EL CAMINO ROJO 3: “Wakan Tanka”, el “Gran Misterio”.

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El tipi, tienda cónica de piel de bisonte, utilizada por los indios de las llanuras.

Wakan Tanka es el creador de la totalidad de lo existente, es la “fuerza del universo” que no admite ningún tipo de personificación. Para los nativos Americanos todos los seres vivos participan directamente en el Gran Misterio de Wakan Tanka. El Gran Espíritu. Así lo llamaban los Sioux .Para los Navajos era Manitú, y para otras tribus tenía otros nombres.

Cosmogonía Lakota

La espiritualidad sioux es compleja, rica en matices, extremadamente ritualizada. 

Los Lakota, pertenecientes a la Gran Nación Sioux de Norteamérica, son dueños de una rica espiritualidad y un profundo respeto por toda la vida visible e invisible. La palabra Lakota significa “circulo de amigos” o “alianza de amigos”. En origen, la religión lakota no mostraba una personificación plena de los dioses sino una especie de fuerzas que formaban el cosmos religioso.

Para el lakota, todo lo que es wakan es sagrado y, por lo tanto, debe respetarse. Algunos wakan son espíritus. Los búfalos son wakan. Tatanka es el Búfalo y los lakotas se consideran descendientes suyos: creen que, en el principio de los tiempos, vivían juntos formando parte del mismo pueblo.

Su historia de creación tiene dos vertientes.

La primera leyenda cuenta que al principio los hombres vivían junto a los bisontes y otros animales, en una gran cueva subterránea, hasta que uno de sus jefes Tokahe los condujo hasta la superficie luego de sortear innumerables dificultades. Ahora debían aprender a procurarse sustento con la caza, vestirse y levantar viviendas. Tokahe y sus seguidores fueron el primer pueblo del mundo y sus hijos son los lakotas. Por eso a los seres humanos se les llamó wicasa akantula, “hombres de arriba”.

Hay otro mito donde se dice que Wakan Tanka vivía en la oscuridad (Han) y creó un compañero para sí, la piedra Inyan, de ahí creó a la tierra Inyan Maka y estos procrearon al cielo Skan. Estos tres crearían a Wi, el sol. Estos cuatro dioses eran distintos y de gran alcance, pero todos eran parte de Wakan Tanka.

Los hombres y la naturaleza formaban un todo indivisible. No había diferencias entre lo natural y lo sobrenatural. Sentían respeto y temor ante lo incompresible. La suma de todos los hechos de explicación desconocida era “Wakan Tanka”, el “Gran Misterio”.

Para los dakotas la suma total de lo incomprensible era Wakan Tanka el Gran Misterio. Así se le llama a todo lo misterioso, poderoso o sagrado, sin principio ni fin. Wakan Tanka había creado el universo, Wakan Tanka no es un individuo es la totalidad de lo existente y a la unidad cósmica. Es la “fuerza del universo”, que no admite ningún tipo de personificación.

Wakan Tanka o Wakantanka, (lakota: Wakȟáŋ Tȟáŋka) es el término para lo sagrado o lo divino en la cosmovisión sioux. Suele traducirse como «Gran Espíritu». Sin embargo, según Russell Means su significado es más cercano a «Gran Misterio», ya que la espiritualidad Lakota no es monoteísta. Se lo considera la fuerza creadora del universo y de lo existente.

Traducimos esta palabra wakan en sí misma por «sagrado» o «santo» —a veces por «misterio»— más bien que por «poder» o «poderoso», como hacen muchos etnólogos. Estos últimos términos pueden ser exactos, pero no dan completamente el sentido de la palabra wakan; no hay que olvidar, en efecto, que para los sioux, como para los pueblos tradicionales en general, el «poder» —o el «carácter sagrado»— de un ser o de una cosa está en proporción a la capacidad de la cosa para reflejar lo más directamente posible el Principio —o los Principios— que están en Wakan-Tanka; éste es Uno. El término «poder» es equívoco en el sentido de que puede sugerir una fuerza puramente terrestre o psíquica.

La influencia del cristianismo llevó a que los lakotas designaban a Wakan Tanka por el nombre de Gran Espíritu y que éste llegara a identificarse con el Dios Cristiano.

Antes de la introducción del cristianismo, el término Wakan Tanka fue usado para referirse a una organización de las entidades sagradas, cuyas formas son misteriosas, por lo que el «Gran Misterio» normalmente se entiende como la energía o el carácter sagrado que se encuentra en todo, similar a otras muchas creencias animistas y panteístas. Wakan Tanka es el principio creador en las creencias lakotas, lo ha hecho todo y le ha otorgado espíritu a aquello que lo posee.

Este término describe también el conjunto de las cosas y aspectos sagrados, «wakan». Todo viene de Wakan Tanka, es Él el que ha colocado las piedras y minerales en el suelo y las plantas han salido de la tierra por su mano. También rige el cambio de las estaciones y el clima.

Wakan Tanka es también Padre y Abuelo de los lakotas, así como la Tierra se considera Inâ, ‘Madre’ y Unchi, “Abuela”, cuyo útero alumbró a todos los pueblos de la tierra. Esta concepción de Wakan Tanka como Padre debió influir, posteriormente, tras el contacto de los sioux con el cristianismo, para identificarlo con un dios-creador o Gran Espíritu.

«Cómo fue hecho el mundo es Wakan Tanka. Cómo el sol fue hecho es Wakan Tanka. Cómo los hombres solían hablar con los animales y aves era Wakan Tanka. Dónde residen los espíritus y fantasmas es Wakan Tanka.»

Walker, 1991. p. 70
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Wakan Tanka es el centro Sagrado del círculo sagrado de la Vida .

WAKAN TANKA : EL GRAN ESPÍRITU, EL GRAN CREADOR

La filosofía del Camino Rojo es aquella que busca relacionarse con el águila ( El Gran espíritu Wakan-tankan), para los Lakotas el espíritu creador que da la vida, al padre cielo y a la madre tierra son los abuelos ( los espíritus de los que ya han muerto y que son líderes espirituales) son los ancestros que nos guían con los seres de poder de la naturaleza.

Wakan Tanka es el centro Sagrado del círculo sagrado de la Vida . Desde este centro nace la Vida , y con ella todas sus manifestaciones posibles. Ese centro Sagrado es el que sostiene y gobierna el orden de la existencia, origen y el final de cada manifestación. El centro Sagrado Wakan Tanka se representa en LA RUEDA DE MEDICINA , que es el símbolo mas potente y sagrado de los indios norte americanos.

Si bien Wakan Tanka no es un ser personal, los lakotas se dirigen a él como «Ate» (Padre) y «Tunkašila» (Abuelo).  Wakan-Tanka como «Abuelo» es el Gran Espíritu en cuanto independiente de la creación: entonces es no-cualificado, o-determinado, en el sentido de la «Divinidad» (Godhead) de la doctrina cristiana, o del Brahma-Nirguna de la doctrina hindú. Wakan-Tanka como «Padre» es el Gran Espíritu considerado en relación con su manifestación, ya sea como Creador, como Conservador o como Destructor; es entonces el «Dios» (God) cristiano o el Brahma-Saguna hindú.

Al igual que hay que distinguir, en Wakan-Tanka, entre el «Abuelo» y el «Padre», también se distingue, en Maka, la Tierra, entre la «Abuela» y la «Madre»; ésta es la Tierra considerada como productora de todas las cosas que crecen, por tanto en acto, mientras que la «Abuela» es la substancia de todas estas cosas, o sea la potencialidad. Esta distinción es, en el fondo, la que establecen los escolásticos entre la natura naturata y la natura naturans.

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La pipa sagrada constituía el vínculo directo de los lakotas con Wakan Tanka, llevando en su humo hasta lo más alto del universo las plegarias de los hombres.

Todo hombre al nacer recibía tres espíritus:

  • Sichum: (“espíritu guardián“) que lo protegía de los malos espíritus, representaba la potencia de Wakan Tanka encarnada en el ser humano.
  • Niya: Espíritu que llegaba de las estrellas.
  • Nagi: El Alma, reflejo inmaterial e inmortal del cuerpo.

Para los Lakotas, todo niño, al nacer, recibía un espíritu guardián (sicun) que lo protegía de los malos espíritus. Sicun representaba la potencia de Wakan Tanka encarnada en un ser humano. El recién nacido recibía también otro espíritu (niya) venido de las estrellas. Finalmente, cada persona poseía un tercer espíritu (nagi) que era un reflejo inmaterial e inmortal del cuerpo. Los Abuelos creían que, a la muerte de una persona, el espíritu guardián (sicun) acompañaba a ese tercer espíritu (nagi) hasta el otro mundo, situado cercano a la Vía Láctea. Luego sicun y niya regresaban a su respectivo lugar de origen, es decir, allí donde habían morado antes del nacimiento del niño. Por lo demás, los restos mortales del difunto se descomponían hasta disolverse en la nada.

La actitud del Lakota hacia la muerte, prueba y trasfondo de la vida, es enteramente compatible con su carácter y filosofía. La muerte no guarda terror para él; la encara con sencillez y perfecta calma, buscando sólo un fin honorable como su último regalo para su familia y sus descendientes. Por ende corteja la muerte en la batalla. Por otro lado, consideraría una desgracia ser asesinado en una disputa privada. Si uno está muriendo en casa, es costumbre llevar su cama al exterior conforme se acerca el fin, para que su espíritu pueda marcharse bajo el cielo abierto. Muchos Lakotas creían que uno podía nacer más de una vez, y había algunos que afirmaban tener pleno conocimiento de una encarnación pasada. También había quienes sostenían dialogos con algún espíritu gemelo nacido en otra tribu o raza.

Los vínculos entre los diversos seres wakan se expresaban en términos de parentesco: madres, padres, abuelos, …, todas las cosas del Universo estaban emparentadas. La “Mujer cría del Búfalo Blanco” es un ejemplo, enviada por el “Pueblo de los búfalos” para establecer lazos con los hombres de modo que éstos pudieran sustentarse y multiplicarse.

La práctica de las antiguas ceremonias a la antigua usanza refleja el compromiso de perpetuar un estilo de vida, mientras que la adaptación de las ceremonias para el mundo de hoy refleja una promesa de honrar el espíritu de los antepasados llevando sus enseñanzas hacia adelante a las nuevas generaciones.

Desde su punto de vista, el Sol y la Tierra fueron los padres de toda la vida orgánica. Del Sol, como padre universal, procede el principio dador de vida en la naturaleza, y en el vientre paciente y fructífero de nuestra madre, la Tierra, se esconden los embriones de plantas y hombres. Los elementos y las fuerzas majestuosas de la naturaleza eran vistos con asombro como poderes espirituales, cada criatura posee un alma en algún grado, aunque no necesariamente un alma consciente de sí misma.

Lo dijo en 1855 el Gran Jefe Seattle:

“Lo que les sucede a los animales, también les sucede a los hombres. Eso lo sabemos muy bien. Todo está unido entre sí, como la sangre que une a una misma familia. Todo está unido. Lo que acaece a la Tierra, les acaece, también, a los hijos de la Tierra”.

Al Lakota le encantaba simpatizar y experimentar una comunión espiritual con sus hermanos del reino animal, cuyas almas mudas tenían algo de la pureza impecable. Tenía fe en los instintos de los animales, como en una sabiduría misteriosa dada desde lo alto. Y aunque aceptaba humildemente el sacrificio supuestamente voluntario de sus cuerpos para preservar el propio, rendía homenaje a sus espíritus mediante rezos y ofrendas prescritas. Cada acto de su vida es, en un sentido muy real. Su respeto por la parte inmortal del animal, su hermano, a menudo lo lleva a colocar el cuerpo de su presa ceremoniosamente en la tierra y decorar la cabeza con pintura simbólica o plumas. Entonces se pone de pie en actitud de oración, sosteniendo en alto la pipa llena, como muestra de haber liberado con honor el espíritu de su hermano, cuyo cuerpo su necesidad lo llevó a tomar para sustentar su propia vida..

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ORACIÓN DE LOS INDIOS LAKOTA

Wakan Tanka, Gran Misterio,
enséñame a confiar
en mi corazón,
en mi mente,
en mi intuición,
en mi sabiduría interna,
en los sentidos de mi cuerpo,
en las bendiciones de mi espíritu.

Enséñame a confiar en estas cosas,
para que pueda entrar en mi Espacio Sagrado
y amar más allá de mi miedo,
y así Caminar en Equilibrio

 

Los habitantes de los pueblos de amerindios no necesitan pruebas; sin duda alguna, ellos saben que dentro de cada uno de nosotros se encuentra el poder para comunicarnos directamente con las fuerzas creadoras de este mundo y fuera de él. Lo hacen sin expectativas, sin juzgar el resultado de su comunión.

El culto al Gran Misterio era silencioso, solitario, libre de cualquier búsqueda egoísta. Era silencioso porque toda palabra necesariamente es débil e imperfecta; por lo tanto, las almas de sus ancestros ascendían hacia dios en una adoración sin palabras. Era solitario porque creían que él está más cerca de nosotros en la soledad, y no había sacerdotes autorizados para intervenir. Nadie podía confesar de manera alguna en la experiencia religiosa de otro. Esta fe no podía ser concebida en credos ni forzada en quien no estuviese dispuesto a recibirla. En consecuencia, no había problemas religiosos. Tampoco usaban templos ni santuarios, lo consideraban sacrilegio.

No queremos iglesias porque nos enseñarán a pelear por Dios. No queremos aprender eso. A veces peleamos con los hombres por las cosas de esta tierra, pero nunca peleamos por el Gran Espíritu. Nosotros no queremos aprender eso. 

Heinmot Tooyalaket (Jefe Joseph) de los Nez Percés, 1873


FUENTES:

 

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