EL DESPERTAR

VisiondeGaiaYO SOY GAIA

Afrodita, Alilat, Anahita, Asera, Artemisa, Astarté, Asthoret, Astronoe, Ataecina, Baalat, Baaltis, Belona, Bendis, Ceres, Cibeles, Coatlicue, Cotito, Cuerauápari, Chaxiraxi, Damia, Demeter, Dictina, Freia, Gea, Grania, Hathor, Hi’íaka, Inanna, Ishtar, Isis, Ixmucana, Krumina, Lamia, Lusia, Ma, Mapu, Mari, Milita, Moneiba, Pachamama, Potnia, Prithivi, Purucha, Rhiannon, Tailtiu, Tanit, Tara, Venus…

Yo soy Gaia, La Magna Mater . La Gran Madre. de los muchos nombres, la Madre Tierra. De fríos minerales estoy hecha. Polvo, arena , arcilla, rocas, montañas,…. y sin embargo fue el aliento cálido del Creador el que activó mi espíritu.

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LOS SUEÑOS DE GAIA 15 Tiro

eye_of_the_earth_mother_by_winterwintstick-d3gb2bcLa anciana lleva dias semiinconsciente, no ha podido reanudar su historia, , aún no se ha recuperado de la grave deshidratación. Aún asi, Anna Perenna, desea continuar relatando a Silvia los orígenes de la familia Albalonga, lo que puede permitirle intentar de nuevo trasmitir el numen vital a su nieta. La debilidad y la sequedad de la boca no se lo impedira, piensa mientras bebe del vaso de agua que Silvia le sujeta con falsa delicadeza.

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EL ÁGUILA Los Sueños de Gaia (Relatos)

mapucheaficheVolcan Llaima, IX Región de La Araucanía, provincia de Neuquen, Chile.

“Luego venían las inundaciones, que se llevaban las poblaciones donde vivía la gente más pobre, junto al río. También la tierra se sacudía, temblorosa. Otras veces, en la cordillera asomaba un penacho de luz terrible: el volcán Llaima despertaba”. Pablo Neruda. Confieso que he vivido.

Los jefes y guerreros acompañaban a Renü, la más poderosa y sabia curandera de las tribus mapuche, la maestra de las verdaderas machis y antigua señora de las entrañas del Llaima.
La sacerdotisa ascendía con dificultad la cuesta de la montaña cada vez más empinada y difícil por el peso añadido del cultrun que llevaba colgado a su espalda. Entre ella y sus seguidores sólo había rocas y silencio. Nadie osaba ayudar a la mujer para no ofenderla. Hacía sólo una década, ella había sido la reina indiscutible del Llaima.
Estas tierras, hasta hace pocos años salvajes, era donde Renü se había movido libremente desde su infancia cuando el gran guerrero y maestro espiritual mapuche, Don Aucanaw, la adoptó como hija para transmitirle su sabiduría y sus poderes.
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Los Sueños de Gaia: EL LOBO

HUELVA,  ESPAÑA.

Sirò es un hermoso macho de lobo ibérico, aparenta tres o cuatro años y está bien alimentado. Su oscuro pelaje contrasta con sus ojos oblicuos de color amarillento, casi verdes. El animal está agradecido de su excepcional color. Por la noche le mimetiza con el entorno y le permite ser invisible a sus presas. Durante el día le ayuda a soportar el sofocante calor del verano andaluz.

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Los Sueños de Gaia 1 Parte 1 LA TORMENTA

GIRONA, ESPAÑA
Agosto de 2010
Nunca se había visto en Girona, en pleno mes de agosto, una tormenta parecida. La lluvia torrencial acompañada de viento y pedrisco ha provocado que el coche en el que viajaba la familia de Susa cayera al río. Susa, que pronto cumplirá dieciocho años, pese a su complexión pequeña y delgada, ha sobrevivido a la tragedia gracias a sus dotes excepcionales como nadadora, pero su padre ha desaparecido junto al vehículo arrastrado por las embravecidas aguas cuando ambos intentaban liberar a su hermano, atrapado en el asiento posterior. No ha vuelto a saber de ellos.
Su madre se había quitado el cinturón para tranquilizar al pequeño Javier cuando sucedió todo. Con la caída del coche al río, salió despedida y el cuerpo de la mujer atravesó el cristal delantero, desapareciendo en la oscuridad. Cuando Susa pudo salir del agua, la encontró desnuda e inconsciente en la orilla, semicubierta de lodo.

La tormenta pasó tan rápido como había venido, pero el daño ya estaba hecho. La oscuridad le impedía a la joven ir a pedir auxilio, sabia que la zona donde habían caído era de difícil acceso y moverse implicaba poder perderse y caer de nuevo en el río, dejando a su madre desprotegida.

Durante la larga noche, Myriam no recupero la consciencia y Susa llegó a pensar que velaba un cadáver. Abrazándola para mantener su cuerpo caliente, estuvo cantándole todas las canciones que recordaba de su infancia para ahuyentar el miedo que le invadía. Cuando al amanecer las rescataron, el lodo se había secado y Susa tuvo la sensación que su madre era una estatua de arcilla, pero milagrosamente los sanitarios detectaron un hálito de vida. Su madre no la había abandonado.
Ahora, observándola tendida e inerte en la cama del hospital, le cuesta reconocerla. Las enfermeras han cortado a cero su cabello, su larga trenza roja ha sido sustituida por un vendaje. Su piel vuelve a tener su color blanco transparente habitual; pero los ojos azules que Susa ha heredado, siguen cerrados aunque se observan pequeños movimientos en sus pupilas. Myriam sigue en un sueño profundo.
La mirada de Susa se desvía a la minúscula araña que teje una red en la cabecera de la cama. Parece el mismo bicho que poco antes del accidente observaron colgada en el espejo del vehículo. Debe ser de la misma especie. La araña poco durará si la ven las enfermeras o el servicio de limpieza, pero es tan pequeñita que puede pasar desapercibida. Sabe de la estima que su abuela tiene a los arácnidos así que ella no la tocará.
Durante años Susa ha tenido un sueño recurrente sobre una osa y una loba.. Cuando se lo contó a su abuela Anita, esta le regaló un atrapa sueños indio, hecho con plumas y piedrecitas de colores. La abuela le contó que los más poderosos cazadores de sueños son los que las arañas tejen encima de las camas. Hay que evitar molestar a estos arácnidos por que son muy benefactores y protegen las casas. Le pidio que nunca matase una, si se podia devolverla al jardín. 
La araña con su red filtra los sueños de las personas de manera que los buenos sueños pasan por el centro hacia la persona que duerme, mientras que las pesadillas son capturadas por la malla y se desvanecen con el primer rayo de luz del amanecer. El tejido de la araña se asemeja a una pequeña luna blanca.
Susa ha soñado muchas veces que se transformaba en una loba blanca solitaria que aullaba desesperada a la luna. Ayer noche, su pesadilla se hizo realidad.
Mas Gaya,  Girona

A Jenti  le ha extrañado que Jordi no estuviera a primera hora en la sala de reuniones con los trabajadores. Pero no se ha entretenido a pensar. Tras la noche de tormenta se hacia imprescindible comprobar los daños en la finca. Como veterinario se ha asegurado que los animales de la granja y los caballos estuvieran bien. Andrés le ha ayudado, convencidos ambos que Jordi se había quedado dormido a causa del largo viaje.
– Gregal está como loco, va destrozar la cuadra. Hay que ponerle un sedante o se hará daño. Huele a la yegua que esta en celo. -Le explica Andrés
– No hace falta, sólo es miedo. Lo llevaré al vallado, para que se tranquilice al aire libre. Ve a desayunar con Gema y avisa a Anita de que los animales están bien. Te espero junto a Pepe, tráeme un bocadillo y un termo con café. -Responde el veterinario.
– ¿Traigo el Land Rover para ir a comprobar los campos? -Le pregunta Andrés.
– Sí, y ponte botas altas, te harán falta. -Le dice Jenti. Él va con pantalones cortos y unas chancletas. 
Pepe está tranquilo, manso como siempre pastando en el prado junto a las tres vacas ankole watusi que Jenti consiguió traer de Sudán. El hombre se ha acercado al enorme animal con un ramo de manzanilla que al toro negro le encanta. El enorme bóvido ha brincado alegremente como un mascota al verlo, y con la misma precaución que un perro toma una golosina, el enorme toro de lidia se ha comido el ramo de un bocado directamente de la mano de Jenti. Jenti ha empezado a cepillarlo y el toro de 600 kilos, dócilmente se ha dejado hacer con cara de profunda satisfacción.
A Pepe, siendo aún un becerro, lo utilizaban de reclamo turístico en un tentadero ilegal, sin embargo pronto aprendió a pasar del capote y esquivar el castigo, no dando juego a los energúmenos que querían practicar con él a ser matadores de toros. Tratado como un inútil para lidiar, dejaron de alimentarle. El desnutrido animal acabo en el matadero pero una oportuna llamada a Mas Gaya de la protectora fue lo que lo salvó del matarife. 
Jenti tienen una química especial con los animales. A menudo pasa la noche con las vacas, sobre todo si están enfermas o a punto de parir. No hay animal que se resista a sus cuidados. Los consigue domesticar hasta el punto de eliminar cualquier signo de agresividad hacia las personas u otros animales de la granja. Pepe es el mejor ejemplo del don de Jenti. Ambos causan tanta admiración entre los visitantes de la finca, como las vacas ankole provistas de la enorme cornamenta propia de esta raza africana que ahora se han tumbado tranquilamente cerca de ambos a esperar su turno de cepillado.
El claxon del Land Rover ha alterado la tranquilidad del prado y la armonía de la escena.
– Jenti, el auto de Jordi no está en el parking. Gema me ha dicho que no ha visto a nadie de la familia. -Le comunica alarmado Andrés.
Jenti hablo con Jordi el día anterior por teléfono. La familia había pasado unas vacaciones en Marruecos y venían en su coche particular. Quizás han preferido pernoctar en algún hotel a pasar la noche al tener conocimiento de la tormenta. 

Gema y Andrés llevan muchos años con la familia Gaya. Vinieron junto a Myriam cuando esta regreso del Perú. Viven desde entonces en una de las casas domo en la zona de jardín de los frutales antiguos. Fue Andrés como arquitecto quien dirigió la restauración de Mas Gaya y la construcción de las residencias independientes del hotel rural en que se convirtió la vieja masía. 
Gema es como una dama de compañía para la abuela Anita. Juntas se dedican a tejer. Estos días la anciana está confeccionando una colcha para la cama de Susa. Gema hace jerséis para niños, que vende junto a otras muestras de artesanía peruana en algunos mercadillos durante el verano.

Anita no ha podido dormir en toda la noche. Extrañas pesadillas se mezclaban con los truenos y relámpagos de la tormenta. Jenti, su marido, ha ido a primera hora a comprobar los daños en los campos, especialmente los viñedos y los frutales que habrán sido los más afectados. Andrés, el marido de Gema, cuando ha venido a desayunar, le ha comentado que los caballos y los animales de la granja parecen estar bien .
– Gema, ayer Myriam y Jordi debieron regresar tarde. Aun así, Jordi seguro que ya debe estar comprobando los campos junto a Jenti.
– Forman un buen equipo su yerno y su marido, señora Anita.
Anita piensa que tiene razón. Su segundo marido se ha ganado a pulso el respeto de todo el mundo. Nunca ha podido olvidar la sorpresa que tuvo cuando Myriam le pidió, casi le imploro, que se casase con Jenti, un total desconocido entonces para ella, con el objetivo que este pudiera conseguir la nacionalidad española ya que le negaban el asilo político. Un matrimonio de conveniencia le dijo. Le pareció una de las muchas locuras de Myriam. Locuras que siempre acababan haciéndose realidad. 
Anita tenia en aquel momento sesenta y cinco años. Nunca se había planteado volver a casarse o tener otra relación después de la muerte del padre de Myriam. Además, Jenti tenia entonces cuarenta y seis. Había conocido a Myriam y Jordi en medio de la desolación de un campo de refugiados de El Chad. El hombre salvó la vida al grupo de cooperantes españoles que operaban en aquella zona cuando fueron atacados por un grupo de guerrilleros.
Nadie deseaba que Jenti fuera repatriado. Su valerosa acción había permitido el regreso de los cooperantes. Cuando Anita le conoció, se enterneció de aquel negro altísimo que sobrepasaba los dos metro y con el que solo podía hablar en francés. Pactaron que no dormirían juntos y que el sexo entre ellos no iba incluido en el acuerdo. Así que mientras las autoridades españolas miraban hacia otro lado, Anita y Jenti se casaron. Formaron a partir de entonces una extraña y llamativa pareja a la que todo el mundo respetaba, pues los motivos del matrimonio eran un secreto a voces. Además la anciana era demasiado querida en la comarca para que nadie osase cuestionar su decisión,  pues muchos de las vecinos habían venido al mundo gracias a sus atenciones como comadrona.
Jenti homologó en Francia el título oficial de licenciado en veterinaria, pues ya había estudiado la carrera en El Chad. Aprendió rápidamente hablar español y catalán y se fue haciendo imprescindible en la gestión de la finca, aumentando la productividad y los beneficios año tras año. Entre Anita y Jenti se creó una relación madre-hijo. Especialmente a partir del momento que apareció Helena Palas en sus vidas.
Mas Gaya está en un entorno privilegiado, situado a pocos kilómetros de las mejores playas de la Costa Brava. Jordi, cuando se casó con Myriam, propuso convertir la finca agrícola y ganadera en un hotel rural para profesionales liberados por las nuevas tecnologías y pensionistas que querían disfrutar de una vida cómoda, sana y natural. Jordi, Jenti y Andrés se encargaron de conseguir además que todo el proyecto fuese sostenible y ecológico.
Poco a poco restauraron la vieja masía del siglo XIV y la convirtieron en un hotel-residencia rural con todas las comodidades posibles. La finca dispone de caballerizas y una pequeña granja de animales al lado del lago de la propiedad que ofrece un aspecto bucólico al visitante. Luego está el bosque, el viñedo, los campos de frutales y los campos de cereales que gracias a los pozos y a los canales del rio disponen de agua en abundancia. 
La masía, la casa central, está rodeada de jardines y huertos conectados por túneles de enredaderas, de glicinias, jazmines y rosales junto a construcciones en forma de domo que amortiguan el impacto visual de los invernaderos, los obradores y los almacenes. A la anciana le encanta pasear por el gran jardín de plantas aromáticas y medicinales que Myriam cuida con especial dedicación. 
– Gema, podrías avisar a mi hija de que me gustaría comer con ella y los niños.
Gema no sabe como disimular su preocupación ni sabe muy bien que hacer. Hace tres horas que ha comprobado que la familia no ha regresado esta noche como estaba previsto. Tampoco responden a sus móviles. Al fin recogiendo la labor, opta por salir y hablar con Jenti.
Hasta las doce del mediodía, Jenti y Andrés han estado moviéndose de una zona a otra de la finca con la intranquilidad de que en cualquier momento se encontrarían cara a cara con el desastre. Ambos compartían la misma extraña desazón. Algo no iba bien. Ni el móvil de Jordi, ni el de Myriam respondían. 
Ha sido al llegar a la masía, que se han encontrado con los policías que venían a darles la noticia del trágico accidente. Estaban comentando en la puerta de cómo informar a la abuela, cuando Gema les ha advertido que Anita queria saber de Myriam. Justo entonces han escuchado sonar el teléfono. La anciana ha cogido el teléfono antes que ellos..
Anita ha escuchado, desde la distancia infranqueable de su Alzheimer incipiente, el desesperado llanto de su nieta. Siente la impotencia por no poder estar a su lado, abrazarla y compartir juntas el dolor emocional de la doble pérdida. Quizás hubiera preferido no saber la trágica noticia, que su enfermedad la hubiera protegido esta vez del dolor que el conocimiento conlleva, sin embargo sabe que ella, con todas sus limitaciones, es el único apoyo emocional que tiene en estos momentos su nieta.
Los años han enseñado a la abuela que este dolor, aunque insuperable, no la destruirá como no la han destruido otras pérdidas. Recuerda a sus hijos, que se ahogaron en el río ante sus ojos. Aquel día habían ido a pescar anguilas toda la familia, ella estaba dando el pecho a Myriam en la orilla, observándolos, cuando un extraño remolino se llevo los niños al fondo. Su marido también desapareció debajo de las aguas al intentar rescatarlos. Ella no pudo hacer nada a parte de gritar con la pequeña en brazos. Los cuerpos de los tres varones aparecieron pocos días después en las marismas, semicubiertos por la arena.
La tragedia se ha vuelto a repetir; pero para Susa es la primera vez que el caos y la destrucción invaden su hogar. Y luego está Myriam, que las necesita a ambas, abuela y nieta, como ellas la necesitan a ella. Las dos tienen que hacerle llegar esta necesidad. El amor infinito que sienten por ella quizás sea lo único que la haga despertar.
La llegada de Jenti la ha sobresaltado, el abrazo y el beso habitual del gigantón no se ha hecho esperar. Jenti es extremadamente alto y siempre debe agacharse para hacerlo. – ¿Que ocurre Anita? le pregunta.
Anita ha empezado a temblar. Deben ir al hospital.

                                                                                                            

   RESUMEN   Capitulo 1                 

PARTE DISPONIBLE   Codigo: Me / Al  

1. LA TORMENTA: En Girona, el coche donde viaja la familia Gaya cae al río a causa de una tormenta. Susa encuentra el cuerpo de su madre inconsciente. Pasan el resto de la noche juntas hasta que son rescatadas. Su padre Jordi y su hermano Javier han desaparecido. En el Hotel Mas Gaya, reciben la noticia del trágico accidente.
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2. LA CUEVA: En un sueño, una osa herida y una loba caminan por el desierto en busca de refugio. El espíritu de Hécate, la Madre Primigenia, observa lo que sucede desde el cielo nocturno.
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3. ROMA: En Los Abruzos, donde reside Anna Perenna, ha habido un terremoto. En Roma, su ahijada Silvia Albalonga acaba de despedirse de su amante Diana Mari. Su marido Aldo Abraxas regresa esta tarde de un viaje de negocios a Estados Unidos y México en el avión privado de la familia. Silvia está nerviosa, pendiente del teléfono.

                                                                                                            

EL SANTUARIO DE GAYA (Relatos)

 

mas-gaya-lagoGERONA, ESPAÑA , Mas Gaya

Profundizar en el bosque era algo que Susa tenia prohibido desde pequeña si no iba en compañía de su abuela. En otoño, cuando la familia iba a recoger setas sólo seguían los caminos que los leñadores de la finca mantenían marcados. Susa había sido advertida de zonas espesas en las que era mejor no entrar o podía perderse.

– Hay que tener cuidado de no perder el sendero. A veces desaparece entre los matorrales de brezo. Fijaos en las piedras planas, ellas son la referencia para retomar el camino, – les dijo su abuela cuando ordenó a los obreros limpiar la zona.

Jenti y los trabajadores han estado varios días faenando con las desbrozadoras para abrir una vieja ruta cuya existencia sólo la anciana Anita conocía. Así fue como la joven supo el secreto que ocultaba el bosque: los orígenes de la familia Gaya. Un mundo cerrado, lleno de secretos y dolor donde había amor y abandono, mujeres fuertes y vida, según relataba su abuela.
– No conocí a mis padres biológicos, -les confesó la anciana.
– Candela, la partera que atendió mi nacimiento, poco pudo contar de quien era la mujer que me trajo al mundo. Un velero había fondeado en el puerto de Palamós en plena guerra civil. A Candela la llamaron para atender el parto de una mujer de avanzada edad que iba en él, era madre primeriza como bien pudo Candela comprobar.

La abuela continuaba:
– Aunque nací sin problemas y mi madre parecía recuperarse bien, no le subió la leche. Por lo que pagó a Candela para que me buscase una nodriza, pero ninguna mujer quería irse con el barco. Sólo una prostituta que había perdido a su hijo se apiadó de mi las primeras horas. Entonces mi madre dio a la partera instrucciones muy precisas acompañadas de una bolsa de monedas de oro y plata; debía llevarme a Mas Gaya lo antes posible. Le explico a Candela que la dueña acababa de tener un hijo, tendría leche para ambos críos. No se negaría si le enseñaba el colgante que mi madre le entregó y que debería pasar a mi poder el día que tuviera mi primera menstruación. sus últimas palabras a Candela fueron que me llamasen Anita y prometió que ella regresaría a por mi. Ella y el barco desaparecieron en la bruma de aquel día, mientras yo mamaba del pecho de una extraña alcoholizada, en una taberna de mala muerte que parecía indestructible a las bombas de la aviación que estaban cayendo. Mi madre biológica y el barco nunca regresaron.

– A Candela le costaba separarse de mí, me había cogido cariño y, además, en Palamós los bombardeos de los aviones sublevados eran constantes. La mujer ya había perdido su casa y la mayoría de sus pertenencias en uno de ellos. No tenia familia. Su novio se daba por desaparecido en el frente, nada le quedaba. Así que me llevo a Mas Gaya a seis horas andando desde Palamós , para cumplir lo prometido, pero con el deseo interior de poder quedarse conmigo,- cuenta Anita emocionada a su nieta.

– Fue Daiana, la anciana abuela, quien se sorprendió al ver el colgante. Me desnudó buscando una señal en mi piel y la encontró en mi hombro izquierdo: un lunar en forma de luna creciente. Ella misma me puso en el pecho de Clara, su hija, al que hambrienta enseguida me agarré con fuerza. No había hombres en la masía, habían ido a la guerra y nunca regresaron. Candela se quedo allí a ayudar a las dos mujeres. Me registró como hija suya y así fue como tuve tres madres. Candela, la madre que me trajo al mundo del vientre de una progenitora de sangre que nunca conocí, y Clara, la madre de pecho que me alimentó como su propia hija. Con los años mi hermano de leche y yo nos enamoramos y nos casamos. Fue tu abuelo Francisco, Susa. Cuando murieron él y mis hijos ahogados en el rió supe del santuario de Mas Gaya y de la magia ancestral de nuestra familia.

La anciana lleva un vestido negro y un velo que cubre sus blancos cabellos. Va andando con el bastón de campo, encabezando la marcha fúnebre con su nieta dándole la mano. Jenti y Andrés llevan las urnas con las cenizas de Jordi y del pequeño Javier. Detrás les acompaña una pequeña comitiva formada por mujeres. Dharani y Shakti han trenzado coronas de flores naturales que llevan entre ambas en un bambú. Helena Palas también les acompaña. Las demás mujeres llevan cestas con ofrendas, pétalos de rosas y flores, hierbas aromáticas, frutas…

– Son mujeres de nuestra familia. La mayoría viven en la comarca. pero otras han venido de muy lejos. Conocen el secreto de Mas Gaya y ayudan a preservarlo. Nunca lo contaran a nadie. Saben que Mas Gaya es un santuario, un refugio para madres en época de crisis y necesidad. Lo fue durante la guerra civil para muchas. La abuela Daiana no solo nos acogió a Candela y a mi , -le dice la anciana.

Susa piensa en su madre, que sigue inconsciente en el Hospital de Girona. Hace tres días celebraron en la iglesia del pueblo una emotiva misa para Jordi y el pequeño Javier donde el capellán pidió por el restablecimiento de Myriam. La iglesia y la plaza estaban a rebosar de gente que les acompañaba en el dolor. Luego incineraron los cuerpos y ahora las cenizas van a enterrarlas en el santuario de la Madre, tal como se viene haciendo desde generaciones en Mas Gaya. Eso es lo que ha dicho su abuela.

-Este es el gran roble, ya estamos cerca. -dice Jenti.-
-Nos paramos a descansar. Fíjate Susa, se ve el mar desde esta ahí arriba. La vista es impresionante. Ven.

-Ve, Susa, con Andrés y Jenti. Coge mi bastón, te irá bien para subir la ladera. -le ordena su abuela que se ha sentado en una piedra extrañamente situada bajo el viejo árbol. El resto del sepelio se ha ido instalando alrededor de la anciana. Nadie ha hecho intención de seguir a los dos hombres y a Susa.

– Tu abuela no podía subir por aquí, nos pidió que te lo enseñásemos mientras descansan. Aquí está el original asentamiento de Mas Gaya. El arroyo que acabamos de cruzar nace en la pared de estas rocas de ahí enfrente. Hay varias cuevas sin explorar. Fíjate que estamos en agosto y hay agua. El agua desaparece en el subsuelo, pero vuelve a surgir en el lago de la masía. -le explica Andrés, mientras va llenando varias botellas con el liquido transparente del fresco manantial.

– Jenti, ¿quiénes vivían aquí? – pregunta Susa, fijando su atención en las ruinas que aún se mantienen en pie en medio de un pequeño prado.

– Lo poco que queda en pie es una ermita, dedicada a la Madre de la Virgen, Santa Ana. Allí, a la derecha están los restos de la torre de vigía y campanario. Enterrado bajo de nuestros pies los restos de un poblado donde sólo vivían mujeres. Se llamaban a si mismas “Terrenas” hijas de la Tierra. La Inquisición las condenó por herejía.

-¿Las quemaron en la hoguera? . – pregunta Susa, que ha estudiado el terrible papel de la Inquisición en España.

– Sólo a una, Mariana, la más sabia y anciana de todas, fue una de tus antepasadas. – le contesta Jenti.

– Ya están llenas las botellas. -les llama Andrés

– Susa, vamos a recogerlas y volvamos con tu abuela. -le pide Jenti.

La anciana bebe de la fría agua, lavando su rostro y sus manos. La imitan el resto de mujeres, agradeciéndoles a los hombres, el detalle de las botellas. La marcha sigue el camino aunque sera breve, pues se trata de dar un rodeo al escarpado arroyo hasta llegar al círculo de piedras, como les ha explicado Anita. Por allí, a través de un pequeño puente, es más fácil acceder al prado del santuario donde ha estado Susa y Jenti hace unos minutos. Pero antes debían purificarse con el agua del manantial.

El camino acaba en medio de un bosque de bloques de piedra plantadas formando una espiral. En el centro elevado hay un dolmen megalítico. Al llegar, fueron recibidos por los escandalosos graznidos de un grupo de ocas, que salieron del interior del dolmen, alarmadas por la presencia de los extraños. Al reconocer la comitiva, las aves han callado y se han dejado acariciar por Jenti.

– Son las mismas ánades del lago. Las ocas suelen pasar las noches aquí. Por la mañana vuelan a comer a la granja. Les gusta pastar en el prado de la ermita. Ellas y los ciervos evitan que el bosque invada el santuario., – le explica Jenti.

– Fíjate Susa, – le dice la anciana señalando las piedras.- Es el juego ancestral, el laberinto de la diosa. Sus normas las aprendiste de niña con el juego de la oca, jugabas conmigo mientras yo te enseñaba la espiral de la vida, como me la enseño a mi abuela Daiana.

La anciana continua:
– Hay 63 piedras alzadas hasta llegar a la mesa dolménica del centro donde están las ocas. El núcleo geométrico de la sagrada espiral es la casilla 64. Tirar los dados sirve de metáfora para la vida misma, llena de trampas y emboscadas, premios y castigos, en la que parece que todo se mueve por el puro azar. No entra quien quiere en el Jardín de la Oca, sino quien ha superado todas las dificultades. Dichoso el que a punto de entrar, no encuentra la muerte y sin embargo la muerte no significa el fin sino el principio. El recorrido del juego simboliza el recorrido de un alma, por la vida y también por la muerte, hasta alcanzar una meta, un paraíso, un renacimiento.

– Los obeliscos tenían originalmente runas grabadas en su superficie que identificaban un valor ceremonial, algunos aún conservan rastros, pero el viento y el agua las han ido puliendo porque llevan aquí mas de 5.000 años. – termina Anita, dirigiéndose ahora a todos los que la escuchan respetuosamente.

– Cada uno de nosotros depositará una corona de flores encima de alguna de las piedras por respeto a los difuntos cuyas cenizas se encuentran enterradas debajo. – pide la anciana

Susa, mientras valora donde depositar las flores, mira asombrada la extraordinaria estructura megalítica. Le extraña que hubiera pasado desapercibida a los arqueólogos de la comarca ya que su composición era mucho más compleja que la mayoría de dólmenes que se conocían. El jardín de piedras está en un bosque de encinas, solo hay un enorme pino en todo el circulo y algunos matorrales de brezos y romero, en una esquina abunda el laurel. Al final escoge el bloque 59, donde cree vislumbrar grabada la runa de la pata de la oca.

– Has elegido bien, Susa. Debajo de esta piedra está enterrada tu tatarabuela Daiana. Tu bisabuela, su hija Clara, está aquí junto a Candela, eran mis dos madres adoptivas. – le explica Anita depositando su corona en el bloque siguiente.

Entonces Susa se da cuenta que cerca del laurel, hay una losa plana desplazada. Se ha excavado un hoyo, la tierra recién removida permanece al lado. En el fondo del foso hay un acolchado de hojas. Jenti vació las cenizas de las urnas encima y también echa ambos contenedores de cerámica, rompiéndolos, liberando totalmente su contenido. Anita deposita los pétalos de rosa de su cesto y los racimos de uvas. Todas vaciaron el contenido de los cestos como ofrendas .
Andrés escanció una botella de vino, mientras Gema murmuraba una oración a la Pachamama y derramaba una botella de leche en la tierra. Todo el sepelio fue depositando sus ofrendas y luego cada uno fue devolviendo una palada de tierra al hoyo hasta cubrirlo por completo y aplanarlo con los pies. La losa entre varios hombres fue devuelta a su lugar finalmente, cubriendo la tumba.

El tenue sonido se hizo más fuerte y más claro, era musica. Jenti fue a buscar a las ocas y las guió hasta la piedra recolocada, todos los presentes se habían unido en un circulo dándose las manos, bailando al ritmo de una sardana, impidiendo la huida por tierra de las aves. Eran las 12 del mediodía del 15 de agosto de 2010, la festividad de la Madre, el día de Myriam.

– Guiad a Jordi y Javier en su camino, les pidieron repetidamente entre todos. Las ánades arrancaron el vuelo y desaparecieron como una flecha en el horizonte.

Susa estaba procesando todo lo sucedido en silencio. Aquello formaba parte de alguna manera de su familia, de su historia y a partir de ahora formaría parte de su vida. Su abuela, apoyándose con el bastón, se dirigió a los altos cipreses que se veían al fondo. Desde allí pasaron por el puente con facilidad al prado de la ermita. Todos la siguieron.

A Susa le sorprendió ver las sillas y la larga mesa de madera decorada con un mantel blanco y centros de hiedra, flores y frutas. Estaba colocada justo delante del manantial donde habían sacado agua hacia poco rato.

Rosa, Luz y Flora estaban colocando los platos. A pocos metros, Kim Ji Sung, el cocinero coreano de Mas Gaya estaba removiendo una enorme cazuela donde borboteaba un exquisito arroz negro. Cuatro corderos se cocinaban lentamente en un asador de leña. La música invitaba a bailar una sardana mientras esperaban poder disfrutar de la comida con los amigos y familiares que compartirían el ágape de duelo. La gente del pueblo iba llegando. Su abuela parecía feliz. Por unas horas habían conseguido apaciguar el dolor de la perdida. Jordi y Javier estarían contentos.

LOS SURIV (Los Sueños de Gaia)

sendero del jaguarOAXACA, MÉXICO

En Santa Ana de Tavela, un poblado mixteca cerca de Oaxaca, México, los estornudos, la fiebre alta, dolor intenso de huesos, tos seca, flemas y náuseas, la padecen una parte importante de sus 1.500 habitantes. Cada noche se oye el canto del tecalote. Los abuelos dicen que cuando es oído, viene la enfermedad y el gran desastre. Es el peor augurio de muerte. Todos están llenos de terror, de miedo y la gente se ha encerrado en sus casas, como les ordeno el Presidente de la Nación.

Los jefes de familia y mayores de edad llevan días reuniéndose en la Asamblea Popular para debatir y discutir qué hacer. Mientras, los muertos y enfermos se multiplican.

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PACHAMAMA (Relatos: Los Sueños de Gaia)

musica01CUSCO, PERU

Son las 7.30 de la mañana. en Cusco Ya clarea, pero el sol aún no ha asomado tras los cerros. Hace frío. Aclla al despertarse ha echado de menos el calor del pequeño Viringo, su perro de compañía. Este había salido a la hermosa terraza y permanece allí tumbado observando las primeras luces del alba.

Viringo, como la mayoría de los perros de los incas no tiene pelo, su nariz es puntiaguda, las orejas grandes, peladas y las patas largas. Apenas pesa cuatro kilos. Su piel negra y caliente, alcanza una temperatura de 40 grados cuando se le acaricia. A pesar de su extraña apariencia, Viringo es un animal simpático y cariñoso, fiel, extrovertido y obediente, que sólo ladra cuando algún intruso invade las habitaciones de Aclla.
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