LA TRAMPA DEL ARQUETIPO DE LA SANADORA

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Un arquetipo es una enorme fuerza misteriosa e instructiva a la vez. Hacemos acopio de provisiones cuando estamos cerca de él, tratamos de emularlo en cierto modo y mantenemos una relación equilibrada con él. Cada arquetipo tiene unas características determinadas que concuerdan con el nombre que asignamos a cada uno de ellos: la gran madre, el niño divino, el héroe solar, etc.

El arquetipo de la gran sanadora sugiere sabiduría, bondad, conocimiento, solicitud y todas las demás cualidades que se asocian con una sanadora. Por consiguiente, es bueno ser generosa, amable y servicial como el arquetipo de la gran sanadora. Pero sólo hasta cierto punto. Más allá de él ejerce una influencia entorpecedora en nuestras vidas.

El impulso que experimentan las mujeres de “curarlo todo y arreglarlo todo” es una peligrosa trampa creada por las exigencias que nos impone nuestra cultura y que consisten, sobre todo en las presiones que nos obligan a demostrar que no estamos ahí sin hacer nada como unos pasmarotes sino que poseemos un valor amortizable; podríamos decir incluso que en algunas partes se nos obliga a demostrar que valemos para algo y que, por consiguiente, tenemos derecho a vivir. Estas presiones se introducen en nuestra psique cuando somos muy jóvenes e incapaces de juzgar y oponer resistencia. Más tarde las presiones se convierten en ley, a no ser que las desafiemos o hasta que nos decidamos a hacerlo.

Pero los gritos del mundo que sufre no pueden ser atendidos constantemente por una sola persona. Sólo podemos responder a los que nos permiten regresar a casa con regularidad, de lo contrario, las luces de nuestro corazón se van apagando hasta quedar reducidas prácticamente a nada. A veces lo que el corazón desea socorrer no coincide con los recursos de que dispone el alma.

Aunque los arquetipos emanen de nosotras durante unos breves períodos de tiempo que se podrían calificar de experiencia numinosa, ninguna mujer puede irradiar constantemente un arquetipo. Sólo el arquetipo propiamente dicho puede servir en todo momento, entregarse por entero y mostrar una energía inagotable. Podemos intentar emular a los arquetipos, pero éstos son unos ideales inalcanzables para los seres humanos y no están destinados a hacerse realidad. Y sin embargo, la trampa exige que las mujeres se agoten en un vano intento de alcanzar estos niveles irreales. Para evitar la trampa hay que aprender a decir: –  Basta y que pare la música!!! – pero decirlo en serio.

Para empezar, una mujer tiene que alejarse, estar consigo misma y examinar de qué manera se quedó atrapada en un arquetipo. Tiene que recuperar y desarrollar el instinto de conservación salvaje que establece “sólo hasta aquí y no más, sólo esto y nada más”. Así es como la mujer conserva la orientación. Es preferible irse a casa durante algún tiempo aunque ello provoque el enfado de los demás, antes que quedarse y deteriorarse y tener que alejarse finalmente a rastras, cubierta de andrajos.


FUENTE:

  • Clarissa Pinkola Estés (27 de enero de 1945) es una doctora analista junguiana y post- trauma . Es más conocida como escritora por sus obras Mujeres que corren con los lobos (1993) y El jardinero fiel (2003).
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