El Hacedor de Lluvia

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Cuentan que en el pasado en las tribus y en los pueblos había una persona que se encargaba de una función primordial de todas, la de Hacedor de Lluvias. En las sociedades que dependían directamente de la agricultura por temporal, las sequías significaban muerte, enfermedades y años de sufrimiento. La expectativa de lluvia cuando ésta faltaba se convertía en la espera de un milagro que podía cambiar radicalmente la existencia. Y por supuesto, alguien capaz de hacer llover se volvía la persona más valiosa para ese mundo.

La falta de lluvias comporta la sequía de nuestros pantanos y pérdida de nacimientos de agua y manantiales. Además de calor insoportable e incendios descontrolados de bosques y areas rurales. Por tanto yo creo que esta figura debería recuperarse.

A continuación una historia taoísta  sobre Hacedores de Lluvia:

Era la estación de las lluvias, pero ellas no aparecían. Los campos sufrían con la sequedad, la tierra se agrietaba, el ganado no encontraba pastos, los habitantes del pueblo invocaban a los espíritus benignos, pero el cielo seguía sin mostrar una sola nube. Los afligidos campesinos reunidos en la plaza principal, junto con los ancianos que formaban el gobierno de la aldea, decidieron que iría una comitiva de ellos hacia otro pueblo distante donde habitaba un hacedor de lluvias. Estaban dispuestos a traerlo a como diera lugar, procurando conmover su corazón con la miseria que veían venir sobre ellos a causa de la sequía.

Cuándo regresaron en feliz cumplimento de su misión, les dio la bienvenida una multitud entusiasta dispuesta a obedecer cualquier exigencia del hacedor de lluvias. Este era un anciano de aspecto humilde y tranquilo. Sus peticiones fueron modestas: una choza para él solo, una ración diaria de arroz y de té, no ser molestado durante una semana, porque necesitaba absoluta soledad. Así se hizo.

Al término de la semana, llovía, y llovió sin parar por tres días. La tierra yerma absorbía con avidez la vida que le daba el agua, la gente bailaba por las calles con el rostro vuelto al cielo que por fin se había acordado de ellos. Cuando despejó y apareció el arco iris, el anciano salió de la choza. Todo el pueblo fue a darle las gracias, a ofrecer en retribución lo que él pidiera, y a preguntar cómo había hecho el milagro.

Muy sencillo – respondió el anciano – este pueblo no estaba en armonía con el Tao y eso perturbó el ciclo acostumbrado de las cuatro estaciones. Bastaba que un solo hombre lo estuviera para que los demás se fueran armonizando y el orden natural de las cosas se restableciera.

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Richard Wilhelm, cuando era joven, se trasladó en misión cristiana a China. Wilhelm era una auténtica personalidad de visión amplia y clara. Sinólogo, teólogo y antropólogo, poseía una visión sin prejuicios. Richard Wilhelm relató la misma historia de Kiao Tchau a su amigo C. G. Jung. Así es como éste se la contaba con asiduidad a sus alumnos:

Había una gran sequía en el territorio en el cual se hallaba Richard Wilhelm; desde hacia varios meses no caía una gota de lluvia y la situación se hizo catastrófica. Los católicos hicieron procesiones, los protestantes elevaron sus plegarias, y los chinos quemaron incienso y dispararon sus fusiles para espantar a los demonios de la sequía.

Finalmente los chinos se dijeron:
Debemos buscar al hacedor de lluvia, y aquel vino de una de las provincias. Era un hombre anciano y magro. Dijo que la única cosa que necesitaba era que pusiesen a su disposición una pequeña casa tranquila, en ella se encerró durante tres días.

Al cuarto día las nubes se amontonaron y se produjo una fuerte caída de nieve, en una época del año donde ello no era previsible y en cantidad no habitual. Tantos rumores circulaban respecto a este extraordinario hacedor de lluvia que Wilhelm fue a verlo y le preguntó cómo lo había hecho.

El pequeño chino le respondió:

– Yo no hice la nieve, no soy responsable de ello.

– Pero ¿qué ha hecho usted durante estos tres días?

– Oh, eso puedo explicárselo, es simple.

Vengo de un país donde las cosas son lo que ellas deben ser. Aquí las cosas no están en el orden, no son como deberían ser según el orden celeste, entonces todo el país está fuera de Tao. Yo dejé de estar en el orden natural de las cosas, porque el país no lo estaba. Así la única cosa que tenía que hacer era aguardar tres días hasta que me volví a encontrar en Tao, y entonces naturalmente, el Tao hizo la nieve

Richard Wilhelm es el responsable de la primera traducción del I Ching, el Libro de los Cambios o Transformaciones. Esta obra puede ser usada como oráculo y libro de sabiduría. Su premisa es que todo el universo fenoménico esta en permanente cambio, pero muta siguiendo ciertas leyes o principios.Esta obra es esencial para comprender la metafísica china. Luego de su presentación a Occidente el interés por el I Ching ha ido en aumento a través de los años, en gran parte estimulado por los descubrimientos del famoso psicólogo Carl Jung. Hoy son millones quienes usan el libro a diario.

El “Hacedor de Lluvia” hizo sin hacer.

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Este concepto puede aplicarse a muchos campos del saber. El “hacedor de lluvia” se limitó a buscar el “principio de sincronicidad”, que en buena parte sustenta la “magia simpática” que James George Frazer expone en “La Rama Dorada”:

Entre las cosas de que el mago público se encargaba para el bien de la tribu una de las principales era mandar sobre el clima y especialmente asegurar una caída de lluvia adecuada. El agua es esencial para la vida y en la mayoría de los países su provisión depende de los aguaceros. Sin llover, la vegetación se marchita y los animales y los hombres se extenúan y mueren. Por esta razón, en la sociedad de salvajes, el “hacedor de lluvias” es un personaje muy importante y existe con frecuencia una clase especial de magos para regular el abastecimiento del agua celestial. Los métodos con que ellos intentan cumplir los deberes de su cargo, por lo común, aunque no siempre, están cimentados en las reglas de la magia homeopática o imitativa. Si desean hacer que llueva, lo imitan salpicando agua o remedando las nubes; si su objeto es parar la lluvia y producir sequía, evitan el agua y recurren al calor y al fuego con el designio de enjugar la humedad demasiado abundante.

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Una danza de la lluvia es una danza ceremonial que se ejecuta para invocar la lluvia y asegurar el éxito de la cosecha.

También las tribus africanas y amerindias tenían la creencia de que cuando había sequía era porque los hombres se encontraban en conflicto, por los pocos recursos que se podían encontrar la sabana africana o las praderas americanas. Estos conflictos sólo podían ser resueltos por el Hacedor de Lluvias. Bailando, refrescando las cosas, el cielo, la tierra, los hombres. así detiene el conflicto, trae lluvia y trae paz al hombre.

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