La Higa, la Mano de la Diosa

La Higa es un amuleto protector de originario de la Península Ibérica pero que con el tiempo se difundio por diferentes partes del mundo adoptando diferentes nombres.
La Higa es un amuleto protector originario de la Península Ibérica pero que con el tiempo se difundio por diferentes partes del mundo adoptando diferentes nombres.

La Higa es un amuleto protector originario de la Península Ibérica pero que con el tiempo se difundió por diferentes partes del mundo adoptando diferentes nombres. Es la mano de la diosa anciana,relacionada con la diosa Madre Primigenia , venerada en nuestra península por los primeros iberos e identificada como Ana o Ataegina.
La Higa es también llamada mano negra, mano poderosa, manina, manezuela. cigua, figa, puñera…esconden bajo su apariencia de simple alhaja un mundo de creencias ancestrales. Su forma es la de una mano cerrada, mostrando el pulgar entre los dedos índice y corazón, indicando desprecio y protección ante el mal inminente.

Es un amuleto para ahuyentar el mal de ojo, también se utiliza contra la envidia y los celos y como protección contra las enfermedades. A las higas o figas también se les llama “puñetas”, y pueden ser de diversos materiales, aunque conviene que sea de materia rompible,ya que precisamente su ruptura es lo que indica que su protección ha sido efectiva; ya que cuando el amuleto ha recogido la negatividad destinada a su portador, se rompe. En ese caso hay que enterrarla y sustituirla por otra nueva.

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El Culto a las Aguas en la Península Ibérica

luna004El medio acuático ha inspirado a los hombres de todas las épocas un sentimiento de veneración. En la mayoría de las culturas, la cosmovisión que explica el origen del mundo, atribuye al agua un destacado y fundamental papel en el marco de los cuatro componentes primarios que el hombre antiguo distinguía en la naturaleza: tierra, agua, aire y fuego.

El culto a las aguas en la Península Ibérica existe desde la prehistoria. El agua ha jugado habitualmente un papel importante en la liturgia religiosa, desde el mundo prerromano, bien sea por su carácter purificador, iniciático (formando parte de ritos de paso como ocurre con el bautismo), curativo o adivinatorio. A determinados manantiales, pozos o corrientes de agua se les han atribuido, tradicionalmente, especiales propiedades curativas, bien sea por los elementos disueltos en ella o por el sentido mágico que se les presume. Así, en algunos de estos lugares, la existencia de un suministro de agua constituyó un elemento, lo suficientemente atractivo, como para convertirlo en espacio de reunión e, incluso, para la celebración religiosa.

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Las Diosas Célticas Navia y Deva

El agua desempeña un papel importante entre los celtas. El culto a las aguas estaba muy extendido por toda la céltica y todos los ríos, o casi todos, tenían una divinidad asociada, normalmente femenina. Los teónimos panceltas son frecuentemente de carácter acuático.

luna004LA DIOSA NAVIA

La diosa Navia es un diosa precéltica de origen indoeuropeo muy popular en territorios galaicos, era diosa de las aguas y manantiales. Se discute su origen y pertenencia a algún grupo étnico (cultura campaniforme, cultura de los campos de urnas o cultura de La Tène).
En sánscrito navya significa corriente de agua. Se han encontrado ofrendas de espadas en su honor en los cauces de los ríos europeos. Se desconocen más datos de su figura, procedencia, a qué grupo de dioses pertenecía, tipo de rituales o ciclo de mitos asociado a ella. De género femenino, se la suele considerar una diosa de la fecundidad. Trátase, pues, de una divinidad acuática, que debía de ser de carácter general, puesto que se la encuentra en una área geográfica bastante extensa.
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La diosa Ataecina, la Señora Santa.

13755015561807707745 ATAECINA (también Atecina, Ataegina, Ategina, Adaecina, Adegina… depende de la zona) fue una diosa ctónica adorada por los antiguos ibéros, lusitanos, carpetanos celtas y celtíberos en la Península Ibérica, una de las deidades ibéricas más importantes a la que se rindió culto prácticamente en toda la Península Ibérica antes y durante la ocupación romana, al menos en los tres primeros siglos del Principado.

Ataecina era una diosa venerada en la región regada por el Guadiana, si bien recibió culto en otras áreas más apartadas. Su santuario principal se encontraba probablemente próximo a la Basílica de Santa Lucía del Trampal de Alcuéscar, donde han aparecido doce inscripciones.

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