ARQUETIPOS: Pan y las ninfas, atracción y repulsión de los opuestos.

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Pan fue un semidiós, travieso, lascivo y a pesar de su fealdad, sensual.

Pan sigue vivo en forma de una fuerza poderosa presente en la Madre Naturaleza y en el subconsciente humano. Sigue vivo todavía en nuestra psique como arquetipo. Por ello , intentare explorar su significado como fuerza descontrolada de la naturaleza interior en este tercer articulo dedicado a este divino cabrón. La ayuda proviene de los textos de  James Hillman (psicólogo y analista junguiano estadounidense), autor del ensayo Estudios sobre el dios Pan, que junto a Efialtes, de Wilhelm Roscher, texto sobre las pesadillas escrito a fines del siglo XIX y de referencia para el estudio de Hillman, conforman el volumen Pan y la pesadilla, editado por Atalanta.

Pan, el niño abandonado, envuelto en una piel de animal y agradable a los dioses se manifiesta sobre todo en las alteraciones psicopatológicas, ya que sus otras expresiones se han perdido en nuestra cultura.  La figura mitológica del dios-cabra es el único dios que ha muerto, es decir, el que tiene perdido en mayor grado la posibilidad de expresión en la cultura,  dada la represión y eliminación por el cristianismo de las cualidades más sobresalientes de Pan, las que plantean un estado continuo entre los dos polos: pánico y deseo

Hillman asegura que

El poder del mito, su realidad, reside precisamente en su poder para apoderarse de la vida psíquica e influir en ella. Los griegos sabían muy bien esto, y por tanto no tenían psicología profunda y psicopatología como hoy las tenemos. Tenían mitos. Y nosotros no tenemos mitos como tales; sino psicología profunda y psicopatología. Por tanto… la psicología muestra los mitos con vestiduras modernas y los mitos nos muestran nuestra psicología profunda con ropajes antiguos.

Hillman ve el alma en acción en la imaginación, la fantasía, el mito y la metáfora. También ve el alma manifestándose en la psicopatología, en los síntomas de los desórdenes psicológicos. Psique-pathos-logos es el “discurso del alma que sufre” o el sufrimiento de significado del alma. Una gran parte del pensamiento de Hillman intenta atender el discurso del alma tal y como se revela a través de imágenes y fantasías y el dios Pan posiblemente sea el de mayor envergadura, pues es la representación de todo.

La asociación de Pan al mundo natural (físico y psíquico) lo convierte en un espacio completamente impersonal, que es todo y nada al mismo tiempo. Una de las principales líneas de pensamiento sostiene que el comportamiento instintivo se caracteriza principalmente por la compulsión, con frecuencia denominada reacción de todo o nada. La figura de Pan representa a la vez la compulsión instintiva y el medio por el cual dicha compulsión puede ser modificada.

Desde que Pan ha muerto la naturaleza ya no nos habla, como ya anunció Plutarco hace siglos, coincidiendo con el ascenso del cristianismo, tan contrario a las fantasías. O no podemos escucharla. Pero el dios Pan no ha muerto del todo y se materializa en los impulsos libidinosos o en el deseo sexual más extremo, y también en las pesadillas: donde cunde el pánico allí se agazapa el dios Pan, ese dios cabra peludo y fálico, que cuando el alma se halla presa del pánico se aparece en forma de instinto que finalmente la volverá a conectar con la naturaleza, ya que Pan se revela a sí mismo como sabiduría de la naturaleza.

Pan es el dios de la naturaleza “interior”, se trata entonces de nuestro instinto. Lo instintivo necesita de la fantasía arquetipal, de sus imágenes primordiales y lo arquetipal se une a la naturaleza. Jung describió los arquetipos como imágenes instintivas, las formas que adoptan los instintos. El instinto y el arquetipo constituyen un par de opuestos unidos inextricablemente por lo cual son difíciles de distinguir. Las fronteras entre biología y psicología son casi imperceptibles ya que la coniunctio trae otras imágenes que demuestra que la psique existe en una unión indisoluble con el cuerpo.

Pan se halla presente tanto en el deseo libidinoso o el desenfreno sexual más extremo, como en la otra cara del instinto: el pánico. Cuando el alma se encuentra poseída por el pánico, Pan se revela a sí mismo a través de la sabiduría de la naturaleza, ya que el instinto nos devuelve al instinto; y así, la pesadilla nos ofrece la llave para una nueva aproximación a la naturaleza perdida, pues en la pesadilla regresa la naturaleza reprimida. Para Hillman, Pan sigue viviendo en todo lo reprimido que retorna a nosotros en cada psicopatología del instinto.

El alegre y desenvuelto dios menor de naturaleza salvaje , representante de lo instintivo conecta la naturaleza interior con la exterior a través de la fantasía o la locura. Una fina hebra separa la fantasia de la locura, el entrelazamiento, la verdadera unidad de lo mitológico y lo patológico. La “unión de dios y la cabra” – la expresión procede de El nacimiento de la tragedia, de Nietzsche – significó  para el mundo posnietzscheano el modo dionisíaco de consciencia y la locura enfermiza final de su mismo promulgador.

En Grecia aparece la tragedia como la primera de las formas teatrales dramáticas, tragoidia, tragedia, significa canción de la cabra.  La epifanía del dios cabra, se ilustra en los humanos en la masturbación, pánico, rapto, pesadillas y sueños; sexo, llanto, risa, aplausos y locura. Lo que aguarda a la humanidad fuera del tiempo histórico es el encuentro con Pan, la experiencia desnuda y primigenia de la naturaleza.

Un misterio fascinante produce esta figura que habita las cuevas y es en ellas donde reside el impulso, el hueco oscuro de la psique, de donde surgen el deseo y el pánico.

A Pan se le atribuía la generación del miedo enloquecedor. Pan está dotado de prodigiosa agilidad, es rápido en las carreras y trepa fácilmente las rocas, adquiriendo posiciones un tanto caprichosas, palabra cuyo origen es cabra. Es un dios menor lascivo, lujurioso, vigoroso, se presenta con su pene erecto, activo, turgente, urgente y cuando lo hace frente a las ninfas, ellas salen corriendo despavoridas, en pánico. Conocemos como ‘pánico’ al estado de miedo intenso y el cual, en ocasiones, se convierte en colectivo o contagioso.

El pánico, una enfermedad muy actual,  que surge de la naturaleza interior en lugares y momentos desconocidos en la consciencia de manera abrupta produciendo adrenalina y angustia en el cuerpo. Un misterio fascinante produce esta figura que habita las cuevas y es en ellas donde reside el impulso, el hueco oscuro de la psique, de donde surgen el deseo y el pánico. Nos lo demuestra el hábitat mítico del dios Pan en las grutas, bosques y lugares salvajes, lejos de lo civilizado, tanto que en lo más cercano de las fronteras de la civilización los rebaños de cabras tienen que estar cercados, delimitados, contenidos e impidiéndoles que se salgan de su lugar, si ocurriese lo contrario, las cabras, los instintos, se llevan por delante todo lo que encuentran, provocando destrozos terribles al orden instaurado.

Pan habita pues el mundo de la pesadilla, es en ella donde se manifiesta y despliega su poder onírico; es en el sueño cuando se inhiben todos los controles éticos y realisticos de la vigilia y el individuo alcanza la máxima profundidad de comprensión instintiva. Eso parece querernos decir Pan -en su aspecto benefactor- junto con la cuestión que sigue: sus relaciones con el pánico y la angustia.

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La naturaleza no tiene ni padres, ni leyes. Todo en ella es de aparecer espontáneo.

Los arquetipos no se difunden por tradición, lenguaje o migración, sino que pueden volver espontáneamente en toda época y lugar sin ser influídos por ninguna transmisión exterior.

Como la genealogía de Pan es oscura, oscuro es el origen del instinto . Pan era un dios de pastores, un dios de pescadores y cazadores, un vagabundo carente incluso de la estabilidad que proporciona la genealogía . Pan es un monstruo. Pan es incontrolable, imprevisible, espontáneo, urgente e inmediato, vagabundo y lascivo.  Es una criatura que no existe en el mundo natural. Su naturaleza es imaginal como su fuerza instintiva. Está fuera del control y de la voluntad. Definir el instinto como un mecanismo interno de liberación o hablar de ello como un espíritu ctónico, una urgencia de la naturaleza, coloca en los conceptos psicológicos oscuras experiencias atribuibles a Pan (J. Hillman).

Los lexicógrafos del mito ofrecen al menos veinte filiaciones de Pan. Su padre es unas veces Zeus, otras Urano, Crono, Apolo, Odiseo, Hermes o incluso la corte de pretendientes de Penélope. Por tanto, su espíritu, fruto de muchos movimientos arquetípicos o bien de generación espontánea, puede surgir prácticamente de cualquier parte.

Su línea materna también es oscura.  El relato nos presenta a Pan abandonado nada más nacer por su madre, que es una ninfa de los bosques  y nos sitúa a Pan en una configuración específica. En primer lugar, el hecho de ser envuelto en la piel de una liebre, animal, especialmente consagrado a Afrodita, Eros, el mundo báquico y la luna, le inviste con estas asociaciones. Su primera indumentaria da a entender su iniciación en ese universo ha sido adoptado por esas estructuras de consciencia.

Pero vayamos al tema de las ninfas…

No se puede decir que Pan tuviera mucho éxito con las mujeres. Habitualmente éstas le despreciaban o salían huyendo directamente. Esto enfurecía bastante al dios y era la causa de que aquellas ninfas a las que les tocaba estar en su punto de mira tuvieran un destino trágico.

Asociado está Pan a las ninfas en tensión psíquica de opuestos. Las ninfas como fuerzas de la naturaleza mueven una fantasía y nos dan una conciencia de cuerpo en la masturbación, terreno propicio para que ocurra la imaginería sexual y así evaluar la cualidad de la misma. La masturbación conecta a través de la fantasía el cuerpo físico con las emociones.

Pan y las ninfas conforman un par arquetipal de lo instintivo que muestra el dios y las fantasías como representación mínima y leve de toda la existencia en la naturaleza y la tensión de los opuestos pone en marcha la atracción y repulsión.

Pan y las ninfas son ese patrón arquetípico destinado a mantener unidas psiquis y naturaleza, espíritu e instinto, cuerpo y alma; gran parte del proceso tiene que ver con el conocimiento y conectar a través del cuerpo con las necesidades vitales básicas,muchas veces aboliciones por una cultura encargada de reprimirlas.

De modo que la lascivia es secundaria, como también lo es la fertilidad; nacen del reseco deseo de la naturaleza solitaria, de alguien que es para siempre un niño abandonado y que en innumerables  emparejamientos nunca resulta emparejado, que no llega a cambiar del todo la hendida pezuña de la cabra por la pata del conejo. Se le califica de “desafortunado en amores”, y los humanos sentimos su tristeza en la melancolía de la naturaleza.

Pan, en cuanto señor de la naturaleza “interior”, domina las reacciones sexuales y de pánico, y se sitúa entre ambos extremos. Las dos posiciones opuestas con respecto al instinto –la que sostiene que es inteligente y la que opina que no- se combinan en la teoría de Jung.

G.Jung nos dice: el dios que te enferma, es el mismo dios que te cura.

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Pan & Psyche, por Edward Burne-Jones

La psique consiste en procesos cuya energía puede provenir de la compensación de los más variados opuestos. 

En el relato de Eros y Psique escrito por Apuleyo, Pan protege a Psique de suicidio. Psique pierde a Eros al trasgredir la prohibición de verlo y ella desesperada entra en pánico y decide suicidarse tirándose al río. El dios Pan la protege de tal acto rescatándola y aparece el lado reflexivo de Pan, el eco; se ven los dos lados del arquetipo, enfermando y propulsando la individuación que es transformadora. Persuade al alma de algunas verdades naturales. Pan es al mismo tiempo destructor y protector, y esos dos aspectos se le aparecen a la psique en estrecha proximidad.

Este dios es siempre una cabra. La cabra no “representa” a Pan, ni es “sagrada” para Pan; más bien, Pan es el dios-cabra, y esta configuración de la naturaleza animal caracteriza a la naturaleza, personificándola como algo peludo, fálico, errante y caprino.  La cabra solitaria es tanto Unicidad como aislamiento, una existencia maldita y errante por lugares solitarios que su apetito deja aun más yermos, y su canto es la “tragedia”.

Otra expresión de Pan es el rapto y le es inherente la violación, la trasgresión y el horror con verdaderos sadismo y violencia. El rapto no es específico de Pan, pero es una característica de él. Los polos de sexualidad y pánico, que puede pasar instantáneamente de uno a otro o activarse entre sí, revelan los extremos más crudamente compulsivos de la atracción y la repulsión.  El pánico nos hace huir a ciegas en una desbandada general; la sexualidad hace que nos volquemos con la misma ceguera sobre el sujeto con el que quisiéramos copular.

El rapto se presenta como una compulsión y este patrón arquetípico ha sido condenado por otros arquetipos dominantes en nuestra consciencia quedando subyacentes como renegados tanto Pan como el rapto, aunque sabemos que el rapto naturalmente es de origen divino, en lo humano el tinte sexual que toma en la figura de Pan, luego en la historia de la cultura es reprimido. Si no hay rapto no hay iniciación en lo femenino, no hay transformación del alma, no hay cuerpo y me remito al rapto de Core, la doncella, por Hades el dios de la oscuridad y el inframundo.

El sueño, las pesadillas, la fantasía y la imaginación pueden llevarnos al mundo mítico donde otras leyes prevalecen y donde el rapto es apropiado. Esta solución indica que podemos hacerlo en la naturaleza exterior. Lo sagrado y lo mítico se hacen intrapsíquicos y lo profano se hace comportamiento. Se hace psíquica la conducta cuando se trabaja la fantasía interior. El rapto convierte la naturaleza en instinto, conecta cuerpo y psique, coloca el camino del cuerpo en la dirección del alma, haciendo una unidad.

El rapto es compulsivo con una necesidad apremiante de poseer su opuesto. El par arquetipal Pan y las ninfas forman el patrón arquetípico del rapto de lo virginal. Por un lado, el que toca, el sensual cuerpo que toca y por otro lado lo intocado, una conciencia sin sentidos corporales.

Pan, el raptor, es un potencial de cada impulso sexual, cada erección lo libera y es liberación todas las expresiones de este dios: la carcajada liberadora, los sueños, pesadillas, el llanto y el pánico entre otros.

La transformación del instinto es a través de la imaginación. Vemos que la compulsión instintiva y la fantasía imagen forma parte del mismo continuum.

Pan hace un cuerpo con la ninfa, la fantasía… la fantasea.

Siringa es perseguida por Pan y se transforma en un cañaveral. Pan corta las cañas y con ellas inventó la flauta dulce, siringa o flauta de Pan; la melodía que sale de este instrumento favorece el buen pastoreo, la leche en abundancia y excita el ardor durante la cópula. Resultado de la unión de opuestos.

Pitis es una ninfa de los pinos, huye de él y es convertida en el árbol que lleva su nombre. Suministra la corona o ramo del pino que es uno de los atributos de Pan. Oímos el aparecer del dios como el viento y murmullo en los pinares con la sensación de solaz y paz y también misterio y temor. El fruto del pino aparece junto con Dionisos en una coniunctio en cuanto a la mezcla de vino y pino en resina.

Pan tras Eco, no pudiendo persuadirla, ni capturarla, inspiró la locura en los pastores, quienes la desmembraron. Sus miembros fueron esparcidos en muchas direcciones. Pan habla a través de los ecos, es decir, lo que nos resuena espontáneamente, los ecos del alma y por ende posibilidades de hacer conciencia.

Con Eufeme, nodriza de las Musas, tuvieron un hijo llamado Crotros. Cazaba y vivía con sus hermanas de leche y para mostrarle su admiración inventó los aplausos.

Pan seduce a Selene, la luna, ella con su insuperable belleza, su ojo que ha visto todo lo sucedido, reguladora de la menstruación, el ritmo ordenado del instinto femenino, su regalo de rocío, la humedad refrescante. Su relación con la epilepsia y la curación. El velo que cubre su parte escondida, indirecta; la antorcha que lleva y la luz que confiere la diadema que trae puesta; la oscura cueva de donde ella despierta y a donde regresa para su descanso. (J Hillman).

Se dice que para seducirla, el dios cubrió sus negras y peludas patas con lana blanca, lo cual corresponde en el lenguaje alquímico un movimiento hacia la albedo de la consciencia lunar, lo que significa que es resistente a la luz, oscuro y guiado, se vuelve blanco, se hace reflexivo, capaz de ver lo que sucede en la noche. El estado lunar es particularmente vulnerable a Pan, precisamente como Pan es atraído por él. El dios carga a Selene sobre sus espaldas. Nos enseña a cargar con lo lunático, la locura, conexión con el lugar primordial, remoto y lejano, místico y primitivo, pobre y rico, terrible y bello que es nuestro inconsciente.

La reflexión se da en la erección, en el miedo, una conciencia que nos conecta con la naturaleza, esta consciencia se mueve con cautela en el reino del miedo a través de los lugares vacíos de nuestros espacios interiores, donde no sabemos qué vía tomar, sin trochas, nunca perdiendo con el rebaño indócil de los complejos, los pequeños miedos y excitaciones.

Pan hace su epifanía en las pesadillas. “Pan es el habitante y es lo habitado”. Protagonista cautivante de ámbitos antiguos y tenebrosos, soterrados e infernales, de vida larvada, de vida latente. Ruidos de fantasmas de selva, mascullando en el sótano y en los armarios de la casa, sin ser oídos, ni interpretados. Como en el fondo de una cueva, se amplifica a veces lo que se dice entre dientes. Lugar de licencia suprema del instinto que a ratos aflora convertido en demonio, o mago, o sabio, o brujo, hechicero o chamán que se filtra en el consciente y se revela en las pesadillas o en las visiones con los atributos disparatados y traviesos de la parte más brumosa de la mente.

El arquetipo, como imagen del instinto, es psicológicamente una meta espiritual hacia la cual tiende la naturaleza del hombre

Por último, en ese espacio de coincidencia ocurre la sincronicidad, donde los eventos psíquicos y físicos se dan espontáneamente, dichos eventos sincronísticos ocurren principalmente cuando los niveles instintivos (emocional, arquetípico y simbólico) de la psique se encuentran implicados. Pan juega un papel importante en una sincronicidad en cuanto conecta la naturaleza interior con la exterior.

“Pero apenas nos toca lo inconsciente ya somos inconscientes, pues nos volvemos inconscientes de nosotros mismos. Este es el peligro primordial que el hombre primitivo, que tan cerca está todavía de ese pleroma, conoce instintivamente, y ante el cual siente terror. Su conciencia es todavía insegura y vacilante, es todavía infantil y apenas despunta sobre las aguas primitivas. Fácilmente puede barrerla una ola de lo inconsciente, y ese hombre olvida entonces quién era él y hace cosas en las cuales ya no se reconoce. Por esa causa temen los primitivos las pasiones incontenidas, ya que en ellas desaparece con facilidad la conciencia y puede tener lugar la posesión. De ahí que los esfuerzos de la humanidad se dirijan siempre al fortalecimiento de la conciencia”.

Carl Gustav Jung “Los arquetipos y lo inconsciente colectivo” (p.28).

Toda educación, religión, toda psicoterapia que no reconozca la identidad del alma con el instinto como es representada por Pan, desdeña a este dios y no tendrá posibilidad de transformarse. No podemos hacer nada para el alma si no la reconocemos como naturaleza “aquí adentro” y no podemos hacer nada para el instinto sin recordar que tiene sus propias fantasías, reflexiones e intenciones psíquicas.

Pan es el dios que nos proporciona cuerpo psíquico, es el continente y es el contenido, el inconsciente, podríamos decir que es la membrana del alma. Está presente en todas las situaciones extremas de la vida: nacimiento, sexo, orgasmo, pánico, muerte, sería una especie de “contenedor virtual” de todo acontecer psíquico, lugar que contiene todo tipo de fantasías, único espacio donde cualquier cosa puede ocurrir, lo imprevisible, la incertidumbre, la quietud de la siesta, el alboroto, la sincronicidad, la locura y la muerte.

La psique es esencialmente conflicto entre el instinto ciego y la voluntad, o sea libertad de elección

Pan, ya sea la naturaleza bajo la forma del todo, o el arquetipo de nuestros instintos salvajes representado bajo la imagen del semidiós con patas de cabra o el personaje alegórico de los poetas, simboliza una parte de nosotros que nos ata al origen. Tal vez la conciliación entre los opuestos que rigen nuestra vida civilizada, una necesaria reconciliación con la naturaleza –externa e interna– sea la manera de poder presenciar al Gran Dios Pan sin ser destruidos en el intento.

En la teoría junguiana, Baphomet o el diablo,  es una continuación del arquetipo del dios con cuernos, como el concepto de una deidad con cuernos está universalmente presente en la psiquis colectiva.
¿Tienen los dioses astados , Cernunnos, Pan, el diablo (como se muestra por el cristianismo) o Baphomet un origen en común? Algunas de sus características son muy similares.

El diablo de los cristianos está inspirado en el gran dios Pan, que los griegos adoraban como el gran todo.   El macho cabrío en la mitología estaba asociado a la lujuria y a la indecencia, se consideraba un animal impuro y lujurioso. Pero simboliza también al chivo expiatorio, la persona o cosa sobre la que la gente proyecta la parte inferior de si misma, para sentirse más limpia y más recta. Por eso Pan, el Diablo, es el chivo expiatorio al que echamos la culpa de nuestros problemas. Pan habita en el reino más inaccesible del subconsciente. Solo una crisis puede romper el muro y penetrar en su cámara secreta.  Ser esclavos del Diablo en definitiva, es una cuestión voluntaria de la que la consciencia se puede librar.

“Las imágenes arquetípicas son ya a priori tan significativas, que el hombre nunca pregunta qué podrían en rigor significar. Por eso mueren de tanto en tanto los dioses, porque de repente se descubre que no significan nada, que son inutilidades hechas de madera y de piedra, fabricadas por la mano del hombre”.

Carl Gustav Jung “Los arquetipos y lo inconsciente colectivo” (p.19)


NOTAS:

  1. El desarrollo de la psicología arquetipal está influido por la psicología analítica de Carl Jung así como por la Grecia clásica, el Renacimiento y las ideas y pensamiento del Romanticismo. De hecho, las influencias de Hillman son muchas, e incluyen a otros artistas, poetas, filósofos, alquimistas y psicólogos.

FUENTES : 

  • James Hillman “Pan y Pesadillas” de Editorial Atalanta. 
  • Jung, Carl Gustav (2002). Obra Completa volumen 9/I: Los arquetipos y lo inconsciente colectivo. Madrid: Editorial Trotta. 
  • “El Tarot Mítico” de Juliet Sharman-Burke y Liz Greene,
  • “Pan, habitante del Psicoide: lugar de la coincidencia Psique y Soma”  de Magaly Villalobos – Psiquiatra y analista junguiana venezolana.

 

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