La Vacuidad. Aplacar el Sufrimiento Interior

vida
Hay ojos que a menudo se quedan mirando fijos la puesta del sol y que apenas consiguen ver el alba de un nuevo día.

Medita para aplacar tu sufrimiento o para desterrarlo.

Dolor o Sufrimiento… generalmente utilizamos ambas palabras como sinónimos y está bien. pero si queremos afinar en su comprensión, maticemos:

El dolor está presente en el mundo animal. Pero solamente el hombre, cuando sufre, sabe que sufre, y se pregunta entonces por qué. Y sufre de una manera más profunda cuando no encuentra para ese dolor una respuesta satisfactoria.

Hay muchas lágrimas amargas

Eric Casell (Cassell, 2004) nos recuerda que: “los cuerpos duelen, las personas sufren”. Eric Casell dice que la persona se construye alrededor de un cuerpo, un carácter y una personalidad, un pasado y una memoria, una educación emocional, una forma de afrontar las dificultades, una historia, una cultura, una familia, unas experiencias personales, una red de relaciones sociales y también una relación consigo mismo, una vida interior, unos sueños, creencias, aspiraciones y miedos. También tiene una dimensión espiritual o trascendente, referida a la cualidad de pertenencia a algo mayor que uno mismo, que sobrepasa la propia dimensión física y temporal. Según el modelo propuesto por Casell, la amenaza a la integridad de cualquiera de estas estructuras de relación puede ser fuente de sufrimiento.

Sufrimos por lo que pasó, por lo que pudo pasar (culpabilidad, la muerte de un hijo, ruptura de pareja, separaciones mal llevadas, la imposibilidad de ver a los hijos, desencuentros familiares…), por lo que acontece (envejecer, perder atractivo), por lo que nos depara el futuro (o morir antes de los que queremos, o que ellos se nos adelanten). Se sufre la amargura de las ausencias y del no reconocimiento.

Los sueños no alcanzados dejan tras de sí una larga y amarga sombra. Nos genera angustia vital, saber que pronto seremos olvidados, es en parte por ello que algunos edifican, otros pintan, escriben, se fotografían, buscan, buscamos tontamente perpetuarnos.

Uno de los mayores sufrimientos de la naturaleza humana es el dolor que se lleva en el alma.  El sufrimiento emocional es parte de la propia existencia y aparece cuando perdemos el contacto con aquello que amamos. Por dolor emocional también nos referimos a las espinas clavadas que dejan los conflictos emocionales en nuestro corazón.  El padecerlo se vive a solas; nadie lo puede vivir por ti. Pero si se vive sin apoyo es peor.

Por su parte, el sufrimiento interno viene por no aceptar lo que pasa, por resistirnos y desear que las cosas fueran de otro modo. El dolor emocional se vuelve sufrimiento interno cuando nuestros pensamientos y nuestra actitud ante la vida lo alimentan y lo interiorizamos en lugar de vivirlo, expresarlo y manejarlo adecuadamente. Aprende a hacerlo y podrás disminuirlo.

El dolor emocional es padecimiento, enojo, pena, tristeza,  confusión, ira, horror, soledad, es amenaza, limita nuestra libertad.  Generalmente después de un periodo de tiempo o de ciertas conductas (quizás una aclaración, una distracción, etc.), el dolor emocional disminuye y se termina.

No desprecies el dolor de otros ni maximices el tuyo: todos sufrimos, aunque no lo hagamos por los mismos motivos, ni reaccionemos igual. El dolor emocional es paciencia, tolerancia con que se sufre algo.

Sufrir por los demás, y que ellos no sufran por nosotros, eso es saber ser y saber estar.  Cuando un hijo sufre, los padres se cambiarían por él. Pero descubren que no pueden hacerlo, y que los niños no querrían. Su papel es el de ser bastones de sus hijos en la travesía del dolor

El sufrimiento además, nos proporciona la virtud de la empatía. Porque solo el que padece compadece, y ello, es algo que nos hace sin duda mejores personas. Es aprendizaje vital, te confiere una gran sensibilidad a la vez que una fortaleza más digna, más sabia.

“Y el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos. Y no tienen reposo de día ni de noche” (Apocalipsis 14:11).

Quizás, UN INFINITO ∞, sea el sufrimiento cuando lo convertimos en infierno de nuestros demonios interiores.  El dolor físico se puede medir (Parto, cólico nefrítico…). Pero cuando el dolor rebosa lo corporal, el sufrimiento del ALMA DOLIENTE no se puede medir. Solo la VACUIDAD, el vacío de la mente y el ego, puede liberarnos

Friedrich Wilhelm Nietzscheun hombre muy sabio, concluyó que lo que no nos mata, nos hace más fuertes.  La sabiduría emerge de la experiencia del sufrimiento. En un fragmento de Sófocles se lee. “Solo sufriendo se aprende”. 

Aprendí mucho… del budismo. En especial su principal lección: el modo de evitar, o, al menos, aplacar el sufrimiento. No el dolor, que pueden paliar los medicamentos, sino el sufrimiento que lacera el alma, trastorna la mente, tritura el corazón, suscita sentimientos y actitudes negativos.

“El dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional”, nos recuerda Buda en sus enseñanzas.

La primera de las cuatro nobles verdades de Buda es la verdad del sufrimiento, una verdad que se puede rechazar o aceptar como una parte inevitable de nuestra condición de humanos. Y cuando se aprende a aceptar, incluso a abrazar, las experiencias difíciles, el sufrimiento se convierte en una herramienta, en un instrumento para crecer.

Buda descubrió que todo sufrimiento se deriva de un único factor: el apego. A bienes materiales, recuerdos nocivos, ambiciones desmedidas, y también a cargos o funciones, como bien demuestra el actual escenario político brasileño. Jesús diría lo mismo siglos después, con otras palabras.

¿Cómo librarse del apego y así evitar el sufrimiento y disfrutar de la felicidad? Buda enseñó que, para eso, es preciso vaciar la mente, y el método para hacerlo se llama meditación. Al mirar hacia afuera, soñamos; al mirar hacia adentro, despertamos.

Nietzsche se acercaba al budismo de tal manera que casi parece decir lo mismo que Buda. Y es que, de forma muy similar al concepto budista de vacío, Nietzsche afirmaba que los objetos y fenómenos que percibimos como reales son meras ilusiones psicológicas producidas en la mente del observador. Es decir, la realidad que observamos es una mera proyección de nuestras ideas. Nada por tanto existe como tal sin la mente que lo designa, no hay habiendo separación entre ésta y el objeto o fenómeno designado.

Nietzsche se centra en la proyección que hacemos de la realidad

Buda se centra en la ausencia de entidad propia del objeto o fenómeno observado.

Jesús: Bienaventurados los puros de corazón, porque ellos verán a Dios.  Mateo 5:8

Buda: Cualquiera que se dedique a la meditación sobre la compasión puede ver a Brahma con sus propios ojos, hablar con él cara a cara y consultar con él.Digha Nikaya 19.43

Para el Hinduismo la existencia misma es necesariamente dolorosa. Vivir implica dolor y muerte infinitas veces. Para el Budismo la experiencia del dolor es la clave de su propuesta religiosa. Para el Islam todo acontecimiento histórico y personal tiene su raíz primera en Dios, incluso el sufrimiento. El Judaísmo propone que el dolor, la enfermedad o la desgracia son castigos divinos causados por las transgresiones cometidas por el sufrimiento o por algún familiar. El Cristianismo entiende el sacrificio expiatorio, el valor redentor del sufrimiento. La experiencia de Jesús, del Cristo en la Cruz donde el sufrimiento cobra una dimensión nueva y pasa del mundo estrictamente personal al del cuidado por el otro.

Jesus Christ
Cristo, el Cordero inmolado. En la vida y en la muerte de Jesucristo, el sufrimiento encuentra su propósito definitivo y su explicación suprema. Cristo ayuda a encontrar el sentido al dolor.

Hay diferentes estrategias para entrar en intimidad con el Uno, con Dios, que son apropiadas para distintas personas, diferentes acercamientos para diferentes personas. Algunas pueden sentarse delante de una pared y vaciar su mente en una práctica Zen y conocer así la totalidad del momento. Otras no pueden hacer eso. Hay personas muy activas que no se puede sentar y para ellas el Tai Chi es una bonita forma de movimiento como práctica meditativa.  En mi caso es la oración meditativa y la contemplación.

Ante el sufrimiento tenemos derecho a llorar, estar tristes o enfadados con Dios. Y tras desahogarnos, tenemos el privilegio de poder “pedir” a Dios que nos ayude a entender que nos ama y que de este dolor va a salir algo bueno.

La oración meditativa es la forma más apropiada de aplacar el sufrimiento interno. Porque induce a vaciarse de sí y a dejarse ocupar por Dios, como apunta la genial canción de Gilberto Gil “Se eu quiser falar com Deus”. Una canción en particular que me gusta escuchar y ahora compartir.  Vale la pena escucharla aunque sea una vez, y aquí dejo la traducción también para entender la esencia de esta canción. Espero les guste:

 

Traducción de la canción

Si quiero hablar con Dios

Tengo que estar solo

Tengo que apagar la luz

Tengo que callar la voz

Tengo que encontrar la paz

Tengo que jugar los nudos

De zapatos, de corbata

Los deseos, los temores

Tengo que olvidar la fecha

Tengo que perder la cuenta

Tengo que tener las manos vacías

Tener el alma y el cuerpo desnudo

Si quiero hablar con Dios

Tengo que aceptar el dolor

Tengo que comer el pan

El diablo amasó

Tengo que entregar un perro

Tengo que lamer el piso

de palacios, de castillos

Suntuosos de mis sueños

Tengo que verme triste

Tengo que encontrar mi miedo

Y a pesar de un mal tamaño

Alegrar mi corazón

Si quiero hablar con Dios

Tengo que aventurarme

Tengo que subir al cielo

Sin cuerdas para sujetar

Tengo que decir adiós

Dar la espalda y caminar

Decidido, por la carretera

Que al final va a dar en nada

Nada, nada, nada, nada

Nada, nada, nada, nada

Nada, nada, nada, nada

De lo que pensaba encontrar

MAS INFORMACIÓN:

La Vacuidad. El vacío de la mente y el ego


FUENTES:

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