos femeninas a manos masculinas.

El catolicismo incorporó las festividades paganas como celebraciones cristianas: en el año 431 Cirilo, arzobispo de Alejandría, pronunció en Éfeso un sermón en el que adjudicó a María las cualidades que los paganos del lugar atribuían a Artemisa; si bien en los orígenes a Maria le fue negada su condición de madre de Dios, el Tercer Concilio de Calcedonia la reconoció en tal carácter en 451.
En ese Concilio se oficializa a Maria con el título que se le daba a la Diosa Isis: la Madre de Dios. De hecho, muchos de los títulos, que se le aplican a María en las letanías eran nombres dedicados a diosas paganas. Los adoradores sémitas de la diosa  Ishtar / Astarte la llamaban “Virgen Sagrada”, “Virgen Madre” y “Reina de los Cielos”.

Evidencias históricas prueban que a la diosa Artemisa /Diana se le adoraba a través de rosarios, esto por las canicas que aparecen en su imagen. Con el cristianismo de obligado culto, en lugar de rezarle a la virgen Diana de los Efesios se le reza a la virgen María; en lugar de repetir todos los títulos de la diosa, los devotos repiten muchos de esos títulos refiriéndose a María (letanías).

La Iglesia Católica heredó de la virgen Artemisa /Diana, el gran día de su fiesta (15 de agosto) por ello ese día la Iglesia Católica celebra la Asunción de María y la adoración que por la diosa había. Maria absorbe el resultado de una serie de cultos matriarcales que, también históricamente hablando, se pierden en el tiempo.  El protagonismo de la Virgen quedaba ampliamente compensado con la misoginia del tratamiento de otras figuras femeninas, destacadamente Eva, la Magdalena y Santa María Egipcíaca.

El pueblo necesita expresar sus emociones, necesita suplicar a su ídolo que le cure de aquella enfermedad de difícil solución, que le provea de fertilidad, en definitiva, que le saque de su penosa situación. Los rituales paganos les vinieron muy bien a aquellos que dirigían la nueva religión emergente que era el Cristianismo. ¿Afecta esto a los dogmas cristianos o a su profunda Teología? En mi opinión no. El Cristianismo tiene dogmas que le hacen único y que se puede o no creer en ellos. El hecho de que se suplanten cultos e imágenes sólo afecta a la forma, no al fondo.

Pese a la composición masculina de la trinidad o quizás por esta razón, María, madre compasiva y nutricia fue la depositaria de los ruegos y plegarias del pueblo llano, de los poetas y de los caballeros que juraban defender causas nobles en su nombre. La devoción creciente determinó que las fechas ligadas a las antiguas diosas se consagraran a María, quien reemplazó a la diosa en su aspecto de Doncella (Artemisa);  también reemplazó a Cibeles como la Rosa Mística, tal como concebían los romanos a la madre de los dioses arrojando estas flores a su paso.  La Rosa Mística de Cibeles, la Rosa Mistica de la Virgen, emparentada naturalmente con el loto del corazón hindú, de donde renace el Brahmâ en el alba de cada Kalpa y que constituye el centro de Vishnu.

“En ti misericordia, en ti piedad/ en ti magnificencia, en ti se unen/ cuanto en la criatura hay de bondad”; como tantos otros, Dante exaltará a la Virgen María como arquetipo de pureza y de gracia. Su vigencia no puede resultar extraña por cuanto la devoción que ha inspirado logró el milagro de insertar de alguna manera el principio femenino en la rígida estructura monoteísta y significó un atisbo de esperanza, un anclaje de espiritualidad amorosa cuando todo consuelo estaba negado.

Creo que se pueda tranquilamente decir que, empezando a comprender la figura de la diosa en el mito, en la poesía y en la religión, hemos dado un paso importante hacia la comprensión de la situación de las mujeres en la sociedad patriarcal y de las extrañas adaptaciones psicológicas que han sido obligadas a hacer… en la vida, en la religión y en el arte.


NOTA: La lectura de La Diosa Blanca (The White Godess) es un tratado poético-mitológico del escritor inglés Robert Graves, publicado en 1948 que nos abre el conocimiento a un pasado distinto del que nos han contado sobre la divina virgen de los muchos nombres.


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