Máscaras Espíritu en Magia de la Naturaleza

Pintura de George Catlin (1832), ilustra una danza ritual indígena con máscaras de búfalo.

Una máscara o careta es una pieza normalmente adornada que oculta total o parcialmente el rostro. Las máscaras se han utilizado desde la antigüedad con propósitos ceremoniales y prácticos.

A lo largo de toda la geografía e historia de nuestro planeta podemos encontrar el antiquísimo uso de máscaras para realizar trabajos de magia y espíritu. Soportes de piel, corteza de árbol y otros elementos directamente recogidos del medio hacían de vestimenta para aquellos que tomaban relación con los seres espirituales. Desde los chamanes de la estepa siberiana hasta los brujos del África, desde los hombres medicina de América hasta las Gentes de Astucia de Europa.

Las máscaras no tienen un único origen. 

Los etnólogos sitúan el nacimiento de la máscara en el momento en que se produce la auto conciencia –conciencia de uno mismo-. Su uso se remonta a la más lejana antigüedad encontrándose entre los egipcios, griegos y romanos. Los griegos las empleaban en las fiestas dionisiacas; los demás en las representaciones escénicas.

El hombre primitivo descubrió que al disfrazarse podía confundirse con la naturaleza, hacerse parte de ésta, de manera que podía manipularla al creer que poseía las fuerzas mágicas necesarias para conjurar cualquier efecto negativo que lo perjudicara.

De su uso en la religión del Paleolítico, en la hechicería nórdica y celta y en los grandes festivales del pueblo, el espíritu máscara residía en la danza, usada por los bailarines, cabalgatas y carnavales de la Edad Media. Mal visto por el clero, pasó a la clandestinidad con las brujas tradicionales y ahora necesita ser reestablecida a su posición legítima en los trabajos mágicos contemporáneos. Pues la máscara ejerce una influencia misteriosa y atemporal en la imaginación, evocando a los dioses paganos, tótems y seres feéricos al ojo visible y conectando el límite entre los mundos.

Las máscaras pueden funcionar para contactar poderes espirituales de protección contra las fuerzas desconocidas del universo y el triunfo de la vida. En otras ocasiones, invocación a las fuerzas de la guerra.

 

En África, las máscaras no se cuelgan simplemente en la pared, sino que se emplean en rituales y danzas. Lo que los coleccionistas “del norte” llaman “el arte africano” en realidad se refiere a los objetos ordinarios o culturales, profanados o no utilizados hoy en día, que se muestran o se venden para colección.

Las máscaras africanas desempeñan un papel importante en las ceremonias tradicionales y danzas de teatro.  Pueden cubrir el rostro o toda la cabeza del individuo. El resto del cuerpo está adornado con ropas largas o con tiras de rafia o de fibra de plantas leñosas. Para las culturas africanas, en términos generales, la función siempre es preferible a la forma, la belleza no es deseable en sí misma.

La máscaras en África son de gran importancia en las ceremonias de países de ese continente (como también en algunos de Asia, incluyendo Camboya y Laos), especialmente durante las ceremonias funerarias. La palabra designa tanto a la persona que la porta como a la máscara misma. Todas las máscaras africanas caen en una de cuatro categorías: espíritus del antepasado, héroes mitológicos, la combinación del antepasado y el héroe, y los espíritus animales

Se considera que el portador está en relación estrecha con la fuerza espiritual de la máscara. The New Encyclopædia Britannica describe lo que sucede: “Al ponerse la máscara, la persona a veces experimenta un cambio psíquico y, como si estuviera en trance, asume la personalidad del espíritu representado por la máscara. No obstante, por lo general el enmascarado actúa hábilmente como ‘compañero’ del personaje al que imita […]. Aunque parece que con frecuencia acaba por identificarse psicológicamente por completo con el ser que está ayudando a crear. Pierde su propia identidad y se convierte en un autómata, un individuo sin voluntad, al servicio del personaje de la máscara”.

Para entrar en el estado de éxtasis, conciencia mágica en donde los mundos fenomenales y nouménicos interactúan, los chamanes y hechiceros tradicionales (Magia de la Naturaleza) hacen uso de varias técnicas mánticas incluyendo el ritmo mágico del pandero, el baile sagrado, cantos hechizantes y el uso de máscaras espíritu con el fin de lograr la profunda sintonía interior con los seres divinos. Al usar la máscara espíritu se invoca a los poderes del Otro Mundo, manifestando la presencia de divinidades en un tangible y directo camino.

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Máscaras de exhibición en el Museo de Arte Popular en la Ciudad de México.

Las Mascaras Espíritu en Magia de la Naturaleza

La máscara es el velo que hace volar la conciencia, que permite un juego psicológico donde el ego desaparece. El portador entra en comunión con los espíritus, llamando su atención, siendo observado. Encarna el poder salvaje de las tierras mágicas que pocos visitan y de sus habitantes, los espíritus, las Hadas y los animales de poder que guían y mantienen sano el bosque. Porque cuando el rostro, aquello que más nos define, desaparece, da lugar a una poderosa energía en la que “somos sin ser”, lo que a muchas personas aterra.

El disfrazarse como deidades con cabeza de animal, el arroparse de pellejos, cuernos, pieles, órganos animales, etc., se hizo para intentar asimilar los poderes sobrehumanos que poseían ciertos animales.
Esta fórmula, que era usada por los brujos y hechiceros del mundo antiguo, tenía un profundo efecto sobre la psicología del operante. A causa de que el hombre se desarrolló desde las bestias, el posee -enterrado profundamente en su subconsciente- las memorias de poderes sobrehumanos que una vez poseyó.
Cada animal representa uno o mas de tales poderes: la fuerza y astucia del leopardo; la vista o sentido en la oscuridad del gato, búho, el murciélago; el poder del veloz y mortal proceder de la serpiente; el poder de transformación de la hiena, etc. Cualquier atavismo requerido podría ser evocado mediante la asunción de la forma divina apropiada

El  chaman o hechicero confecciona su máscara y la decora por medio de los símbolos que a menudo utiliza, según su tradición y creencias. Después la consagra a los poderes de los Ancestros y la carga con el poder numinoso del bosque para portarla y pertenecer al mágico Otro Mundo. Consagrada por la fuerza del Maestro Astado, por la fuerza telúrica de la Dama Oscura, por la luz de la Luna o por los atributos del animal tótem que acompañan al viajero ahí fuera.

Tanto para el portador como para el observador de esta máscara mágica es un método de superación de la percepción “ordinaria” y dormir a través de la “brecha entre los mundos” en las profundas realidades de Elphame. La verdadera esencia de la máscara ha sido hábilmente resumida por Mercia Eliade como “una total transformación del individuo en otra cosa.”

Así la máscara espíritu es un constante elemento en las tradiciones sagradas de prácticamente todas las culturas paganas politeístas. La máscara de los chamanes siberianos, llamada la abagaldei estaba hecha de madera o piel con barba y cejas de pelo de ardilla. Los chamanes Tungu vestían la máscara “para mostrar que el espiritu de malu está en el. En cualquier lugar la máscara ritual es un vehículo de transformación y encarnación de lo divino.

Siempre se ha observado como una corriente duradera un uso nativo de magia con máscaras dentro de nuestras tradiciones de paganismo espiritual y brujería. Odin, el chamánico Maestro del Éxtasis tiene, como uno de sus nombres de dios, el título de Grimr, “el enmascarado”; y en el británico siglo VII el arzobispo Theodoro desaprobó a los que vestían de ciervo y cabeza cornuda en la época de enero, recordando al Ooser o la máscara de cabeza cornuda en los ritos del pueblo.

Es el totémico pájaro y bestia de máscara mágica del paganismo céltico y germano, que a través de su magia evocando y alcanzando la transformación chamánica, pervive en la fuerte tradición popular de Europa.

La máscara a través de los siglos se ha utilizado entre el pueblo para representar a las energías del Otro Mundo, a los seres de la Cacería Salvaje que cabalgan y braman en el Samhain. Cabezas de toros, ciervos, liebres, ocas… todas ellas representando el mágico poder totémico que el brujo evoca para cruzar el umbral, para volar junto a la Dama de la Noche, la Frau Holle, también llamada Perchtl.

En la alemania medieval procesiones desenfrenadas de jóvenes con caras ennegrecidas y de manera disruptiva salían en Samhain imitando a los espíritus nocturnos que cabalgan con Perchtl o Frau Holda, la salvaje diosa de la Furiosa Horda de viajeros de la noche. En Tirol en el día de San Martín y Yule las máscaras llamadas Perchtenmasken danzan alrededor de los campos liderados por un hombre montado en una caballo blanco.

Un festival alemán incluía mimos enmascarados llamados “rostros de muerte” y “barbudos” cuyo aspecto ritual representaba lo ancestralmente ctónico y a los espíritus del inframundo.* También en esta tradición de la Cacería Salvaje encontramos las ceremonias medievales llamadas “Charivari”; una procesión de éxtasis y desorden de fantoches (máscaras) vistiendo como ciervos, toros, liebres, zorros y máscaras de lobo que interrumpían banquetes de boda.

La costumbre británica del “guising” en Samhain ha empleado a menudo máscaras rituales para convertir a los bailarines y actores en los espíritus ancestros de la Cacería Salvaje y ha sobrevivido de forma popular en las calaveras, fantasmas y diablos que los niños llevan como máscara en Halloween. La celebración de Yule destaca danzas rituales y actuaciones misteriosas con personajes enmascarados como San Jorge, el Doctor y Padre de Yule envuelto en acebo para representar al Señor del Invierno, el Rey del Acebo.

Los mimos enmascarados también representan en Yorkshire y Northumberland con ruidosas danzas de espadas como el juego “Plough Stot”. En ceremonias paganas en Beltaine destacan máscaras espíritu representando a “Jack-in-the-Green”. Como las máscaras de los seres del bosque que eran echas de corteza de arbol de roble y hojas de espino, donde los actores del ritual agasajaban los misterios de la muerte y la resurrección, brotando en danza alrededor de la cruz de Mayo con la Reina Flor o Reina de Mayo.

En su trabajo “Calendario de costumbres alemanas” (Londres 1966), Richard Thonger relata que en Pentecostés “los viajeros se adentran en los bosques para recoger ramas verdes y vuelven con una figura vestida con corteza de árbol”: el es llamado Pfingstl en el sur, y en Turingia el Hombre Salvaje u Hombre Verde (Laubmmanchen); a veces viste con una máscara de pájaro salpicada con agua y es llamada el ave-agua, Wasservogel.

La foliada cara del Hombre Verde en la iglesia se asemeja mucho a un máscara. Puede que represente los mismos objetos de culto que han permanecido dentro de los templos y santuarios paganos. Otra máscara de mimo de Europa incluye al cisne o la oca; animales chamánicamente piscopómpicos y espíritus feéricos que actúan como vehículos y guías en los viajes al Otro Mundo, atravesando las dimensiones en su vuelo mágico.

El Señor Oscuro o maestro del akelarre tradicional suele portar una máscara cornuda como alto sacerdote de Cernunnos o Gwynn, Iniciador y Señor de Annwvyn. En la boscosa región del bajo Austria se dice que se llevan a cabo festivales de brujas secretos en donde todos los participantes portan máscaras de ciervo.

En el siglo XVI escritores alemanes reportaron que las brujas llevaban viseras o máscaras en el Sabbat y Henri Boguet  atestó que en el akelarre “Lyons” que el examinó también llevaban máscaras en sus rituales.

Un reporte francés de 1614 menciona una reunión de 200 brujas enmascaradas y las famosas transformaciones en cambio de forma de los practicantes como Isabel Gowdie en liebres, gatos, cuervos y abejas en referencia al ritual de máscaras danzantes donde se invocaron los tótems de animales y aves. En el juicio de brujas de North Berwick en 1590, John Fian se dijo haber estado enmascarado cuando guiaba al akelarre hacia el cementerio.

También advertimos vestigios de estas prácticas observando al sonriente Hombre Verde en las bóvedas de las iglesias medievales, a los que visten pieles en los carnavales del País Vasco asegurando que la marcha se originó “para ahuyentar a las brujas”, siempre poniendo de manifiesto la conexión con lo salvaje y natural, eso que tanto hemos perdido. Pues esta práctica ha sido perseguida y mal vista; hoy día no se permite andar sin rostro.

Entre los Samoyedo de Siberia, el ritual de máscaras es usado para incrementar la concentración y para ayudar a focalizar la conciencia. Es una sensación definitiva de desapego del mundo cuando uno está en ello, una internalización de la conciencia; la personalidad superficial es rebajada, trascendida por los profundos poderes espirituales en donde la máscara es un símbolo. Como el erudito finlandés Uno Harva dijo, el conjunto ceremonial y los ropajes mágicos del chamán, bruja o mago son esencialmente una máscara que puede ser considerada en común en todas las tradiciones paganas expresando que es “la cara del espíritu”.

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Mascara toro

En Magia de la Naturaleza, HECHICERIA, llevamos la máscara para liberar nuestro latente espíritu animal. el mismo que libera nuestros instintos ocultos. Como memoria perdida, de manera casi inexplicable, nos dice como vivir. Es nuestro privilegio entender a la naturaleza misma y descifrando sus conocimientos experimentamos los valores consagrados. Aquí y ahora, permitamos que la máscara nos conecte con el pasado. Imaginemos el futuro, y actuemos.

¡Gracias por leer!

Un abrazo,


FUENTES:

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