La Magia Transformadora de Joseph Beuys I

El chaman Joseph Beuys es la antitesis del mago Alesteir Crowley.

Escultor, dibujante, performer, activista político y docente, Joseph Beuys nace en  1921 en Krefeld, (Alemania) en el seno de una familia de origen holandés y de marcada tendencia católica. Más que por su producción como escultor, alcanzó renombre internacional por su concepción teórica del arte y por su labor docente, que llevó a cabo en la Kunstakademie de Düsseldorf.

La Transformación de Chaman a Artista

El trabajo de Beuys consiste principalmente en acciones y acontecimientos. Para Beuys, la historia personal era algo que podía ser reinventado con carácter retroactivo, como una escultura social maleable.  

El clima político de la Alemania de mediados del siglo XX lo afectaría para siempre.  Piloto nazi de la Lufwaffe con solo 19 años, tuvo un accidente de avión durante la batalla de Crimea (1944). Fue arrojado desde la cabina del piloto en el impacto e inmovilizado bajo la cola. Beuys había sufrido una doble fractura en la base de su cráneo; tenía metralla por todas partes, sólo una parte de esta pudo ser quitada más tarde. Se había roto sus costillas, piernas y brazos. Su pelo se había quemado desde las raíces, su nariz pulverizada….

Sobrevive gracias a los cuidados de unos tártaros nómadas que evitan su congelamiento cubriéndolo de grasa y fieltro en un ritual chamanico. Seducido por el estilo de vida nómada, logró compaginar con la tribu y así sobrevivir .

Esta tragedia le marcará para toda la vida y, de hecho, su salud quedará muy resentida. En cualquier caso, la superación de las diferentes crisis físicas y mentales, por las que pasa en determinadas años, es entendida como la oportunidad para una transformación y superación, asumiendo este hecho como un ritual chamánico.  De esta experiencia, Beuys extrajo motivos de inspiración que lo acompañaron a lo largo de todo su trabajo, siguiendo un misterioso hilo de renacimiento espiritual chamánico por el cual la humanidad alcanza la armonía final en sí misma y con la naturaleza.

El chamán siempre representa una muerte simbólica, pero seguida de una resurrección, adquiriendo un nuevo cuerpo con más habilidades. De ahí que este mismo proceso, lo haya asumido el propio artista con las complicaciones físicas y las enfermedades que tuvo que padecer, debido a las heridas de guerra. Este proceso supondría para el artista un auténtico reconocimiento chamánico.

¿Qué podría decirse de un guerrero  arrepentido que, en el nombre del arte, probó hasta el chamanismo?

De 1946 a 1951, Joseph Beuys estudió en la Escuela de Bellas Artes de Düsseldorf, donde más tarde fue profesor de escultura. Además, en 1959 se casó con Eva Wurmbach, una estudiante de la academia en donde trabajaría dos años después. En 1962 comenzó sus actividades con el movimiento neodadá Fluxus, del que llegó a ser el miembro más significativo y famoso.  Su obra realizada en su tiempo de profesor, afecta en la relación de la pedagogía con el estudio del arte, ya que Beuys cambio totalmente el enfoque de enseñanza que se tenía hasta el momento.

El hombre antiguo respetaba a los animales. Era su depredador, pero reconocía en ellos “algo” misterioso, que activaba su fuerza, fiereza y/o rapidez y deseaba adquirir estos poderes. En las tradiciones amerindias y en las estepas euroasiaticas, los chamanes tienen la capacidad de adoptar la forma de animales por medio del sueño .

¿Por qué trabajo con animales? Para expresar poderes invisibles. Uno puede aclarar esas energías si se penetra en un reino que la gente ha olvidado y donde sobreviven grandes poderes con la forma de grandes personalidades.

 Joseph Beuys

El interés de Joseph Beuys por Rudolf Steiner y la antroposofía, el cristianismo, la mitología y el chamanismo, la botánica y la zoología lo llevan a desarrollar un simbolismo rico y complejo, que incorpora imágenes arquetípicas de animales como liebres, ovejas, cisnes, abejas, entre otros.

Presentado como caminante, nómada y chamán -en tanto que persona capaz de transitar por las distintas esferas en las que tiene lugar la vida del hombre (cielo, tierra y subsuelo)- Joseph Beuys defiende una naturaleza catártica del arte,sustentado en los principios de sufrimiento, muerte y renacimiento, su animal familiar, su espíritu de poder es la LIEBRE  y su sombra, el COYOTE.

El arte de Joseph Beuys es como un acto iniciático, el artista como chamán, como en tiempos primitivos. En un mundo tan saturado de información como es el actual, solo las experiencias únicas, calan hondo en nuestra mente generando una huella duradera en el tiempo.

La música es otro elemento importantísimo de los chamanes que no olvidaban la fuerte influencia que ejercía sobre el ser humano. Ellos sabían combinar los sonidos en forma inteligente para provocar en cada uno de los centros psíquicos humanos impulsos distintos.

Fluxus disuelve el arte en lo cotidiano.

Su paso por el grupo Fluxus no es un dato menor. En 1962, a raíz de un concierto en Düsseldorf, donde Naum Jun Paik tocaba piezas de John Cage, Joseph Beuys conoce al movimiento Fluxus y pasa a formar parte del grupo de anti-arte que acaba redefiniendo por completo al arte mismo. Entender al arte como proceso en flujo era su máxima y se convirtió en líder y guía espiritual del grupo, hasta que Fluxus se convirtió también en arte institucional.

El Arte  institucional está totalmente desligado de la Mística, Ciencia y Filosofía, a diferencia del Arte Regio de la Naturaleza

En 1963, Beuys da el primer concierto de Fluxus, con una “Composición para dos músicos” y la “Sinfonía siberiana, primer tiempo”, durante la que presenta por primera vez una liebre muerta, lo cual es un shock para el público.

Beuys era quizá demasiado personalista para fluir en grupo, el siempre disidente siguió su camino, continuando la aleación de arte y vida: introdujo el arte en la política, en la educación, en la naturaleza, en la religión y en el propio arte.

Como en el zen, cuya influencia recibe Fluxus a través de John Cage, lo simple ayuda a llegar a lo complejo. Fluyendo con el universo todo sucede auténticamente, sin forzar, sin sufrimiento. Como le sucede a la flor cuando se convierte en fruto ó cuando el capullo de seda se convierte en mariposa, así nos sucede a nosotros porque nosotros ya somos la semilla, solamente tenemos que permitir que la transformación sea posible, estando relajados, presentes y disponibles.

Los dibujos se podrían enmarcar, por su parecido, dentro de la figuración de los expresionistas alemanes. Fueron considerados por él mismo fundamentales dentro de su obra. Les dio significado de meditación, de misterio y de existencia. A los dibujos hechos sobre una pizarra los llamó dibujos auditivos. Muchos son realmente esbozos de ideas para obras; esquemáticos, ágiles y libres; muchas veces son solo manchas de color. En algunos se adivinan paisajes en las manchas de tinta; en otros, animales como la liebre, el ciervo, la oveja, el cisne, la abeja. Los animales se convirtieron en símbolos de su semántica personal y hacen referencia a su biografía. El color usado provenía de materiales que guardaba celosamente en secreto y a los que daba nombre y también un contenido simbólico muy personal. Los llamaba sustancias plásticas: tonos rojizos, derivados del hierro, emparentados con la sangre y la tierra. La sangre relacionada con las heridas, las heridas con la sanación. Pero es que según Beuys, no era el color lo que le interesaba sino las sustancias. Y muchos seguidores aun pintan con “sustancias”: semen, sangre u orina.

Solo las películas de sus acciones nos permiten comprender el compromiso multifacético del artista con los modelos a seguir que cita: el sanador, el Mesías, el chamán. Beuys, después de todo, nunca fue solo el sanador, también estaba enfermo; nunca fue un medio puro de iluminación, sino también un buscador tan devastado por la duda como sus escépticos. Esta ambivalencia es especialmente palpable en las acciones, que están vivas con la tensión entre la autoridad encarnada por el artista y su ambición de inspirar a las personas a una acción autodeterminada y creativa. Beuys sin duda desconcertó sus propias actividades y a menudo envolvió sus mensajes en la retórica de las verdades universales.

LA LIEBRE MUERTA de Joseph Beuys.

Y el artista de la cabeza de miel y oro sostiene entre sus brazos una liebre muerta. La abraza con esmero y ternura. 

En el performance Cómo explicar los cuadros a una liebre muerta, tal vez el más famoso de toda su trayectoria artística, sus movimientos fueron pausados.  Es el 11 de noviembre de 1965: Joseph Beuys (Alemania, 1921–1986)  se pasea por una Galería de Arte en Düsseldorf vestido con un traje de fieltro y la cara untada con miel y polvo de oro. En sus brazos lleva una liebre muerta y de vez en cuando le susurra al oído la explicación a los cuadros expuestos.

El público tenía que contemplar la escena desde una puerta, peleándose el turno. La distancia física estaba pensada para crear distancia psicológica. Expectantes miran la acción estupefactos. Observan la escena entre la confusión, la sorpresa y la excitación… ¿A donde llevará todo eso…? Beuys por su parte, no parece reconocer la presencia de su audiencia durante las tres horas que dura su obra de arte.

Beuys asume el papel de chamán y postula la necesidad de curar una sociedad que considera muerta.

Joseph Beuys es un brujo, un chamán: «El brujo toma para sí el papel de guerrero contra las fuerzas del universo impredecible, con el convencimiento de que la muerte jugará la carta final —afirmó el escritor Nevil Drury—, posee un conocimiento de posturas rituales y una sensibilidad respecto de su entorno, gracias a las cuales puede defenderse de sus adversarios mágicos. En cualquier circunstancia, nunca le cogerán con la guardia baja».

En esta acción Beuys reúne varias figuras que transitan toda su obra: el chamán que entra en contacto con lo animal para un acto de curación, el nómade o peregrino que cruza las fronteras mentales, que quiebra bordes. La liebre, símbolo tanto lunar como de fertilidad terrestre, es siempre en la obra de Beuys un signo de la inspiración, la intuición.

El calor es signo de vida, de espíritu. El calor, signo de movimiento y vida, es energía; el arte de Beuys va en búsqueda de ella.Desde entonces, la grasa y el fieltro serán materiales recurrentes en su obra. La grasa y el fieltro, dos elementos que se transforman en su propio sello (junto a la cruz y la rosa).

La grasa representa los fenómenos de regulación térmica en los organismos, se modifica con las variaciones de temperatura, se derrite al calor y se desliza, chorrea, calca la forma de la superficie que le da sostén y cuando se enfría se transforma en escultura (Beuys concibe la escultura como un depósito de energía).  La grasa es lo permeable a la temperatura, aquello que pasa de estados de disolución y solidificación dependiendo de la energía térmica que reciba, es lo móvil. Sin embargo la grasa ya es energía en sí misma, es la principal reserva de energía de todo animal vivo. El fieltro es aquello que aísla y retiene al calor, que conserva la energía. La grasa invoca y el fieltro proscribe.

La miel es símbolo del trabajo colectivo, sustancia viva de comportamiento similar al pensamiento humano. La cabeza de Beuys alberga miel y una capa de polvo de oro. Es el cráneo, el rostro, que mana luz y calor. Es la cabeza incendiada por ideas vivientes. Es el pensamiento vivo. La miel y el oro, dos signos alquímicos de la sabiduría, le dan el carácter de iniciador en esta ceremonia. Y, como supo decir Beuys: “Si coloco miel y oro en mi cabeza, se infiere que estoy haciendo algo relativo al pensar”.

Yo hablo por liebres que no pueden hablar por sí mismas

Joseph Beuys

La liebre es para Beuys un signo de lo femenino, de lo lunar, lo intuitivo, pero también de la velocidad y el cambio. La liebre muerta es signo de regeneración.   La liebre, en tanto que terráquea, habitante de las cuevas subterráneas, invoca a un calor distinto al solar, el propio calor terrestre, el fuego interno. Joseph Beuys le toma la cabeza al animal. Le mueve las patas. El pequeño cuerpo obedece sus mandatos. Juntos exploran los cuadros que hay sobre la pared mientras el hombre susurra algo en las largas orejas, que luego toma con los dientes. Descienden al suelo. La acción chamánica logra su efecto: la liebre anda. La liebre vive. Vive en las manos del artista.

Finalmente la pizarra, que coloca a Beuys en el lugar de docente, pues desde la definición extendida del arte, la docencia es arte y la enseñanza libre es condición necesaria para la libertad mental de cada persona.

Haciendo lo correcto en el lugar correcto y en el momento correcto. Eso es arte.

Joseph Beuys

Es un chamán, transitando entre lo ridículo y lo sublime. Con esta y otras obras, el artista consiguió estimular la imaginación de la gente ahí presente. Simbolismo, poesía y mucha carga intelectual.

Su trabajo siempre ha suscitado una gran variedad de respuestas Las polémicas sin resolver de su vida y sus obsesiones con la renovación espiritual de Occidente a través del chamanismo, mientras explora sus pasos marcados por una personalidad bromista (“El Payaso Sagrado” en la Rueda) que se toma muy en serio el concepto de arte.

Beuys  analizó intensamente el chamanismo, para el artista una filosofía natural que evoca un mundo originario en el que todos los seres viven en armonía. En ese sentido, Beuys fue un adelantado de su tiempo, ya que veía en el chamanismo un enfoque médico integral, que armoniza a todo el ser: su cuerpo, su espíritu y su alma.

beuys-and-coyote
Poco a poco el coyote y Beuys se van acostumbrando uno a otro y al final Beuys abraza al coyote.

EL COYOTE (1974) de Joseph Beuys.

El coyote, animal sagrado para los indios norteamericanos. Dios entre lo espiritual y lo material.

Beuys se había ganado una gran fama dentro de los círculos europeos como una de las figuras más importantes y originales dentro del arte conceptual y promotor del desarrollo del performance, junto con otros artistas pertenecientes al grupo Fluxus como el francés Yves Klein o el italiano Piero Manzoni. Pero no fue hasta el mes de enero de 1974 que realizó su primer viaje a Nueva York, cuando realizo su primera perfomance: Me gusta América y a América le gusto yo (en inglés: I Like America and America Likes Me) conocida también con el nombre Coyote. 

La obra empezó en el momento del viaje desde Düsseldorf a Nueva York. Al llegar al aeropuerto Kennedy, Beuys se envolvió de la cabeza a los pies en una manta de fieltro —material ya empleado por el artista en anteriores representaciones y del que él mismo decía que servía como aislante físico pero también metafóricamente—, fue conducido en una ambulancia, de la que se le sacó en camilla para introducirlo en la galería, una vez allí fue colocado en un espacio que compartió, durante tres días, con un coyote salvaje, separado de los espectadores por una acotación de malla metálica. La performance consistió, en que durante todo este tiempo, realizaba una serie de rituales diarios que incluían conversaciones con el animal, el ofrecerle diversos objetos como tela de fieltro, guantes, linterna, un bastón y cada día el diario The Wall Street Journal, el coyote los tocaba, reconocía  e incluso orinaba sobre ellos.

La perfomance representa una vía para “explorar las relaciones entre el hombre y el animal; para discernir la frontera entre lo salvaje y lo domesticado”. También puede entenderse como un diálogo entre la vida y la muerte, como una relación entre la herida y la salvación.

Todos los objetos utilizados durante el tiempo que duró la acción junto con algunos cascotes de la galería Rene Block, y por encima de todo esto sulfuro amarillo que Beuys había esparcido para, según el autor, conseguir como en alquimia una transformación de «reconstruir la materia como una afirmación de unidad y reconciliación», fueron colocados en 1979 en la galería Feldman, en un montaje titulado Aus Berlín (Desde Berlín) con motivo de la exposición retrospectiva de Beuys que se celebró por entonces en el Museo Solomon R. Guggenheim de Nueva York

Esta acción era una metáfora de lo que vive un migrante al llegar a Estados Unidos. Un ser en cierta forma devalido emboscado directa o luego indirectamente por el salvajismo racista norteamericano.

Es una imagen potente y profunda, y hoy es tan profética como siempre. Según explicó Beuys, la acción fue el «complejo de coyote» que reflejaba:

…la historia de la persecución de los indios norteamericanos, además de la relación completa entre Estados Unidos y Europa […]. Quería concentrarme sólo en el coyote. Quería incomunicarme, aislarme, no ver de Estados Unidos más que el coyote […] e intercambiar roles con él.

Beuys raspa, busca, camina, se confronta ante la culpabilidad reprimida de la civilización norteamericana. Culpa surgida de la matanza injustificable de los indios. El indio debía ser exterminado no tanto para arrebatarle sus tierras, sino por su experiencia más amplia de la libertad. El indio vivía tan libre como el coyote o el búfalo.

El coyote es un animal autóctono americano, cuya existencia precede la de los Estados Unidos como tales. Al igual que la liebre, su vida material y su simbología son presencias que datan de tiempos inmemoriales. Los nativos americanos veían en el coyote la encarnación de arquetipos tales como el ‘trickster’, o ‘pícaro divino’, con el cual Beuys siente una peculiar afinidad

El comportamiento del coyote cambió a lo largo de los tres días, volviéndose a veces cauteloso, desprendido, agresivo y luego amistoso. Al final de la presentación, Beuys fue nuevamente envuelto en fieltro y regresó al aeropuerto.

Para Beuys representaba la transformación de la ideología en la idea de la libertad. Era esta una idea fija de Beuys llevada a la «escultura social», en la que se realizaban largas discusiones con otras personas y en diferentes contextos, según decía la «escultura social» movilizaría la creatividad de cada persona, consiguiendo modelar la sociedad del futuro

 Beuys entendía el sufrimiento como un proceso de purificación y, como rememora Johannes Stüttgen, su alumno y colaborador, el artista alemán hablaba del «dolor del conocimiento» como algo inseparable del proceso existencial de conquista de la libertad.

El espíritu del coyote es tan poderoso
que el ser humano no puede entender lo que es
y lo que puede llegar a hacer en el futuro por la humanidad.

Joseph Beuys

El público observaba este “diálogo”, que lo mostraba a él con el cayado como un chamán. Pretendía así reconciliar de manera metafórica la cultura moderna, la primigenia y el mundo natural de los Estados Unidos.

En su último periodo creativo, Beuys también analizó intensamente el chamanismo, para el artista una filosofía natural que evoca un mundo originario en el que todos los seres viven en armonía. En ese sentido, Beuys fue un adelantado de su tiempo, ya que veía en el chamanismo un enfoque médico integral, que armoniza a todo el ser: su cuerpo, su espíritu y su alma.

Beuys usaba sombrero para que no se le escaparan las ideas, y chaleco para mantener caliente el corazón y guardado el amor. Lo anterior no es un chiste. Así lo dijo, y por medio de este tipo de disfraces se crean las “marcas”, se obtiene un “halo” de especialidad. Los expertos sugieren ser reconocible siempre y desde lejos, algo así como hacer de sí mismo un estereotipo, una marca. En este caso el halo es de misterio, sabiduría y excentricismo.

conejo2“Cuando hice esas primeras acciones, llevaba sombrero, y me dió la impresión de que tenía que seguir siendo como soy. En realidad quería transformarme en un ser natural. Así que siempre quise tener lo mismo: ¡igual que una liebre tiene orejas, yo quería tener sombrero! Una liebre no es una liebre si no tiene orejas, yo quería tener sombrero! Una liebre no es una liebre si no tiene orejas, de modo que entonces pensé: Beuys no es Beuys si no lleva sombrero.”

Joseph Beuys

beuys-1
Joseph Beuys, el hombre del sombrero. O mejor dicho… El Conejo del Sombrero

Continuara…


conejo gifFUENTES:

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3 comentarios en “La Magia Transformadora de Joseph Beuys I

  1. Gracias a ti por tu comentario, es motivador para trabajos de analisis como este. La magia natural o Arte Regio pasa ignorado en la historia, pero esta ahi, liberando al hombre del dominio de entidades sobrenaturales que explotan los recursos del planeta, incluida la humanidad.
    Para mi, el trabajo de Joseph Beauys son expresiones artísticas de las realidades vivas del Universo, que enlazan con lo que sucedió a partir de su muerte en Alemania. Fue un Profeta que derrumbo muros psiquicos con sus perfomances, para poder derrumbar el Muro de la Verguenza. También anuncio la llegada del autentico capital, etiquetando capitalismo y comunismo como dos caras de la misma moneda. Una falsa moneda que esclaviza al ser humano y explota al planeta.
    Hoy se esta gestando una nueva formula de entender la economía: la economía colaborativa y Beauys profetizo su llegada. Próximamente hablare de ello

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