El Lauburu, la Cruz Vasca

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El Lauburu

El Lauburu (de LAU=cuatro; BURU=cabeza), es una cruz con brazos curvos, que en estos últimos años se ha puesto muy de moda como símbolo de ornamentación. Se tallan lauburus en kutxas, armarios, dinteles de puertas, tumbas, estelas o cenotafios, se hacen en oro o plata como colgantes, etc..

El Lauburu es un simbolo de protección solar en la oscuridad lunar, muy propio de las primigenias culturas europeas y matriarcales., como el pueblo vasco que lo ha preservado en su cosmologia.

No es extraño ver, con frecuencia, lauburus grabados en piedra, sobre las puertas de muchas casas y caseríos vascos. Su significado, en principio, parece responder a la creencia de que el Sol ahuyenta el influjo del mal.Leer más »

La diosa Mari y Sugaar, el dragón, la dualidad cósmica.

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Representación de Sugar

El dios Sugar o Maju, es una deidad de la mitología vasca precristiana. También conocido según las zonas, como Suarra, Sugahar, Sugoi, Maju o Maiu, es una serpiente macho o dragón, que según la tradición mitológica vasca es el consorte de la diosa Mari (tiene, sin embargo, un papel mucho más oscuro que ésta). El amante divino de Mari es el  padre de Mikelatz (hijo perverso) y Atarrabi (hijo bondadoso) de la gran diosa.Leer más »

El macho cabrio, Akerbeltz, el señor de los aquelarres del norte.

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GOYA – El aquelarre (Museo Lázaro Galdiano, Madrid, 1797-98)

La mitología del pueblo vasco se desarrolla en un entorno animista y mágico.  Gran parte de los seres que componen el mundo están animados por espíritus o genios que trascienden la naturaleza humana. El macho cabrio, Akerbeltz, el señor de los aquelarres del norte, mitad hombre mitad bestia, señor de las bestias y protector de la vida salvaje es la representación del viejo dios Cornudo del neolítico europeo.Leer más »

Las Sorginas, sacerdotisas de Mari

"Sorginetxe" ("casa de la bruja") es un monumento funerario mgalítico construido aproximadamente en el 2.500 a.C. (neolítico), se encuentra en Arritzala (Álava).
“Sorginetxe” (“casa de la bruja”) es un monumento funerario mgalítico construido aproximadamente en el 2.500 a.C. (neolítico), se encuentra en Arritzala (Álava).

Actualmente sorgin quiere decir bruja o brujo en euskera, pero no siempre fue así.  Las sacerdotisas, asistentes de la diosa Mari eran las sorginas.

Antiguamente para los vascos sorgin significaba “hacedora de creaciones, hacedora de nacimientos” de las palabras sortu (“crear, nacer”) y el sufijo –gin (“hacedor/a”). Eran las encargadas de los santuarios de la diosa ( como “Sorginetxe”), las encargadas de sanar a través del conocimiento de las hierbas y de traer al mundo a los niños, ejercían, por tanto, de matronas. También se puede interpretar como la comadrona actual, siendo además la curandera y heredera de la cultura indígena, objetivo principal de la “caza de brujas”. Las sorginas irradiaban el “Adur” (adúr), la energía que mueve el cosmos, a los niños que traían al mundo dándoles la vida. Uniéndolos a través de la irradiación del “Adur” a la diosa Mari, a la madre tierra, de la que provienen todos los seres o, como se decía en la antigua religión: “izena daukan guztia” ( “todo lo que tiene nombre, vive”).

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Mari, la diosa Madre de los Pirineos

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El carácter abrupto del territorio vasco, situado a ambos lados de la cadena montañosa de los Pirineos en la Península Hispánica, lo volvió casi inaccesible por siglos. Ese aislamiento es uno de los factores fundamentales que explican la pervivencia de una cultura y una cosmogonía cuyos orígenes son tan misteriosos como los de su pueblo.

La Gran Diosa Mari es el numen principal de la mitología vasca precristiana. (además de ser relacionada y a veces confundida con Amalur). Ama-lur en euskera significa “Madre Tierra” o “Tierra Madre”. Mari también es conocida como Maddi, Amari o Maya (que significa Dama o Señora), sabemos que no corresponde a un nombre riguroso con respecto a esta entidad.

Esta religión, contaba con una trinidad integrada por Mari y sus dos hijos Atarrabi (la representación del bien) y Mikelats (la representación del mal), de los que surgían el resto de númenes y espíritus tanto benébolos como malébolos.

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