Lao Tse y Confucio

Confucio y Lao Tse

La filosofía china está basada en las ideas de dos grandes pensadores: Lao Tsé y Confucio. A partir de ellos, aparecen las dos doctrinas más significativas de la China: El Taoísmo y el Confucionismo.

En la antigua China confluyeron dos grandes de la historia, Lao-Tsé –figura clave del taoísmo- y Confucio, quien era experto creando reglas. Confucio estableció más de 3.300 normas para que el pueblo chino se comportara. Por otro lado, para Lao-Tsé, lo más importante era la Consciencia y vivir en armonía con la naturaleza. Mientras Confucio representa la mente, Lao-Tsé representa el Ser.

Durante el siglo VI. a.C., los dos lados de la filosofía china se desarrollaron en dos escuelas ditintivas, el Confusianismo y el Taoísmo. El Confusianismo fue la filosofía de la organización social, del sentido común y del conocimiento práctico. Le entregó a la sociedad china un sistema de educación y con estrictas convenciones de etiqueta social. Uno de los propósitos principales fue formar una base ética para el sistema de familia tradicional china con su estructura compleja y sus rituales de veneración de antepasados. Taoísmo, por el otro lado, se concernía primariamente con la observación de la naturaleza y el descubrimiento de su Camino, o Tao. La felicidad humana, de acuerdo a los taoístas, se logra cuando los humanos siguen el orden natural, actuando espontáneamente y confiando en sus conocimientos intuitivos.

Las dos tendencias de pensamiento representan polos opuestos en la filosofía china, pero en China siempre fueron vistos como polos de una y la misma naturaleza humana y por lo tanto complementarios. El Confusianismo se enfatizaba, generalmente, en la educación de niños que tenían que aprender las reglas y convenciones necesarias para vivir en sociedad, mientras que el Taoísmo usualmente era seguido por gente de mayor edad para así recobrar y desarrollar la espontaneidad original que habían sido destruidas por las convenciones sociales.

El Confusianismo deriva su nombre de Kung Fu Tzu, o Confucio, un profesor de gran influencia con un gran número de estudiantes que vio como principal función transmitir las herencias culturales antiguas a sus discípulos. Al hacer ésto pasó más allá de una simple transmisión de conocimientos pues interpretó las ideas tradicionales de acuerdo a sus propios conceptos morales. Sus enseñanzas fueron basadas en los llamados Seis Clásicos, libros antiguos sobre pensamientos filosóficos, rituales, poesía, música e historia, que representaba la herencia espiritual y cultural de los sabios santos del pasado de China. La tradición china ha asociado a Confucio con todos esos trabajos como autor, comentador o editor; pero de acuerdo a estudiosos modernos no fue ni autor, comentador ni siquiera editor de estos clásicos. Sus propias ideas se hicieron conocidas a través del Lun Yu, o Analecticas Confucianas, una colección de aforismos que fueron compilados por algunos de sus discípulos.

«Entre los animales; los pájaros vuelan; los peces nadan y las bestias corren. Los que corren pueden ser detenidos por una trampa; los que nadan pueden ser detenidos por una red; y los que vuelan pueden ser detenidos por una flecha. Pero luego está el Dragón; no sé cómo viaja bajo el agua ni cómo recorre la tierra; no sé cómo cabalga en el viento ni cómo surca los cielos. Al Dragón nadie puede detenerlo. Hoy he visto a Lao-Tse y puedo decir que he visto al Dragón».

Confucio

Las tres escuelas principales de pensamiento político: los legalistas, los taoístas y los confucianos se establecieron entre los siglos VI a IV a.C.

En general, los legalistas, la última de estas tres grandes escuelas, creían sencillamente en el poder máximo del estado y asesoraba a los dirigentes sobre cómo aumentar dicho poder. Los taoístas fueron los primeros libertarios del mundo, no creyendo en virtualmente ninguna interferencia del estado en la economía o la sociedad, y los confucianos estaban en el término medio en este asunto esencial.

Confucio y Laso Tse vivieron tiempos de confusión, guerras y estatismo, pero cada uno reaccionó de forma muy diferente.

Confucio (551-479 a. C.) era un hombre erudito de una familia empobrecida pero aristocrática de la derrocada dinastía Yin, que llegó a ser Gran Mariscal del estado de Sung. En la práctica, aunque era mucho más idealista, el pensamiento confuciano difería poco de los legalistas, pues el confucianismo estaba en buena parte dedicado a instalar una burocracia educada en los principios de la filosofía para gobernar China.

Lao Tse provenía originalmente del estado de Sung y era un descendiente de la baja aristocracia de la dinastía Yin. Lao-Tsé era de la opinión de que el individuo y su felicidad eran las unidades clave de la sociedad. Si las instituciones sociales dañaban la prosperidad del individuo y su felicidad, esas instituciones debían reducirse o abolirse completamente. Para el individualista Lao-Tsé, el gobierno, con sus “leyes y regulaciones más numerosas que los pelos de un buey”, era un malvado opresor del individuo y “debe temérsele más que a los fieros tigres”. El gobierno, en suma, debe limitarse al mínimo posible; la “inacción” se convirtió en el santo y seña de Lao-Tsé, pues sólo la inacción del gobierno puede permitir al individuo prosperar y alcanzar la felicidad. Cualquier intervención del gobierno, declaraba, sería contraproducente y llevaría a la confusión y el caos. Primer economista político que apreció los efectos sistémicos de la intervención gubernamental, Lao-Tsé, después de referirse a la experiencia común de la humanidad, llegó a esta penetrante conclusión: “Cuantos más tabúes y restricciones artificiales hay en el mundo, más gente se empobrece. Cuanta más prominencia se dé a leyes y regulaciones, más ladrones y rateros habrá”.

Si los seguidores de Confuncio pretendían crear un sistema ético-político-social organizado hasta el último detalle (no extraña que fuera el pensamiento predominante de aquella antigua China), por su parte, los taoístas preferían dedicar su tiempo y esfuerzos a la contemplación a través de la guía de los llamados yinshi o sabios ocultos

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El mito  relata un encuentro muy discutido entre Confucio (v.) y Lao Tse hacia 521 AC.; de las pocas palabras que cruzaron entre ellos, se deduce que los dos sabios no hablaban el mismo lenguaje.

Confucio siempre se sintió inquieto con las enseñanzas de Lao Tse, así que un día fue a verlo. Confucio era un hombre muy moral, un hombre de carácter, de grandes maneras, de etiqueta, un caballero. La caballerosidad es la meta de toda la filosofía confuciana.

Confucio dice:  – Un hombre tiene que convertirse en un caballero, él es impecable, tú no puedes encontrar una fisura en su carácter, es un hombre con un gran conocimiento apoyado por la tradición, por las convenciones, las escrituras… respetado por reyes y reinas, respetado en todo el país-

Así que esperaba que Lao Tse se comportara de forma respetable. Pero Lao Tse estaba sentado y ni siquiera se puso de pie para saludarlo, ni siquiera le dijo Siéntese señor, ni le prestó mucha atención. Confucio se enojó mucho, Qué clase de maestro es este, pensó, y le dijo,: – Es que no sabe comportarse- 

Lao Tse dijo:  -Si quiere sentarse, siéntese, si quiere estar de pie, hágalo, quién soy yo para decir algo al respecto, es su vida, no interfiero.-

Confucio se quedó estupefacto. Luego preguntó algo sobre El Hombre Superior, sobre El Caballero, y Lao Tse dijo: -Nunca me he cruzado con algo superior o inferior, los seres humanos son seres humanos, como los árboles son árboles, y todos participan de la misma existencia, nadie es superior y nadie es inferior, además todo eso es una tontería y pura basura.-

Confucio se asustó mucho, además, ese hombre, Lao Tse, estaba rodeado de un profundo silencio, era un pozo de silencio. Confucio regresó. Sus discípulos le preguntaron qué pasó con Lao Tse…  –No os acerquéis nunca a ese hombre, respondió él, Es peligroso, si te acercas a un tigre puedes de alguna forma salvar tu vida, si te acercas a un león puedes salvarte, pero ese hombre es como un dragón, un dragón volador, os matará, no vayáis a verlo nunca, cada vez que oigáis que Lao Tse ronda por ahí, escapad-

Entre Confucio, investigador en ciencia social y renovador de los ritos y tradiciones chinas para educar a los hombres, y el místico del Tao no había diálogo. Lao Tsé aconsejó a Confucio que dejase de predicar las virtudes sociales artificiales cuando faltaba la virtud fundamental del Tao (el “camino”). Este diálogo puede ser legendario y reflejar la rivalidad que siempre existió entre las dos escuelas en China; el confucianismo, orientado hacia este mundo al que quiere mejorar y dar forma, preocupándose de fortalecer el Estado y las formas de gobierno, y el Tao, más atento a la causa primera del mundo y a buscar la salvación fuera de la experiencia ordinaria en él.

La enseñanza de Lao Tse es muy diferente, profundamente verdadera, profundamente amoral, profundamente rebelde y profundamente individual, no cree en las leyes del hombre, sólo en las de la naturaleza, confiar en la naturaleza es Tao. Lao tse dice: Deja que las contradicciones se encuentren, deja que las paradojas se disuelvan, sé paradójico porque la vida es paradójica, deja que las paradojas se mezclen, se mezclen en una unidad.

El confucianismo, según enseñó su fundador, no es una religión en el sentido tradicional. Es un código ético.

El pensamiento confuciano plantea la división, la clasificación, la categorización. Confucio dice, La vida es la vida, la vida es lucha, la muerte es la muerte, la muerte es descanso. Divisiones a rajatabla. La vida confuciana será una vida muy ordinaria, muy lógica, matemática, clasificada, pero muy ordinaria. Su máxima fundamental de conducta era: Lo que no quieras para ti, no lo quieras para los demás.

Sin embargo, en sus enseñanzas Confucio evitó los temas espirituales. Tenía una perspectiva humanista y racionalista. La respuesta a los problemas culturales y sociales se encontraban en la humanidad misma y no en nada sobrenatural.

Lao Tse dice que no hay distinciones, La vida es muerte, la muerte es vida. Tú puedes caminar a través del río y tus pies permanecer intocados por el agua, puedes ser una flor de loto.

Lao Tsé, no aspira al “conocimiento” sino a la “visión” a la “iluminación interior.

 Un discípulo de Lao-Tsé recrea una supuesta conversación entre esto dos personajes, en el cual se refleja la diferencia del enfoque del confucianismo con el taoísmo:

—Dime —dijo Lao- Tsé — en qué consisten la caridad y el deber para con nuestro prójimo.

—Consisten —contestó Confucio— en cierta capacidad de regocijarnos en todas las cosas; en el amor universal, sin elemento egoísta. Tales son las características de la caridad y el deber para con nuestro prójimo.

— ¡Qué tontería! —exclamó Lao- Tsé—. ¿No se contradice el amor universal consigo mismo? Tu eliminación del yo, ¿no es una positiva manifestación del yo?

Señor mío, no dejes que el imperio pierda su fuente nutricia. Existe el universo, y su regularidad es constante. Existen el sol y la luna, y su brillo no cesa. Existen las estrellas, y sus constelaciones no cambian. Existen pájaros y bestias, que se agrupan sin cambiar. Existen árboles y arbustos, que crecen hacia arriba sin excepción. Sé como ellos: sigue el Tao, serás perfecto. ¿Para qué entonces estas vanas disputas acerca de la caridad y el deber para con nuestro prójimo, como quien tocara un tambor para cazar a un fugitivo? ¡Ay, señor! Has introducido mucha confusión en la mente del hombre.

La vida taoísta es realmente extraordinaria, muy rica, porque contiene tanto lo positivo como lo negativo, tanto el Ying como el Yang, tanto el conflicto como la cooperación, tanto el amor (amamos lo que deseamos) como el odio (odiamos lo que tememos), tanto la vida como la muerte.

La enseñanza de Lao-Tsé es contundente: “sigue el Tao, serás perfecto”. Seguir el Tao significa ser la Consciencia, ser libres sin necesidad de entrar conflicto. Mientras la mente confucianista trata de reprimir la mente usando normas y reglas, el pensamiento Taoísta nos lleva a observar la mente y su funcionamiento, a ser el testigo. De esta forma, al identificarnos con el observador –la Consciencia- la mente y el ego pierden su fuerza sin necesidad de luchar. Eso es Tao.

Recuérdalo siempre, permite que haya armonía en las contradicciones que hay en tu interior, no elijas una, elige las dos juntas, sé valeroso, no seas tacaño al escoger, cuando la vida te de una paradoja escoge toda la paradoja, trágatela toda y digiererela completamente y te convertirás en un dragón volador.

Tanto Lao Tse como Confucio son necesarios. La sociedad China, a lo largo de su ancestral desarrollo, ha sido conformada por ambos. Las dinastías, el partido comunista y su actual capitalismo, son de Confucio. El arte y la sabiduría son de Lao Tsé. El budismo chino, a través de Bodhidharma, logró integrar ambas visiones y permitió un equilibrio dinámico.

LOS TRES SABIOS DE LA ANTIGÜEDAD CHINA
Confucio y Lao-Tsé protegen a Sakyamuni (Gautama Siddartha) de niño IMAGEN:  Wikimedia Commons

La pintura muestra a las tres figuras más relevantes de la cultura china, los sabios de la antigüedad, Laozi, Confucio y Buda (niño, en los brazos de éste). Representan la conformación de lo que será la cultura popular china. Tal estructura sincrética implica la idea del continuo devenir, de la impermanencia de todas las cosas, la inestabilidad de la realidad y su constante metamorfosis, conceptos reflejados, por ejemplo, en los sutras budistas, en el Daodejing y en el Yijing.


FUENTES:

 

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