«ALQUIMIA» Espiritualidad o Psicología

800px-Amphitheatrum_sapientiae_aeternae_-_Alchemist's_Laboratory
“La primera etapa de la Gran Obra”, más conocido como “El laboratorio del alquimista”. El dibujo del laboratorio se atribuye al pintor arquitectónico Hans Vredeman de Vries (1527-1604) y muestra a al alquimista Khunrath en su laboratorio.

En la imagen “La primera etapa de la Gran Obra”, más conocido como “El laboratorio del alquimista”, el cuadro de Heinrich Khunrath, Hannover, 1609 puede apreciarse, a la derecha aparecen los instrumentos propios del trabajo de un adepto, con sus atanores, matraces y alambiques. En el centro, los instrumentos musicales simbolizan la armonía del mundo. Y a la izquierda, el oratorio, frente al que aparece reclinado el propio alquimista, recuerda que la Gran Obra solo se alcanza mediante la fe, la perseverancia y la gracia divina.

“Alquimia Espiritual”

La alquimia también poseía una fuerte carga filosófica y espiritual.

 La piedra filosofal o lapis philosophorum era el símbolo central de la terminología mística de la alquimia, que simboliza la perfección en su máxima expresión, la iluminación y la felicidad celestial. Los esfuerzos para descubrir la piedra filosofal eran conocidos como los Opus magnum (“Gran Obra”).

La alquimia es el paso natural desde la mística de la metalúrgica a la sublimación de la conciencia. Es decir, de la fragua al horno alquímico, de la sacralidad celeste de los meteoritos «piedras de luz» a la «piedra filosofal». Aún más, del herrero de los misterios metalúrgicos al sabio de la transmutación. Por encima de todo, la alquimia del alma, es la utilización consciente del fuego convertido en luz interior.

Asimismo, la alquimia asume de la tradición mesopotámica elementos como el secretismo y el misterio en que envuelve sus prácticas, la homología o identidad entre la realidad celeste y la terrestre, o la identificación entre la esencia de los metales y la de los planetas con los que se relacionan. Sea como fuere, lo cierto es que la larga sombra de los magos caldeos se proyectará durante siglos sobre la encorvada imagen del alquimista que trabaja pacientemente en su atestado laboratorio.

Los contactos de Khunrath con John Dee y Thölde y las creencias paracelsianas lo llevaron a desarrollar una magia natural cristianizada, buscando encontrar la materia prima secreta que llevaría al hombre a la sabiduría eterna. La visión cristianizada que Khunrath tomó se enmarcó en torno a su compromiso con la teología luterana. También sostuvo que la experiencia y la observación eran esenciales para la investigación alquímica práctica, al igual que un filósofo natural.

Un ideal con múltiples implicaciones: desde las farmacéuticas, porque en el laboratorio alquímico se empleaban medicamentos, hasta las simbólicas, porque el adepto aspiraba a una perfección que sólo puede ser expresada simbólicamente. Un ejemplo es La Flauta Mágica de Mozart, una ópera impregnada de hermetismo y simbología alquímica. Pero quizá la mejor definición de la alquimia sea del desconcertante Paracelso, a la vez un tradicionalista, un mago y un renovador:

«Todo lo ha de completar el hombre. Y a este completar se llama alquimia y es un alquimista el que conduce a su fin determinado todo lo que crece en la Naturaleza en beneficio del hombre»

Paracelso

La posibilidad de tomar el camino hacia la perfección; así nació la Alquimia Hermética como un un sistema filosófico y espiritual, tomando también los nombres de  Alquimia Espiritual y Operación del Sol, fundamentalmente orientada a la evolución y purificación del ser humano.

 Como filosofía la alquimia se considera una búsqueda del origen primigenio del hombre como ser espiritual. Los antiguos alquimistas creían que al descifrar los misterios de nuestro planeta lograrían conocer las verdaderas intenciones de Dios.El origen del alma y la metafísica, lo que acabó derivando en la búsqueda del ‘agua de la vida’, ’elixir de la eterna juventud’ como el paso de un ser imperfecto, enfermo, corruptible y efímero hacia un ser perfecto, sano, incorruptible y eterno.

A los ojos de una variedad de practicantes esotéricos y herméticos , la alquimia es fundamentalmente espiritual. La transmutación del plomo en oro se presenta como una analogía para la transmutación personal, la purificación y la perfección.  Los primeros alquimistas, como Zosimos de Panópolis (c. DC 300), destacan la naturaleza espiritual de la búsqueda alquímica, simbólica de una regeneración religiosa del alma humana. Este enfoque continuó en la Edad Media, ya que los aspectos metafísicos, las sustancias, los estados físicos y los procesos materiales se utilizaron como metáforas para las entidades espirituales, los estados espirituales y, en última instancia, la transformación. En este sentido, los significados literales de ‘Fórmulas Alquímicas’ eran ciegos, ocultando su verdadera filosofía espiritual . Los practicantes y mecenas como Melchior Cibinensis y el Papa Inocencio VIII existieron dentro de las filas de la iglesia, mientras que Martín Lutero aplaudió a la alquimia por su coherencia con las enseñanzas cristianas.

3bea8c05092a20ad400744fa6c60b2f0
Hombre inscrito en un pentagrama, de Enrique Cornelio Agrippa De oculta Philosophia libri tres. Los signos en el perímetro son astrológicos.

Alquimia, Filosofía Hermética

La figura central en la mitología de la alquimia es Hermes Trismegisto (o Tres veces Gran Hermes). nombrado “fundador y principal patrón de la alquimia, autoridad, inspiración y guía”.

Alquimia, hermetismo, alquimistas, piedra filosofal, oro de los filósofos, elixir de la inmortalidad; palabras enigmáticas, vinculadas a un proyecto singular: la redención y la purificación de la naturaleza y del hombre, la obtención de la sabiduría y de la inmortalidad, gracias a un arte a la vez químico, farmacéutico y sagrado: el arte de Hermes, la alquimia.

La filosofía hermética, pues es así como se la conoce, toma su nombre de Hermes Trimegisto, es decir, el tres veces grande, dios para unos, hombre para otros, nacido de la fusión de la deidad egipcia Thot y la griega Hermes, a quien los alquimistas de todas las épocas consideran de manera unánime, aun reconociendo en ocasiones su carácter mítico, el fundador de su disciplina.

Los escritos atribuidos a Hermes Trismegisto son una fuente primaria de teoría alquímica. La alquimia tiene estrechas relaciones con el sistema de tradiciones filosóficas basadas en el hermetismo, una serie de escritos y textos con conocimientos esotéricos atribuidos a Hermes Trismegisto que fue recopilado como filosofía hermética por sus discípulos en el libro de superación personal «El Kybalion».

EL HERMETISMO es una práctica de la alquimia occidental relacionada con el legendario alquimista Hermes Trimegisto, quien creó un sistema espiritual y filosófico el cual empezó a ser impartido desde la antigua civilización egipcia. Se piensa que es el responsable del movimiento esotérico llamado “Rosa Cruz“. Está vinculado al dios egipcio Thot, el regente de la sabiduría y de los escribas. Es el autor de la tabla esmeralda, la cual contiene las primeras nociones de alquimia.

Hermes Trimegisto, en los  doce preceptos que componen su “Tabla de Esmeralda”, se refieren a la alquimia, dedicada a cambiar al hombre innoble por uno noble, en el octavo precepto manifiesta lo siguiente:  “Usa tu mente por completo y sube de la Tierra al Cielo, y, luego, nuevamente desciende a la Tierra y combina los poderes de lo que está arriba y lo que está abajo. Así ganarás gloria en el mundo entero, y la oscuridad saldrá de ti de una vez”; este precepto nos deja en claro que nuestro espíritu renace siempre en el cielo luego de nacer y morir en la tierra, que debemos evolucionar espiritualmente, para finalmente ser parte del universo y poder compartir la gloria con nuestro Creador.

El objetivo principal de la alquimia era obtener la piedra filosofal. Tanto la transmutación de metales comunes en oro como la panacea universal simbolizaban la evolución desde un estado imperfecto, enfermo, corruptible y efímero hacia un estado perfecto, saludable, incorruptible y eterno, por lo que la piedra filosofal representaba una clave mística que haría posible esta evolución. Aplicado al alquimista mismo, la meta gemela simbolizaba su evolución desde la ignorancia hasta la iluminación, y la piedra representaba una verdad o poder espiritual oculto que conduciría a esa meta.

El médico-filósofo inglés Sir Thomas Browne en su testamento espiritual Religio Medici (1643) identificó el aspecto religioso de la búsqueda de la piedra filosofal al declarar:

El puñado que tengo de la piedra filosofal, (que es algo más que la exaltación perfecta de oro) me enseñó una gran detalle de la Divinidad.
Thomas Browne, Religio Medici 1,38

La alquimia en su actitud intelectual es de origen gnóstico.

Para los gnósticos, el conocimiento no se alcanza por medio de la razón, ni siquiera a través de la fe, sino como resultado de una iluminación interior. Los alquimistas asumen esa idea y la convierten en el principal objetivo de su obra, del que la transmutación metálica es solo una demostración de éxito.

Característica de la gnosis es la contemplación estática del cielo, de la Luz y del Ser Supremo. En ella aparece una completa jerarquía de Eones, Demiurgos, Demonios y Ángeles, juntos a la Divinidad que desciende hasta la materia caótica e inánime para animarla, con lo que poco a poco van perdiendo su divinidad hasta quedar aprisionados en la materia. En la concepción alquimista del mundo, volveremos a encontrar esta herencia babilónica de la gnosis, así como la polarización masculino-femenina de cada fenómeno. El empeño gnóstico para liberar a los elementos espirituales de su ligazón material se convierte en receta alquimista, al igual que la fusión de los elementos masculinos y femeninos del cosmos. Por ello, un lema alquimista reza: “Solve et coagula” (Disuelve y Coagula).

Un antiguo enunciado de los alquimistas dice “Visita tu interior, rectifica tu conducta, y así  encontrarás el tesoro oculto”. Este proceso que se debe dar en todo ser humano en su debida oportunidad, nos permite descubrir, que todos tenemos un potencial precioso, pero que para lograrlo necesitamos encaminarnos hacia nuestro perfeccionamiento, empezando por despertar nuestro interior  para  convertirnos en nuevos seres humanos, libres, felices y sabios.

La alquimia moderna ha estado fuertemente ligada a la masonería, Debido a que ambas buscaban resultados similares como la inmortalidad y la búsqueda de un método para la transformación de la materia. Por ello, en la masonería se comenzó a realizar ritos que eran propios según a cada grado, en los cuales se involucraban simbología y métodos basados en prácticas similares a experimentos científicos. Una mezcla entre la semiótica, misticismo, metalurgia y la química.

 “Pulir nuestra piedra bruta” es una frase corta pero que encierra un profundo contenido masónico, ya que es la esencia misma de lo que se llama o se conoce como la “Alquimia masónica”, que involucra a todo masón, ya que se le ha entregado las herramientas necesarias para estar en el camino de la superación espiritual, si bien es cierto que en esta vida no se logrará la santidad, pero se estará en el camino, teniendo en cuenta que debemos observar los tres principios fundamentales de la Orden, que resumen varios mandamientos cristianos: Libertad, Igualdad y Fraternidad.

La verdadera alquimia no exige labor mecánica, consiste en la purificación del alma y la transmutación del hombre ani­mal en un ser divino. Una de las transmutaciones que debemos hacer den­tro de nosotros, es la transmutación del plomo de la personalidad, en el oro puro del Espíritu.

Era evidente que la imagen que más se acercaba a englobar lo que los alquimistas veían en su lapis philosophorum era Cristo, el arquetipo del hombre en su máxima realización, de la misma manera que el oro es el cumplimiento de la vocación del metal grosero. Según dice Jung en Psicología y Alquimia,  la alquimia fue “una continuación del misticismo cristiano en la oscuridad subterránea del inconsciente”. De ser conscientes de lo que estaban haciendo, los alquimistas habrían notado que ellos mismos habían tomado el lugar de Cristo como el ser redentor del mundo, algo que habría sido problemático para la ortodoxia y que más tarde Jung explicaría observando una continuación subterránea también de motivos gnósticos.

Debemos entender que la Gran Obra es un proceso iniciático, que lo podemos vivir en nuestro interior psico­lógico y espiritual, y cuya culminación es el Niño de oro de la Alquimia, la resurrec­ción del Cristo interior profundo dentro de nosotros mismos, aquí y ahora.

 La alquimia, la auténtica al menos, no era asunto de magos o hechiceros, y menos aún de oportunistas o de falsarios, sino de verdaderos filósofos. A grandes rasgos, y como resumen a la  historia de la alquimia  podemos distinguir cuatro grandes corrientes entre los autores que se han ocupado de ella.

En primer lugar, investigadores como el propio Marcelin Berthelot, el bioquímico británico del siglo XX, Joseph Needham, o Justus von Liebig, químico alemán del XIX, médicos o químicos profesionales en su mayoría, se han acercado a la alquimia entendiéndola como el precedente experimental de la moderna química, desnudándola por completo de sus componentes filosóficos y espirituales, y prestando atención, en exclusiva, a los aspectos prácticos del trabajo del adepto al arte sagrado. Para esta corriente, la alquimia empieza y termina en el laboratorio.

En segundo lugar, un grupo de autores del siglo XX, procedentes de disciplinas por completo ajenas a la química, como el reputado filósofo y antropólogo rumano Mircea Eliade; o los franceses André-Jean Festugière, traductor del Corpus Hermeticum, y Henry Corbin, experto en historia comparada de las religiones, han despreciado, de forma no menos absoluta, la dimensión experimental de la alquimia para centrarse por completo en su carácter de sistema religioso y filosófico, tratando de indagar, en consecuencia, en sus orígenes míticos, y descubrir en él las influencias de corrientes de pensamiento preexistentes como el taoísmo, el hermetismo, el gnosticismo, el estoicismo o incluso el propio cristianismo.

Por otra parte, investigadores del siglo XX, interesados en general en el mundo del espíritu, como los italianos Julius Evola, autor de La tradición hermética, y Titus Burckhardt, especialista en el mundo islámico, han prestado atención preferente a la dimensión mágica o esotérica de la alquimia, centrando sus estudios en el proceso de autoperfeccionamiento e iluminación espiritual que experimentaba, o creía experimentar, el adepto en su tránsito hacia un presunto estado superior de conciencia, e interpretando, por tanto, el trabajo de laboratorio y su descripción minuciosa en los textos alquímicos como una simple añagaza para despistar a los no iniciados.

Para terminar, no falta quien, como Carl Gustav Jung, tras detectar en los sueños de sus pacientes numerosos puntos de contacto con el simbolismo tradicional del arte sagrado, ha visto en la alquimia la expresión de un conjunto de técnicas a través de las que aflora en la mente del individuo que las pone en práctica el inconsciente colectivo de la humanidad.

Michael_Maier_Atalanta_Fugiens_Emblem_21
Piedra filosofal y como aparece en la de Michael Maier Atalanta Fugiens Emblem 21

FUENTES

3 comentarios en “«ALQUIMIA» Espiritualidad o Psicología

  1. Todo este mundo que describes me parece apto solo para unos pocos, gente que renunciaban a lo cotidiano ( para lo cual debían poder permitírselo, por su gran conocimiento y por grandes recursos materiales) y se dedicaban en cuerpo y alma al estudio y búsqueda ….lo siento lejano, elitista , quizás es como la vida del científico, disciplinada y alejada
    Me gusta más el contacto con la gente , los animales y las plantas sin pretensiones, sencillo y cercano

    Le gusta a 1 persona

  2. Se me ha pasado responder a muchos comentarios por motivos personales y graves. Pido disculpas a mis seguidores.

    Befana, la alquimia era tan elitista como hoy lo es la medicina. También era en muchos casos una ciencia hereditaria de padres a hijos, mejor dicho madres, madres curanderas o yerberas, con amplios conocimientos de la naturaleza, como fue el caso de Kepler con su pobre madre acusada de brujeria. No podemos ser demasiado ingratos con los astrólogos y los alquimistas, les debemos mucho.
    Los grandes astrónomos Tycho Brahe y Johannes Kepler financiaron sus investigaciones confeccionando cartas astrales a sus mecenas La Historia nos demuestra que, de no haber sido por ellos, tal vez no habríamos llegado hasta aquí: “Si he logrado ver más lejos que nadie, ha sido porque he subido a hombros de gigantes”, dicen que dijo Newton refiriéndose a Copérnico, Tycho Brahe, Kepler y Galileo. El cuarteto de formidables astrónomos del Renacimiento que sentó las bases de la astronomía moderna. Y ninguno de ellos está libre del pecado astrológico aunque, para ser justos, tenían sus buenas razones. “Poderoso caballero es don Dinero”, tanto ayer como hoy.

    La más extraña pareja de estos genios la formaron, sin duda, Tycho Brahe y Johannes Kepler, que coincidirían allá por el año 1600 en la corte del emperador Rodolfo II en Praga. Hipocondríaco y arruinado, el crédulo de Rodolfo pagaba sus buenos cuartos a todo aquel que le diera esperanzas de curarse o enriquecerse, bien fuera por la correcta interpretación de los astros o por el hallazgo de la esquiva piedra filosofal.

    El astrónomo y alquimista danés Tycho Brahe murió en Praga en 1601 por causas todavía misteriosas. Una investigación conjunta checo-danesa sobre sus restos ha descubierto altas concentraciones de oro en sus cabellos y barba, así como otros metales, como mercurio, La cantidad de oro en el cuerpo de Tycho Brahe era entre 20 y 100 veces la superior a la que posee una persona normal. Desafortunadamente, no ha llegado mucha información sobre sus experimentos hasta nuestros días, porque procuraba reservarla para sus mecenas y su laboratorio fue destruido después de su muerte, pero se sabe que su trabajo alquímico estaba inspirado en la obra de Paracelso y orientado hacia la vertiente «medicinal» de esta actividad.

    Los grandes astrónomos Tycho Brahe y Johannes Kepler financiaron sus investigaciones confeccionando cartas astrales a sus mecenas. , Kepler escribiría al respecto: “Si en ocasiones los astrólogos aciertan, eso se debe sólo a la suerte”. Él mismo estudió sesudamente la posición de los astros en el momento de su nacimiento, aunque no acertara nada de nada (de sus predicciones, porque las ubicaciones de los planetas y estrellas las clavó con una precisión digna del siglo XX

    https://santuariodelalba.wordpress.com/2016/04/18/el-sueno-o-la-astronomia-de-la-luna-de-kepler/

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .